Solo Otro Despertar (relato de horror)

Sonaba el despertador y como siempre yo, Iori Yamada de 16 años,  abría los ojos y me preparaba para mi típica rutina matutina. Ir al baño, lavarme, ponerme el uniforme y bajar a desayunar. Como siempre ahí me esperaban mis padres, hoy desayunaríamos tostadas.

-Buenos días

-Buenos días Iori- Respondieron los dos casi a coro.

Me senté y vi como mi padre estaba absorto leyendo el periódico. Decidí probar suerte otra vez

-Papa, ¿realmente no podemos ir a Kioto durante las vacaciones de verano?

-Ya te dije que estoy muy ocupado en el hospital para que podamos ir a algún lado este año

-Pero…

-¡Iori!- interrumpió mi madre- deja de molestar a tu padre con ese asunto, no ves que no está mucho más contento que tú con la situación. Y sinceramente hijo, nisiquiera a llegado el verano.

Me calle porque en el fondo sabía que tenía razón, pero no dejaba de molestarme. Recuerdo que las mejores vacaciones que tuve cuando niño fue cuando tenía 10 años y visitamos Kioto. Mi padre había prometido que volveríamos este año, llenándome de ilusión. Pero hace un par de semanas había sido ascendido a cirujano jefe y decidió suspender las vacaciones de este año por causa de todo el trabajo extra que le había caído. Yo no conseguía conformarme.

Terminamos el desayuno casi en silencio, y tras despedirme, me dirigí al instituto. Estudiaba en el instituto Saruino en la pequeña ciudad de Kaze. Kaze era un sitio tranquilo, de esas típicas poblaciones que solo están marcadas en el mapa porque todas las poblaciones del Japón lo están. Así que me camine por el camino habitual sin esperar contratiempos.

-Iori-kuuuun

Me voltee, y tal como esperaba se trataba de Saki.

-Buenos días Saki, veo que esta vez no te quedaste dormida.

-¡Que cruel Iori!, si piensas que te estoy retrasando  entonces no volveré a ir a la escuela contigo.

-No te molestes. Discúlpame, era una broma

-Está bien- respondió, con la sonrisa picara que ponía en estas situaciones.

Saki era mi novia desde los 15 años. Se trataba de la típica historia de los amigos de infancia cuya relación evoluciona a noviazgo. Una de las razones por la que quería ir tanto a Kioto era porque Saki nos acompañaría. Ella no se importaba con la repentina cancelación, pero yo sentí que había faltado a una promesa.

Llegamos al institutito y nos separamos. Saki fue a saludar a sus amigas y yo entre al salón de clases. Allí estaba Ryusei, mi mejor amigo. La familia de Ryusei se había mudado hace dos años y el y yo nos volvimos inseparables rápidamente. Como era típico de él estaba jugueteando constantemente con sus llaves, mientras leía documentos del consejo estudiantil, del cual era miembro.

-Un día de estos terminaras doblando esas llaves de tanto manosearlas.

-¡Ahh Iori!, como estas, que bueno que llegaste.

-¿Algún problema?

-Ninguno, pero quería hablar contigo de algo importante después, porque ahora estoy ocupado revisando que los clubes deportivos devuelvan los equipamientos a su sitio- suspiro frustrado- me gustaba más cuando Takeda se encargaba de esas cosas.

-¿Takeda?- no recordaba que hubiese alguien llamado así en el consejo de estudiantes.

-¿Cómo?…Disculpa, quise decir Taichi- respondía contrariado- es que de repente recordé a alguien que conocí antes de mudarme y se me escapo su nombre-de repente miro hacia la puerta- caray, ahí va el capitán del equipo de beisbol, permíteme, voy a ver si hablo con el ahora.

Se dirigió hacia a la puerta, y mientras tanto Saki se aproximo.

-Pobre Ryusei, esta siempre ocupado- dijo en un tono medio en burla, medio con pena.

-Que se le va ha hacer, él quería ser miembro del consejo estudiantil. “Las chicas lo adoran” decía- ambos nos reímos- al menos creo que estará contento saliendo con Kiki-chan.

Kiriko, o Kiki-chan como la apodábamos, era la novia de Ryusei

-Sabes Iori- dijo de ella- necesitaba que me explicaras unas materias esta noche.

Mi corazón disparo. Aquella frase en nuestro pequeño vocabulario en clave  en realidad quería decir “ mi madre no va estar en casa esta noche”. Algo que no le habíamos contado a nadie es que nuestra relación no solo había evolucionado de amistad de infancia a noviazgo, como ya habíamos dado el paso de novios a amantes. Saki vivía solo con su madre, quien  era doctora y trabajaba en el  mismo hospital que mi padre ( de ahí que los dos empezásemos nuestra amistad) y cada vez que tenia turno nocturno, nosotros aprovechábamos para hacer el amor.

