El hipócrita de Eliot Spitzer

Hoy publico en Meristation mi opinión sobre lo acaecido con el Gobernador de Nueva York, uno de esos soldados de la moral que acaban haciendo el mayor de los ridículos defendiendo aquello en lo que, en realidad, no creen. Un ejemplo más cercano, aunque nada tiene que ver con videojuegos, es el del edil del PP de Palma de Mallorca, a quien pillaron gastándose 50.000 euros del presupuesto público en prostitución (homosexual, aunque respeto la libertad de preferencias de cada cual) y drogas.

Este es mi artículo, se titula Hipócrita: 

Hipócrita. Eso le diría al señor Eliot Spitzer, ex gobernador del estado de Nueva York. Aunque no le trataría de señor, pues hacerlo sería una vergüenza para los verdaderos señores. En el mundillo del videojuego le conocemos porque en los dos últimos años se ha hablado bastante de la polémica ley, por la cual, quien vendiera un juego destinado a adultos a un menor de edad se enfrentaría hasta a cuatro años de cárcel.

Y ahora va y se descubre que Eliot Spitzer es cliente de una importante red de prostitución de lujo de las más importantes de Norteamérica. Irónico ¿verdad?

Resulta que el Gobernador estaba pagando los servicios a una profesional con la friolera cantidad de 4.300 dólares cuando fue descubierto. Yo me pregunto si era la suma de lo que debía a fin de mes o si ese es el coste de pasar una sola noche.

No pasaría nada si Eliot fuera soltero y pagara estos arreglos de fontanería de su bolsillo, y si nunca antes se hubiese llenado la boca de preocupación por los menores, proclamación de la ética y otras acciones cargadas de moralina que le han hecho infame entre los jugadores.

Pero no, Eliot está casado. Su mujer dejó la abogacía para apoyarle en su carrera política. Pero es que, además, tiene hijas. Pero a nosotros nos da igual esta parte íntima. A nosotros lo que nos importa es que este hombre ha emprendido varias cruzadas morales en contra de los videojuegos en el nombre de la familia.

La primera en 2006, cuando los usaba en su campaña electoral para conseguir el voto de los más conservadores y proteccionistas, aquellos que están dispuestos a gobernar prohibiendo lo que sea. Por aquel entonces dijo que "como todos los padres, se que es difícil proteger a los hijos de influencias negativas, y los contenidos de los videojuegos son cada vez más gráficos. Un juego como Grand Theft Auto premia al jugador por robar coches y golpear a la gente. Incluso se puede simular tener sexo con una prostituta" y usaba este argumento para prohibir este tipo de juegos.

La más reciente ha sido su influencia para que se aprobara la ley A08696 en el parlamento estatal por 130 votos a favor y 10 en contra, por la cual se eleva la venta o alquiler de títulos para mayores de edad con "violencia depravada o imágenes indecentes" a delito de clase E, que puede conllevar a penas de cárcel de hasta cuatro años. A mayor abundamiento, la ley obliga a la creación de un consejo asesor de la ESRB (el equivalente al código PEGI de calificación por edades europeo) para que revise cómo se califican los juegos, obviamente, para endurecer el criterio y poner más calificaciones +18 a títulos que hasta ahora llevan +15 o menos.

Supongo que Eliot habla desde el profundo conocimiento cuando promulga estas leyes con fe sacramental. Sin duda su infancia probablemente ha sido dispersa y pecadora. Las malas influencias recibidas de pequeño por su, imagino, adicción a los videojuegos violentos es lo que le ha volcado irremisiblemente a este capítulo de prostitución e infidelidad. Tiene que haber sido así, porque no podría creer que Eliot fuese un niño ejemplar, sin acceso a videojuegos violentos, y que haya terminado en esta situación tan comprometida a la par que vergonzante –especialmente para su mujer-.

Todo cerdo tiene su San Martín y ahora sólo queda esperar a que el cansino de Jack Thompson, el abogado al que Dios ha enviado para que erradique a Rockstar del mundo, sea pillado robando ropa interior recortada en mano. Espero vivir para verlo.

Por cierto, esta es Nina Venetta, la perdición de Eliot Spitzer ¿Pagarías 3000 dólares la hora?