EVO: Lo original no quita lo aburrido

E.V.O. Search For Eden es un cartucho de Enix para la 16 bits de Nintendo, lanzado en 1993. Un título bastante original donde el objetivo es ir evolucionando como ser vivo, adaptándonos al entorno y desarrollando mecanismos de defensa (y depredación) para nuestra supervivencia. Es una especie de híbrido entre los juegos arcade de scroll lateral de toda la vida (de esos en los que algunos fundimos toneladas de monedas de cinco duros) y RPG. Aunque yo pronunciaría estas últimas siglas con mucha precaución.

Hay que sudar para conseguir el paraíso…

Me encantaría decir que E.V.O. tiene una rica historia llena de matices, donde avanzamos desde nuestra inicial forma de indefenso pececillo, para ir subiendo eslabones en la escala evolutiva, mientras paralelamente disfrutamos de historias que blablablabla… pero lo siento, E.V.O. tiene tanta historia como argumentos tiene Bisbal como cantante punk. Y es que en este título, la historia se reduce más o menos a…

Hola, soy Gaia y molo que te cagasss

“Hace 4600 millones de años, el sol tuvo a 9 pequeñas estrellas, a la tercera la llamó Gaia… más que nada porque María estaba muy visto y “Tierra” no quedaba tan fashion…

Sol: Mi querida Gaia, estate quieta y escúchame… A partir de ahora, cada 1000 millones de años, como me sale de ahí, vas a tener hijos llamados “vida”… Uno de ellos te ayudará a crear una nueva era. Cada hijo deberá enfrentarse a una dura prueba. Pensarás que es algo severo y tal… pero es necesario… bueno… lo mismo no lo es pero a mí me apetece que lo sea, que para algo soy el Sol, tu Gaia y mientras vivas en mi sistema solar harás lo que a mí me parezca… La prueba es un examen natural: La supervivencia del más fuerte (música épica de fondo). Vamos, lo que viene siendo que se liará a mordiscos con el resto de tus hijos de esa época para sobrevivir… Si pasa la prueba, le dejaré ser tu compañero y entrar en el edén para que así dancéis en cueros cual hippies en una playa virgen.

Pasarás la prueba de “la supervivencia del más fuerte”?…”

Esto es, quitando algunos adornos de cosecha propia y teniendo en cuenta que nos lo cuentan en inglés (con tilde en la E), toda la historia del juego. En serio! La gente de Enix tuvo una idea buena y pensó que ya habían currado suficiente… Porque a partir de aquí todo consistirá en ir avanzando en territorios y capítulos que corresponden a épocas, cambiando la forma de nuestro cuerpo para ir evolucionando hasta, al final acabar siendo un cuasihumano. Y punto.

 

Pingüinos, no pueden faltar en un desayuno completo!

De pez a humano, comiéndote a tu hermano

El juego se desarrolla en forma de capítulos, durante los cuales vamos evolucionando desde un pez hasta un ser humano (aunque en realidad, justo antes de terminar evolucionaremos hacia una especie de bicharraco con plumas…). Hasta aquí nada que no haya contado antes… pues bien, el sistema de “evolución” de nuestro personaje principal será parecido al que vemos en los RPG, es decir, según vayamos eliminando enemigos, nos darán puntos de experiencia. En este caso, los puntos de experiencia conseguidos a base de morder a los demás (o saltar sobre ellos en algunos casos) hasta que pongan cara de agonía, parpadeen y desaparezcan (el equivalente a morir en estos juegos, vamos), servirán para ir haciéndonos una especie de tunning natural, añadiendo o modificando las mandíbulas, cuernos, cola, cuello, espina dorsal, tronco y “parte de atrás de la cabeza” (creo que no me dejo ninguno). Y puede que con esto que os cuento penséis que puede ser un juego divertidísimo… pero creedme, la evolución es un INFIERNO.

De entrada, no penséis que evolucionaremos como nos salga “de ahí”, lo cierto es que estaremos bastante limitados, básicamente por la época en la que estemos y el medio en el que nos movamos. Además, cada nueva evolución nos costará mucho, por lo que tendremos que pasarnos horas y horas en plan sanguinario, sobretodo para poder afrontar con ciertas garantías de éxito nuestros enfrentamientos con algunas criaturas, especial mención a los monstruos de final de fase…

A la hora de movernos y luchar, el juego presenta un aspecto bastante parecido al de un arcade pseudo plataformero de scroll lateral (sólo que en versión absurda…). Deberemos cepillarnos a nuestros enemigos a base de mordiscos, golpes, saltos… y todo para conseguir cuatro “maqueos” del todo a cien que sirven para salir al paso… más que nada porque os recuerdo que al final de cada zona nos espera un Jefe de pantalla que en ocasiones nos hará perder la paciencia por su dificultad. Aunque no penséis que la dificultad se reducirá a los “jefes”… lo cierto es que sobretodo a partir de que pasemos de anfibio a reptil (o algo parecido), la cosa se complicará y mucho, lo que hará que la dichosa evolución tarde mucho… pero mucho mucho (más)… quizás eternamente por que os dé por abandonar el juego, que es lo que hacen la mayoría de las personas que lo prueban.