Las clases pasaron sin más sobresaltos, y aquella noche me prepare para pasar una velada apasionada con Saki. Decidí tomar el atajo a su casa, un camino que pasaba por varios callejones y que debía haber hecho unas mil veces.

Pero aquella noche se sentía algo raro en el aire. Al principio , mi mente llena de hormonas no le dio  importancia. Pero a medida que cruzaba el camino sentía cada vez más que alguien me vigilaba. De repente note una sombra al lado de la mía y al voltearme lo vi.

Se trataba de un hombre vestido completamente de negro. Ni una punta de su cuerpo esta sin cubrir por sus ropajes. Cubriéndole el torso tenía una gabardina y su cara está escondida tras una extraña mascara parecida a la usada en la esgrima. Llevaba en su mano derecha una ballesta cargada con lo que parecía ser una flecha metálica.

-Realmente estoy de suerte-dijo- esperaba encontrarte en algún momento. Pero no que  aparecieras tan rápido.

Y repentinamente disparo la ballesta en mi dirección. No sé de donde saque los reflejos, pero conseguí esquivar el tiro y ponerme a correr.

-¡NO ESCAPARAS! Debes morir, todo se arreglara si mueres. MUERE.

Mientras corría podía escuchar sus gritos, sus pisadas, el sonido de la ballesta siendo de nuevo cargada.  Empecé a doblar esquinas esperando de esa manera esquivar las tiros, y mi idea resulto acertada cuando una flecha paso volando detrás de mí en uno de esos giros. Pero debí tener más cuidado al elegir la dirección ya que termine en un callejón sin salida.

-Un ratón al final del laberinto – dijo burlándose- que piensas¿ no te ha parecido todo esto más divertido que Kioto?

¿Cómo sabia lo de Kioto?, ¿Por qué quería  matarme?. No entendía nada.

-Terminemos con…

Un tiro al aire interrumpió su frase. Para mi suerte dos policías habían aparecido. El hombre dio un grito de rabia y salió corriendo.

Los policías me llevaron a mi casa. Mis padres estaban felices de que no me pasara nada. Saki y Ryusei se habían enterado de alguna manera ( seguramente mi madre les llamo) y pasaron por mi casa para ver si estaba bien. Tras hablar con ellos me recosté en mi cama. Debí quedarme dormido de inmediato, porque no recuerdo más nada de esa noche.

Me desperté al siguiente día. Tras salir de la cama fui a la ventana para tomar un poco de aire y me recibió un coro de grillos. Aquello era extraño, ya que faltaban algunas semanas para el verano. Pero mi mente estaba tan ocupada pensando en mi experiencia de anoche que no me detuve a pensar más en los grillos. Volví a hacer la misma rutina de siempre, con la alteración de no tocar el tema de las vacaciones y que mis padres me prohibieran salir durante la noche por una temporada.

Después en clases, durante la hora del almuerzo, Ryusei se me acerco.

-Realmente pasaste un susto anoche ¿eh?

– Pues si- respondió secamente. No me apetecía hablar del asunto.

– Tengo el remedio  para que recuperes el ánimo. ¿Recuerdas que quería hablar contigo ayer?.

-Disculpa se me había olvidado- me sentí avergonzado. Estaba tan concentrado en mi , ahora frustrada, noche con Saki que se me había olvidado por completo que Ryusei quería hablar conmigo

-Tranquilo. Lo que quería comentarte es que convencí a Kiki-chan para que fuera conmigo a visitar la mansión abandonada de la colina el domingo y quería que hiciese lo  mismo con Saki.

– No entiendo ¿Qué tienes en mente?

-Bueno, que tal vez ahí podamos convencerlas de, esto, llevar nuestra relación más lejos.

No tenia corazón para revelarle que yo ya había llegado más lejos con  Saki. Pero la idea era buena. Si no podía encontrarme con Saki por las noches, necesitábamos un sitio para hacerlo durante el día. Y así ese domingo fuimos al local.

