Relato: Si te portas mal, vendrá Papá Noel.

Amigos, hoy quiero publicar en el blog un relato que he escrito y que, además, está ambientado en esta época del año. Pero no os esperéis un relato moñas sobre el espíritu navideño ni nada por el estilo, no va por ahí la cosa. Tengo que agradecerle a mi hermano un par de cosas: la idea original del relato y la ilustración que lo acompaña, que no es poco. Espero que lo disfrutéis.


 
Si te portas mal, vendrá Papá Noel.
 
 
 

– PapáNoel no tiene nada de simpático. Papá Noel mata niños.

– ¿Quédices?

A susseis años, Jorge no estaba seguro de poder creer todo lo que su hermano lecontaba, por mucho que fuese su hermano mayor.

– Digoque Papá Noel no es como tú te piensas. A los niños buenos les trae regalos,pero… – Iván bajó la voz teatralmente a la vez que se aproximaba a su hermano -a los que se portan mal los estrangula en la cama con una cuerda.

Jorge sequedó atónito mirando el gesto de su hermano, que había empezado a agarrarse elcuello apretando un poco. Deseaba que Iván se echara a reír en cualquiermomento, demostrándole que todo era una de sus odiosas bromas, pero éstecontinuó su representación con absoluta seriedad.

– Pero… amí todos los años me trae regalos – replicó el pequeño.

– Eso esporque siempre te portas bien. Bueno – rectificó -, porque hasta ahora teportabas bien.

– ¡Este añotambién me he portado bien! – se apresuró a añadir Jorge.

Iván lemiró extrañado.

– Sí,bueno… más o menos.

– ¿Cómoque más o menos?

-¡Ssshhh! Baja la voz, idiota.

Iván segiró para echar una ojeada al pasillo y asegurarse de que su madre seguía en lacocina.

Vacío.

El escandalosoruido del viejo extractor de humos continuaba fundiéndose con la voz de lamujer, que amenizaba sus escasos ratos dedicados a la cocina (que normalmentese limitaban a freír cualquier cosa o a meter algún alimento precocinado en elmicroondas) cantando canciones de sus años de adolescencia. Perfecto, era mejorque siguiese en la cocina, porque mamá siempre le castigaba cuando asustaba almosquita muerta, ¿pero qué podía hacer él si era tan divertido? Desde luego,ella no lo entendía.

– ¿Teacuerdas el día que perdiste las llaves de papá en el centro comercial?

Jorge sequedó helado. Odiaba que su hermano le recordara ese día (cosa que, porsupuesto, hacía frecuentemente), porque aquel día papá y mamá se habíanenfadado mucho, y por una vez, el responsable de aquel desastre no había sidoIván.

– Fue sinquerer…

– Fuejugando con ellas, cosa que no tendrías que haber hecho. Y papá tuvo que cambiarlas cerraduras de la casa, y se gastó un montón de dinero… La armaste buena.

Jorge sequedó un rato sopesando aquello. ¿Contarían ese tipo de accidentes como“portarse mal”? Papá solía distinguir entre las cosas que se hacían con malaidea (Iván) y las cosas que pasan por accidente (Jorge). Incluso el día en que elpequeño perdió las llaves, ese día en que su hermano Iván decidió canturrear incesablementeuna estúpida canción,

Donde están las llaves, matarile-rile-rile…

papá se enfadó mucho al principio,pero viendo después el sofoco que el niño tenía, le dijo que no se preocupara,que había sido un accidente y ya está. ¿Tendría Papá Noel el mismo concepto de “accidente”que su padre?

– ¿Y a tipor qué te trae regalos todos los años? – preguntó Jorge cada vez más asustado.

– No tecreas – contestó Iván fingiendo preocupación – el año pasado ya me dejó unanota advirtiéndome de que me perdonaba sólo por esta vez. Creo que esta noche… quizástambién intente matarme a mí cuando acabe contigo – se acercó a su hermano ylevantó algo la voz, para rematar la faena -, ¡porque siempre empieza por elmás pequeño de la casa!

Jorge selevantó corriendo y salió de la habitación gritando.

-¡Mamáaaa!

– ¡Venaquí, idiota! – dijo Iván a la vez que trataba de agarrar a su hermano por lapierna para que no se chivase.

– ¡Mamá,Iván me está asustando!

Ivánsalió corriendo detrás de Jorge en dirección a la cocina para desmentir rápidamentetales acusaciones. En estos casos era conveniente poner cara de inocente lo másrápido posible y fingir que no sabía de qué demonios hablaba el mosquitamuerta, aunque Iván tenía a sus espaldas suficientes antecedentes como parasaber que su credibilidad estaba merecidamente por los suelos y que no teníaposibilidad ninguna de salir airoso de aquello.

Pero habíaconseguido asustar a su hermano una vez más… ¡Jo, ¿acaso no era divertidísimo?!

