El Guardián – Capítulo VI: Destinos inexorables –




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Anteria, las tierras del olvido y la muerte. Un manto de nieve espesa y perpetua cubría cada rincón de aquellas tierras baldías. La mayoría de almas que purulan por estos parajes no son mortales, sino espíritus errantes cuyo único objetivo es encontrar a un desdichado sustituto que les otorgue su tan anhelado descanso eterno.

Anteria ha sido lugar de las batallas más cruentas, de las matanzas más sanguinarias y destructivas de las antiguas guerras. Antes la nieve no cubría esta zona. Era una estepa cubierta por el manto de verdes pastos, surcada por pequeños riachuelos de agua cristalina donde los peces tricolores nadaban a su libre abeldrío. El aroma era embriagador, cientos de flores exóticas de diversos colores dotaban de una armonía exquisita a todo aquel paraje sin igual.

Pero llegó el hombre, y con él sus artilugios, sus artimañas, su odio y envidia sin límites. Pronto los ríos y arbustos de vivos colores fueron sustituidos por cuarteles de piedra oscura y siniestra, los campos de exóticas flores fueron sustituidos por campos de entrenamiento y barracas. Pronto llegaron los asentamientos, humildes y respetuosos en un principio, pero la ambición y la industrialización terminaron por corromper y descomponer aquel antaño exótico lugar.

Tras esto, las guerras, y lo poco bello de aquellas tierras se difuminó al igual que toda la industria del lugar. La guerra es como un inmenso pozo que necesita saciarse, y con Anteria se cebó.

Miles de mortales cayeron, bajo las flechas o bajo las espadas de sus enemigos. El rojo tiñó el campo de batalla, y Anteria se convirtió en un cementerio de espíritus atormentados, espíritus que perecieron en una estúpida guerra. Era el castigo de los dioses por sus contiendas autodestructivas, y por rechazar un regalo tan divino como lo fue Anteria.

Desde entonces, Anteria ha recibido diversos nombres, entre ellos Ryazán, o desdicha divina, ya que los mismos se encargaron de traer la nieve perpetua, de castigar a las almas y de condenar a Anteria para que nadie más la perjudicase.

La banda con Lezith al frente seguía una pequeña senda de montaña. Un pequeño resbalón y todo se acababa.

– Tened cuidado sujetaos a las paredes de la montaña y no miréis hacia abajo, el mas mínimo fallo… –

– Y nos estampamos contra esas piedras puntiagudas, no seré yo quien recoja vuestros restos, así que mirad vuestros pies – dijo Syok irónicamente 

Pero de repente, atravesando las paredes, decenas de espíritus errantes se acercaban a ellos para condenar sus almas. Syok, ágilmente, lanzó un cuchillo que atravesó sin dañar lo más mínimo a uno de esos seres.

Muy bien, humano, confío en que todos los mortales no seáis tan ignorantes como tú, o mucho me temo que empezaría a plantearme una conquista – Crom lanzó un pequeño destello de sus manos el cual fue a parar al corazón de un espíritu, el cual se desvaneció en la intensa niebla 

– Tengo una idea. Creo que puedo encantar vuestras armas para que resulten útiles contra los espíritus –

– Sinceramente Nihls, no sé a que estás esperando, a este paso me temo que sí que tendréis que recoger mis restos

Lezith mantenía a raya a los espíritus con hechizos sencillos, pero estos parecían volverse más fuertes a medida que caían.

Nihls entonó unas palabras en aquel dialecto tan mísitco y las armas de los aventureros cobraron un color plateado.

– Bien hecho, chaval, ahora se van a enterar de lo que es una condena – Syok cogió con una mano su espada mientras que con la otra se sujetaba firmemente a la roca, y empezó a atacar a los espíritus cada vez más numerosos. Lezith y Crom hicieron lo propio, y poco a poco empezaron a abrirse paso por la estrecha senda de la montaña.

Sus espadas surcaban violentamente el aire e iban a parar a las desdichadas almas, las cuales se difuminaban y seguían una ruta similar entre ellas. Lezith se preguntaba por qué iban todas al mismo sitio, pero durante sus divagaciones uno de los espíritus le hirió en su pierna derecha. Se tambaleó hacia el vacío pero logró aferrase a duras penas aun saliente.

