Un trocito de historia: 1754-1910

          

                         Los antecedentes a la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos se remontan a la confrontación franco-británica en Norteamérica y a las consecuencias de la Guerra de los Siete Años (1754- 1763), que hicieron cambiar la situación de las 13 colonias. Los británicos trataron de proteger a las colonias, enviando atacando con toda la fuerza posible, para resguardarlas de franceses e indios. Concluida dicha guerra, y después de agotar el tesoro británico por el esfuerzo económico, el parlamento británico decide crear impuestos para compartir el pago de las deudas generadas por el conflicto. Durante una década los británicos crearon una serie de medidas fiscales que indignaron a los colonos, puesto que no estaban enseñados a exacciones tributarias por parte de los británicos: sus impuestos eran para beneficio de las mismas colonias hasta ese instante.
 
         Los tributos afectaban por igual al comercio y el dinero; se colocaron impuestos a la importación del Té y del azúcar (1763) y (1764) respectivamente; se promulgó la ley de las estampillas (1765), la ley de declaratoria (1766) y las leyes de Townshend (1767). Los impuestos sobre las importaciones cobijaron también a otros elementos, como documentos jurídicos, vidrio, plomo, etc.
         Pero fue quizás un hecho el que quizás acabo con su paciencia. El Rey George III de Inglaterra puso a las colonias en deuda al erradicar el dinero sin interés que producían y usaban para su propio beneficio.
 
 

          Fue Benjamin Franklin quien escribió: 
          No permitir por parte del Rey que las colonias adopten un sistema de dinero honesto, que libera al hombre ordinario de los manipuladores monetarios es probablemente una de las principales causas de la revolución.
 
          El Tratado de París o Tratado de Versalles se firmó el 3 de septiembre de 1783 entre Gran Bretaña y Estados Unidos y puso término a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. El cansancio de los participantes y la evidencia de que la distribución de fuerzas, con el predominio inglés en el mar, hacía imposible un desenlace militar, condujo al cese de las hostilidades. Sin embargo, la lucha contra lo que es el concepto de banco central, contra la avaricia y corrupción en los hombres solo estaba empezando en ese nuevo país, en los Estados Unidos de América.
 

          Un banco central es una institución responsable de la política monetaria de una nación, es una entidad pública, autónoma e independiente del Gobierno al que pertenece; este posee dos funciones principales, que están siempre presentes en su práctica: El manejo de las tasas de interés y el control de la producción, o también llamado inflación.
 
          El banco central Estadounidense no solamente produce el dinero del gobierno, si no que se lo presa con interés. Entonces, con el uso de incrementar y decrecer la producción de dinero, el banco central regula el valor de la moneda que esta produciendo.
 
          Llevar acabo este sistema de producción solo puede producir una cosa a largo plazo: Deuda; no es complicado de ver el truco de dicho sistema, cada uno de los dólares producidos por el banco central es prestado a la nación con interés, significa que cada dólar producido es en realidad, un dólar mas cierto porcentaje de deuda basado en ese dólar.
 
         Y como el banco central tiene el monopolio en la producción de dinero para todo el país, y ellos prestan cada dólar con una deuda adherida a ese dólar, la pregunta consiste en: ¿De donde viene el dinero para pagar la deuda? Pues procede nuevamente del banco central, significa que este tiene que incrementar la producción permanentemente para cubrir temporalmente la deuda que ellos mismos han creado; retomando entonces al principio del cliché, el dinero nuevo para cubrir la deuda anterior se presta también con un interés en función del dólar, creando todavía mas deuda.
 
          El resultado es un bucle que se repite constantemente, se puede mencionar incluso la esclavitud. Porque es imposible que el gobierno, y así mismo, el pueblo, pueda salir de forma alguna de esta deuda.
 

          Los padre fundadores de USA sabían que esto podría pasa, y así lo anunciaba Thomas Jefferson:
          Creo que las instituciones financieras son mas peligrosas que las armadas. Si el pueblo Americano permite alguna vez que los bancos privados controlen la producción del dinero… las corporaciones que crecerán alrededor de ellos privaran al pueblo de su propiedad, hasta que sus hijos se despierten destituidos en un continente que los padres conquistaron.
 
          Al principio del centenar, EEUU ya había implementado esta medida,  removiendo en varios sistemas de bancos centrales, creados por banqueros que simplemente ansiaban con estafar al pueblo.
          Al principio de 1900 la economía estadounidense a pesar de vivir tiempos turbulentos, crecía a la espectacular cifra de un 7% medio anual.
 
          A mediados de Octubre de 1907, el especulador F. A. Heinze, se propuso adquirir la United Copper Company comprando de una manera masiva y fulminante las acciones de la empresa. Debida a la desmesurada cantidad de dinero necesaria, tuvo que tirar de influencias y amistades para obtener el apoyo del tercer mayor fondo de inversión de Nueva York, el Knickerbocker Trust Company. Y la hecatombe sucedió, las acciones de la United Copper se desplomaron a la misma velocidad con la que Heinze terminó arruinado. 
 
          En tan solo dos días había creado un agujero de cincuenta millones de dólares (Hay que tener en cuenta la época para comprender el valor del desastre). Fue peor, cuando sus profundas conexiones en el sistema financiero arrastraron consigo al Mercantile National Bank (Que el mismo presidía), así como a toda entidad con las que tuviera trato. Fue ahí cuando J.P. Morgan, probablemente el hombre más poderoso del país en aquel momento y considerado una estrella en el mundo financiero, exploto su influencia y publicó rumores de que el Knickerbocker Trust Company era insolvente, Morgan sabía que esto causaría histeria masiva y que afectaría a otros banco también, y así fue. 
 