 

 

Eran lassiete de la tarde cuando Iván escuchó el ruido del coche de su padre entrandoal garaje. Hasta el sonido más leve se percibe mejor desde el encierro en unahabitación sin televisión y sin música, y a sus diez años, una situación así noera ni mucho menos novedosa para Iván. Tirado en su cama, ojeaba un librodemasiado infantil para él, uno que debían haberle regalado al menos tres añosatrás. No comprendía por qué la gente se empeñaba en regalarle libros. Elmosquita muerta, sin embargo, los desgastaba de tanto usarlos. Jorge habíaaprendido a leer asquerosamente pronto, y desde entonces no paraba de releerlos libros una y otra vez. Él, sin embargo, prefería limitarse a ojear de vezen cuando los dibujos, y lo que tuvieran que contarle con tediosas palabras ymás palabras le importaba más o menos un pimiento.

Escuchó asu padre bajar del coche, entrar en casa y llegar hasta la cocina. El incesanteruido del extractor le impedía oír la conversación entre sus padres, pero seimaginaba perfectamente lo que estaba sucediendo, y casi podía oír la voz de sumadre con su exagerado tono de mujer agotada diciéndole a su padre que eraincapaz de controlar a su hijo mayor.

Tambiénsabía perfectamente en qué consistía el segundo acto de la función, y sólo tuvoque esperar un par de minutos para escuchar los pasos de su padre subiendo lasescaleras y caminando por el pasillo en dirección a su habitación. La puerta seabrió e Iván se hizo el despistado pasando páginas del estúpido libro hastallegar a una en que una tortuga sudorosa era adelantada por una liebre en unaespecie de carrera animal. Se quedó mirándola con fingido interés.

– ¿Qué lehas hecho a tu hermano? – fue la absurda pregunta de su padre.

– ¿Yo?Nada – fue la evidente respuesta de Iván.

Elhombre, sin entrar a la habitación, abrió más la puerta.

– ¿Es queni siquiera el día de Nochebuena puedes portarte como es debido?

– ¿Peroyo qué he hecho?

– Tetengo dicho que no asustes a tu hermano.

– Es queése se asusta con cualquier cosa…

– “Ése”es tu hermano y se llama Jorge, ¿vale? Y tiene seis años, así que más vale quedejes de contarle historias si no quieres pasarte la vida encerrado aquí sintele y sin nada, ¿me oyes?… ¿Me has oído, Iván?

– ¡Quesí! – contestó finalmente el crío – ¿Puedo salir ya?

– Cuandovengan los abuelos. Y mañana ya veremos qué regalos te encuentras.

– Puesvale.

Ivánvolvió a clavar la mirada en el libro mientras su padre cerraba la puerta de lahabitación. Los abuelos llegarían pronto, a su abuela le daría un patatús si noayudaba a preparar la cena, así que no tendría que aguantar un encierrodemasiado largo. Y en cuanto a los regalos, ¿a quién querían engañar? Ivánsabía perfectamente que nunca serían capaces de dejarle sin regalos de Navidad,por muy gorda que la liase. Ésa era la ventaja de llevar años tanteando loslímites de la paciencia de sus padres, limites que, afortunadamente para él, demomento estaban resultando ser sobradamente amplios.

 

 

Ivánllevaba ya varias horas durmiendo. La cena había transcurrido con totalnormalidad y pronto los dos críos recibieron la orden de acostarse. Alcontrario de lo que solía ocurrir otros años en Nochebuena, no le costó muchoconciliar el sueño. Se metió en la cama pensando en los dos videojuegos quehabía pedido por Navidad  y que pensabaestrenar nada más levantarse y pronto dejó de pensar en nada.

Faltabanpocos minutos para las cuatro de la madrugada cuando se sobresaltó. Creyó haberoído el ruido de la ventana al cerrarse, pero no llegó a ser demasiadoconsciente de nada, se encontraba en ese limbo entre el mundo real y el de lossueños. Probablemente había sido el viento, o quizás el ruido formaba parte dealgo que estaba soñando. Un minuto después dormía de nuevo cuando sintió algoque, esta vez sí, le despertó con un gran susto.

Unacuerda no muy gruesa presionaba su cuello haciéndole casi imposible respirar.Un segundo después notó el colchón de su cama hundirse y a un tipo enormesubiéndose encima de él. Debía pesar más de cien kilos y vestía una especie debata roja y un gorro del mismo color rematado en la punta por una bola blancaque le caía sobre los hombros. Tenía la nariz y las mejillas enrojecidas y elaliento le apestaba a whisky barato.

– ¡Ho,ho, hooo! – rió melódicamente el tipo -. Tú debes ser Iván, ¿me equivoco?

El críopataleaba y se retorcía tratando de escapar de aquella inesperada y surrealistasituación. Intentó pegar un grito bien fuerte que hiciese levantarse a suspadres de la cama, pero le resultaba imposible producir el más mínimo sonidocon aquella cuerda presionando su pequeño cuello.

– Oh,espera – dijo Papá Noel -. Voy a aflojar un poco la presión, pero tienes queprometerme que no gritarás. Es que necesito que me confirmes que eres tú. ¿Lohas entendido? Sois muchos niños para una sola noche.

Iván asintiócon la cabeza y unos segundos después notó la presión disminuir muy poco a poco.Cuando se vio capaz, cogió todo el aire que pudo y gritó.

-¡Papáaaa!

Papá Noelse apresuró a taparle la boca.

– Joder,el crío de los cojones… ¡Te he dicho que no grites!

