Mnemosyne, Colaboracion de Zerael

Son pocas las series de animación que logran engancharme. Tengo que reconocer, sin embargo, que cuando alguna lo consigue, me sorprende hasta el punto de que se convierte en una de mis preferidas. En el caso del anime, esto es especialmente significativo. Me pasó en su día con Evangelion, un poco más tarde con  Elfen Lied y hace relativamente poco, si no hubiera sido por su desastroso final, con  Ergo Proxy .

Mnemosyne, la serie de la que os hablaré hoy, se ha convertido en una de esas pocas elegidas. La fuerza sugestiva de sus imágenes y lo enigmático de su guión, embelesarán a los amantes del anime más enrevesado y violento. Una orgía de traiciones, intenciones ocultas y altas dosis de sexo y hemoglobina, concentrada en seis capítulos de 45 minutos.

Bienvenidos a Tokio, la ciudad de las inmortales…

…la ciudad en la que Rin As?gi y su ayudante Mimi tienen establecido su misterioso consultorio. Corre el año 1990 y las tensiones políticas entre los reductos comunistas y el floreciente mundo capitalista dan sus últimos coletazos. Relativamente ajena a los desaguisados internacionales, Tokio alberga ciertos peligros mucho menos mundanos.

Un joven angustiado por una incomprensible sensación de vacío, huye de un grupo de hombres trajeados; en su camino, se cruza con una mujer exuberante y rostro despreocupado. Se trata de Rin, una investigadora privada con un secreto sorprendente. Viendo que el chico está en verdaderos apuros, decide ayudarle. Tras deshacerse con relativa facilidad de los perseguidores, se lo lleva a su oficina. El chico se llama K?ki Maeno, y afirma sentir un desapego artificial por todo lo que le rodea; además, es incapaz de recordar nada de su pasado más reciente. Mimi y Rin, convencidas de que Maeno dice la verdad, se comprometen a ayudarle, averiguando los motivos que aquellos hombres trajeados tenían para perseguirle.

De este modo, da comienzo un argumento que se moverá hasta en cinco décadas diferentes, con el nexo común de su protagonista -Rin- y su infatigable compañera, Mimi. Ambas esconden una peculiaridad mucho más siniestra que las maquinaciones de los bajos fondos que se dedican a desbaratar. Las dos son inmortales, literalmente indestructibles, y los años y la vejez no parecen hacerles mella. Son, como se da a conocer desde el primer episodio, portadoras del fruto de Yggdrasill, el árbol de la eterna juventud.

Sin buscarlo o desearlo, algunas pocas elegidas de todo el globo son infectadas por este fruto, momento en el cuál se convierten en portadoras inmortales. A partir de entonces, son capaces de ver al propio árbol repartiendo sus esporas. Sin conocer las razones de esta bendición, o la auténtica naturaleza de este árbol, el “fruto del tiempo” que llevan en su interior las condena a regenerar su cuerpo indefinidamente. Tratando de ignorar este hecho, y buscando una vida lo más normalizada posible, tanto Rin como Mimi se dedican a ayudar a gente con problemas; desde mascotas desaparecidas hasta sellos extraviados, pasando por tejemanejes criminales que salpiquen a los inocentes. Su consultoría es la tapadera perfecta para dar un uso encomiable a sus poderes y de paso, formar parte de una sociedad en constante cambio.

Cada uno de los capítulos se desarrolla en segmentos temporales muy distanciados. A pesar de que cada uno tiene su propio conflicto, que suele tomar forma en algún caso que las dos amigas tienen que resolver, el misterio de la existencia de las inmortales y todo lo que las rodea se entrelaza aquí y allá con apariciones misteriosas y conversaciones reveladoras. El goteo de información sobre Yggdrasil y los frutos del tiempo hace que poco a poco comprendamos el carácter apacible y resuelto de la protagonista. Porque sin duda, a pesar de sus muchos defectos, el carisma que desprende Rin es una de las mayores virtudes de esta serie.

Resulta curioso que un punto de partida tan aparentemente restringido y artificial -la inmortalidad absoluta de la protagonista- llegue a dar tanto juego a lo largo sus muchos minutos de duración. Si bien es cierto que en la mayor parte de las ocasiones las “capacidades regenerativas” de Rin son una mera excusa para someterla a todo tipo de brutalidades que rozan el sadismo -y con lo de rozar estoy siendo algo más que benevolente-, es sencillamente magistral la habilidad de los autores para provocar genuina preocupación por su suerte. La absoluta despreocupación e indiferencia de Rin contrasta con la mala uva cuasi-bíblica de sus múltiples némesis. Los enemigos declarados de la voluptuosa protagonista son de lo peorcito que puede encontrarse uno en toda clase de ficciones habidas y por haber.

