Killzone 2

El shooter de Guerrilla se arma hasta los dientes para el próximo año 2009.

 

Los mapeados, así mismo, están salpicados de elementos en los que cubrirse, y es que los parapetos han tomado un protagonismo radical en esta segunda entrega. Pasaremos muchas partes de Killzone 2 acompañados. El resto de aliados nos ayudarán a guiarnos y serán un notable apoyo en combate gracias a su competente inteligencia artificial.

El sistema se realiza en todo momento en primera persona, y nos ha parecido uno de los elementos más irregulares del aspecto jugable del programa. El proceso se lleva a cabo con el botón superior izquierdo del pad, y una vez adheridos a la barrera en cuestión podemos movernos de izquierda a derecha y asomar la cabeza para disparar. Sin embargo el conjunto no acaba de funcionar al 100%, confiemos en que sea debido al trecho de producción que todavía le queda al programa. La visibilidad no es demasiado amplia, y la gestión de daños y capacidad de apuntado no da la impresión de funcionar como debería.

El uso de Sixaxis, como es desagradable costumbre, es meramente testimonial. Ningún peso específico para el sensor de movimiento de PlayStation 3 que se limita a actividades totalmente accesorias como girar manivelas. La asombrosa iluminación es uno de los aspectos fundamentales de Killzone 2. La poderosa luz dota de una presencia incontestable a la acertadamente apagada paleta de colores del título.
La Guerra del Futuro
Killzone 2 sólo cuenta con dos huecos para armas con lo cual en todo momento hay que meditar cuidadosamente con cuales hay que cargar. El juego, además, apuesta por un sistema de apuntado clásico en los shooters bélicos, y una distribución de controles sobria pero efectiva.
Así mismo el título propone un desarrollo de los niveles, en el que la constante presencia de scripts narrativos marcan la tónica de su campaña. La historia se nos narra durante la propia batalla y lo hace con espectacularidad y ritmo.
Killzone 2 alterna los campos de batalla gigantescos y masivos con secciones de nivel más estrechas y concretas. Del equilibrio de ambas facetas se derivará el triunfo o fracaso del ritmo en el título.
Lamentablemente, y pese a su exquisito apartado gráfico, Killzone 2 adolece de una alarmante falta de personalidad, pues no hay absolutamente ningún elemento que le diferencie del resto de shooters. Por otra parte su ambientación es brillante, pero ésta podría eclipsar los aspectos verdaderamente relevantes de un videojuego -los factores jugables-, como parece estar acusando en las demostraciones que hasta ahora se han podido ver.
Queda todavía cierto margen de tiempo para que los chicos de Guerrilla sigan puliendo su desarrollo hasta hacer pasar a Killzone 2 de ser un juego, como parece ser en la actualidad, un título inolvidable. ¿La cita para comprobarlo? Febrero de 2009.
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