El viejose había desplazado hacia delante levantando algo su gordo culo. En cuanto Ivánnotó las piernas libres golpeó con la derecha sin planteárselo, por puroinstinto, hundiendo su rodilla en los testículos de Papá Noel. Éste soltó ungrito ahogado a la vez que sus ojos se abrían como platos y dejó caer su peso aun lado del chiquillo.

Iván noperdió el tiempo. Se levantó de la cama gritando, buscando la salida yesperando ver en cualquier momento la figura de su padre abriendo la puerta.Salió de la habitación y giró hacia la derecha en el pasillo, hacia lahabitación de sus padres. Podía oír al viejo gordo maldecir y ponerse de nuevoen pié mientras recorría el largo trecho que separaba su habitación de la desus padres al otro extremo. Al pasar por la de su hermano Jorge tuvo latentación de entrar y sacarlo de la cama, pero sin duda lo mejor era que supadre se levantase lo antes posible para protegerles a los dos. Pasó pordelante de la escalera que bajaba hacia el piso inferior y enseguida se plantódelante de la habitación.

– ¡Papá,mamá! – gritó mientras aporreaba literalmente la puerta y bajaba una y otra vezla manivela -. ¡Papáaaa, levántate!

Estababien cerrada, y del otro lado no se adivinaba ni el más leve sonido. Iván notóentonces una oleada de terror frío invadir su pequeño cuerpo, y aunque siguiógritando, golpeando y empujando, tuvo la certeza de que nadie iba a contestar.Escuchó la melódica risa de Papá Noel propagarse por el pasillo y se girópegando su espalda contra la puerta. Allí estaba de nuevo aquel hombre que biensabía el crío que no podía existir, saliendo por la puerta de su habitación conla cuerda con que había intentado estrangularle.

– Esmejor que te quedes ahí, ¿vale? – dijo Papá Noel -. Me has hecho mucho daño enlos huevos y estoy muy, muy cabreado. Además, que tengo prisa, coño.

Empezó aavanzar hacia el muchacho, que estaba paralizado y sin saber qué hacer. Sequedó quieto, esperando a ver si el hombre pasaba de largo la habitación deJorge o se detenía ante la puerta. Como suponía, pasó de largo. Para algo elmosquita muerta era un santo.

Saliócorriendo escaleras abajo. Ya había dejado al gordo acercarse mucho, demasiado.Al cuarto escalón notó una mano enguantada rozarle el hombro y estirar delcuello de su pijama hacia atrás con mucha fuerza, lo que le hizo perder elequilibrio y caer rodando escaleras abajo. Se golpeó por todo el cuerpo, perola peor parte se la llevaron la pierna izquierda y los brazos, con los quehabía intentado protegerse la cabeza. También sintió un dolor muy agudo algolpearse en un costado contra el borde de un escalón, pero afortunadamenteninguno de estos golpes le impidió levantarse y volver a ponerse en marcha encuanto llegó al suelo del piso inferior.

Se lepasó rápidamente por la cabeza la idea de que su madre pudiese encontrarse aúnen la cocina fregando los cacharros de la cena y fue hacia la izquierda. Muchoantes de llegar a la puerta ya era consciente de que aquello era absurdo y deque había sido una decisión estúpida. Podía oír los pasos de Papá Noel bajandola escalera a toda prisa. En menos de un segundo estaría abajo, bloqueándole elpaso hacia el otro extremo, hacia la salida de la casa.

Ya nohabía otra opción, entró en la cocina y se fue directo a los cajones que habíacerca del fregadero. Los abrió y empezó a buscar apresuradamente un cuchillopara defenderse. Sentía tal terror que no notaba las puntas de los tenedoresclavándose en sus pequeños dedos mientras buscaba el cuchillo que tenía enmente, uno grande y afilado que su madre gastaba para cocinar. El chico sabíade sobra que los que usaban a diario no servían para cortar ni el aire. Oír elsonido de las pesadas botas de nieve avanzando rápidamente hacia la cocina leprovocaba un temblor aún mayor en las manos. Aquel cabrón era rápido para estartan gordo y viejo. Le pareció ver el mango del cuchillo que buscaba y hurgó enesa dirección, apresurándose y sin atreverse a mirar hacia atrás. Estaba muycerca. Agarró el cuchillo y se disponía ya a girarse cuando notó de nuevo lafina cuerda presionando su cuello y estirando de él hacia atrás con muchafuerza. El cuchillo se le escurrió de entre los dedos cayendo de nuevo alcajón.

– ¡Paraya, cabroncete! Me vas a hacer sudar en pleno diciembre, joder.

Ivánpataleó y agarró la cuerda para intentar separársela del cuello al menos unpoco. Pero la fuerza con que Papá Noel la tenía agarrada y estiraba hacia atráshacía imposible que el crío hiciese ningún progreso. Le era imposible coger lamás mínima gota de aire, así que soltó la mano derecha de la cuerda, fijó sumirada en el cuchillo que quizás aún quedaba dentro de su alcance y estiró enbrazo todo lo que pudo. Sus dedos rozaron el mango y desplazaron ligeramente elcuchillo hacia el borde del cajón, aproximándoselo un poco más. En cuanto elviejo se dio cuenta de lo que el chico pretendía se movió rápidamente haciaatrás tratando de apartarlo de allí, pero resultó ser demasiado tarde.

