¿Y vosotros podéis ver cine?

Ayer volví a ir al cine y, cómo no, para variar, me ocurrieron esa serie de cosas que todos irritamos que nos ocurran en un cine. Algunas situaciones seguro que os las conoceréis por  experiencia propia, y las otras, son las que sólo nos ocurren a nosotros, los jóvenes en la media de los 16 años, y que tan sólo nos ocurren por tener dicha edad. Así que hoy, toca denuncia social en el blog.

¡A quejarse se ha dicho!

Aller volví a ir al cine, sí, lo adoro. Adoro sentarme en una butaca, alejarme del mundo exterior, y echarme mis 2 horitas de felicidad. Pero eso no siempre es posible, y no tiene nada que ver con la calidad de la película. Tiene que ver con el alrededor, sí, ése mismo que es el por el que entro al cine y desconectar. La verdad es que ayer me lo pase en grande, y no se dieron todos los hechos que a continuación denunciaré. Pero cómo dije, a falta de ideas (bueno, ahora mismo estoy liado con una entrada a lo grande pero, como ésta me está llevando su tiempo), pues aprovecho y ahora cuelgo ésta, que no sólo de videojuegos vive el mundo.

¿Qué es lo 1º que hace uno cuando va al cine? Pues comprar la entrada por supuesto. Llegas a la zona de venta y, cómo buen ciudadano o ser mortal que presumes ser, te pones en la cola y la haces sin rechistar. A todo esto, completas la cola, y te sitúas frente a la vitrina. Estás a punto de adquirir tu entrada y, ¡sorpresa!, aparece de la nada el típico personaje que debe tener mucha prisa cómo para esperarse un mísero turno, y se te cuela. Por mucho que tenga 16 años no tengo porqué callarme si se me cuelan con toda la jeta, así que uno se lo advierte: "Perdona, que te me has colado" (tampoco es plan de llamarle de usted), a lo que el hombre que, se supone, te triplica la edad, y por lo tanto, debería mostrar algún que otro resquicio de madurez, te contesta: "¡Cállate, niñato de mierda!", y eso si es que estás de suerte, porqué ni os imagináis la de cosas por las que me han llegado a nombrar. Los de detrás tuyo han visto claramente cómo el hombre en cuestión se ha colado, pero claro, tienes 16 años, te tachan de kinki, cani, o lo que vosotros prefiráis, y como por un turno tú si puedes esperar, pues chapas la boca y esperas.

O eso, o te pasa lo que me pasó éste fin de semana. Que al quedar tan sólo un turno antes de que me atendiesen, me toca la típica madre cuidadora de un revoltoso grupillo de niños de 7 años, de mente frágil, a la que engañan (como si nunca hubiese ido al cine), y empieza a hacerse socia de lo que sea para conseguir descuentos en las entradas de los cines de esa cadena y tal, y que te quedas con cara de… Shocked A demás es la clase de persona a la que le dicen, pon tus iniciales aquí, y las pone en dónde le piden el DNI, vamos, que la señora se estuvo su rato, y mientras los demás esperando sin saber quién tenía la mejor cara de asco de entre todas las personas que nos habíamos reunido allí a esperar a la señora…  

Pero que entras y bueno, compras un refresco o lo que sea. Vuelves a esperar tu turno en la cola. El siguiente hecho más que denunciable lo veo cómico, es algo que me ocurrió el fin de semana pasado, y es que, ¡sorpresa!, justo cuando sólo queda un turno para que te atiendan, te toca delate al lento. En éste caso, un humorístico y divertido trío de 3 hombres que, en su afán por el consumismo (y por hacer la gracia imajino Neutral), se pidieron 6 perritos calientes, 2 bandejas de nachos con queso, y tropo cientos mil refrescos. Claro, que tras el mostrador, tan sólo había un dependiente que nos atendiera y, entre que hizo los 6 perritos, preparo los refrescos, y las bandejas de nachos, pasaron sus 5-10 minutillos, tan tranquilamente, joder, no me extraña que así se formen colas. Total, que la gracia les terminó saliendo por cerca de 40 euros (37 con algo), y tú pensando "vengo de comer por 5 €, serán capu****…" Twisted Evil. Haber yo soy el primero en comprar palomitas (si son dulces, claro) o algo de beber, pero que sigo pensando que vender nachos, perritos, ¡pero si hasta venden pizzas para comer allí!, es algo exagerado, ¿no creéis?

