Fortaleza de cristal


 

Hacía tiempo que ella le había dejado, que el únicovínculo que le mantenía cuerdo se había roto. Había probado las mieles del másdulce de los amores, lo había saboreado dulce y glotonamente, se había sentidocomo un niño cuando estrena su nueva flamante bici de color verde. Hubo untiempo en el que el más dulce de los néctares le mantuvo suspendido en una nubelejos de cualquier mal y prejuicio. El amor había cicatrizado cualquierdolencia que sentía, el amor le había sacado de su mundana existencia y le habíaelevado y llevado por los más bellos rincones de la percepción humana.

El hombre que se sintió una vez como un niño difería mucho del hombre quecontemplaba aterrado el cristal del espejo de aquella abandonada estación demetro. En aquel espejo veía reflejada la cara de un hombre abatido, sin razónde ser, de un ser cuya alma ya estaba en otra dimensión pero que su partefísica se empeñaba en mantenerlo ligado a aquel asqueroso mundo.

Contempló con inquietud su cara y se percató de lo deteriorada que estaba susalud. Donde antes había un par de ojos verdes risueños y siempre abiertos  ahora había dos pequeños puntos ocultos trasunas marcadas ojeras. Ya no sonreía, no se acordaba de cómo se hacía, perorecordaba su sonrisa y su boca, tan fina e inocente, sus labios carnosossiempre buscaban el contacto apasionado de otros labios, y su sonrisa pícara yjuguetona habría hecho caer al más recio de los hombres.

Observó su nariz, estaba totalmente desviada y carente de piel, la cocaínahabía hecho estragos en su tabique, tendría que estar retorciéndose de dolor,pues el hueso nasal asomaba dos centímetros hacia la derecha, pero desde querecurrió a aquel otro néctar más dulce pero breve sus sentidos estaban muertos.Su rostro estaba demacrado por multitud de arrugas y manchas negras, y en suscarrilleras asomaban sinuosamente los huesos de sus pómulos. Una densa barbanegra rizada surcaba y tapaba en parte sus dientes amarillos y agujereados porlos ácidos del aguardiente y el crack. La atusó con un leve movimiento de suhuesuda mano, los restos orgánicos campaban a sus anchas desde el día anterior.

La imagen que obtenía del espejo bien podría tratarse de la de un ancianovagabundo que rondaba los sesenta y tantos, pero para su desgracia (aunque yapoco le importaba su aspecto) que él supiese en la actualidad rondaba los 34años.

Su físico carecía de importancia, al igual que cualquier otra cosa. Le dabaigual que justamente en aquel instante una panda de joviales adolescentes lehumillaran y dieran una paliza que le destrozasen sus ya maltrechasarticulaciones, es más, deseaba que sucediese cualquier acontecimiento querematase a aquella bestia herida.

No quería vivir en aquel estado, no quería levantarse por las mañanas sintiendoesa intensa resaca derivada del subidón de la noche anterior que ledesorientaba. Cada mañana era una tortura, se levantaba de su viejo colchónroído aturdido y con la mente en blanco, sin saber quién era y qué habíapasado, era una sensación agridulce. Por un lado se sentía a gusto no sintiendonada, no recordando ni pensando, pero tras ese breve instante de paz elrecuerdo de su amada moribunda le propinaba tal puñalada al corazón, tantodolor y agonía que gritaba con toda la fuerza que sus negros pulmones.
Lloraba, y se tapaba los oídos mientras sollozaba para acallar las vocesincriminatorias de su cabeza. ¿Hasta cuando tenía que durar aquella agonía?,¿es que no había sufrido ya bastante?.

Las estrellas cubrieron el cielo. Era una noche fría, el viento del nortehelaba los huesos y para más colmo le habían robado las mantas .Se tapó con suinseparable abrigo nórdico y sacó su posesión más preciada, un pequeño bloc denotas y un carboncillo. Abrió el cuaderno y miró lo que allí estaba escrito,eran fragmentos de las últimas palabras que su amada y él se intercambiaron enaquella funesta noche.