Ivánalcanzó el arma en el último momento antes de sentir todo su cuerpo moversehacia atrás con un fuerte estirón. No se lo pensó dos veces y hundió con todassus fuerzas la hoja afilada en la pierna derecha de Papá Noel. El hombre dio unlargo y fuerte grito maldiciendo al niño mientras soltaba la cuerda y sellevaba las manos a la pierna, e Iván aprovechó para colarse rápidamente por ellado izquierdo de aquella mole y buscar la salida de nuevo al pasillo.Respiraba rápidamente, maravillado por la sensación de poder hacerlo de nuevo.

– ¡Mocosohijo de putaaa!

– ¡Papá,¿dónde estás?! – gritó Iván una vez más.

Mientras elcrío cruzaba el pasillo hacia el salón, Papá Noel agarró el mango del cuchilloy, rabiando de dolor, estiró para extraer la hoja de su pierna. Un reguero desangre chorreaba desde su enorme muslo. Lo notaba descender caliente por supierna, y se había empezado a formar un pequeño charco rojo en las baldosasblancas del suelo de la cocina.

Ivánllegó hasta la puerta de la calle y trató de salir a pedir ayuda a la calle. Nole sería difícil dar con alguna parejita que volviese de su cena de Nochebuenao con algún grupo de la iglesia que anduviese por ahí cantando villancicos.Pero en cuanto tiró de la manivela se acordó de que sus padres siempre cerrabancon llave al acostarse. ¿Y dónde leches estaban sus padres? Sin perder ni uninstante se giró hacia el mueble recibidor donde guardaban las llaves, pero sequedó petrificado al ver a Papá Noel apoyado en el marco de la puerta de lacocina.

Tenía lafrente empapada y una gota de sudor le colgaba tambaleante de la nariz. Su manoderecha presionaba sobre la herida de la pierna con un viejo trapo de cocinaenrojecido. Su mano izquierda le estaba apuntando con un revólver.

– Ni sete ocurra moverte, chaval – dijo el hombre muy despacio.

Ivánsintió de repente un vacío total. Casi pudo oír en el interior de su cabezacómo su instinto de supervivencia se rendía y, cansado, se largaba dejándoloallí solo. Bueno, chaval, lo hemosintentado, pero él es enorme, y tiene una pistola. ¿Qué más podemos hacer? Yoya estoy cansado. Y en cierto modo, Iván también lo estaba. Si ese loco sehabía empeñado en matarle y los subnormales de sus padres no daban señales devida poco más podía hacer él. Se dio cuenta de que las rodillas le temblaban yapoyó su espalda en la puerta para no caerse al suelo.

– Así megusta, que seas obediente – Papá Noel había empezado a acercarse al niñodespacio, cojeando, y dejaba a su paso un rastro de pequeñas gotas de sangresobre el suelo y la alfombra del salón -. Y ahora que ya has decidido quedartequietecito… sabes por qué estoy aquí, ¿no?

– Sí.

– A ver,dímelo, ¿por qué? Quiero oírtelo decir.

Ivánguardó silencio. Su visión se había nublado y luego las lágrimas habíanempezado a resbalar por sus mejillas. Aunque miraba hacia el suelo sabía quePapá Noel estaba cada vez más cerca y sin dejar de apuntarle.

– ¡Que melo digas, joder!

– ¡Porqueme he portado mal – gritó -, porque me he portado muy mal!

– ¿Si?¿Qué has hecho?

– Me hereído de mi hermano y le he pegado cientos de veces, he mentido a mis padres ya mis profesores, le di una paliza a Marcos en el colegio, he… he… ¿Yo qué séqué más? ¡He hecho muchas cosas, no me acuerdo!

Papá Noelestaba ya junto a él, y ambos se miraban directamente a los ojos. Mientras unasonrisa de satisfacción se dibujaba en el rostro demacrado del viejo, el niñohabía pasado del miedo a una rabia provocada por el cansancio y la tensión. Estuvieronasí durante unos segundos que parecieron interminables.

– Esoestá muy mal, Iván, pero que muy mal. Y eso por no hablar de que me has dadouna patada en los cojones y me has clavado un cuchillo en la puta pierna. Losniños buenos no intentan matar a Papá Noel, ¿sabes? Posan su pequeño culito enmi pierna, me dan un besito y empiezan a contarme todas las gilipolleces que seles han antojado ese año, pero nada de cuchillos ni cosas así. Abre la boca.

– ¿Qué?

Papá Noelagarró al crío por la mandíbula e introdujo el cañón de la pistola en su boca.Iván comenzó a llorar de nuevo al notar aquel frío y metálico sabor en sulengua.

– A loscríos que se portan mal lo que mejor les va es esto, que les vuelen la cabeza.Así el año próximo el mundo será un lugar un poquito mejor. Y yo tendré un pocomenos trabajo la próxima Nochebuena, ¿ves qué bien?

Iváncerró los ojos y se preparó. Se preguntó si llegaría a oír el sonido delgatillo o incluso el sonido del disparo antes de que todo se apagase. Tambiénse preguntó si dolería. Quizás era como cuando uno iba al practicante, unpinchazo y fuera, aunque se acordó del día en que un novato le tuvo que pincharvarias veces y pensó que mejor no. Fuese como fuese, casi deseaba que aquelcabrón apretase el gatillo de una puñetera vez.