Syok no se percató de la urgencia de su compañero, y seguía abriéndose paso a base de florituras y violentos golpes, Nilhs estaba demasiado concentrado lanzando sus hechizos, además de tener que mantener el sortilegio de sus armas. Crom estaba reteniendo a un pequeño grupo que les intentaba flanquear por la espalda y no reparó en el estado de sus compañeros.

Lezith intentó incorporarse, pero era inútil, a través de la herida de la pierna un intenso frío helador le gangrenaba la pierna y se la congelaba. Soltó un aullido de dolor, un espíritu se le había aferrado a la espalda y estaba intentando precipitarle al vacío. El dolor era insoportable, no quería soportarlo más, y decidió soltarse mientras sus compañeros retrocedían ante el acoso ininterrumpido de sus compañeros…

El Guardián contemplaba la escena en la lejanía, ajeno a las personas que componían la banda. – Aventureros ineptos – se dijo para si mismo. Tenía que hacer otras cosas más importantes…

A lo lejos divisó a un grupo de mercenarios de elite. Otro intento por intentar darle caza, le apenaba ver la envidia del hombre, no querían ver que pese al atractivo de sus poderes, estos le suponían una responsabilidad demasiado grande, y le entristecía saber de quien venía esa envidia. Pero ya no quería refugiarse, huir ya no era la solución, tarde o temprano tendría que luchar, y mejor hacerlo cuando se encontraba fuerte.

Eran unos 20, al parecer debían de ser Elites, asesinos a sueldo entrenados por un mismo señor oscuro, pese a tener forma humanoide, habían sido despojados de cualquier sentimiento, entrenados para matar y torturar, y con ciertos conocimientos mágicos. No eran rivales para él, se preguntaba por qué no mandaban adversarios más serios para enfrentarse contra él, a fin de cuentas, era el mejor luchador que existía.

No tardaron en flanquearle y rodearle, y pronto sus 20 dagas se precipitaron sobre su torso. Con un ágil movimiento desenvainó su perfecta espadas, reluciente incluso en la mañana más fría, y con un solo golpe hizo añicos las 20 dagas. Los asesinos no se rendía, y empezaron a jugar sucio, 5 de ellos lanzaron sortilegios de aturdimiento, mientras que otros 3 le atacaban violentamente por la espalda y el resto le entretenía.

En un abrir y cerrar de ojos mató a los tres que se le aproximaban con un hechizo de vórtice, el cual los absorbió directamente al otro mundo, los otro 12 que le entretenían fueron cayendo poco, la sangre negra purulenta de aquellos seres corría salvajemente por la roca, los gritos de dolor eran incesantes, las cabezas cercenadas rodaron por el precipicio con un rostro frío y conmocionado, y los sendos cortes en los torsos de las criaturas no tardaron en escupir más sangre negra, desangrando a aquellas desdichadas almas.

Contraatacó y repelió un sortilegio, y lo volvió a lanzar con más poder a su creador, una inmensa bola de fuego reventó violentamente en su cara, dejándole ciego y dolorido, y precipitándose al vacío entre aullidos de espanto. Los otro cuatro parecieron aceptar su derrota y salieron corriendo, pero a los tres pasos perecieron ante la espada del Guardián.

Con paso sereno abandonó el terreno ensangrentado, cuando de repente el suelo tembló. Parecían pasos de un gigante, se detenió a percibirlos con mayor claridad. Se aproximaban hacia él, de repente el Guardián realizó una voltereta justo cuando el horripilante ser salió del helado terreno. Un Gormok, hijos de los guardianes de las puertas del Infierno, según se decía. Un ser de más de 20 metros de altura, con unos protuberantes cuernos adornando su pétrea cabeza.

Era un demonio superior, de la rama elemental del fuego, pese a encontrarse en tierras gélidas. Debían de haberlo liberado de su cautiverio para matarlo, lo que quería decir que habían profanado las tumbas demoníacas. Se les estaba marchando de las manos, corrían el riesgo de despertar a seres aún más poderosos.

