Sorteando zanjas.

Qué bonito es salir a la calle. A comprar, a dar una vuelta, a ver escaparates, a tomar unas cervecitas… cualquier excusa es buena para salir de casa, ¿verdad? Pero parece que alguien no está muy de acuerdo en que tomemos el aire y pretende que nos apolillemos en casa, y para ello nos ponen cientos, miles de impedimentos para disfrutar de la calle. Sí, amigos, España entera está agujereada cual queso gruyere… ¿qué os voy a contar que no sepáis? Pero como siempre hay dos opciones, la de cabrearse y la de tomárselo con humor, pues vamos a escoger la segunda y a ironizar sobre ello. ¡Saltad ese socavón y acompañadme!
 

Pues sí, esto de las calles levantadas ya no es algo exclusivo de las grandes capitales, ¡qué va! Con el maravilloso Plan E todos somos víctimas de las obras a cascoporro. Basta con darse una vuelta por cualquier pueblo o ciudad para ver que todo está patas arriba. Y si en las grandes ciudades le sumamos, además, las obras de rehabilitaciones de centros históricos que se están llevando a cabo en muchas de ellas, o las obras de líneas de metro que también se dan en muchas, pues ala, ya la tenemos liada. Ruidos, polvo, calles cortadas, tráfico a tope, locura, desesperación, gente tirándose de azoteas… (bueno, quizás que me he pasado). Pero el caso es que para salir a la calle hay que armarse de paciencia, ponerse un buen calzado todoterreno y, claro, estar dispuesto  a dar vueltas para ir sorteando calles cortadas. Hay gente que lleva meses perdida porque el camino a su casa está cortado y no consiguen llegar por ningún sitio (y si no los ha habido los habrá, tiempo al tiempo). El caso es que vallas, zanjas y excavadoras forman parte del paisaje urbano habitual, hasta el punto de que si mañana desaparecieran de repente, seguro que más de uno se desubicaría. Pero… ¿os habéis fijado en un detalle importante? La mayoría de excavadoras, zanjas y agujeros están ahí… pero solos… abandonados y sin nadie trabajado en ellos.

Es que claro, empezar una obra, terminarla y luego, cuando esa calle ya esté arreglada y transitable irse a abrir otra es algo demasiado absurdo. Es mucho más sensato abrir todas las calles, destrozar toda la ciudad, cortarlo todo, vallarlo todo, después dejarlo ahí abierto unos meses (será para que se ventile, digo yo) y luego ya si eso ir trabajando en ello a ratitos, y en grupos de dos o tres personas. O en grupos de una o ninguna. Todo el mundo sabe que es lo mejor, así que no os atreváis a cuestionar ese principio inquebrantable, ¿vale? Si una obra puede durar 6 meses, ¿por qué hacerla en dos?

Los pobres comerciantes se quejan. Claro, es normal, la pobre señora Elvira, clienta desde que el mundo es mundo, tiene que saltar con pértiga para entrar en la tienda, o pasar haciendo equilibrismo sobre un tablón viejo y poco estable debajo del cual, en muchos casos, hay un estanque de pirañas o un montón de pinchos (sí, a lo Indiana Jones). La vecindad tiene que mirar los escaparates con prismáticos porque hay un agujero del tamaño de un campo de tenis delante de la tienda (agujero que están pensando en llenar de agua y pirañas mientras terminan con la calle de al lado), por lo que… ¿quién se va a animar a entrar a comprar? Luego nos dicen que hay que consumir… ¡pero si es peligrosísimo!

Pero bueno, siempre hay alguien que sale beneficiado (aparte de los obreros que no están en el paro, y que cuanto más se alargue la obra más tiempo tienen trabajo… y no quiero dar a entender nada…), y me refiero a los jubilados, el gran público de las obras, los grandes entendidos que se entretienen apoyándose en las vallas, haciendo agujeros en las telas que tapan las obras para ver qué pasa detrás y viendo trabajar a los obreros (en esto último se sentirán bastante decepcionados, imagino). Desde luego podría pensarse que esto es el paraíso para ellos, pero… ¡qué va! Hay tantas obras que no pueden cubrirlas todas, y están tan paradas que no se entretienen, por lo que algunos están buscando aficiones alternativas, como el criquet, jajaja.