– ¿PapáNoel?

Los ojosde Iván se abrieron al oír aquella voz que llamaba al viejo desde el otroextremo del salón. Era una voz que conocía bien. Notó la presión del cañónaflojar y empezar a retirarse poco a poco de su boca, y cuando el gordo se giróun poco para mirar hacia atrás él también dirigió su mirada hacia la escalera.

Suhermano Jorge estaba allí, en el último escalón, con una mano apoyada en elpasamano y la otra sujetando su viejo peluche de Winnie de Pooh. Tenía todo elpelo alborotado, el pijama torcido y se frotaba los ojos apenas abiertos con ungesto soñoliento. Papá Noel se separó de Iván y empezó a caminar hacia atrás.Seguía apuntándole con la pistola, aunque mantenía la mano escondida para queel pequeño no pudiese verla.

– Túdebes de ser Jorge, ¿no? ¡Hooo, ho hooo!

Iván sefue dejando caer poco a poco hasta quedar sentado en el suelo junto a lapuerta. No se sentía capaz de mantenerse en pié. Aunque las piernas ya no le temblabantampoco tenía fuerzas y solo le apetecía dejarse caer. Vio a Papá Noel llegarhasta el pie de la escalera y agacharse para recibir un beso del pequeño. Seguardó la pistola y, mientras reía y alborotaba el pelo de Jorge con gestoscariñosos, charló con él durante un rato.

Iván nopodía escuchar de qué hablaban. Jorge se había puesto de puntillas y susurrabaalgo al oído del viejo, que asentía y contestaba de vez en cuando. A veces eraPapá Noel el que hablaba durante más rato y Jorge le miraba entre fascinado ymuerto de sueño. A Iván solamente le llegaban pequeños susurros e imágenesentrecortadas. Cada vez sentía su cuerpo más pesado y le costaba más mantenerlos párpados abiertos. A él también le estaba venciendo un sueño descomunal.

Al rato,Papá Noel se acercó de nuevo a él, tratando de disimular su cojera. Al llegarse agachó y le levantó la cara para mirarle a los ojos. Su semblante cambió deforma radical, pasando del rostro amable y entrañable que había adoptado parahablar con Jorge a nuevamente el rostro de un loco obsesivo y borracho que dabamucho miedo.

– Jorgedice que no eres tan malo, y que sin duda el año que viene te portarás muchomejor. Yo tengo mis dudas, pero como él es un angelito confiaré en su criterio.Así que ya sabes, espero que el año que viene seas bueno, realmente bueno,porque si vuelves a portarte mal… – dejó la frase suspendida mientrasacariciaba la culata de su pistola que asomaba por el bolsillo de su chaqueta-. Y que conste que lo hago por él.

Ivánescuchó todo esto a medias, sin ser demasiado consciente de nada. Se encontrabaya más dormido que despierto. Papá Noel se levantó y fue hasta la escalera,donde Jorge le esperaba. Cogió al chiquillo de la mano y empezó a subir lasescaleras con él para dejarlo acostado de nuevo en su cama. A mitad del trayectose giró y se dirigió por última vez a Iván, aunque éste ya no pudo escucharle.

– FelizNavidad, chaval, ¡hooo, ho hooo!

 

 

Iván sedespertó pasadas las diez y media el día de Navidad, batiendo de lejos un nuevorécord personal. Nunca había aguantado en la cama hasta más tarde de las ochoen un día como aquel, por más que su madre le prohibiese levantarse antes delas nueve para poder descansar del ajetreo de la noche anterior. Su frenteestaba húmeda por el sudor y notaba un ligero temblor en las piernas. Palpó lassábanas de su cama y se extrañó al sentir aquel tacto tan reconfortante.Recordaba haberse quedado dormido en el suelo del salón después de… No,evidentemente aquello no podía haber sucedido. Agarró con fuerza de nuevo lassábanas y el temblor fue desapareciendo poco a poco.

Menuda pesadilla horrible, pensócon una profunda sensación de alivio.

Pasado unrato se levantó y salió de la habitación. Su padre caminaba por el pasillo y apunto estuvieron de chocar cuando Iván abrió la puerta de su habitación.

– Hombre,ya era hora, ¿no? Iba a sacarte de la cama.

Elmuchacho se quedó embobado mirando a su padre. No sabía muy bien por qué, perose alegraba más que nunca de verle. Tuvo la sensación de haber estado buscandodesesperadamente a su padre en aquella pesadilla y de no haberlo encontrado,pero a medida que pasaban los minutos todo lo relacionado con aquello se ibadifuminando en su mente.

– Es quese estaba muy a gusto en la cama – dijo Iván tratando de explicarse.

Su padrele miró entre extrañado y divertido. No esperaba una respuesta así, más propiade un muchacho más mayor el día de Navidad.

– Sí,supongo que tienes razón – le contestó -. Pero baja, que tu hermano hace horasque ha abierto sus regalos.