No se sentía con ganas de luchar contra aquel ser, con lo cual la huida era su elección. Salió corriendo, y el ser comenzó a seguirle. El Guardián comenzó a correr ágilmente por la ladera de la montaña, y el ser comenzó a arrasar con todo lo que encontraba su paso. El suelo comenzó a desmoronarse bajo sus pies, y con un salto increíble logró alcanzar otra montaña contigua a la misma. El Gormok le ganaba terreno, y de sus fauces salió una llamarada que le rozó el rostro.

Comenzó a invocar un hechizo, el mar helado se abría ante sus ojos, saltó a un glaciar, y justo cuando el Gormok se adentró en el agua helada, el Guardián lanzó el hechizo, una gigantesca llamarada azul rompió el suelo y los precipitó al agua a ambos. El Gormok comenzó a hundirse poco a poco mientras intentaba ascender con gestos pavorosos.

El Guardián salió del agua helada empapado hasta los huesos, pero por lo menos había frenado momentáneamente a aquel ser…

El grupo seguía luchando con fiereza. Syok no paraba de repartir severos golpes a las filas de espíritus, los cuales se precipitaban al vacío, pero uno de ellos logró hacerle un corte en el estómago. Por su parte, Nihls mantenía su sortilegio, pero su poder se carcomía, y Crom se encontraba exhausto tras más de una hora de combate.

Lezith cerró los ojos y se precipitó al vacío. Su cuerpo caía como un marioneta, dejó que el aire gélido entrase por sus pulmones y se desvaneció en el vacío. Pero no ocurrió el fatídico final, su cuerpo cayó sobre un ser alado. En su montura, una joven, la cual se acercó a la maltrecha formación.

– Subid, aprisa, jamás los derrotaréis, no hasta que vosotros mismos seáis uno de ellos – Crom hizo caso de la advertencia y saltó al lomo del ser alado, Nihls estaba en trance, ajeno a la situación, desbordado y con su maná agotado.

Syok cogió al niño por la espalda y lo lanzó bruscamente a los brazos de Crom.

– Humano, salta, rápido, o nos matarán a todos –

– Ahora voy, no resulta fácil hacer un salto acrobático cuando unos mal nacidos como estos te intentan llevar a la tumba – Syok cargó contra tres espíritus, pero un cuarto le atravesó sin que pudiese hacer nada. Quedó ligeramente aturdido, pero logró incorporarse y salvar al dragón

Los aventureros partieron junto con la mística dama mientras se alejaban de aquellos angostos desfiladeros.

Lezith abrió poco a poco los ojos. No sabía donde estaba, ni recordaba nada de lo que le había pasado. Su cuerpo se movía, debían de estar montados en algún ser. Intentó mirar a los lados, pero un terrible mareo le sobrevino. Por último, hizo un esfuerzo por incorporarse pero una pequeña mano suave como el algodón le sujetó por pecho descubierto.

Entonces la vio, no sabía cómo describir a la mujer que sus retinas habían captado, era sencillamente indescriptible. Podía decir que sus ojos iluminarían el más profundo de los infiernos, que sus manos serían capaces de apaciguar a la tempestad más intensa, que la sonrisa angelical que le dedicaba en aquel momento podría hermanar de nuevo a toda la humanidad.

Pero se quedaba corto. Sus penetrantes ojos lila la delataban como una descendiente de las Amazonas místicas que antes poblaban Anteria, su pelo, moreno y largo, caía elegantemente sobre sus pequeños hombros. Su cara era blanca, sus labios, sonrosados como el fruto del Edén, y su cuerpo, el camino a la perdición más lujuriosa.

Era una mujer alta, con unas curvas más serpenteantes que el desfiladero que con tanto esfuerzo habían pasado. Su cadera, sinuosa e incitante, y sus largas y perfectas piernas…Lezith esbozó una pequeña sonrisa, y después de tanto tiempo, anheló poder amar intensamente a esa mujer, la cual sólo podía proceder de la bóveda celeste, una estrella caída en un mundo decadente.