No la recordaba, la juró que la mantendría en su corazón y la recordaría porsiempre y ni tan siquiera había sabido recordar un texto. Era otro de susconstantes fallos, otro despiste que no le habían permitido gozar de ella tantocomo hubiese deseado.

Empezó a realizar el mismo proceso que repetía cada noche, comenzó a recitarlos primeros versos para ver si por algún casual lograba unir fragmentosdispersos en su cabeza:

Más allá de toda concepción
Más allá de toda imaginación
En un fragmento de tu mortal ilusión
estaré aguardándote en un pequeño rincón
con los brazos abiertos en señal de perdón…

Intentó recordar algo más, pero su esfuerzo era inútil. Desconocía el porqué no recordaba aquel dulce texto que compusieron juntos, pero desistió devolver a intentarlo.

No tenía sueño, como casi todos los días, así que decidió quitarse un poco elmono para dormir mejor. No ganaba dinero, lo poco que tenía lo robaba, y lamayoría de droga que obtenía era a través de un viejo amigo.
Su situación era penosa, lo sabía. Nunca tuvo muchos ahorros, y se fue a los 17de su casa, debido a las diferencias con sus padres. Él era (o había sido) unespíritu salvaje desde muy joven, nunca quiso ser normal ni seguir la corrientecontinua que atraviesa el río de la vida. Le apasionaba la música, pero engeneral, le apasionaba poder transmitir lo que sentía a los demás.

Su imaginación siempre había sido desbordante, los profesores le incitaron enrepetidas ocasiones a pulir esta faceta, pero su familia era muy humilde yapenas podían costearse su mantenimiento. También eran ciertamente retrógados ytoscos en sus formas, falsos por instinto, querían quedar bien con todos,demostrar al mundo lo que valían, y tener un hijo poeta o músico alteraba suspretensiones iniciales. Eran el claro ejemplo de conformismo y borreguismosocial, una muestra auténtica de la falsedad y egoísmo del propio hombre, y elhecho de incitarle a seguir ese rumbo le pareció algo inaceptable, unacontradicción contra su propia moral.

Quizá nunca fue un buen hijo, quien sabe, pero siempre procuró molestar lomínimo, y lo único que pidió a cambio fue poder escoger un futuro a su gusto.Ojala lo hubiesen entendido, de esta forma nunca habría llegado a estasituación.

Cortó un pequeño pedazo de aluminio del contenedor del supermercado. Hurgó ensus bolsillos y extrajo con suma cautela una bolsita que contenía el tanansiado polvo blanco. Acto seguido vació la materia ( un total de 3 gramos, aquel día estabaespecialmente deprimido por acordarse de su pasado) sobre el papel. Empezó aquemar lentamente la superficie inferior del trozo hasta que el polvo setransformó en una sustancia más bien amarillenta oscura, el punto justo eracuando las primeras burbujas asomaban.


Se lo introdujo todo de una vez. Al instante notó un tremendo subidón y a los 5minutos sus pupilas estaban dilatadas como platos, sus ojos desprendían unbrillo inusual y sus labios se tornaron de un color rosáceo mientras que su pielse volvía tersa y tan blanca como la luna que iluminaba su demacrado rostro.

Un profundo sueño le sobrevino y ante él apareció una figura. Era ella, unamujer alta, sus curvas se confundían con las constelaciones y su piel era tanblanquecina como la Osa Polar.Pudo contemplar sus penetrantes ojos verdes, era como ver el Amazonas tras unfuerte monzón otoñal, y tras sus ojos una salvaje melena pelirroja le tocabacoquetamente el hombro semidesnudo.

Era tan perfecta… si Dios hubiese podido crear una nueva Eva sin duda algunahubiese sido  exactamente a esa imagen ysemejanza. La mano de ella le reclamó ante su presencia, y no pudo sinoseguirla mientras sus dedos se entrecruzaron una vez más.

Por un momento olvidó todas sus penurias y desgracias, la mera ilusión devolver a sentir el suave tacto de su piel le alejaba de todo mal, era un escudoprotector que le aislaba de todo mal. Entonces recordó tiempos mejores, tiemposen el que sentía feliz y a salvo, en los que depositó toda su alma en una burbujasentimental que en apariencia parecía indestructible, pero a veces depender deun lazo tan estrecho como es el amor puede ser peligroso.