Pero bueno, tampoco hay que ser malos… yo soy el primero que me alegro de que las obras sirvan para hacer las calles más accesibles a minusválidos, o que se pongan contenedores de reciclaje bajo el suelo, de que hagan líneas de transporte público o que se rehabiliten los edificios de los centros históricos. Pero coñe, podrían hacer una cosa detrás de otra, ¿no? Y no todo a la vez… que la gente que aún no somos capaces de volar tenemos que desplazarnos por las calles, andando o en coche. Pero bueno, mientras van cerrando agujeros armaos de paciencia, amigos. O eso, o tratad de construiros un artilugio volador casero a lo Leonardo Da Vinci, porque la cosa parece que va para largo. Y cuidado con los agujeros llenos de terribles pinchos y pirañas cuando vayáis a comprar mortadela, jajaja. ¡Que Crom os ayude a sortear las obras!

 

Series de hoy: Capítulo 1.

Que las series de televisión están viviendo una época dorada es algo que está fuera de toda duda. ¿Quién no sigue o conoce a alguien que esté enganchadísimo a series como “Perdidos”, “Flashforward”, “Cómo conocí a vuestra madre”,” Dexter”,” House”…? De hecho casi todos conocemos a alguien que está enganchado a todas ellas a la vez (alguien que evidentemente no trabaja, no duerme o sufre desdoblamientos de personalidad, porque si no, no se explica que pueda seguirlas todas…). Además, no cabe duda de que internet ha revolucionado la forma de seguir las series en los últimos años. Por todo ello voy a escribir una serie de nada  más y nada menos que dos artículos (una bilogía épica en toda regla, vaya) para hablar sobre series de televisión. El primero de ellos, el que hoy nos ocupa, lo dedicaré a analizar y reírme de las series en sí, de las técnicas de los guionistas (sucias en muchos casos) de los clichés, personajes, etc. ¿Os apetece? ¡Vamos allá!

 
Quizás las reinas de las series son las de suspense en plan… algo misterioso que nadie sabe qué es (guionistas incluidos). Empezar una serie de éstas es fácil. Basta con soltar un misterio o dos en el primer capítulo y con un poco de habilidad puedes alargar la resolución de dicho misterio durante 7 u 8 temporadas. Lo mismo da que sea un avión que cae en una isla misteriosa, una pérdida de conocimiento colectiva durante un lapsus de tiempo o la misteriosa desaparición de la mortadela de Popeye… a los guionistas no les hace falta saber de antemano de qué va realmente la serie, ellos lanzan un hecho misterioso… y ya veremos qué pasa. Por el camino se van añadiendo pequeños misterios secundarios, algunos de los cuales se van resolviendo (para que la gente tenga la falsa sensación de que la trama avanza), historias personales (traumas del pasado, ligues, folleteo…), etc. Lo curioso de estas series es que, seguramente llegues al final sin tener ni idea de qué pasa con ese misterio principal después de tragarte 7 temporadas y al final todo se resuelva rápidamente en dos o tres capítulos. ¡Joder, cuántas horas perdidas! ¡¿No podrían haber hecho lo mismo pero en el capítulo 20?! Dentro de este género, y para demostrar lo fácil que es iniciar una serie de éstas, yo propongo una con el siguiente argumento: cada vez que alguien compra un CD, un MP3, folios, etc, parte de su dinero va a parar a una poderosa organización que nadie sabe en qué gasta su dinero. ¿Extraterrestres? ¿Experimentos gubernamentales? ¿“Artistas” caraduras? Esto puede alargarse ocho temporadas.
 
