Finales Diferentes: El Lector (2009)

Saludos a todos/as:

En Finales Diferentes, tenemos el lujo de hacer el nuevo final a una peli que es la adaptación de una novela escrita por Bernhard Schlink en 1995, y que se estrenó en nuestros cines el año pasado. La sorpresa fue que su protagonista femenina, Kate Winslet, consiguió el Óscar a la mejor actriz en un papel tildado de controvertido (ella hace de revisora de tranvía que hace el amor con un quinceañero al que obliga a leerla libros para luego follar después…), en un film del que aparte de la labor de la Winslet, destacar la del jóven David Kross (que era ya mayor de edad durante las escenas de desnudos y sexo….) y la de Ralph Fiennes como el protagonista ya adulto.

Lo bueno es que tanto la novela como su posterior adaptación cinematográfica plantean un dilema que solo los lectores y espectadores avezados descubren si están atentos a las pistas. Dicho dilema es esencial tanto en la novela como en el film, y lo que quería plantearos es…

¿Y SI MICHAEL HUBIERA AYUDADO A HANNA ANTES A LEER?

Michael era feliz. Desnudo, en la cama, veía a la perfección hecha mujer, revisora de tranvía: Hanna Schmitz. Pese a que era más mayor que él, parecía igual de entregada que él en el tálamo, sin escatimar recursos, ya fuera en su sexo o en su boca. Sin embargo, Michael descubrió algo tras el viaje que él y ella hicieron hace ya tiempo: su pasión por su lectura, el no elegir plato en restaurantes… eso sólo lo hace la gente que no ha sido enseñada en lectura y escritura.

Ella le mira con dulzura, mientras con su mano lleva el sexo de él hacia su entrepierna. Michael comienza a ponerse encima de ella, colocándose bien tras semanas de sexo bien realizado, en todo tipo de posturas o posiciones. Hanna comienza a suspirar de placer por las embestidas del chico, al que abraza ferreamente como si fuera una presa a punto de escaparse. Después de varios empellones, el muchacho derrama dentro de Hanna su crema caliente y espesa. La revisora de tranvía se levanta para lavarse con agua la zona vaginal a conciencia, para evitar sorpresas no deseadas, y para su sorpresa, oye la voz de Michael:

Puedo ayudarte, Hanna.

Ayudarme a qué, chico, ¿A limpiarme?

No, Hanna, a leer.

Las mejillas de ella se enrojecen como si fuera pillada tras haber robado algo, pero se torna dura y seria.

No necesito leer, chico. Tienes buena voz y me gusta oirte leer libros.

Lo sé, Hanna, pero me gustaría oirte leer a tí, notarte disfrutar en cada frase que recitas y poder verte feliz leyendo.

Hanna se queda pensativa: nadie nunca le dijo algo tan bonito de ella y no sonar soez u obsceno. Tuvo que ser aquel muchacho que se ensució llevando carbón para la carbonera con el que disfruta de su sexo a cambio de su voz.

Tú si que sabes llegar al corazon de la gente, chico. Acepto aprender a leer.

Michael se sentía feliz y util. Feliz, por enseñar a quien va amando el noble arte de la lectura, y util por ayudar a alguien a poder desenvolverse en un mundo cada vez más hostil donde la propaganda sobre los nazis comienza a aparecer, llena de simbolos de esperanza y frases engañosas si no se sabe leer. Así, todos los días que puede, el muchacho enseña a Hanna a leer, y luego a escribir, siendo el sexo la mejor de las terapias para relajarse tras las clases. Así hasta que un buen día, Michael encuentra una nota escrita a mano por Hanna en la puerta:"ME HAN TRASLADADO, CHICO. NO SÉ DONDE. GRACIAS POR TODO, Hanna Schmitz"

El tiempo pasa y Michael se forma en derecho. Siendo aprendiz de abogado, Michael asiste a los juicios sobre el nazismo, siendo uno de los que ven a las acusadas de crímenes de la humanidad a aquella revisora de tranvía de cabellos rúbios y ardiente oyente de sus lecturas: Hanna. Michael queda conmocionado al verla con las otras acusadas, pero asiste a todas las sesiones del juicio, viendo como Hanna se defiende de las acusaciones que la vinculan como principal gerente de las prisioneras del lado femenino de Auswitchz y responsable de horrendas y terribles torturas.

El juicio termina y Hanna es sentenciada a unos 10 años de prisión 10 años menos que a las otras, y lo primero que hace al llegar a su celda es pedir lápiz y papel y preguntar por la dirección de alguien llamado Michael, Michael Berg. Para sorpresa de Michael, hoy en dia consagrado abogado, vé que cada día, recibe cartas de Hanna, siempre con el siguiente encabezamiento:"Querido chico que me enseñó más de lo que podía saber:" Michael no pasaba por buen momento personal, y no llegó a responder las cartas. Eso hacía que Hanna siguiera enviado cartas, hasta que harta de no recibir respuesta, se suicida.

Michael asiste a su solitario entierro en una tumba subsidiada por el estado, y tras llegar a casa, comienza a abrir las cartas que Hanna le iba mandando, y mientras las leé, imagina la voz de aquella revisora de tranvía oyendola en sus oidos, imagina su cuerpo desnudo leyéndole lo que ella le escribía, hablándole de lo que hacía en aquel campo de concentración. Lágrimas caen de Michael, que decide acompañar a Hanna, suicidandose con pastillas y sujetando en sus manos la última carta de Hanna.