– Te amo – susurró con una melosa voz
– Abrázame, tengo frío – Acto seguidoél la arropó con su brazo abarcando su delgada cadera y aferrándose con lujuriaa su pierna. Ella acarició suavemente su pecho, y su inocente mirada de colorverde buscó sus labios.

– Tengo algoespecial para ti –dijo ella

Sus pálidas manos rebuscaron en el bolsillo de su pantalón, sacó una pequeñahoja cuidadosamente plegada, y empezó entonar unos versos susurrándoselos al oído…

Más allá de toda concepción
Más allá de toda imaginación
En un fragmento de tu mortal ilusión
estaré aguardándote en un pequeño rincón
con los brazos abiertos en señal de perdón…

No pudo terminar de recitar, de repente de sus ojos empezaron a manarlágrimas, y un profundo llanto se apoderó de ella-

– Elisa, ¿qué ocurre?, ¿por qué lloras? –

Su llanto no cesaba y no medió palabra.

Llevó su cabeza contra su pecho, y acarició de forma suave su larga melenaroja.  De repente, retiró extrañado lamano, y contempló horrorizado que al retirar su mano se había llevado consigoun buen mechón pelirrojo.

– Oh, Elisa, ¿qué te  pasa?, ¿¡por qué no me has dicho nada?! –Empezó a llorar desconsoladamente – ¿Porqué…?

Por qué.

Pronto moriría. Su pálido cuerpo ya no contenía aquella viva y jovialexpresión.


– Es usted supareja ¿verdad?
-Sí –
contestófríamente
Los resultados no son nada buenos. Creíamos que la masa benigna habíadesaparecido tras la última sesión de quimioterapia, pero tras nuestras pruebashemos encontrado diversos bultos en la médula ósea que se extienden hasta elpropio cerebro. Se trata de un glioma de carácter maligno, o un gliobastoma degrado 4.
-¿Qué narices significa eso, doctor?
– En realidad ya sabía lo quesignificaba, pero debía hacer aquella pregunta para cerciorarse.
– Significa que tratándose de esa clasede glioma maligno y su ubicación y propagación, no hay intervención quirúrgicaalguna, está en una fase de desarrollo muy alta, lo siento, pero  le quedan como muchas dos semanas o quizá unmes.

Simplemente asintió. No pudo reaccionar. Quería llorar, sentir algo, peroen esas situaciones sobreviene una calma fúnebre. Había depositado toda su razónde ser, toda su alma y cordura en un blindaje aparentemente impenetrable. Eraun cobarde como todo ser humano, necesitaba encontrar un espacio donde sentirse a salvo. Ahora se dabacuenta de lo mal que se sentía sin la protección de un ser agonizante.

Entró en la habitación y la contempló en silenciodesde el umbral. Una voz débil y entrecortada le invitó a entrar. El aire deaquella habitación olía a lenta agonía mezclado con el intenso olor a lejíabarata, por un momento quiso correr y huir como el cobarde que era, pero nopodía abandonar al ser que había mantenido su vida en pie.

Se sentó junto a ella. En aquel preciso instante pudo observar con exactitud elrostro de la que antaño fue su amada. Reprimió un grito de horror al ver lasdensas ojeras y la cantidad de manchas que asediaban su cara.  La enfermedad había causado estragos, pero nole hubiese importado estar con ella pese al deterioro físico, pues lo que másansiaba de ella era su amor y compañía, la ternura de su alma aliviabacualquier mal que le sobrecogiese.

Intentó esbozar una sonrisa, transmitirle algunaesperanza, pero enseguida pudo adivinar la resignación en el rostro de ella, ensus ojos no había miedo, e incluso le dedicó una leve sonrisa dejando ver susamarillentos incisivos.

