Piedra de Luna (capítulo IV)

El capítulo III se encuentra en el blog de RikkuInTheMiddle.

 


 

Sin darme tiempo siquiera a pensar en lo que se avecinaba, Tanthor empezó a caminar. Me puse en marcha con una horrible sensación de vértigo. Aquello era nuevo para mí, demasiado nuevo para una adolescente cuyas mayores aventuras consistían en fugarse de clase o ir a fiestas a escondidas de mi madre. Los pasos de Thandor eran decididos y resueltos, y sorprendentemente rápidos para alguien de su estatura. Los míos, en cambio, eran dubitativos y temerosos. Las piernas me temblaban y sentía una opresión en el pecho que casi me impedía respirar. Al cabo de pocos minutos Tanthor se detuvo, y sin siquiera darse la vuelta dijo:

-Si no confías en tí misma ya puedes volver a casa, porque lo único que vamos a conseguir es que nos maten-.

Me resultaba sorprendente que aquel muchacho tan joven fuera tan decidido. No sabría decir qué edad tenía pero, no debía ser mayor que yo.

-¿Cómo te llamas?-, preguntó con voz cálida.

-Esperanza- respondí débilmente.

-Vaya, muy apropiado-, dejé escapar una risita nerviosa. Entonces, se dió media vuelta y me miró a los ojos. Su mirada transmitía una determinación inquebrantable. A pesar de que me llegaba a la altura del pecho yo me sentí muy pequeña ante esa mirada firme y decidida.

-Escucha, Esperanza: seguro que no pensabas que llegarías hasta aquí, y aquí estás. Seguro que piensas que no podrás recuperar esas piedras ni encontrar a Rourun. Pero el Sabio cree en ti. Y eso es más importante que lo que tú misma creas o yo. Así que, debes decidir ahora si vamos a triunfar o a fracasar. Si te das la vuelta y regresas a casa, con el tiempo recordarás ésto como un sueño. Pero si decides seguir adelante debes creer en ti porque ya no habrá vuelta atrás.-

Me quedé pensativa unos segundos y, sin decir una palabra, empecé a caminar con amplias zancadas hacia el norte. Aún me temblaban las piernas, pero apreté los dientes y continúe con paso firme. Tanthor me alcanzó y siguió caminando a mi lado. Por el rabillo del ojo pude ver que sonreía.

Duranto un buen rato seguimos caminando sin decir nada. El camino transcurría entre frondosos bosques y verdes praderas, nada que ver con lo que había podido ver de Nozghur, el reino del norte. La temperatura era agradable y el paisaje idílico. Si hubiese podido dejar de pensar en las horribles criaturas que custodiaban las piedras hasta habría disfrutado del viaje. A lo lejos se oía el leve murmullo de un riachuelo, que cada vez se adivinaba más cercano.

-Descansaremos en aquella arboleda junto al río- dijo Tanthor de repente, haciéndome dar un respingo. Nos dirigimos hacia allí y descargamos nuestras mochilas. Empezaba a anochecer y Tanthor se dispuso a encender una fogata mientras yo me dirigí al arroyo. Al llegar observé que el agua era absolutamente cristalina. Me agaché ante un pequeño remanso para refrescarme la cara. -Vaya, no puedo creer lo que me está pasando- pensé mientras mojaba mi rostro con aquel agua tan pura y limpia. En ese momento, sentí una mano en mi hombro.

-Tanthor, ¿ocurre algo?- dije sin levantar la cabeza. No contestó. Entonces vi el reflejo en el agua, junto al mío. No era Tanthor. Era.. ¡mi madre!.¡Era mi madre!.

-Mamá, ¿qué haces aquí?- pregunté al tiempo que me giraba.

-Qué pasa, ¿no te gusta tu cama?, vas a estropear ese libro. Si pudiera verte tu abuelo te daría un buen tirón de orejas.-

Ya no estaba en Wok. Estaba en la biblioteca, tumbada encima del libro. Entonces, ¿había estado realmente allí?, ¿había sido un sueño?, ¿o ambas cosas?

Me sentía demasiado confundida. Sin saber qué hacer, me puse a mirar a mi alrededor. Vi el viejo arcón, me acerqué a el y empecé a sacar cosas. Más libros, la pipa de mi abuelo, una vieja armónica.. Entonces encontré algo que me llamó la atención. Era un colgante muy raro. Era una esfera hueca de oro, como una jaulita redonda. En realidad, era igual que el bombo de la lotería, en miniatura. En su interior había, engarzada, una piedra perfectamente redonda de color azul. No tenía ni idea qué mineral era aquel pero, desde luego, era muy bonita. Decidí examinarla, y vi algo en una barrita de oro de la esfera. Era como si estuviese rayada, o labrada. Me levanté y me dirigí a mi habitación para examinar aquello al microscopio. Coloqué el colgante bajo el visor. Parecía algo escrito. Ajusté la lente y pude leer claramente: Rourun. Sin pensármelo dos veces me lo colgué al cuello.

Aquello no podía ser un sueño. Tantas señales debían querer decirme algo así que, me dirigí de nuevo a la biblioteca y me senté sobre el libro como la primera vez, recitando mentalmente la oración. No conseguía entrar en trance, pero continué pensando en cada párrafo de aquella oración hasta que sentí que el sueño me vencía. Creí que me caería al suelo cuando me despertó una voz:

-Esperanza, ven a comer algo-. Era Tanthor.

Aún no había despuntado el sol cuando nos pusimos de nuevo en camino. Durante la cena, Tanthor se había quedado muy sorprendido al descubrir el colgante de Rourun, el último grunt superviviente, y se había mostrado muy interesado en la piedra y en la minúscula inscripción. Mientras caminábamos hablamos de su mundo y el mío, ajenos el uno del otro y tan diferentes. Poco a poco fui cogiendo confianza, cada vez estaba más resuelta a llegar hasta el final. Seguimos caminando durante días. El paisaje cada vez era más seco, más frío y más estéril. Al cuarto día de viaje ocurrio algo sorprendente. La piedra empezó a brillar, casi imperceptiblemente al principio, para hacerlo con más intensidad a medida que avanzábamos.

-¿Qué crees que significa ésto, Tanthor?-

-No estoy seguro. Rourun era un mago muy poderoso, quizá transmitió a ésta piedra algún tipo de magia o encantamiento-.

-¿Crees que la luz que emite puede querer decir que Rourun está cerca?, pregunté-.

-Quizá- respondió encogiéndose de hombros. -Cuando llegue el momento lo sabremos-.

Fuese lo que fuese, igual que vino desapareció. Según continuamos avanzando la luz fue disminuyendo poco a poco hasta extinguirse.

Pero, sólo un día después de cesar el brillo de la piedra, ocurrió algo más extraño aún: el colgante se movía. Apenas me di cuenta al principio. A los dos días ya era evidente, y ésto sí me asustaba: el colgante tiraba de mi cuello, levantándose de mi pecho, como si un imán gigantesco tirase de él.

-Estamos cerca-, dijo Tanthor al tiempo que lo miraba.

-¿Cerca de qué? pregunté.

-De la piedra lunar-.

-¿Crees que ésta piedra es atraída por la piedra lunar?-.

-Creo que esa piedra es parte de ella. Rourun debió encontrarla y le aplicó algún tipo de encantamiento-. Me quedé pensativa unos segundos. -¿crees que Rourun sigue vivo?-

-Eso espero-.

Ninguno de los dos dijo nada más aquel día. Nos refugiamos en el interior de una pequeña cueva y allí pasamos la última noche antes de alcanzar nuestro objetivo.

 


 

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