– Vaya, parece que has despertado. No sabía si lo conseguirías, tus heridas eran muy profundas, al igual que tu agujero emocional. Me llamo Isal, y tú Lezith ¿verdad? ese niño tan mono ya me ha contado todo sobre vuestro viaje –

– Gracias por curarme, no sé como agradecértelo, deberías marcharte, o pronto te vincularán a nosotros y correrás riesgos innecesarios –

– De ningún modo, además, nuestros destinos son los mismos. Yo tengo que matar al Guardián, soy la más joven y fuerte del último reducto de Amazonas de Anteria, y si queremos volver a prosperar, debe de haber paz, y el Guardián es la llave.

– Entonces, que así sea, y por cierto ¿Qué ha pasado con mis compañeros? no recuerdo nada de la batalla.

– Tus compañeros están bien, pero uno de ellos carga con una maldición mortal. El de nombre Syok fue atravesado por un espíritu, lo cual quiere decir que ese ser mora en su interior, su vida se degenera más rápido, pues el espíritu le está absorbiendo su energía vital, y corre el riesgo de ser poseído las noches de doble luna, cuando los muertos reclaman vida. Habrá que vigilarlo.

– Maldita sea, si me hubiese concentrado un poco más… lo habría impedido, todo esto es por mi culpa…

– No es momento de lamentarse, nos dirigimos hasta el paso de Ingel, estamos siguiendo las huellas del Guardián, tuvo que huir de algo realmente grande…

Sus miradas se cruzaron, no eran necesarias las palabras, había una conexión entre ellos. Sus ojos despedían amor, desde que se vieron, comprendieron el afecto que se procesaban. Esta clase de conexión sólo se daba en seres con una pequeña parte de si mágica. Querían amarse profundamente, pero no podían, la guerra se lo impedía.

El viaje continuó con normalidad, excepto por el envejecimiento progresivo de Syok. Se respiraba un aire de calma, y la presencia de Isal hacía de Lezith un hombre feliz. Todo fueron risas, sonrisas de satisfacción, miradas cómplices… Pero su destino inexorable les ataba y despertaba bruscamente de sus ensoñaciones.

Acamparon, era una noche sin luna, la oscuridad lo invadía todo, pero necesitaban descansar, al día siguiente cerca del mediodía estarían en el paso de Ingel, y quizá conocerían al Guardián.

No terciaron palabra, estaban cansados, todavía agotados de la intensa batalla. Lezith e Isal permanecieron un rato juntos a la hoguera. Isal abrazó tiernamente el hombro de Lezith, este la miró sonriente y dijo:

– Te quiero – Una manida expresión, pero nada más se le ocurría, pues podía ensalzar sus bondades eternamente, pero todas le conducirían a la misma fórmula.

– Y yo a ti, Lezith, hagamos de esta noche algo mágico – Se miraron, frente a frente, y sus labios se entremezclaron, Lezith la acariciaba, la quería para él, se aferraba con fuerza a su cadera para no perderla. 

Se fundieron en un abrazo mientras se besaban intensamente, sus caricias, besos, abrazos se prolongaron hasta que la llama de la hoguera se consumió, y sus cuerpos desnudos permanecieron abrazados hasta la mañana gélida.

– Venga tortolitos, despertad, hoy nos espera un día duro – Syok lanzó una manta para que Insel se tapase el cuerpo desnudo.

– Syonk, ¿te encuentras bien ? – dijo Lezith apenado.

– Estoy bien, pero…

De repente, unos cuernos de batalla sonaron a lo lejos, no muertos, se dijeron. El grupo formó y se preparó para la lucha. Insel comenzó a disparar con su arco, y su precisión hizo estragos en las filas del enemigo. Syok cogió su espada, y comenzó a realizar florituras, los cráneos caían, aunque eran duros rivales. Lezith, malherido, sólo podía lanzar hechizos de poco poder, y Nihls desplegó una barrera protectora.

Era una pequeña escaramuza, en poco tiempo los redujeron. Insel remató a los últimos con sus dos espadas.

– Esto no tiene sentido, no puede ser tan sencillo – dijo Syok extrañado.

Lo habrán hecho para mantenernos en alerta prosigamos –

La marcha hasta el desfiladero de Ingel no tuvo ningún riesgo, y al mediodía entraron en la caverna del desfiladero. El contraste entre colores era abrumador, del blanco de la nieve al negro y rojo llameante. Lezith notó una presencia, pero una voz les interrumpió.