Iván bajólas escaleras y se encontró con su madre y su hermano en el salón, junto algran árbol de navidad que habían decorado todos juntos unos días atrás. Jorgese alegró mucho de ver a su hermano mayor y enseguida empezó a enseñarle todossus regalos saltando de alegría. Iván, aunque estaba interesado en saber todoaquello, y especialmente en ver cuáles eran los paquetes que contenían susregalos, echaba de vez en cuando una fugaz mirada al suelo, como si esperaseencontrar en la alfombra manchas de algo. Quizás de sangre. Pero el sueloestaba perfectamente limpio. Su madre nunca se acostaba sin limpiar bien elsalón tras la cena de Nochebuena.

– Venga,Iván, abre los tuyos de una vez – le dijo su madre.

Jorgeapartó todas aquellas cosas extrañas de su cabeza y fue directamente a por susregalos. Había varios paquetes con su nombre escrito bajo el árbol. Cogió unode ellos y empezó a desenvolverlo rápidamente rasgando el papel de regalo. Seencontró con uno de los videojuegos que había pedido y sonrió mientras Jorge, asu espalda, le pedía que se lo enseñase. Al girar la caja, Iván vio un papelitoque acompañaba al regalo. Lo cogió y lo leyó en silencio.

 

“Espero quete portes mejor el próximo año. Si no, ya sabes lo que pasará.”  Papá Noel.

 

Ivánsintió que su corazón se aceleraba súbitamente y le vinieron a la cabeza deforma muy viva algunos momentos de su desagradable pesadilla. Porque había sidosolamente eso, una pesadilla, ¿verdad? Miró a sus padres, esperando ver en susrostros algo que le dijera lo evidente, que aquella nota la habían escritoellos para recordarle que quizás el año próximo cumplieran al fin su amenaza dedejarle sin regalos si no se portaba bien.

Eraevidente que la habían escrito ellos.

 ¿Verdad? 

Exclusiva: novedades en la saga Mario.

Pues sí, amigos, hoy quiero traeros una exclusiva que quizás hayáis visto en algún otro medio, aunque pocos son a estas horas los que lo han publicado. Nintendo ha confirmado a la revista Game and Sausages interesantes datos sobre el futuro de su personaje estrella, el incombustible fontanero Mario. Os detallaré a continuación toda esa información, que no es poca.

En primer lugar Nintendo ha anunciado que publicará el próximo mes de enero una guía o base de datos con todos los acontecimientos que han sucedido hasta ahora en la saga. Con esto tratarán de dejar clara la cronología de los diferentes capítulos y explicar bien todos los sucesos que han tenido lugar en todos estos años para que los nuevos jugadores no se pierdan argumentalmente a la hora de afrontar una nueva entrega de la saga Mario. Nintendo ha confirmado que todos los giros argumentales, y las complicadas relaciones entre los personajes quedarán por fin aclaradas en esta guía definitiva sobre el universo Mario. Pero aún hay muchas más novedades.

 

Se ha confirmado también el desarrollo de un nuevo capítulo, aunque no se ha aclarado si aparecerá para 3DS, Wii o la próxima WiiU. Esto no es algo tan sorprendente por sí mismo, pero la sorpresa la encontramos en que Nintendo ha dado detalles sobre la trama de este nuevo capítulo, confirmando así las filtraciones que ayer desbordaban la red. La nueva trama podría girar en torno al secuestro de Peach, la princesa del reino y gran amiga de Mario por parte de Bowser, que se destaparía así como el gran enemigo de los protagonistas, y el consecuente viaje del fontanero en su rescate. “Hemos querido darle un nuevo enfoque a la historia y a las relaciones entre los personajes. Intentamos sorprender al jugador con elementos que nunca esperaría”, han sido las declaraciones del productor ejecutivo del título. Pero aún quedan más novedades entre lo publicado en esta revista.

Y es que parece que Nintendo ha decidido ir a por todas y hacerse con las exclusivas más jugosas de cara al lanzamiento de su próxima consola de sobremesa, WiiU. Para ello podrían haber llegado a un acuerdo con Activision y el equipo Infinity ward para que el próximo Call of Duty sea exclusivo de la consola de Nintendo. No se ha desvelado mucha información sobre el proyecto, aunque se especula con que pueda estar ambientado en las guerras del reino champiñón, a raíz de la información aparecida en el facebook de un miembro de Infinity Ward, que afirmaba lo siguiente: “Vais a flipar con las nuevas armas, los caparazones pueden ser muy destructivos” o “Las tuberías tendrán un papel clave en el desarrollo, aunque no queremos abusar de ellas”.

Y por último, aunque apenas se mencionó de pasada, Nintendo afirma haberse hecho con los servicios de Kazunori Yamauchi para el desarrollo del próximo Mario Kart. Parece ser que el desarrollador habría decidido abandonar la saga Gran Turismo tras muchos años y empezar un proyecto diferente, aunque la información fue muy escasa, pues el creador ha anunciado que tardará aproximadamente 8 años en tener una versión preliminar muy poco avanzada del proyecto, que llegaría a su versión final no antes de 2030. En todo caso parece que Yamauchi busca nuevos retos en su carrera. Según lo aparecido en su Twiter, y tras tantos años trabajando en Gran Turismo, no estaría teniendo ningún problema con la física de los cars, pero sí con la de elementos como los caparazones de tortuga o los resbalones de neumáticos con las pieles de plátano. "Nos pasamos el día lanzando caparazones de tortuga rojos en el estudio y recogiendo los movimientos con cientos de cámaras y la más avanzada tecnología – declaraba -. Queremos que la física sea perfecta".