Pero bueno, que ya hemos pagado, vamos a meternos en la sala ya, así que picamos la entrada y pa’ dentro. Si se da el caso que ese día solo queremos algo de beber, lo cogemos de las máquinas expendedoras del pasillo que lleva a las distintas salas, que una vez comprobado, el precio es el mismo y te evitas colas (esto es un consejo subliminal para vosotros, queridos lectores Wink).

Entras en la sala y, otra cosa que me repatea. En el cine al que yo suelo ir, las butacas son numeradas, y no entiendo esa obsesiva idea de sentarte dónde te de la gana. Yo cuando pago la entrada pido la fila que quiero, y punto, que no es tan difícil digo yo. Así que entro en la sala, me voy a mi fila, y me siento en mi butaca. Y llega el típico señor de avanzada edad o padre coraje, que mantiene una cruzada contra todo joven (y de paso olvida que él también lo fue en su día), y que, al venir calentito y con ganas de montarla, al verme en su misma fila salta con él "perdona, ése es mi asiento", y aquí chico listo saca su entrada, le muestra el número marcado en ella, y luego el de su asiento. Cosa que el pobre que sólo quería dar espectáculo se queda con el moco, y yo de pié esperando recibir mi merecida disculpa. Vale que la gente se pueda equivocar, y sí, se distinguir perfectamente de cuando me vienen con ganas, buscándome, a cuando un pobre señor mayor, por poner un ejemplo, no se entera y cae en el error, en esos casos pues no pasa nada, le muestro el asiento, el me pide disculpas, y aquí no ha pasado nada. Pero que no me vengan con esas solo por ver que soy un crío, pues no puedo hacerle nada coñe, que me hubieran parido antes a mí que me cuentan.

El mismo que te venia con ganas, o simplemente una pareja o un adulto, quién sea, al que le han asignado un sillón al lado del tuyo, o simplemente te tienen cerca, te miran mal, como diciendo "éste no me dejará ver la película". Pero si es usted el que no me la dejará ver, si el adulto se ha traído a su pareja (o simplemente es la típica pareja de jóvenes enamorados) me tocará oír los chasquidos de sus besos. Haber, cuando yo me llevo a la novia al cine, es para compartir un rato juntos no sé, para darle amor o me la traigo a mi casa o me voy yo a la suya, que tampoco hay necesidad de dar el espectáculo, a demás que a mi esas situaciones me incomodan (el hecho de tener una pareja al lado que se comen vivos sólo con los ojos, es que parezca que les espíe o algo para colgarlo a la salida en YouTube). O eso, o directamente te topas con el trío de antes y te toca oírles comer (lo digo porqué la semana pasada me pasó).

Pero bueno, que el de al lado tuyo reza a dios para que te calles durante la película, porqué claro, eres joven, que se puede esperar de ti, así que, ¡sorpresa (otra vez, sí)!, resulta que empiezan los trailers, pero aquí nadie cierra la boca. A mi los anuncios me la traen floja pero, los trailer ya no. Para mí la película, o mejor dicho, la sesión de cine, empieza con ellos. Me gusta ver que películas se estrenarán próximamente, no sé, pienso que los trailers son todo un arte independiente dentro del cine, y por mucho que no pertenezca a minutos del film, pues por respeto, te callas, que si de lo que tienes es ganas de hablar, haberte quedado fuera. Pero claro, volvemos a lo mismo, tienes 16 años, no puedes mandar a la gente a callar, no tienes derecho a voto, ni nadie te ha dado vela alguna para que esto sea un entierro y debas permanecer en silencio.

Por cierto, sé que no viene a cuento, pero por ir haciendo la entrada más amena, grandioso el trailer de Max Payne, aquí os dejo el que pusieron en la sala ayer, verlo que no es el mismo que los que os colgué en la anterior edición de Noticias Breves.

