Análisis: Duke Nukem Forever

Después de catorce largos años desde que su anuncio, el rey ha vuelto. Sí, Duke Nukem Forever, el celebérrimo caso de vaporware y una de las bromas más recurrentes del mundillo debido a su elevado número de cancelaciones, retrasos, y diversos problemas ya está a la venta; y en Warehouse 33 ya tenemos su reviú correspondiente.
COME AT ME, BRO
Y con su salida, la polémica está servida también. Pero curiosamente, no es debido a su alto contenido de carácter machista, ni a la actitud análoga del omnipotente señor Nukem. En este caso, es porque el juego para muchos no ha sido todo lo bueno que «debería» haber sido. Notas que oscilan el 50/100 en Metacritic en teoría nos dicen que estamos ante un producto mediocre. ¿Cuál es la opinión que tiene mi menda sobre este jueguico? Pues básicamente la idea que tenía preconcebida sobre el mismo, y sin que factores externos y terceras personas influyan en ella. En resumen: Slugger Maxman cumple eso de «always bet on Duke» a rajatabla, y en este caso no es menos.

La trama de Forever no es que sea gran cosa. Pero eh, ahí está. Tras la intro del juego, que es un homenaje a Duke Nukem 3D, nos ponemos tras los mandos de Duke… jugando a su propio juego también. El más macho de los machos planea retirarse doce años después de expulsar a unos alienígenas invasores. Pero resulta que esos mismos aliens vuelven para tomarse una vendetta contra nuestro protagonista. El propio presidente de los EEUU ordena a Nukem que no presuponga que vienen a invadirnos y que puede ser una oportunidad única para la paz, algo que podría haber sido posible e incluso factible de no ser porque están saboteando la Dukecueva, desde la que Duke Nukem se prepara para cada batalla. Así, una vez más, el rubiales debe salvar la Tierra entera. Y lo que es más importante, a las pibas.
Seamos honestos, gráficamente está obsoleto, y mucho. Verlo duele. El juego luce horroroso, está completamente desfasado en este aspecto. Lo único destacable aquí es el modelo actualizado de Duke (ojo, el modelo, sus animaciones son simple y llanamente ortopédicas) y acorde con los tiempos que corren… o que corrían.
Soy Duke, y vengo con siete años de retraso
La variedad de enemigos comunes (Pigcops, Assault Troopers…) es escasa, y sus modelos y animaciones tampoco es que estén muy allá. En la otra cara de la moneda tenemos a los jefes finales, de un diseño mucho mejor, espectacular y más elaborado, y de un tamaño destacable. No hay tampoco ningún tipo de filtro que suavice los bordes de los objetos y personajes, haciendo que haya dientes de sierra por todas partes, afeando aún más el aspecto visual.
Los efectos lumínicos son mediocres. Las luces y sombras se generan en tiempo real, aunque las sombras que proyectan los objetos se encuentran a una definición simplemente ridícula. Pero no es el único apartado con una baja resolución; las texturas por lo general tienen también una resolución muy, pero que muy baja. En consola da la impresión de estar jugando a la versión de PC con el detalle al mínimo.
Los escenarios, de un tamaño más que considerable algunos de ellos (el Mighty Foot es un claro ejemplo) están bastante bien y son variados… si no fuese porque también por lo general están muy vacíos. Los que hayan jugado el nivel del Pueblo Fantasma podrán ver que realmente hace honor a su nombre. Los más destacables son un par de interiores, concretamente la Colmena y la Mina Anderson. Pero lo que es sin duda sangrante son los bajones de framerate (en momentos puntuales, eso sí). Es totalmente inexcusable que un juego con este apartado gráfico tan mediocre tenga unos tirones así. 
Balls of steel
Con respecto al doblaje llueve a gusto de todos, ya que el juego está doblado en un perfecto castellano con Luis Bajo en el papel del Duke, cumpliéndolo de una forma más que satisfactoria. No obstante, si cambiamos el idioma de nuestro juego/plataforma podemos escuchar la voz original de Jon St. John. Las frases lapidarias y las referencias a la cultura pop (películas, videojuegos, y un largo etcétera) son constantes. Los secundarios cumplen su papel bien, sin destacar, pero bien.