Habrá que esperar a la próxima feria importante para que Nintendo ofrezca más información sobre estos esperados proyectos. Os mantendré informados, chicos. ¡Un saludo y feliz 28 de diciembre! 

 

Berreando villancicos.

Con la proximidad de las navidades aumenta irremediablemente la cantidad de horas que pasamos en centros comerciales. Nos guste o no. Y claro, cuando uno visita en estas fechas un centro comercial ya sabe lo que le espera: ambiente sobrecargado de luces, calefacción y colores; aparcamientos a tope; larguísimas colas en probadores y cajas… Pero por encima de todo eso y sin dejar de acompañarnos ni un solo momento tenemos las estridentes voces de odiosos niños berreando villancicos tradicionales sin parar.  De esto es de lo que voy a hablaros hoy, ¡acompañadme al maravilloso mundo de los villancicos en centros comerciales!

 

Y es que no importa cuántos grandes cantantes hayan grabado buenas versiones de villancicos o de canciones de navidad anglosajonas, en estos lugares siempre eligen la peor recopilación de todas las existentes, las de coros de niños chillando. Porque lo que hacen estos chiquillos nada tiene que ver con el canto o con la música. ¿Y por qué chillarán de esa manera? Eso no tiene que ser nada bueno para sus pequeñas gargantas aún en desarrollo. Para que luego digan del tabaco a edades tempranas… hacer una de estas grabaciones sí que tiene que ser perjudicial.

Ya me imagino yo al director del coro en cuestión en los ensayos previos, haciéndoles a los críos indicaciones de esta guisa:

“¡No, no le dais la entonación adecuada, vuestra voz no es lo suficientemente odiosa! Mirad, ¿veis a ese señor de allí, el técnico de grabación? Pues cuando veáis que se atraviesa los oídos con una percha llevado por la más absoluta desesperación es que estáis haciéndolo bien.”

Y claro, los chavales con el ánimo de agradar pues hacen caso. Luego tú vas a un centro comercial donde lo ponen y, si te encanta la navidad y los villancicos aguantas un par de ellos antes de empezar a mirar con odio a cualquier niño que se te cruce, pero si directamente eres de los que odian los villancicos y todo el rollo navideño estás deseando encontrar la tienda de pistolas para liarte a tiros.

Además, cuando los niños en cuestión obtienen su copia del disco como recuerdo o para regalar a sus familias, muchos de ellos son abandonados repentinamente o llevados rápidamente a ver a un exorcista. Y es que sus familias se asustan mucho cuando oyen las atrocidades de que son capaces sus “inocentes” niños. Y lo peor de todo es que en algunas tiendas venden discos de estos (sí, habrá quien pague por ellos, de todo hay en esta vida). Podéis encontrarlos o bien en la sección de música satánica o bien en la de música para suicidios.

Pero bueno, en todo caso mi consejo es que evitéis las horas punta cuando vayáis a los centros comerciales o que vayáis con las ideas claras para permanecer el menor tiempo posible allí. Descartad lo de llevar vuestra propia música en ipods, móviles, etc. Los chillidos de estos críos eclipsarán cualquier cosa que estéis escuchando. Así que nada, que tengáis buenas compras navideñas y que Crom se apiade de vuestros pobres oídos. ¡Feliz Navidad, amigos! 

 

La traición de Roma: El final de la trilogía de Escipión.

"He sido el hombre más poderoso del mundo, pero también el más traicionado"

Por fin he podido completar la extensa novela que estaba leyendo y que comienza con esa tremenda frase de Escipión redactando sus memorias. “La traición de Roma”, de Santiago Posteguillo, es el último volumen de la trilogía que este autor ha dedicado a la figura de Publio Cornelio Escipión. Así que, como ya hice con las dos primeras entregas de la trilogía (cuyas reseñas podéis leer pinchando aquí: AfricanusLas legiones malditas), hoy quiero dedicar una breve entrada a hablaros de esta novela que ha supuesto, en lo personal, una de las mejores lecturas de mi vida.

"La traición de Roma”, comienza con la vuelta a Roma de su principal protagonista tras la grandiosa victoria en la batalla de Zama, batalla en la que, hay que recordarlo, derrotó al gran cartaginés Aníbal haciendo que nuestra historia sea hoy la que es y que nosotros seamos hoy lo que somos (recordemos que Aníbal fue uno de los más grandes generales de la historia, que muy cerca estuvo de destruir Roma para siempre). Sin embargo, tras la vuelta a Roma y tras disfrutar de unos años de halagos y respeto, sus enemigos políticos en Roma, encabezados por Catón, volverán a hostigarle acusándole de querer convertirse en rey. De esta forma, la política en Roma se convertirá en la parte más importante de la novela, con un constante enfrentamiento entre los Escipiones y sus partidarios contra Marco Porcio Catón y los suyos, enfrentamientos que con los años irán ganando en crudeza hasta que Catón consiga el exilio forzado del héroe de Zama con las más bajas acusaciones. Pero no solo encontramos política en esta gran novela.

