Reflexiones: El Último Adiós a nuestros Seres Queridos

Es algo en lo que normalmente no pensamos, hasta que alguien nos abandona para siempre. ¿Qué diríamos o que haríamos si supiésemos que moriríamos en unas horas?
La respuesta para muchos sería fácil, otros se derrumbarían al saberlo y otros pocos aceptarían que no hay otra opción que aceptarlo. Pero el problema mas grade no viene cuado somos nosotros los desgraciados protagonistas, sino cuando un ser querido es el que se va.
Automáticamente entramos en un estado de propia culpa. Las frases “nunca estuve suficiente tiempo a su lado” o “si hubiese estado allí quizás…” Pero la realidad es que, somos como somos y si esa persona era un ser querido para nosotros significa que siempre actuamos como creímos que era correcto. Además, de haber seguido vivo sin que nada hubiese pasado, hubiésemos obrado igual.


Aunque soy de los que cree que no siempre en la vida hay algo que aprender de un palo, en estos casos hay una lección muy grande:
Disfrutad de cada momento que paséis junto a las personas que queréis y os quieren. No tenéis que pluriempleados e ir a ver a todo el mundo, solo asegurarse de que el tempo pasado con las personas de las que disfrutas, quede en tu memoria para siempre. Porque la clave no es estar en la chepa de una persona, sino agradecer que puedas disfrutar de esa compañía el tiempo que tú quieras. Es algo que no sabemos apreciar hsta que acaba algo, momento en lo que añoramos. Y volvemos a la que creo que es la piedra angular de la esencia vital del ser humano: Nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
Y no solo eso, sino que hemos de pensar, no en nosotros mismos, son en la persona que se ha ido. Independientemente de si creemos en el mas allá, la reencarnación o somos ateos, hemos de pensar en dos cosas
La primera, en que seguramente, a esa persona no le gustaría ver como sus amados se mueren de pena y no avanzan adelante. Al menos, yo me mordería mi piel fantasmal si viese que por mi culpa lo único que dejo es llantos y pena. Obvio y lógico que la gente no va a hacer una fiesta a la muerte de un allegado, pero a lo que voy es, que hemos de ser fuerte, de honrar a esa persona jurándonos que llevaremos a cabo nuestros sueños en los que posiblemente nos ayudaron o les hacía ilusión ver cumplidos.
El otro punto, es que otra vez, independientemente de ser creyentes o no esa persona no morirá del todo siempre que la recordemos reservándole un hueco en nuestro corazón. Yo, como muchos sabéis, creo en la existencia de algo mas allá de esta vida, pero lo mismo le dig a la gete que es atea, como a la que comparte mi credo o forma de ver las cosas: Las personas que queremos nunca moriran siempre que las recordemos.
En estos casos es difícil avanzar y ver algo más allá de la negrura que nos inunda. Pero por nosotros y por la persona que se va, debemos salir adelante y ¿Quién sabe? Puede que algún día nos volvamos a encontrar.
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Dedicado a Jorge Gustavo Portella, poeta venezolano y mejor persona, el cual nos dejó recientemente. Maestro, sé que ni e lejos escribo tan bien como tú pero espero con este humilde pensamiento haberte hecho un buen hmenaje. Que Dios te tenga en su gloria.