Amor prohibido

El despertar de un día de invierno amenaza heladas, pero no en mi corazón que sigue corriendo con un latido a destiempo, recordando su primera mirada de inocencia, y es que ya a su lado ni mi amigo que me habla me distrae del dulce juego que se desata entre nuestras manos, ella parece también absorta por el cosquilleo de mi perverso dedo en su alterada piel. No es coincidencia que situaciones parecidas se han repetido a lo largo del tiempo, y a propósito de esta aclaración me vienen a la cabeza citar unos momentos dispersos de nuestra intimidad pública.

Un improvisado masaje surgió también irrumpiendo en una insípida conversación, despertaba un deseo carnal surcando su alborotado cabello y florecía una atracción invisible a ojos ajenos, sin embargo no suponía mas allá que el fervor ardiente de un deseo imposible.

Coincidíamos miradas fugaces y manteníamos una conversación reservada entre el bullicio del gentío, seguíamos conservando la compostura incluso en paseos lejos de miradas indiscretas, conocíamos el riesgo de nuestros actos y por lo tanto solo nos sentíamos liberados en la privacidad de una conversación de solo dos oyentes, una audiencia de asistencia obligada a la hora acordada.

En relación a la manera de coincidir en nuestras vidas solo decir que ella sugirió una intromisión sutil y casi imperceptible para dejar unas palabras que resuenan todavía en mi memoria.

Por casualidad y no por capricho nos conocimos, por casualidad no por insistencia nos enamoramos, y antes puedo decir tal vez que mas que casualidad fue coincidencia el compartir una semejanza singular, un afán de coexistencia mutua que sin ninguna duda conocíamos.

Veía una desesperación comprensible en sus ojos, me abraza fuerte sin dejarme escapar con una mirada cortada por la desesperación de su pensamiento utópico, estábamos indefinidamente separados a mas de dos centímetros entre nuestros labios, forzado por mi conciencia apartaba sin mas remedio, resignado aunque no triste por ello. Puede que no quiera mas que una relación especial, un platónico amor con el que conversar, aunque se que por su parte no es así, ansía con ganas pero sin prisa un alma afín.

Recurrió entonces sin mas remedio al amparo de mi persona, quizás me sobrevalora pero ahora ya no importa, puede que haya creado un modelo demasiado exaltado pero es demasiado tarde para cambiarlo, ahora solo el tiempo le modificará su parecer.