Sin control


La forma más educada de soltarle un guantazo a la cuñada.

Estos días ando dándole vueltas a porqué no me siento atraído, más allá de la curiosidad, por los sistemas de control sin mando, llámese Wii, Kinekt o Move. Quizás es por el calor, o que mis hábitos cada vez más sedentarios me han convertido en un perezoso para quien el sofá empieza a parecer una extensión de mi cuerpo. El caso es que me está costando adaptarme a apuntar sin usar los sticks, a no hacer trampa y usar la muñeca en lugar del brazo para jugar a tenis, a subirme a una tabla para dominar el skate…

Algo así me pasó con el paso del ratón al pad. Cualquier jugador de PC puede contar lo frustrado y desnudo que se sintió al jugar sus primeras partidas multi desprovistos de su ratón. Pero al final, tu cerebro va haciendo la adaptación y acabas jugando con toda naturalidad. Pero había algo que me impulsaba a hacerlo.

No es lo mismo que me sucede con los controles por movimiento. Empiezo a sentir animadversión por este experimento continuo. Me da como si no hubiesen encontrado aún la fórmula, excepto con los Wii Sports, para sacarle el jugo a esta tecnología que aparentemente tiene tanto potencial (y algún que otro vacío).

Con el tiempo podré escribir si, quien sabe, me convierto en un fan del baile con consola, pero hoy por hoy, no me veo…