No obstante el problema de este aspecto es el hecho de que la música pasa completamente desapercibida, exceptuando el tema principal, la versión de la Cabalgata de las Valquirias, la de los tiempos de carga, y poco más. Los efectos sonoros cumplen, sin mayores pretensiones. Como curiosidad, en el nivel del Burger Duke, se mantiene la música del nivel original de DN3D, a modo de homenaje. 
Duke Nukem Forever es un FPS de la vieja escuela, y eso se deja ver tanto en el diseño de los niveles como en el desarrollo del propio juego. La definición perfecta para este apartado sería «Half-Life macarra». Podemos interactuar con muchos objetos del entorno, como pizarras, urinarios, barriles, etcétera, siendo esta una de sus principales bazas pues nos incita a explorar los escenarios en busca de cosas y personajes con los que interactuar.
Los pigcops, esas alegorías con patas tan poco sutiles
Las armas no es que sean muy numerosas, y no es que haya tampoco muchas incorporaciones nuevas con respecto a lo ya visto en Duke Nukem 3D. Tenemos la pistola, la escopeta, la destripadora, el devastador… y no podían faltar a la cita tampoco el reductor y el rayo congelador. Únicamente podemos portar dos simultáneamente, a lo Call of Duty, haciéndole un muy flaco favor a Forever. Es una limitación absurda, y completamente fuera de lugar.
La IA enemiga tampoco es que sea gran cosa; cada enemigo tendrá un comportamiento hacia nosotros u otro. Los Pigcops por ejemplo pueden tanto portar armas de fuego como entrar en una especie de modo berserk e ir hacia nosotros a lo kamikaze. Los Octobrains pueden jugar con las físicas del juego y los objetos del entorno, lanzándonoslos, etcétera. El único punto negro en este aspecto es la escasa variedad de enemigos, si bien es cierto que el número de los mismos en cada sección se antoja bien planificado y equilibrado. En un par de secciones vamos acompañados por soldados de la FDT, y aunque tampoco son unos genios a nivel de IA, son perfectamente capaces de matar enemigos y hasta es posible que nos saquen de más de un apuro.
El control es algo tosco en consolas, con un retraso algo leve en la respuesta del mismo, y un cierto desajuste en la sensibilidad vertical con respecto a la horizontal. Aunque no es nada que no se pueda arreglar personalizando las opciones pertinentes.
Sorpresa, coleguito
Entre los gadgets y accesorios que puede utilizar nuestro esperpéntico y carismático protagonista está la cerveza, que hace que nuestra resistencia al daño aumente de forma considerable (en el modo de dificultad Locura es prácticamente indispensable ir borracho como un lémur); los esteroides con los que Duke entra en modo berserk y potencia mucho sus ataques cuerpo a cuerpo; la visión de macho, que es la visión nocturna de toda la vida; y por último aunque no menos importante, el HoloDuke. Mientras lo usamos, nos hacemos invisibles y él actuará de señuelo, dándonos unos valiosísimos segundos para escapar de una situación comprometida o para realizarle daño extra «gratis» a algún jefe final. Impagables sus comentarios y frases alteradas con respecto a las del Duke original.
La salud se representa con la pantalla llenándose de rojo y de sangre, à la Call of Duty. Aunque por encima de la propia salud de nuestro personaje tenemos una barra de EGO, a modo de escudo recargable. Si nos dañan, este EGO decrecerá, y deberemos ponernos a cubierto para que se regenere. Nada de botiquines. Hubiese sido preferible que se mantuviese el sistema de salud de Duke Nukem: Manhattan Project, el cual nos forzaba a ir hacia los enemigos de cabeza, aunque para gustos los colores. Y para tetas, los sujetadores.
Los escenarios están repletos de objetos con los que interactuar, y algunos de ellos aumentarán de forma permanente la cantidad máxima de EGO, con lo que también es recomendable explorar.
Las torretas, momentos bastante graciosos en el desarrollo de este FPS. Sí, «Rumbo de colisión», te miro a ti
Otra de las cosas que más sorprende del juego (y que deja en evidencia lo triste que es el panorama actual en este género) es el hecho de que hay puzzles originales interactuando con objetos del entorno e incluso zonas de plataformeo y conducción entre tiroteo y tiroteo. Por variedad que no sea.