– ¿Qué queréis de mí? – El Guardián hizo acto de presencia
.
– Matarte para finalizar esta guerra, ¿no estás cansado de huir, de permitir que arrasen poblaciones por tu pasividad? – dijo Isal

– No comprendéis nada, os están utilizando, esto no es nada comparado con lo que ocurrirá si lográis matarme.

– ¿ A qué te refieres ? – añadió Lezith

– A que el que te contrató quiere…

Una enorme bola blanca cayó sobre el Guardián, aturdiéndolo temporalmente. A estas le siguieron otras, pero el Guardián reaccionó a tiempo y las esquivó.

– Mirad, otra vez ese mago blanco, nos está ayudando, rápido, a por el Guardián, está aturdido –
Syok cargó contra el Guardián pero este le lanzó por los aires con un simple conjuro.

– Di la verdad, mago, ¡dila! – Gritó el Guardián

El mago se dispuso a lanzar un hechizo, pero de repente las paredes se quebraron y desapareció de escena. El Gormok había vuelto a aparecer, y con é un ejército de no muertos, querían almas para poder renacer.

El guardián huyo a una plataforma superior de la caverna, pero los aventureros se encontraban en medio del paso.

– Corred, tenemos que salir de la caverna – dijo Lezith

Acto seguido, el grupo salió corriendo, pero el Gormok era demasiado grande y rápido, y pronto los alcanzó. Era imposible luchar contra un ser tan grande, y en un terreno tan angosto caerían pronto.

Vosotros, huid, ¡yo le mantendré a raya! – grito Isal

¡No!, tú te vienes – Lezith corrió hacia ella pero Isal le empujó hacia la formación.

– ¡Hazme caso, Isal! – Lezith volvió a avanzar, su furia no conocía límites, y empezó a reventar los cráneos de sus rivales, la herida le sangraba, pero no le importaba, ella no podía morir.

– Lezith, cariño, retrocede con los otros, ya te alcanzaré

– Pero…

– Hazme caso, te quiero, y no dejaré que caigas igual que mis hermanas, no pierdas la esperanza – Isal le dio un extraño colgante, y se fundieron en un último y fugaz beso.

– Te quiero – dijo Lezith

– Lo sé

La caverna se estaba derrumbando, una piedra descendió bruscamente hacia Lezith. Lezith miró hacia arriba pero no le dio tiempo a retenerla. De repente, alguien le empujo fuera del alcance de la misma. Era el Guardián, le ayudó a levantarse.

El Guardián quedó perplejo, la sensación que sintió a tocar a Lezith revelaba algo increíble, pero no podía ser…

Este intervino: – ¿Por qué lo has hecho ?

El Guardián no articuló palabra, y desapareció. El grupo corrió hacia la salida, Isal estaba cumpliendo su labor, aunque la estaban reteniendo, de repente, Lezith oyó un conjuro que le hizo gritar de impotencia…

Insal le miró en la lejanía con ojos llorosos, y acto seguido quebró el puente condenando al Gormok y su ejército al purgatorio, y con ellos ella misma se condenó.

Lezith cayó de rodillas, lloró como nunca lo había hecho, pero Sonk lo levantó y salieron de la caverna, la cual quedó sepultada tras ellos. La pena embriagaba al grupo, pero su destino aguardaba, Crom se maldecía, pues pese a ser un espíritu no había podido controlar a los que tanto daño les hicieron. Syok se maldecía por su enfermad, y Nihls se entristecía por haber perdido al Guardián.

Pero el que más lo sentía era Lezith, todo se había esfumado para él. No se rendiría, pero no volvería a ser el mismo…

Continuará…


Y hasta aquí el capítulo, si ya podéis despertaros, ya se acabó el tocho. La verdad es que quizá no esté demasiado bien, pero no quería volver a empezarlo, el retraso respecto al último era notorio, y ya era hora de que lo terminase.

En breve enviaré un MP a Arckanoid, el siguiente en publicar, y le comentaré varios aspectos de la historia y algún que otro recurso.

Espero que hayáis dsifrutado tanto como yo, y he puesto el vídeo de la historia por si alguien empieza a descubrir la historia en este capítulo, y para que las nuevas visitas se impresionen un poco.

Un saludo