También Aníbal tendrá gran peso en el libro, donde Posteguillo nos narra cómo tras unos años en Cartago terminará también viéndose obligado a abandonar su ciudad acosado por sus enemigos políticos y ofreciendo sus servicios como general al rey Antíoco III de Siria que busca la expansión de su imperio con constantes guerras. Estas guerras terminarán enfrentándole a Roma, de forma que Escipión y Aníbal volverán a enfrentarse una vez más, aunque esta vez de forma bastante más indirecta, al no participar ninguno de los dos en la batalla por causas que el lector descubrirá. Así, en esta novela también tendremos una grandísima batalla, la de Magnesia, en la que Roma frenó las ambiciones de Antíoco III.

Por supuesto, tratándose  del final de la trilogía, Posteguillo cierra las historias de todos los personajes que han ido tejiendo esta magnífica historia. Asistiremos a los últimos días de Escipión y Aníbal (dejando evidentes grandes paralelismos en la vida de estos dos generales) y de personajes como Plauto y otros, y también sabremos cómo continuaron sus vidas otros como Lelio, la familia de Escipión, Netikerty, Catón, Graco, etc…

Es una novela grandiosa que deja un muy buen sabor de boca. Son muchas páginas siguiendo a estos personajes, y al final uno les coge tanto cariño que es normal querer saber cómo terminan sus historias. Posteguillo, una vez más, no decepciona y nos regala una novela que, pese a sus dimensiones, se disfruta enormemente sin hacerse nada pesada. Una novela, o mejor dicho una trilogía que ningún aficionado a la novela histórica debería perderse y que cualquier persona que busque una buena lectura, larga y de calidad, debería leer. Si a todo eso le añadimos que narra momentos históricos absolutamente decisivos para que el mundo occidental sea hoy el que es y que narra la vida de un personaje como Escipión al que la historia no ha sabido hacerle justicia, pues tenemos un cóctel más que sobresaliente.

 

Así que, si buscáis un buen libro o un regalo de calidad para estas navidades, dadle una oportunidad a esta trilogía. No todos los días lee uno la vida de un general invicto. Y para terminar… Gracias, Posteguillo, por esta maravilla de libros. Realmente creo que este autor se está ganando un hueco entre los mejores escritores actuales de novela histórica a nivel global. Espero que en España sepamos reconocerle esto y promocionarlo también fuera de nuestras fronteras, porque un genio así es para reivindicarlo. Dentro de poco me pondré con la nueva novela de este autor, principio de otra trilogía, esta vez sobre Trajano, el primer emperador hispano. ¡Un saludo histórico, amigos! 

 

Mandarina Tango, el color de 2012.

Amigos, la segunda mitad de los informativos no deja de sorprender a uno. Me refiero a esa parte dedicada a las noticias curiosas, supuestamente graciosas, o a los estudios y encuestas, donde podemos escuchar cosas como: “según un estudio de la universidad de Villaramera los españoles fuman menos mientras limpian lechuga iceberg” o cosas por el estilo. Pues bien, gracias a esa maravillosa sección me enteré hace pocos días que las máximas autoridades del color mundial (sí, parece que existe tal organismo, por absurdo que parezca), han decidido que el color de 2012 es un tono naranja encendido, rojizo, conocido como… agárrate: “Mandarina tango”. Ahí es nada.

 

Quizás algunos recordaréis que ya dediqué un artículo a un tema similar cuando en 2009 se anunció a bombo y platillo que el amarillo iba a ser el color del año. Entonces me lo tomé muy en serio, pinté mi casa y mi coche de amarillo, tiré toda mi ropa a la basura y la cambié por ropa amarilla, solo comía paella con mucho colorante, veía los Simpsons día y noche… pero este año ya no me pillan.

El color mandarina tango, aparte de tener un nombre jocoso que invita al cachondeo, es un color tan respetable como cualquier otro, pero vuelvo a preguntarme por qué este ha sido el gran elegido por delante de otros candidatos que seguramente también se han presentado muy ilusionados y bien preparados. ¿Es este proceso de elección un proceso justo? ¿Hay enchufismo? ¿Dónde pueden leerse las bases si conoces algún color que quiera presentarse para el año que viene? Las incógnitas son muchas y la información poca.

¿Y en qué cambia para nosotros la vida al saber que este color será el color del año? Desde luego no hagáis como hice yo, porque ya os aviso, al final esto resulta no tener tanta importancia como pudiese parecer en un principio. Mi consejo es que sigáis con vuestra vida con total normalidad. Sé que a algunos les costará mucho seguir como si nada, que no podrán hacer como si nada hubiese cambiado, pero luchad por conseguirlo, ese es mi consejo.

Y en cuanto al color en sí… ¿por qué tango? ¿Tiene algún sentido? ¡Si en el tango los colores que más se ven son el negro y el rojo! Todo es bastante absurdo. En todo caso, como digo, vosotros ni caso. Los años pasan volando, y para cuando queráis daros cuenta estaremos en 2013 y el color del año será algo así como “verde cancamusa” o “rojo furcio”. Eso si llegamos a 2013, pero eso es otro tango. ¡Que Crom llene de color vuestra vida!