Ya en el primer capítulo veremos un avance sin tapujos de lo que nos aguarda. Tengo que reconocer que no soy amigo del gore o de cualquier exceso de violencia injustificada, y es precisamente ese gusto por el morbo y los litros de sangre desparramada lo que menos valoro de Mnemosyne. A pesar de que Rin es una mujer llena de recursos, la falta de respeto por la muerte la lleva a cometer todo tipo de insensateces. Las muchas ocasiones en las que es capturada o atacada por simple torpeza, consiguieron que casi me levantara del sofá para gritarle a la tele. El modo en el que es apresada y torturada en el primero de los episodios puede revolverle el estómago al más pintado.

Así que, mientras tengas en mente que vas a ver unas cuantas escenas subidas de tono y otras tantas de un sadismo no apto para sensibilidades a flor de piel, Mnemosyne es digna de verse y comprenderse…aunque lo segundo, como sucede con muchos animes de esta clase, es una tarea ciertamente complicada.

Los dos únicos personajes que pueden seguir el ritmo de Rin -aparte de su socia y amiga Mimi- son también parte de la clave que se oculta tras la aparición de Yggdrasil y las mujeres inmortales. Apos y su brazo ejecutor, Laura, son algo así como el contrapunto visceral a la pareja protagonista. Por lo general, la aparición de cualquiera de los dos es sinónimo de violencia a raudales. En esencia, Laura es una asesina a sueldo cuya única labor en la vida parece ser acabar con Rin cuantas veces sea necesario. Sin embargo, al lado de Apos, palidece en cuanto a crueldad y falta de escrúpulos. Sin ninguna duda, se perfila como uno de los villanos más detestables de la historia.

Hasta el final del penúltimo capítulo no comprenderemos las intenciones de Apos. Aunque en cierta forma su indiferencia y falta de moralidad nos dan pistas sobre su naturaleza, la resolución del personaje en los últimos momentos del anime es inesperada y sorprendente. Aunque no termino de entender hasta qué punto era necesario mostrar con todo lujo de detalles las enfermizas torturas a las que somete a algunas inmortales, reconozco que su insoportable psicología era la única viable para contrarrestar a una heroína invulnerable. Laura, por el contrario, me parece un personaje forzado y bastante plano.

El resto de secundarios cumplen su papel a la perfección. De hecho, algunos de ellos son particularmente entrañables; la propia dinámica de la serie, desafortunadamente, obliga a que prácticamente en cada nuevo episodio el plantel de todos ellos cambie radicalmente. Mnemosyne es una serie dura en muchos sentidos, no sólo en su morbosa tendencia a los extremos, sino también porque nos obliga a encajar cambios profundos con cada nueva entrega. Los personajes que se hayan cruzado en la vida de Rin envejecerán o incluso morirán en cuanto pasen unos cuantos años. Otro motivo más, dicho sea de paso, para odiar la inmortalidad de Apos y Laura.

Es posible que el atractivo de todos los personajes se deba a sus múltiples excentricidades, lo cuál es bastante criticable. Mimi, por ejemplo, es una inmortal con aspecto de niña obsesionada con el alcohol y los devaneos lésbicos; la propia protagonista, Rin, tiene un gusto único a la hora de complicarse la existencia, y en vez de utilizar armas corrientes, se las ingenia para llevar siempre a mano un buen número de cuchillas y -atención a esto- un puño americano que se carga con cartuchos de escopeta. Inaudito. Pero lo cierto es que el tono general de la serie es un claro contraste entre las típicas licencias desenfadadas de la ficción fantástica y su vertiente más dramática y trascendentaloide. Sólo que a diferencia de otros intentos semejantes, Mnemosyne está mucho más inspirada.

Las cosas no son lo que parecen… ¿o quizá sí?