Ciertas secciones del juego las debemos completar reducidos de tamaño, lo que le suma otro punto más de originalidad. Lo que antes eran meros objetos del mobiliario ahora se pueden convertir en trampas mortales, o en enemigos temibles, como por ejemplo las ratas. Los tiroteos por lo general se resuelven bien y el ritmo de juego es bueno. La munición no escasea, incluso en el modo más alto de dificultad, debido a que hay muchos cajones que nos la reponen. También hay un par de secciones on-rails en las que manejamos una torreta y debemos acribillar todo lo que se nos ponga por delante.
Todo esto con respecto al modo campaña. Con respecto al modo multijugador del juego, no es que le sobren opciones. Nos da las justas, aunque son más que suficientes. En primer lugar, podemos personalizar el aspecto de nuestro Duke Nukem, para diferenciarlo del resto. Jugando al modo multijugador desbloqueamos cosas que luego podemos observar en un modo museo denominado «Mi picadero» en este DNF.
Dukecidio multijugador 
Luego tenemos únicamente cuatro modos de juego: Deathmatch, Team Deathmatch, Captura la Piba (CTF versión Duke Nukem) y Rey de la Colina. Una oferta algo escasa, pero que debido a su planteamiento arcade y old school, no decepcionará a los fans más recalcitrantes.
La duración del juego en su vertiente monojugador es de alrededor de 12 horas en el nivel de dificultad normal. Nada de «cuatro o cinco Call of Duty» como anunció el bocachancla de Randy Pitchford en su momento; aunque por otro lado y para un juego de este género está muy, pero que muy bien. Luego tenemos la búsqueda incansable de los coleccionables, en forma de recompensas de aumento de EGO, llamadas telefónicas, y los múltiples huevos de pascua y referencias que podemos encontrar.
Las bromas y referencias son constantes, a todo tipo de obras: Dead SpaceHalo: Combat EvolvedBorderlandsIndependence Day, Origen, Earth Defense ForceDesafío TotalCall of Duty 4: Modern Warfare, Mortal KombatEvil Dead… vamos, que es prácticamente imposible no reconocer al menos uno de los muchos huevos de pascua del juego y decir «anda, si esto es como en…». Además, entre los extras desbloqueables tenemos numerosos diseños de personajes, bocetos y demás arte conceptual, un cronograma detallado que nos explica de forma detallada la odisea que ha sufrido el juego desde que fue anunciado hace más de una década, varios vídeos y capturas de pantalla de las distintas versiones del juego y unos cuantos trucos para el modo monojugador. 
Al final va a resultar que el tamaño SÍ importa
En la otra cara de la moneda tenemos la pésima optimización del juego en todas sus versiones. Los tiempos de carga son enormes, y es inexcusable teniendo en cuenta que estamos hablando de un juego obsoleto gráficamente. Esto en los niveles más altos de dificultad puede ser muy, pero que muy frustrante. Se puede perfectamente jugar cargando desde un punto de control, morir a los veinte segundos, y luego tragarse alrededor de cuarenta o cuarenta y cinco segundos de tiempo de carga. Eso incluso teniendo instalado el juego en el disco duro, en las versiones de consola.
Y es que detalles como esto o el pésimo acabado gráfico hace que la sensación de dejadez por parte de la desarrolladora se haga patente en el jugador, y piense "lo que podía haber sido y no es". Parece que únicamente se han dedicado a labores de márketing y distribución, en lugar de a pulir realmente el juego. Porque pulido no está en absoluto, al menos a nivel visual y de diseño de los escenarios. En este aspecto parece un producto inacabado. La dificultad del juego está ajustada por lo general. Aunque no es un juego precisamente fácil, tampoco es complicado en exceso, exceptuando un par de momentos clave del juego donde la dificultad sencillamente se dispara a niveles desorbitados. 
El juego se deja jugar y es entretenido, aunque sin mayores pretensiones. Su mayor defecto es no haber sido lanzado cuando debería haber sido lanzado… en alrededor de 2004 o 2005, y no ahora. De ser así, estaríamos hablando de un título de nueve como mínimo.
Always bet on Duke
Forever es «muy suyo», y sin duda agradará a los seguidores del señor Nukem. No es un producto recomendable para un jugador casual y que sea un consumidor en potencia del referente actual del género; Call of Duty. A nivel gráfico es sencillamente penoso. En resumen: es un juego de fans y para fans, y para apreciar todos y cada uno de los matices y bromas que hacen grande al personaje es necesario haber jugado a algún título anterior de la franquicia, principalmente DN3D. Recomendado sólo para este tipo de público. El resto, abstenerse.
Nota: 7