Una vez más, la idea parecía buena pero el sistema no funciona.

Mamá mamá, por qué la abejita reina es más grande que el dinosaurio?

Gráficamente el juego es bastante decente para su época, pero tampoco especialmente destacable. Los gráficos son correctos, con un colorido bastante rico (algo típico en los títulos de Enix) y con algún detalle simpático, aunque el aspecto de algunos enemigos da verdadera lástima… El caso es que, por alguna razón, los diseñadores del juego decidieron que había que dotar a E.V.O. de algunos elementos completamente absurdos en este sentido, por si la experiencia de jugarlo, a partir de la tercera hora, no era suficientemente traumática.

No sabemos muy bien por qué, los enemigos son un tanto incoherentes en algunos aspectos, principalmente en su relación de tamaño unos respecto a otros… Así, por ejemplo, tenemos ranas del tamaño de estegosaurios, abejas más grandes que pterodáctilos, pingüinos de la altura de mamuts… por citar algunos ejemplos… que es un juego? Sí… que parecen detalles sin importancia? Relativamente… que podían haberse esmerado un poquito más para conseguir un resultado un poco menos lamentable? Sin duda!.

Cariño, he agrandado al bichillo

Los fondos son correctos, simplemente, aunque se hacen bastante repetitivos… de hecho, si miramos un par de instantáneas del juego podemos pensar que el nivel de detalle de escenarios es bastante alto… el problema está en que, en realidad, una vez en movimiento, comprobaremos un fantástico efecto a lo Pedro Picapiedra corriendo por su casa, que pasaba una y otra vez por delante del mismo cuadro…

Un brevísimo comentario al respecto del sonido porque, la verdad, en este título pasa totalmente desapercibido. Los efectos son los típicos “chuip”, “bum” y poco más de cualquier juego de serie B de consola de 16 bits. La música… si queréis que os diga la verdad, ni me acuerdo de ella. Y eso sí que es raro, porque os juro por el Chocobo Dorado que, siendo un amante de la música como soy, me fijo especialmente en este aspecto de los juegos y, generalmente, se me pegan los diferentes cortes…

Jugabilidad? Diversión? Ah, pero es que hay de eso?

E.V.O. no es un juego, es una tortura, más incluso que la canción aquella. Al principio, cuando empezamos nuestra aventura y movemos a nuestro pececillo, le ponemos una mandíbula de piraña, lo agrandamos, le ponemos un cuerno… la cosa parece graciosa… pero pronto nos daremos cuenta de que el juego no da más de sí y pasaremos de un “sin más” hasta un “pero qué pelotas es esto”. La dificultad es más que considerable, algo no necesariamente malo si no fuera por la imprecisión con que se controla al personaje principal, que acaba desesperando. Con la repetición por bandera, la diversión brilla por su ausencia y es sustituida por una carrera de relevos entre el aburrimiento y las ganas de comerse el pad. El único atractivo que tiene el juego en sí es ir observando nuestra evolución… si es que esto nos produce algún tipo de satisfacción, claro… yo, de momento, no me he vuelto muy fetichista de las mandíbulas fuertes, las colas de lagarto o los cuernos retorcidos…

CONCLUSIÓN…

Repetitivo hasta la muerte, difícil como el solo, absurdo en según que pasajes y algo incontrolable, E.V.O. resultará realmente útil para calzar la mesa, como pisapapeles o, simplemente, como adorno en la estantería para fardar de que tienes un juego de Super Nintendo americano (como juegues en japonés ya eres mi ídolo) la mar de rarito… y es que al final, este cartucho no tiene mucho más valor que como simple objeto de colección y como “cosa curiosa”, pues se trata efectivamente de uno de los casos más claros en los que una buena idea inicial se ha echado a perder con un producto final vergonzoso…

De todas formas, decir que esto es sólo mi personal, deliberadamente hiriente  y humillante opinión sobre subproducto que, de verdad, casi me da vergüenza haber jugado. Lo digo porque hay otra mucha gente a la que, al parecer, sí le gustó el juego. Al margen de lo aburrido que me resultó, creo que objetivamente no es un buen juego y sólo destaca por su originalidad, nada más, pero al final todo es cuestión de gustos (como los látigos, las cuerdas y nudos, las pesas colgando de ciertas partes del cuerpo…). Espero que no se me enfade la gente de HazardGames

Sólo puede quedar uno, cómetelos a todos.