Pero que nadie piense que este tipo de series de complicados y elaborados argumentos y misterios que se alargan indefinidamente son exclusivas de las privilegiadas mentes de guionistas norteamericanos. En España tenemos la versión mega-cutre, que transcurre en un internado, con estudiantes “adolescentes” de 24 años uniformados que se supone que estudian y aprueban cursos (¡mentira!) mientras  investigan asuntos de duendes jorobados en un bosque, experimentos nazis en su internado, gente que desaparece, muertos que se aparecen… ¡y lo que queda por venir! ¿De qué leches va esta serie?

Luego están las series tipo comedia, como “Friends”, “Cómo conocí a vuestra madre”, etc. Estas series suelen tener cabeceras en las que el grupito de protagonistas sale en situaciones jocosas, bailando en la calle, empujándose unos a otros, y cosas así. Vamos, lo normal, lo que hacemos todos cuando nos juntamos con amigos. Los protagonistas suelen ser gente que, pese a tener una edad más que considerable (rozando la vejez, casi podría decirse) en rara ocasión tienen un proyecto serio de futuro o pareja estable, y ni de coña se plantean la posibilidad de abandonar el estilo de vida veinteañero – universitario, por lo que  viven todos más o menos juntos (también es lo normal, todo mi grupo de amigos vivimos hacinados en este piso o en el de al lado). Otro tópico de estas comedias es que, aunque todos los amigos son altamente graciosos y simpáticos (en esos grupos nunca hay gente normal, tímida, reservada, comedida… esa gente no existe en las comedias) siempre hay uno que es especialmente gracioso rozando el retraso mental. Suelen estar basadas en un esquema sencillo: Un chico y una chica del grupo están enamorados, pero su historia es difícil y larga. Una temporada salen, otra rompen, otra se acercan de nuevo, vuelven a salir, rompen… ¡PUAJ! Así durante 9 temporadas y cientos de episodios de idiotez absoluta. Mientras, los demás del grupo van teniendo relaciones esporádicas con ligues que consiguen en un bar. Porque esa es otra, siempre se juntan en un bar, un bar que tienen debajo de la casa donde viven todos amontonados, claro. Y es curioso, pero ligan un montón, prácticamente en todos los capítulos, ¿cómo lo hacen?

Otro tipo de series que abundan son las que están basadas en una idea o en un personaje que tiene una extraña particularidad, ya sea comunicarse con los muertos, poder viajar en el tiempo, adivinar si alguien miente por sus gestos, tocarse la nariz con la lengua, sobrevivir con el sueldo base… Suelen tener capítulos auto conclusivos (menos mal, no hace falta tragarse trescientos capítulos para saber quién mató a la niña de la piruleta) en los que el/la prota tiene que resolver un caso o una situación. Suelen tener cierto interés al principio, pero la verdad, una vez explotada la idea que da pie a la serie y vistas algunas de las posibilidades y situaciones que se dan al tener un protagonista con esas “habilidades” pierden bastante interés, se vuelven repetitivas y empiezan a buscar formas demasiado extravagantes de poner a prueba las habilidades del protagonista.

Las series de antes eran más nobles, ¿no creéis? sin tanto sucio truco…


En cuanto al elenco de actores protagonistas… hay una característica que deben cumplir todas las series de hoy sin excepción, especialmente las estadounidenses: entre el grupo de protagonistas tiene que salir un negro. Pero sólo uno, ¿eh? Si la serie es sobre un grupo de polis, uno tiene que ser negro (aunque jamás es el jefe). Si la serie es sobre una vidente, tiene que tener una amiga negra (que mueve el cuello mientras habla y gesticula con las manos al estilo hip-hop, hermano). Pero lo curioso es que, como digo, solamente suele haber uno. Es como decir… vale, admitimos que los negros existen, forman parte de la sociedad y tal, pero no os paséis pidiendo, con uno basta. Total, que si hay un grupo de cinco polis, nunca hay tres blancos y dos negros, concretamente la distribución suele ser la siguiente: tío madurito (el jefe, el interesante y súper listo), una rubia, un friki, una morena y un negro. El grupo ideal según los cánones de las series policíacas de TV de hoy.