– Elisa, lo siento tanto… por favor, nome abandones, he sido un cobarde por no haberte obligado a…
– No digas eso, no te culpes. Ahora mismo estoy feliz estando contigo, ynuestro amores lo mejor que me ha pasado…
– Pero, Elisa… vas a morir, ¿de qué sirve todo lo que hemos pasado si no voy apoder disfrutar más de ti? De nada sirve recordar si no hay nada por lo quesoñar y suspirar…
– Siempre hay algo que prevalece, nuestro amor , debes comprender que nada eseterno, debes recordar nuestra relación pero no hacer de nuestro amor el centrode tu vida. Sabías que no podías vivir en esta burbuja toda la vida…
– ¿Pero por qué tienes que morir?¿por qué todo es tan injusto…?

Arrancó a llorar. No podía superar todo aquello, le sobrepasaba, sin ella nadasería lo mismo, no había nada más por lo que luchar, nada por lo que sentir, alver el rostro corrompido de Elisa veía como el fruto de su amor se podría ymoría.


Ella lo abrazó y acarició suavemente. Él la abrazó, pero donde antes había unapiel tersa y suave ahora palpaba moratones y huesos a punto de quebrar, Elisaya no transmitía ese dulce olor, sino una fragancia pérfida…

– Soy un cobarde… Vivía tan bienencerrado en esta prisión acolchada que no me di cuenta de lo importante decada uno de tus besos, cada una de tus caricias  , no valoramos nada hasta que lo perdemos… nopuedo superar todo esto…

– Claro que puedes, ahora debes ser fuerte, yo te esperaré cuando llegue tumomento, pero jamás debes rendirte, siempre hay algo a lo que aferrarse…

Elisa empezó a entonar de nuevo esos versos, sintió que cada palabrapenetraba en su corazón como sutiles puñaladas…

Más allá de toda concepción
Más allá de toda imaginación
En un fragmento de tu mortal ilusión
estaré aguardándote en un pequeño rincón
con los brazos abiertos en señal de perdón…

Cuando el avedel amor deje de arder,
cuando nada más puedas perder,
recuerda los buenos momentos,
atrápalos y siéntelos,
mira en el fondo de tu corazón,
y busca una razón con la cual aliviar tu desazón

Vive cadamomento, disfruta cada instante,
mantén tu corazón latente,
para que cuando la Muertete tiente,
la aceptes con tiento

Recuerda en cada instante,
a esta dama expectante,
y cuando mal te sientas,
levántate por tu dama acechante.

Porque en elfondo de tu corazón,
más allá de todo mal,
el ave del amor clama acechante,
que tu vida permanezca latente.

Recuerdarecuerda
a la dama expectante
y abre tu mente en señal de eterno amor

recuerda el amor
como la dulce miel
de un hombre fiel…

Ambos sefundieron en un abrazo, no quería que ella muriese, no quería sentirse solofrente a la mierda de su existencia, no quería perder lo único bueno que habíatenido una vez…

Y la oscuridad acechante  se la llevó para siempre…

Se despertó de aquella alucinación en forma de eco pasado entre fuertesconvulsiones y espasmos. Empezó a escupir espuma por la boca y de su narizbrotaba una fuerte hemorragia, unas terribles sacudidas recorrían todas susextremidades, hacía 10 minutos se habría alegrado de que fuera a morir, pero derepente, al recordar aquellos versos, las palabras de Elisa le dejaron másmaltrecho que el más fuerte de todos los ácidos que había tomado.

Estaba avergonzado, era un cobarde que no merecía haber tenido en sus manosalgo tan preciado como a Elisa, mientras escupía sangre negra y sentía como elcorazón le reventaba y los pulmones se le colapsaban, se sentía el ser másdespreciable de la tierra, había desaprovechado la oportunidad de vivir unavida de la que Elisa siempre habría querido gozar, había demostrado que estabaal mismo nivel que muchos de los desechos que le rodeaban y contemplabanimpasibles como se retorcía de dolor.

De repente su organismo terminó por colapsarse, se había ahogado en su propiasangre sucia, había echado por la borda su vida, y su corazón estaba podrido yreventado por un néctar aún más cruel que el amor. Todo se desvaneció, y laespantosa oscuridad le sobrevino.

No había ninguna dama acechante esperándolo, solo había oscuridad en un mar detinieblas… Todo se había desvanecido como una paranoia más…

recuerda el amor
como la dulce miel
de un hombre fiel…