¿Veis a lo que me refería? Los trailers son un mundo aparte, y como tales, merecen ser vistos en condiciones. Pero bueno, que el sonido en el cine está suficientemente alto como para dejar de oír esas vocecillas, ahora susurrantes, que se van apagando a tenor de los créditos iniciales, pero, ¡atención!, llega el golpe definitivo, lo peor que nos pueda ocurrir en un cine.

 

Pues si, que te toque estar en una sala con estos gremlins, es de lo peor. Primero que de solo verlos te saltan preguntas existenciales como ¿por qué demonios comprarán comida si luego se la echan encima? Eso sin contar que éstos si que no callan pero es que ni en los créditos de final de película, y que por tener 16 años es precisamente por lo que no puedo decirles nada si al salir no me quiero ganar una paliza. De ahí viene el título de la entrada. Y es que bueno, yo si voy al cine es casi siempre para ver películas gore (sobretodo slasher, porqué las splatter no suelen ni llegar a dichas salas), y desgraciadamente suelen ser las películas predilectas a ver por su parte. Ya sea por tener a la Yoli cagaíta de miedo y de paso aprovechar pa’ meterle mano, o por hacer la gracia no sé.

Ayer fui a ver Reflejos, más que nada por aprovechar una de las pocas ocasiones en las que puedo ver a uno de mis actores favoritos, Kiefer Sutherland, en algún papel que no sea el de Jack Bouer en 24. El chico me cae bien y, siempre que hace algún proyecto así apartado de 24 procuro seguirlo y verlo, a demás que el director no desmerece para nada. Pero en fin, que no sé porqué, siempre me los tengo que encontrar en películas como ésta, películas en las que el ritmo es lento y, si tienes todo el rato a un capullo 2 o 3 filas atrás, soltándote chistes fáciles como por ejemplo, a la Yoli se le cae el dinero del Yolibolsillo;

– Si es redondo es mío – contesta un cani –

– Pos no que’s cuadraoo – contesta la Yoli al cani –

– Y como ‘l dinero puede ser cuadraoo? – replica con asombro el cani de al lao –

– Y como son los billetes? – se pica otro, y ya son 3 canis en la lucha por el poderoso caballero don dinero –

– Pos son rectangulares – contesta de manera sublime la amiga de la Yoli –

– Dios como ta’ dejaooo – sentencia la Yoli – (y sí, va en serio, es la conversación al pié de la letra que mantubieron en un momento de la película)

Así que ahí lo tenéis, a todo esto, viene la pregunta de, ¿vosotros cómo demonios os lo montáis para ver cine decentemente, en un cine?, ¿o directamente os habéis rendido ante la constante amenaza de dichas actividades? Yo personalmente estoy cansado ya, que por el simple hecho de tener 16 años se me tache de chico problemático que no vaya a guardar las maneras. Me cansa que vaya a los sitios y la gente me mire mal, cuando no les he dado motivos para hacerlo, y menos aún, cuándo al menos en educación, les doblo. Que hay cosas que no son tan difíciles de acatar, creo yo.

Y considero justo que se me respete por igual cuando yo también he pagado mi debida entrada. Cuando se va al cine conmigo mis amigos ya saben lo que hay, se va a disfrutar de una película, y a los que no les parece bien el plan, directamente no se vienen conmigo, nos juntamos para hacer juntos otros planes pero no para ir al cine. Aquellos a los que, como a mi, también les mola ir al cine, pues están encantados de conocerme, y sin mediar palabra pasamos ratos realmente agradables en él. Ahora os toca opinar a vosotros, si os han ocurrido cosas de éstas, o bien os ocurren. Si también consideráis, como yo, que ir al cine es siempre algo más que ver una simple película. Y a los jóvenes de por aquí por Gamefilia, espero que seáis la viva imagen del buen comportamiento. No me defraudéis, y eso…

…qué nos vemos la semana que viene (más os vale vernos), durante la proyección de Max Payne!