En fin, y para ir concluyendo este primer artículo sobre series de TV, lo que está claro es que, mientras la gallina siga dando huevos de oro… ¿para qué jubilarla? No importa si la serie estaba pensada en principio para 24 capítulos, ¿que triunfa? ¡alarguémosla otros 180! Lo malo es que esto siempre termina afectando a la calidad de la serie. Pero no nos podemos quejar, al fin y al cabo somos el propio público los que pedimos a gritos una temporada más. Porque queremos ver si al final todo era obra de un experimento de extraterrestres o de un plan maestro de la SGAE. Porque queremos saber si el chico guapo acaba con la chica guapa o si ese malentendido les va a hacer romper por quinta vez. Porque queremos saber si la chica capaz de hablar con el espíritu de Manolete puede resolver el asesinato de la niña de la piruleta. Pero que nadie se piense que estos misterios se resolverán en el capítulo siguiente… quizás dentro de cuatro temporadas… En todo caso yo os emplazo al siguiente capítulo de esta serie de dos artículos, en el que me dedicaré a analizar las costumbres del público aficionado a las series. ¡No os lo perdáis, porque es el último capítulo, donde ataré todos los cabos sueltos, descubriréis toda la verdad y sabréis si los protas se casan! ¿Os he dejado expectantes? ¡Pues ala, que Crom os de paciencia hasta el próximo capítulo!

 

 

El otro Resplandor.

Cuando alguien me pregunta cuál es mi libro favorito (alguien o alguna de esas encuestas chorras), siempre respondo sin dudarlo: “El resplandor”, de Stephen King. Para empezar King es mi escritor favorito, y creo que esa novela reúne lo que más me gusta de él, ambientación claustrofóbica, personajes atormentados por el pasado con una evolución psicológica de lo más interesante, un hotel donde tienen lugar los sucesos más sobrenaturales… Y como es natural, me he interesado por la adaptación al cine, o mejor dicho… las adaptaciones, porque aunque la versión de Stanley Kubrick es la más reconocida, hay por ahí otra que, la verdad, resulta bastante interesante y es de la que quiero hablaros hoy.
 
Antes de comenzar quiero dejar muy claro algo. En este artículo no pretendo desprestigiar la versión de Kubrick ni dar a entender que no sea buena. Si hoy en día es una película mítica por algo será, y no seré yo quien dude de su calidad como película, en absoluto, pero sí que es cierto, y cualquiera que haya leído la novela estará de acuerdo, que no es una buena adaptación de la obra de King. Casi podemos decir que solo se basa en ella vagamente, dada la cantidad de material que se deja o lo rápido que evolucionan los personajes. Repito, no es que esto sea malo, es una película, y en dos horas no puede adaptar toda la extensa novela, pero sí que es cierto que los lectores echamos en falta muchas cosas, cosas que son la esencia de la novela, como la continua descripción del estado psicológico de los personajes, o algunos pasajes míticos. De hecho es sabido por todos que el propio King nunca estuvo de acuerdo con la versión de Kubrick, hasta el punto que él mismo fue el productor de esta otra versión de la que hoy vengo a hablaros. Pero quiero dejarlo claro para que no me lluevan críticas: estoy de acuerdo en que “El resplandor” de Stanley Kubrick es una gran película, un mito del cine de terror artísticamente impecable. Pero hablemos de esta otra versión, menos conocida y artísticamente menos valiosa, pero que recoge mejor la esencia de la novela y la adapta de forma casi calcada.

Esta versión es una producción para televisión en tres capítulos de hora y media cada uno, lo que hacen un total de 4 horas y media de metraje. Como podréis imaginar, en más de 4 horas sí puede adaptarse la novela de forma más detallada y con una evolución de los personajes más pausada y creíble. Fue rodada en el mismo hotel en el que Stephen King se inspiró para escribir la novela (recordemos que King se retiró a un hotel apartado en las montañas buscando inspiración para su nueva novela ante un bloqueo creativo que estaba sufriendo). Y lo cierto es que, si has leído el libro, reconocerás enseguida el mismo hotel Overlook descrito por King.

