Análisis y Repaso: Se7en





Si en mi anterior entrada quedaba satisfecho con la película analizada, en esta ya aviso que no tanto. Algunos pueden pensar que voy contracorriente por ir de guay, pero aparte de que no es así (Y quien me conozca, lo sabe), es lo que tiene que menciones cualquier película – la que sea-, y salga alguien comparándotela con la que él o ella considera que es la mejor del género (Y si le das coba te dirá esas gilipolleces de irrepetible, obra maestra y bla bla bla). Se7en es víctima de ese tipo de aficionado. Es esa película en la que de mencionar una película de su género (Thriller, asesino en serie, policiaco) ya te dirán los cuñadismos tipo “Bah, como Se7en ninguna” y demás lindezas.

Y ojo, que para esa persona puede serlo, como para otra distinta no. Pero cuando creas unas expectativas tan altas, te arriesgas a que la persona que no la ha visto se lleve una decepción. Dicho esto me pregunto lo siguiente:

¿Es Se7en una mala película? Ni de lejos.

¿Es una masterpiece atemporal? Ni de lejos.

En su salida, pudo ser (Y seguro que lo fue) todo un puñetazo sobre la mesa. Pero a día de hoy se queda en un thriller más, con alguna que otra imagen fuerte. Yo soy de los que opinan que lo atemporal, será atemporal siempre. Hay cosas que no envejecen y hay cosas que están viejas desde antes de que se creen siquiera. Esta película puso según tengo entendido ciertas cosas que no se habían hecho en cines aún. Pero con el tiempo, esos golpes de efecto acaban siendo perfeccionados irremediablemente. Es algo normal (Y afortunadamente pasa, el día que nos quedemos estancados, temblemos).

Llegados a este punto, lo que queda de la obra son los personajes, diálogos, historia y situaciones. Y siento decirlo, lo que ha quedado es normalito. Veamos, en mi opinión, que está mal y que está bien.



Kevin Spacey tras comer mermelada… ¿Que pasa? Él se la come así.

Lo bueno:

Kevin Spacey lo borda como asesino “putoloco”. Una frialdad en lo que hace que cuanto menos, asusta. Hasta cuando las cosas se le van de las manos, actúa fríamente.  Coherente con su papel hasta el final. Pero, sin quitarle mérito… ¡Es Kevin Spacey! Un tío que solo con mirar mal ya borda el papel de malo. Es como Jack Nicholson, son tíos que nacieron con ese aura de “soy el malo de la historia y lo sabes”. Pero repito, eso, ni mucho menos, le quita mérito a su actuación.

Las imágenes de los crímenes iniciales, incluso a día de hoy, dan grima de la buena. A mí, el de pereza me dejó mal sabor de boca. Pero el que se lleva la palma es el del “dildo metálico”. Es un crimen que no se “ve” ni falta que hace. Cuando se insinúa en lo que consiste, das gracias a Dios de que a David Fincher no se le ocurriese plasmarlo visualmente (O quizá sí, y no le dejaron). En cualquier caso, alivio.

La ambientación de ciudad decadente también está muy bien llevada. La suciedad del entorno va a juego con la visceralidad de los crímenes. Es algo que va con David Fincher y siempre es para bien su firma personal, la obsesión porque todo sea visualmente perfecto. La fotografía es una pasada.

Lo malo:

Diálogos malillos entre Freeman y Pitt. Los dos no hacen mal papel y cuando no tienen que hablar lo bordan. Pero en cuanto abren la boca sube el pan. Diálogos que intentan ser trascendentes, intentar meter al espectador el mensaje de que todo está perdido en el mundo… pero no está bien hecho y se quedan en nada, moralejas de garrafón (Soy viejo y he visto mucha maldad, no hope, etc…). Y estereotipos con patas. Freeman es el típico experimentado que siempre las acierta todas y Pitt el novato sabelotodo que siempre acaba en ridículo por la sabiduría de Morgan Freeman, porque es impulsivo y no piensa y “lomismodesiempre”.

