Hentai Story 19: Violando a la rehén

Han pasado 6 horas desde que Gufohabe Hobodeko, hija del empresario Hipochazu Hobodeko, encargado de llevar uno de los mayores negocios de bisutería de Japón, fuera secuestrada.

La jóven, rubia por parte de madre européa (Hipochazu se había casado con una jóven sueca tiempo atrás, fascinada por la cultura japonesa…), fue recogida por el chofer de la familia a la salida del Instituto Nogojawi, siendo éste encontrado inconsciente junto al coche, que tenía las puertas abiertas y cristales rotos con violencia, en uno de los túneles que hay que pasar desde la residencia Hobodeko hasta el centro.

La muchacha comienza a despertarse del cloroformo que la dieron al meterla en la camioneta donde la metieron. Ignorando el lugar donde se encuentra, Gufohabe descubre que no puede hablar, debido a que tiene una especie de bozal en su boca que la impide comunicarse con sus captores… y que está desnuda, sujeta con grilletes en brazos y piernas. Los secuestradores ven que ha despertado, y aprovechan para usar por su cuerpo un hilo de seda que aprientan para acentuar más aun el gran busto de Gufohabe.

¡Ese jodido de Hobodeko ha criado un pedazo de putón!

¡Probémosla antes de que sea capaz de entregar el rescate que pedimos!

Diferentes elementos son usados al unísono en el cuerpo de la muchacha: plumas, cascabeles que se sujetan con pinzas en pezones, las cuales hacen tremendo daño, y la amenaza del vibrador rozando el clítoris virginal de Gufohabe. Gestos de dolor y rechazo aparecen en la faz de la muchacha, que es tanteada por varios vibradores en pezones y zonas erógenas de su cuerpo.

¡Mirad, la hija de su madre está caliente, quiere más!

Uno de los captores muestra el brillo de su dildo por culpa de los jugos de Gufohabe al resto, provocando que uno de ellos saque su pene de su pantalón, y por detrás de la muchacha, diga a los demás:

Yo seré el primero.

Cual ariete tocando fuerte una puerta, el pene de ese secuestrador entra en la vagina de Gufohabe, provocándo lágrimas de dolor. Cual locomotora, el secuestrador bombea con su verga en el cuerpo de la jóven, que se mueve derramando lágrimas por sus ojos tristes. Uno de los que espera turno la ve y se saca su polla, arrimándola a una mejilla de Gufohabe.

No llores, putilla, que el próximo seré yo.

Varios secuestradores chupan o tocan los pezones de la muchacha, mientras el secuestrador apura sus últimos embites, finalmente corriéndose dentro del coño de Gufohabe. Los secuestradores observan como de su vagina ultrajada, Gufohabe suelta algo de esperma teñido de rojo, al haberse roto el himen. Cumpliendo su palabra, el otro secuestrador se apresura a ser el siguiente, siendo el segundo de siete actos sexuales forzados. Con la vagina dolorida, y con el ano algo dolorido también tras recibir un vibrador en dicha zona, un teléfono suena.

¡Por fín, al menos ha tenido el detalle de contestar! 

Gufohabe es dormida de nuevo, despertando vestida de manera más o menos como cuando fue secuestrada, en el banco de una estación de trén abandonada, bastante lejos del lugar donde fue secuestrada. Las lagrimas de Gufohabe brotan al ver a su padre llegando a donde está ella, fundiéndose en un abrazo. La jóven habla en comisaría de lo que paso en ese momento, y a Hipochazu le da un vuelco al corazón.

Junto a el, Gufohabe le acompaña en una cama habilitada por la comisaría, sujetandole una mano.

Esté tranquila, su padre se pondrá bien, y atraparemos a esos malnacidos.

Las palabras de ese policía suenan alentadoras, pero Gufohabe no busca consuelo, sino venganza.