Hentai Story 38: Asalto en el campo

Lo tenían todo preparado: sacos de dormir, comida para una semana, cuerdas para amarrar la tienda de campaña… y vibradores para pasar buenos ratos por las noches, con la compañía de la naturaleza como testiga de su lésbico amor.

Sin embargo, Legevejo y Ebibeli son despertadas en la noche por dos tipos de aspecto sucio, con ropas raidas y algo corpulentos. Uno de ellos, con un cuchillo de mango plateado, amenaza a Ebibeli:

-Si queréis vivir, decidnos donde guardáis la comida.

La muchacha de cabellos azulados señala una de las dos mochilas, a la cual va el del cuchillo a examinarla. El otro tiene en silencio a Legevejo, con cuchillo similar en el cuello de la pelirroja. Ropas, cuerdas… y en lugar de comida, encuentra algo grande, de plastico y de color rosaceo. Al verlo, el que tiene a Legevejo le avisa de lo encontrado:

-Vaya con la comida. Se ve que éstas chicas son tan calientes que prefieren el campo a la ciudad.

Las mejillas de ambas chicas se tornan rojizas, y el otro sigue buscando hasta que encuentra algo de comer. Parte algo de pan por la mitad para entregarle a su compañero una, mientras él se come la otra.

-Ahora tenéis comida. Marcháos y dejadnos tranqulas.

Sin embargo, el que parece el jefe de los dos responde a una asustada Ebibeli:

-Nos marcharemos, sí, pero antes… os agradeceremos la buena comida.

El maton se acerca a la muchacha y la dice:

-Coopera, y tu amiga vivirá.

-Sí.

-Desnúdate.

Ebibeli se despoja de su pijama y de su ropa interior, quedando totalmente desnuda.

-Ahora ponte como los perros, a cuatro patas.

La muchacha, obedece sabiendo que la vida de Legevejo esta en peligro. Con su clitoris mirando hacia la muchacha y el otro maton, Ebibeli tiene ojos semillorosos, cosa de la cual el matón jefe se da cuenta.

-No llores todavía, aún no he hecho nada.

Usando las cuerdas que saco de la mochila, el matón ata las manos y las piernas de la muchacha, de manera que no pueda usar las manos para defenderse, ni pueda cerrar sus piernas para negarse a sus ansias de sexo con una dama.

-Eso está mejor. Desnuda a la otra chica, haz algo para variar, ¿quieres?

El otro tipo desnuda a Legevejo, mientras el matón jefe sujeta con su mano el dildo rosaceo que sacara de la mochila de Ebibeli. Lo pasa por una de las mejillas de la jóven, para luego cogerlo y rozarlo por sus labios vaginales.

-Déjame ver hasta dónde te metías ésto.

De una sola vez, el matón introduce el dildo dentro de la vagina de la muchacha, la cual grita de dolor. Legevejo tiene los pezones tiesos al ver tamaña violación, mientras el matón que la retiene la mira su sexo.

-Seguro que ni tú ni tu novia os lo metéis tan adentro. Ahora déjame darte algo de verdad.

El maton se pone frente a una llorosa Ebibeli y se saca de la cremallera del pantalón su verga, algo grande y dura.

-Abre la boca o tu amiga sera un bello y desnudo cadaver sangrante.

Ebibeli obedece y abre la boca para recibir el pene del matón en ella, mientras tiene el dildo dentro de su vagina. Con sus manos, el matón fuerza a la muchacha a hacerle una felación, hasta que tras varios movimientos, el matón eyacula dentro de la boca de Ebibeli, la cual traga parte del esperma del matón jefe.

-¡Uff… así me gusta, en toda la garganta! Trae a la otra. Vamos a hacerlo con ella.

El otro maton levanta a Legevejo y la lleva a su compañero, que la pasa dos dedos por sus labios vaginales, quedando casi empapados por jugos.

-Está a punto. Cólocate encima de tu compañera, de manera que la veas su dildo y ella tenga tu chumino cerca de su cabeza.

Y asi fué: Legevejo se colocó como la dijo, y el matón que la tenía comenzó a bajarse los pantalones, mostrándola un pene normalito, pero erecto y duro. Mientras, el otro hurgaba con sus dedos en el ano y vagina, provocándola más rubor.

-Creo que voy a metértela por el culo. Seguro que eres virgen.

Antes de poder decir nada, ya tenía ella un pene rozandola el ojete, y otro arrimado a su boca. Ella abre su boca y comienza a mamar el pene de uno, recibiendo las embestidas del otro en su ano, que por cierto, era virgen. Lágrimas de impotencia y dolor recorren los ojos de Legevejo, que mama furiosamente el pene de uno mientras es taladradada analmente por el otro, cada vez más y mas fuerte… hasta que algo de esperma sale del pene del enculador. No mucho, pero algo recibe la jóven, que al poco su garganta recibe esperma del matón que la retenía.

-Genial. Lo hemos pasado muy bien, pero no podemos irnos aún.

Con algo de chulería y menosprecio, el matón jefe apunta con su pene a Ebibeli y comienza a orinar sobre su rostro, mientras el otro lo hace a posteriori sobre los pechos de Legevejo. Tras terminar su micción, ambos obligan a ellas a limpiarles sus penes con sus bocas, hasta que se van con casi toda la comida y el dinero de las muchachas.

-¡Adios, bolleras!

Ni que decir tiene que desde entonces, las chicas no quieren pasar las vacaciones en campo o montaña, aunque han añadido cuerdas a sus momentos de placer.