De hecho, ese es uno de mis mayores problemas con la película. Mientras que los crímenes y el estilo visual de la cinta son asombrosos, no me trago en ningún momento la supuesta química entre los dos detectives protagonistas, y en consecuencia los diálogos entre ellos me suenan vacíos.



Si soy sincero, este momento me sacó una sonrisa.

Y sobre ellos mismos, hay puntos de la trama básicos que ni se molestan en explicar. El personaje de Morgan Freeman se retira en 7 dias, pero se queda, pero sí, pero no y cuando sí, no te dicen cuando se toma o se llega a esa decisión. Es algo que se deja en el aire.

Y los pocos secundarios son, nunca mejor dicho, secundarios. Tanto el jefe de policía que esta ahí para ser el típico jefe medio broncas, como la mujer de Pitt, que solo está en la historia como vehículo para catalizar el final.

Y casualmente, nada me dio más sentimientos encontrados que el final, y en varios niveles.

Para empezar, la gente se maravilla y asombra de que al final el personaje de Pitt matase al asesino. Conociendo al personaje, la sorpresa habría sido que no lo hiciese. En todo el metraje es el detective novato, es impulsivo, bocazas, violento como él solo y que siempre actúa antes de pensar. De forma que eso no es una sorpresa a poco que sepas sumar dos más dos. La sorpresa habría sido que no lo matase, sino que le diese el arma a Morgan Freeman y simplemente llorase la pérdida de su mujer. Pero ahí esta tras matarlo, en el coche con cara normalita. Vamos, que se ve que amor, no había. Una persona normal en esa situación (Mujer, felizmente casados, embarazada) no podría parar de llorar a moco tendido.

Luego, tengo problemas con los dos crímenes finales:

Por una parte, tenemos un criminal que fuerza a una persona a comer hasta que le revienten las entrañas, durante días. Una persona, que desangra a otra. Que ata a una persona a una cama un año entero y la desfigura. Que le raja una cara a una mujer a sangre fría. Que hace que otro hombre asesine a una mujer con un puñetero consolador de pinchos ¿Y cuál es su actuación final? Le corta la cabeza a una mujer. Para que su marido que es policía le dispare. Ah. Pues, que bien ¿Eh?



A poco que sepas sumar dos mas dos, esto no debería sorprenderte.

No me malinterpretéis. Sigue siendo un crimen asqueroso, como todos. Pero hablando del build up, o “in crescendo” de los crímenes en la historia, es como si en Star Wars, en vez de la estrella de la muerte, el enemigo  del final de la película a parar es un Tie Fighter, contra 22 cazas rebeldes. Algo anticlimático, visto lo que hemos visto antes.

Por otra parte, el asesino dice que se hablará de su obra durante años… y al final, ni hay fotógrafos o cámaras de prensa a donde van, ni hay una triste cámara, ni nadie más allá de la policía sabe lo que ha pasado. Como no sea en libros de estudio de la academia de criminología, no se a que se refería. Y esa es otra cosa, esperaba que al final alguien captase ese momento como parte del plan del asesino y ahí quedase si brillantez. Pero es como si al final hubiese decidido no esforzarse.

El final tiene el problema de no sobrevivir al hype que la misma historia te crea. Ves a alguien metódico pero brutal, y su último movimiento es el de un Jason o Freddy de garrafón, cuando antes de eso había sido brutal cuanto menos.

Luego tenemos los otros clichés del asesino que siempre va por delante de la policía a pesar de que casi siempre están a punto de pillarle, el asesino se deja coger para que veamos lo superior que es, etc.

En mi opinión, es una película que no está mal, y que posiblemente en su tiempo revolucionó el género. Pero no aguanta muy bien el paso del tiempo.

No es una mala película, y es recomendable su visionado. Pero, en mi opinión, está lejos de ser una obra maestra. Si nunca la has visto, mi consejo es que la tomes como una entretenida película de asesinos en serie. Es lo que es, ni mas, ni menos.