          Cuando el lunes 21 de Octubre el desastre se hizo público, miles de ahorradores corrieron a retirar su dinero, asustados ante la posible insolvencia del banco. La crisis acababa de empezar.
 
          Morgan sabía que para salvar el sistema financiero solo podría funcionar una inyección gigantesca de dinero, si cualquiera que quisiera retirar su dinero fuera capaz de hacerlo la calma regresaría para tranquilizar a la población. Una noche, reunió a John D Rockefeller, el hombre más rico de América, George Baker, James Stillman y a George B. Cortelyou, Secretario del Tesoro, venido desde Washington. Fueron revisando las cuentas de diversos bancos, descartando aquellos con mala salud como el Knickerbocker, rescatando los que tuvieran los suficientes activos válidos y solventes. Poco después de media noche, Morgan extrajo de varias entidades el compromiso de aportar algo más de ocho millones de dólares. Rockefeller por su parte contribuyó otros diez. Cortelyou prometió depositar otros veinticinco en nombre del gobierno.
 
          Pese al esfuerzo y de la gran entrada de capital, la Bolsa de Nueva York llegó al borde del colapso, llegados a este punto, Morgan les informo o mas bien convenció a los presidentes de los bancos para que consiguieran otros veinticinco millones en diez minutos o el sistema se iría rápida y definitivamente al garete. En un cuarto de hora los había convencido para desembolsar veintitrés. El dinero llegó a Wall Street para que todos los pagos pudieran ser realizados. Los inversores respiraron aliviados ya que era el principio del fin de la crisis. Durante ese mismo fin de semana, Morgan se ocupó por un lado de persuadir al clero para que tranquilizara a sus congregaciones durante el sermón del domingo. Y por otro lado, informó cuidadosamente a la prensa de los detalles del plan de rescate ideado por él. Esos empujoncitos ayudarían a fortalecer la confianza de los inversores.
 

 
          Sin embargo, aún quedaba un último episodio dramático. Una de las corredurías más importantes de Nueva York había tomado fuertes prestamos utilizando como garantía acciones de la Tennessee Coal, Iron and Railroad Company, acciones que tras el crash bursátil poseían un valor ínfimo, esto le puso al borde de la quiebra. El riesgo de un nuevo pánico tras el fin de semana era elevado. A Morgan se le ocurrió para solucionarlo que su compañía, la US Steel Corporation, comprara la Tenesse antes de que la Bolsa volviera a abrir. Pero un obstáculo dificultaba su plan: Nada menos que el mismísimo presidente Theodore Roosevelt.
 
           Roosevelt era cabecilla en una cruzada antimonopolio, ninguna empresa se alzaría dominante en el mercado durante su mandato, esto le ayudó a continuar en el cargo tras las elecciones de 1904. Roosevelt tenía claro que no permitiría que una empresa como la US Steel, que ya controlaba el 60% de la cuota del mercado del acero, adquiriera una de las más importantes industrias metalúrgicas del país. Morgan envió a dos personas hasta Washington en la madrugada del domingo al lunes con la misión de convencer al presidente antes de la apertura de los mercados. Cuando llegaron a la Casa Blanca, el secretario de Roosevelt se negó a recibirles. El tiempo se estaba agotando hasta que consiguieron contactar con el Secretario de Interior y persuadirle, ante la urgencia de la situación, de que se saltara los protocolos para poder entrar a hablar con el presidente. Finalmente, los enviados de Morgan pudieron colarse en el despacho, donde Roosevelt solo dispuso de unos minutos para ponderar la decisión. Y enfrentado a una crisis segura, no tuvo más remedio que dejar sus principios a un lado. Cuando la buena nueva alcanzó Wall Street causó la euforia total. El pánico había terminado.
 
           Morgan, quien inicialmente había sido aclamado como un héroe salvador del país, se enriqueció con el pánico de 1907 mientras que sus competidores sufrieron grandes pérdidas. Incluso tuvo que comparecer ante el Comité Pujo, creado a sugerencia de Charles Lindbergh Sr. El comité no encontró pruebas que demostrasen un claro ejercicio de poder por parte de los banqueros, aunque sí descubrió que hombres de Morgan se sentaban en los consejos de administración de decenas de corporaciones. Las sospechas por parte de los magnates arreciaron. 
 
            Ya en el presente, Fredrik Allen de la revista LIFE escribió:
            Los intereses de Morgan tomaron ventaja para precipitar el pánico guiándolo astutamente mientras sucedía.
            Por otra parte se desató una investigación en torno al pánico de 1907, dirigida por el Senador Nelson Aldrich, quien tenía lazos íntimos con carteles bancarios, y luego formó parte de la familia Rockefeller por casar a su hija con el único hijo de John D. Rockefeller.
 
            La comisión dirigida por Aldrich aconsejó que debería implementarse un banco central para ‘Evitar que un pánico como el de 1907 volviera a suceder.’
           Hubo una reunión secreta el 22 de Noviembre de 1910, sucedió en una propiedad de J.P. Morgan en Jekyll Island, en las costas de Georgia. A la reunión asistieron el senador Aldrich, líder del Senado, Henry P. Davison, socio de los Morgan, Paul Warburg, Frank A. Vanderlip, vice presidente del "National City Bank of New York" y finalmente A. Piatt Andrew, presidente del NMC y hasta hace poco asistente del entonces secretario del Tesoro. Los asistentes recibieron instrucciones estrictas para mantener la reunión en secreto. De hecho, solo se sabe de la reunión porque algunos de los asistentes escribió sobre ella décadas más tarde.