Un largo abrazo.

Un largo paseo pedregoso de frases inacabadas, unas prohibidas miradas que se clavan en el alma, una lluvia de deseos enmudecen nuestros labios que sirven de barrera a nuestros pensamientos, todo desemboca en un largo abrazo, un desasosegante abrazo, interrumpido únicamente por mis fallidas intromisiones, pero da tiempo sin embargo a un extenso momento de silencio.

A piel descubierta las gotas nos bañan en tranquilidad, sus brazos alcanzan a agarrarme, yo solo observo una bandada de gaviotas que revolotean alteradas, y una de esas mencionadas gotas, una inerte pero inagotable gota, recorre majestuosamente un mechón de pelo enredado en mi mirada.

Su cuerpo vestido de poliéster nunca estuvo tan cerca de llegar junto mía, de apartar el velo que me protege para entonces conseguir un abrazo fundido de amor, y mientras solo puedo pensar en el tacto de su piel, en la jadeante e híper ventilada respiración de sus gemidos, resuenan como tambores de guerra en mi corazón, una palpitación nerviosa de intento en apariencia relajada.

A pesar de estar quietos, mas que eso permanecíamos fijos en nuestra porción temporal de cariño, el ambiente rezaba una proposición al movimiento salvaje, un ardiente y desenfrenado grito por un deseo carnal.

Se podía observar como el reflejo de una fantasía perdida en la imaginación, mas pena que gloria no todo termina con final deseado y entonces solo un simple distanciamiento nos volvió a la realidad, pero nunca nos llegamos a separar, y si añoro sin remedio una repetición inmediata me consuela un hecho innegable de obvia unión aferrada en nuestro corazón, por lo de ahora un simple hasta luego sirve como creencia personal.