 
Está protagonizada por Rebeca de Mornay  en el papel de Wendy y Steven Weber en el papel de Jack Torrance. Lo cierto es que encarnar a Jack Torrance tras la relevancia y la fama que Jack Nicholson consiguió con ese personaje era sin duda un desafío, pero la verdad es que la interpretación de Weber está a un nivel altísimo durante toda la cinta, haciendo creíble la transformación de Jack, y en la parte final realmente sublime. De hecho este actor recibió un galardón en los premios de la televisión por su interpretación en este film. No digo que sea mejor que Nicholson, pero sinceramente, creo que está a un nivel similar, y quien no me crea que vea esta versión. Igualmente Rebeca de Mornay está perfecta como Wendy, por lo que en general tengo que decir que hay actores muy sólidos en esta versión.

Como ya he dicho, esta versión es una adaptación cien por cien fiel a la novela. Esto quizás hace que pierda como película, puesto que la literatura es literatura y el cine es cine, y adaptar tal cual no es necesariamente bueno, porque cada medio tiene sus particularidades. Pero creo que es una versión muy interesante que merece ser vista. En algunas páginas de internet he visto críticas a esta versión desprestigiándola por ser una producción para televisión o por ser una película de estas que Telecinco pone durante toda una tarde. Es algo que me parece injusto y equivocado, y sinceramente, creo que muchas de esas personas o no la han visto o no se han leído la novela. Creo que el primer error es comparar esta versión y la de Kubrick. Una de ellas es una película y la otra una miniserie, una es una película basada en una idea o una historia y la otra una adaptación fiel. Cada una tiene sus puntos fuertes, pero en todo caso la versión de la que os hablo no es un telefilm cutre de mujeres paranoicas propio de las sobremesas de Antena 3, sino una producción cuidada, con actores quizás no muy conocidos, pero de calidad.

 

Finalizando, os invito a que le echéis un ojo a esta miniserie, pero os aconsejo que la veáis como otra versión de la historia, no como una versión que trata de competir con la mítica versión de Stanley Kubrick (aunque coja para los que conocemos la novela). A mí particularmente esta versión me encanta, quizás también os guste a vosotros. En todo caso cuidado con los hoteles, y no salgáis de la habitación si Jack os dice que sólo quiere castigaros…

Y ahora, pese a todas las veces que he dejado claro que esto no es una crítica a la versión de Kubrick, supongo que estoy preparado para que la gente empiece a decirme eso de… ¡¡¡¿Cómo que la versión de Kubrick no es buena?!!! ¡¡¡¿Cómo te atreves a decir que el protagonista está al nivel de Nicholson?!!! ¡¡¡Sacrilegio!!!  Jejeje. Así que podéis empezar…

 

Retroanálisis: Viking, Battle for Asgard.

Amigos, hoy quiero hacer un retroanálisis de un juego que, aunque lleva mucho tiempo en el mercado y de hecho debe resultar difícil de encontrar en las tiendas, será sin duda uno de los juegos que más recuerde de esta generación. No digo que sea de los mejores, pero por una serie de motivos se ha convertido en uno de los que mejores ratos me ha hecho pasar. ¿Quizás por su ambientación vikinga? ¿Por su acción visceral? ¿Por sus grandes batallas? Os hablo del juego “Viking: Battle for Asgard”, y vamos a averiguar por qué me ha gustado tanto.

 

Viking es un juego que obtuvo buenas críticas en su lanzamiento, aunque ya se veía venir que, por una serie de hechos (como no ser un juego de matrícula, no venir precedido por meses y meses de hype y no contar demasiada publicidad en su lanzamiento), no se convertiría en un juego que alcanzara una relevancia importante. No obstante, y como me atraía su ambientación,  yo me lo alquilé durante una semana en la que no tenía mucho que hacer. Pues bien, me lo pasé en grande con él, tanto que pensé en comprarlo cuando se me acabó el alquiler, pero su precio de novedad unido a que casi me lo había terminado me hicieron dejarlo estar. Durante todo el año siguiente me acordé mucho de él, hasta que hace no mucho lo vi en una tienda por tan solo 19,95€, y me dije… ahora o nunca. Y tras contar esta batallita os hablo del juego, jeje.