La vieja mansión era conocida por toda la gente de la comunidad. Perteneció a una familia rica que hacía décadas había decidido mudarse a Tokio. Estaba construida con el clásico estilo de arquitectura japonés. Enorme era una palabra apropiada para describirla, ya que ocupaba mas metros cuadrados que mi escuela. Ciertamente había espacio suficiente para que 2 parejas tuvieran suficiente intimidad sin molestarse una a la otra, y estaba lo suficientemente alejada del resto de la ciudad para que nadie nos pillara aun si hacíamos mucho ruido. Mentalmente felicitaba a Ryusei por haberla escogido, y si no lo hacía verbalmente era por causa de Goro…

Goro era el hermano mayor de Kiki-chan, cuando Ryusei la fue a recoger decidió que sería divertido acompañarlos. En la escuela Goro era conocido por ser dos cosas:  el capitán del club de judo y un completo cretino, y seguramente solo quería fastidiar la cita de su hermana. Era un obstáculo para nuestros planes, pero mi amigo y yo poco podíamos hacer. Goro era nuestro senpai en la escuela, y nos superaba en altura y musculatura. Sabíamos que todos los domingos  se reunía con sus amigos en el gimnasio local, por lo que solo era cuestión de aguantar su presencia hasta que se cansara y se fuera a sus asuntos.

Empezamos a explorar el complejo hasta que llegamos a una bastante espaciosa sala de fiestas. El techo mostraba señales de deterioro, y habían colocado pilares provisionales para sostenerlo.

-Hey- dijo repentinamente Goro- me pregunto si podre mover una de esas cosas.

-¡ESTAS LOCO! Si haces eso el…- Intento decir Ryusei, pero no fue lo suficientemente rápido.

Goro arranco un de los pilares provisionales, y como era de esperar parte del techo cayo. Ambos lo esquivaron por los pelos

-¡CASI NOS MATAS!- bramo Ryusei

-¡¿Cómo esperabas que supieras que eso iba a pasar?!

-¿Acaso no era lógico pensar que los pilares están ahí para que el techo no se caiga?

-Baah, deja de ser maricas- termino por cortar Goro en un tono de “si no  te callas te rompo la nariz”

Ryusei se contuvo. Mi amigo no era de los que peleaba batallas que sabia que no podía ganar, pero en su cara note que el lunes habría una propuesta para reducir drásticamente los fondos del club de judo. Considerando que casi toda la escuela detestaba a Goro no seria difícil que…

-¡MAMORU NO!

Aquel grito nos cogió de sorpresa a los cinco. ¿De dónde provenía?. Pero antes de ponernos a buscar el origen nos dimos cuenta que Goro se había quedado tieso y con la mirada perdida. Repentinamente se desplomo, empezó a convulsionar y espumar por la boca, provocando los gritos de su hermana. Entonces note que tenia una de esas flechas metálicas en la espalda y vi con horror que el hombre que me había atacado se encontraba al otro lado de la sala. Y para empeorar las cosas otras lechas empezaron a surgir desde las zonas más oscuras del sitio. Aterrados nos separamos y empezamos a correr.

Corrí sin rumbo lógico por los pasillos de la mansión. No podía pensar con claridad, solo sabia que debía salir de ahí y que ese maldito estaba atrás de mi, ya que escuchaba claramente sus gritos .Gire una esquina y choque con alguien, casi se me para el corazón con el susto.

-Calma Iori, soy yo.

Era Ryusei. Su presencia me tranquilizaba un poco. Por desgracia el asesino había aprovechado para darme alcance.

-Esta vez no te me escapas. No importa que tu amiguito este aquí ¡los matare a los dos!.

Antes que pudiera darme cuenta, Ryusei había cogido un ladrillo suelto del suelo y gritaba como loco.

-¡ No van a matarme! ¡No voy a morir! ¡NO VOY A MORIR!

Nunca le había oído hablar así. Lanzo el ladrillo con todas sus fuerzas, acertando en la ballesta y destrozando el cacharro. Pero no pudimos celebrar. El asesino no estaba solo y una flecha disparada desde atrás de este se le clavo a Ryusei en el ojo. Inmediatamente le empezó a pasar lo mismo que a Goro.

Aquello no estaba pasando, aquello no podía estar pasando

-Tu idiota amigo habrá destrozado mi ballesta, pero todavía puedo matarte con esto.

Saco de su gabardina una especie de cuchillo. Pero en lugar de una hoja tenía una especie de cono metálico. No sabia que rayos era eso, pero presentía que podía matarme y volví a echar a correr con todas mis fuerzas.

Volví a escapar sin rumbo. No podía dejar de pensar en Ryusei y como había muerto enfrente de mi sin que pudiera evitarlo. Estaba tan absorto pensando en su muerte y evitar la mía que termine con tropezar con algo y caerme al suelo. Dolorido, me voltee para ver que era y ahogue un grito. Era el cadáver de Kiki-chan, pero apenas conseguí reconocerla. Su piel tenía aspecto de estarse derritiendo, y note que tenia una de esas malditas flechas clavada en el estomago. En ese momento me acorde de Saki…

Tenía que encontrarla, TENIA QUE SALVARLA. Había perdido a mi mejor amigo de una manera horrible, y no estaba dispuesto a dejar que eso le pasara a la mujer que amaba. Pero primero me tenía que deshacer de mi perseguidor. En mi frenética escapada le había sacado mucha ventaja, pero la inesperada parada provocada por el hallazgo del cuerpo de Kiriko seguramente le permitiría volver a  darme alcance pronto.