Mnemosyne es una serie complicada. En ocasiones, sobre todo al final, puede incluso hacerse bastante densa. El gusto japonés por recurrir a rocambolescas explicaciones sobre la existencia de dios y su materialización en la tierra también es parte del argumento. Afortunadamente, toda la parafernalia que suele acompañarle se ha reducido exponencialmente. El trasfondo cultural y filosófico, así como las muchas metáforas que pueden apreciarse, son relativamente sencillas y accesibles. En ocasiones su crudeza es reveladora, y en otras, la claridad de las respuestas nos permitirá ir un poquito “más allᔠde lo que vemos directamente en la pantalla.

El propio título de la serie, Mnemosyne, cobra sentido una vez el argumento alcanza su clímax. Para los griegos, “Mnemosine” era la personificación de la memoria, y junto a Zeus -cómo no, el mandamás del olimpo haciendo de las suyas-, engendró a las nueve musas. Los recuerdos, la memoria y el legado cultural son elementos fundamentales del anime; como ocurre con otras grandes obras de ficción, las respuestas que obtendremos sobre el particular, aunque claras, serán insuficientes.

Algunos aspectos concretos se tratan en profundidad según la temática del capítulo. Todos ellos, por cierto, siguen una estructura parecida, como si fuesen pequeñas películas de intriga y terror. La mortalidad, el sentido de establecer relaciones a sabiendas de que tarde o temprano terminarán quebrándose, el impacto de la política en la vida de las personas corrientes… son varios los temas alrededor de los cuáles orbita cada episodio. Mi preferido: la importancia de afrontar la realidad y las hipotéticas consecuencias negativas de una realidad virtual de fácil acceso.

Aunque por encima de todos ellos, por encima incluso de la reflexión sobre la inmortalidad y los frutos del tiempo, sobresale la lucha entre ángeles y mujeres inmortales. ¿Qué son los ángeles? Hasta ahora, siempre que me he referido a personas que entran en contacto con las “esporas” de Yggdrasil lo he hecho en femenino…y no es una casualidad. Cuando una de esas esporas, uno de esos frutos del tiempo, entra en contacto con un hombre, el resultado es un ángel. A diferencia de las mujeres, los hombres sufren una metamorfosis tanto psicológica como física: se transforman en monstruos alados sin apenas voluntad y con un ciclo de vida muy reducido; a cambio, obtienen una fuerza descomunal. Su gran…vamos a llamarle ventaja, es que son capaces de subyugar a una mujer inmortal con su sola presencia.

Cada vez que una inmortal se acerca lo bastante a un ángel, pierde completamente su voluntad; el deseo sexual la embarga de tal forma que queda paralizada, momento que el ángel aprovecha para -literalmente- devorarla. Creo que es fácil entrever la idea que descansa tras este morboso recurso del guión. Por sugerente que sea, lo cierto es que se trata de una exageración de los roles sexuales del mundo desarrollado. Aunque Mnemosyne no es una serie con demasiados tópicos, en esta relación los autores se quedaron a gusto.

De todas formas, la protagonista lucha con toda su alma cada vez que está amenazada por un ángel. De hecho, es la única inmortal de la serie que parece capacitada para sobreponer su voluntad al deseo sexual. Las implicaciones e interpretaciones de todo esto las dejo a vuestra voluntad.

Entonces…¿merece la pena? 

Soy consciente de que Mnemosyne no es una serie exenta de fallos -incluso de contradicciones-; pero más allá de la falta de sutilidad en su reclamo sexual, más allá de sus muchas escenas violentas y morbosas, hay un anime con un guión excelente, muy bien construido y desarrollado, y que además hace gala de una factura técnica impecable.

Las diferentes épocas retratadas están muy bien ambientadas, las escenas, tanto por su forma como por su contenido, son de una gran belleza, y la atención a los detalles ajenos a la trama pero que conforman el mundo que rodea a los personajes, es magistral.

Cuanto más anime veo, más me convenzo de que los japoneses tienen un talento especial para dotar de cierto dramatismo a las situaciones más inverosímiles. El punto de partida de Mnemosyne me habría dado miedo de haber sido el argumento de una producción occidental; en manos de Shigeru Ueda, es una historia fantástica plagada de situaciones y personajes memorables.

¿Queréis saber cuál es el desenlace de la historia de Rin? Dadle una oportunidad a Mnemosyne; en cualquier caso, no os dejará indiferentes.


Un millon de gracia a Zerael  por esta gran colaboracion, sencillamente fantastica ( y espero que no te halla importado que ajustase el tamaño de una de las imagenes). Y para agradecertelo medalla especial