Viking es un juego de Creative Asembly, responsable de grandes juegos para PC como la saga Total War que, sin embargo, se dejan ver poco por las consolas. Los que conozcan los Total War sabrán de la habilidad de este equipo para representar grandes batallas en épocas históricas variadas. Pues bien, en este caso se atreven con un título de ambientación vikinga, aunque dejan de lado la estrategia para crear un título de acción con toques de infiltración.

La mecánica del juego es sencilla. Un ejército malvado ha tomado las tierras, por lo que nosotros en el papel de Skarin, elegido por una diosa, debemos pelear para ir recuperando pequeñas zonas, puntos estratégicos, liberando clanes vikingos prisioneros e ir aumentando nuestras tropas de cara al asalto de grandes fortificaciones enemigas. Es una mecánica simple, pero muy divertida. Recorreremos las tierras nórdicas cumpliendo pequeñas misiones, infiltrándonos en campamentos enemigos, liberando prisioneros para que nos sigan y nos ayuden. Para ello contamos con un interesante sistema de combos que nos da muchas posibilidades en combate, aunque siempre es más seguro ir matando enemigos por la espalda sin llamar la atención del grupo. También contaremos, en las grandes batallas con la ayuda de todos los clanes vikingos que hayamos conseguido liberar y con la ayuda de dragones que podremos invocar un número limitado de veces y que son muy útiles para acabar con los molestos chamanes enemigos.

Los gráficos, sin llegar a sobresalir, cumplen sin problemas, y la ambientación está muy conseguida (me encantan las vistas desde acantilados con los mares del norte enfurecidos). Lo criticable es el aspecto de los vikingos, quizás excesivamente inflados e hipermusculados, aunque eso es una decisión artística que es cuestión de gustos. Sin embargo, el juego también tiene algunos puntos negros en la jugabilidad, vamos a comentarlos.

En primer lugar, este juego podría haber sido aún mejor con una mayor variedad de misiones. Y es que aunque muchas veces tratan de darle a las misiones un aspecto variado y diferente (preparar una emboscada, cortarle los suministros a la fortaleza enemiga, conseguir una llave…), lo cierto es que la mecánica en realidad se reduce a llegar a una región, liberar las pequeñas zonas luchando contra enemigos y, una vez tengamos bastantes aliados, asaltar la fortaleza de la región. Otro punto negativo es que el juego muchas veces nos obliga a infiltrarnos en una zona (puesto que el combate abierto sería un suicidio), pero sin embargo los movimientos de Skarin no están nada optimizados para la infiltración y a veces nos dejan vendidos. Por último también encontramos que el exceso de ambición al tratar de representar grandes batallas con cientos de personas peleando se traduce en que la consola es incapaz de moverlo todo con fluidez, afectando a la jugabilidad. Afortunadamente, esto solo sucede en los grandes asaltos, que no son la parte más importante del juego.


Concluyendo diremos que, aun con sus puntos negativos, Viking:Battle for Asgard es un excelente juego que os puede proporcionar ratos muy entretenidos, especialmente si os gustan las peleas sangrientas y os atrae la ambientación bárbara o vikinga, como a mí. Como puntos fuertes: sus combates, su ambientación y sus grandes batallas. Como puntos flojos: un desarrollo que podría haber sido más variado y momentos en los que los controles no responden a la perfección. Mi consejo es que lo probéis, y que si tenéis la suerte de encontrarlo por ahí de segunda mano o a precio reducido os lancéis a por él. Beberéis aguamiel, recorréis duros parajes norteños, amputaréis cabezas y brazos enemigos, invocaréis dragones… En definitiva, lo pasaréis bárbaro, y nunca mejor dicho.

Mi puntuación: 8