Pero entonces reconocí donde me encontraba. Había vuelto a un pasillo cercano al salón de fiestas donde esta pesadilla había comenzado. Un plan se formo en mi mente, era arriesgado, pero el sonido de las pisadas de mi perseguidor me hicieron darme cuenta que no tenía tiempo para pensar en una alternativa mejor. Me dirigí a la entrada del recinto y en cuanto el asesino fue visible le grite:

-HEEEEY MONIGOTE, si quieres mi trasero aquí estoy

– Maldita cucaracha, voy a descuartizarte.

Corrí al interior del salón, y tal como esperaba el fue atrás de mi. Hice acopio de todas mis fuerzas y literalmente impacte mi cuerpo contra uno de los pilares provisionales. Una sección del techo se desplomo. Rodé por el suelo esquivándola por poco. ¿Había funcionado?, me voltee y vi a aquel psicópata inerte debajo de los escombros.

La fuerza del impacto le había retirado la máscara. Me acerque y note que ya no respiraba, definitivamente estaba muerto. Me fije en su cara, seguramente no era más que 2 o 3 años mayor que yo. ¿Por qué quería matarme?, no se me ocurría respuesta y no tenía tiempo para encontrarla. Había más de un asesino , por lo que reunirme de nuevo con Saki y sacarla de ahí era mi máxima prioridad.

Y entonces sentí que alguien estaba detrás de mí.

Me encontraba en desventaja. En mi posición seria difícil esquivar un tiro de las ballestas, pero ahora no podía rendirme. Mi mejor opción era un ataque sorpresivo. Pensé en coger una barra de madera de los restos del techo, pero la otra persona hablo

-¿Estas bien chico?. Soy de la policía, puedes estar tranquilo.

Por segunda vez la policía me había salvado en el último segundo. El oficial me llevo a la parte de afuera de la mansión, donde con alegría descubrí que Saki estaba sana y salva. Nos abrazamos con toda la fuerza que pudimos. Un hombre se acerco al oficial que me había encontrado: Le reconocí: Era el capitán Mitsurugi, el jefe de la estación de policía local.

-Reporte de la situación

-Si señor. Tal como pensábamos se escondían en la mansión. Desgraciadamente, antes que llegáramos para empezar la operación, un grupo de cinco adolecentes decidió husmear el sitio. Los atacaron  y tres de ellos  fueron asesinados. Los dos sobrevivientes están aquí bajo nuestra custodia.

El capitán nos dirigió una mirada rápida y continuo.

-¿Y los objetivos?

-Un total de cuatro sujetos. Uno de ellos fue neutralizado por nuestros hombres, otro por ese chico. Arrestamos a uno que aparentemente es el líder, pero lamento informar que el cuarto escapo.

-¡Maldita sea!. Peinen la zona y encuéntrenlo. En cuanto a estos dos chicos, llévelos a la estación, interróguelos en calidad de testigos y llame a sus padres

-A sus ordenes señor.

 El oficial nos condujo hacia su auto. Pude ver al líder de los asesinos, al que le habían retirado la máscara. Parecía rondar los 50 años y me dirigió una mirada que me provoco la impresión de que tenia pena de mi. Una vez en el auto y ya lejos de la mansión, oí un tiro. Me voltee para ver y vi al líder de los asesinos tirado en el suelo. Iba a preguntar qué había pasado al oficial, pero en ese momento Saki me agarro de la mano. Claramente estaba desconsolada, así que la volví a abrazar con todas mis fuerzas.

No pude dormir bien aquella noche. Tenía demasiado en mi cabeza. Había presenciado la muerte de 3 compañeros de clases, uno de ellos mi mejor amigo, estuve a punto de perder a mi novia y la vida. Y aunque fuera en defensa propia, había matado a un hombre. Las preguntas se acumulaban en mi cansada mente: ¿Quiénes eran esos hombres?, ¿Por qué sus flechas causaban esos efectos?, ¿Por qué uno de ellos estaba tan empeñado en matarme? Por más que lo intente, no recordé haber visto su rostro en ningún lado, ¿Y aquel incidente cuando me alejaba de la mansión, ¿Habían ejecutado al prisionero? No, aquello no era posible, ¿Había intentado escapar? No podía mas con tanta confusión. Termine por conciliar el sueño a las 3 de la mañana.

Termine por despertarme con un retraso extremo para ir a la escuela, y me maldije por eso. Hoy seguramente nos reuniríamos para asistir a los servicios funerarios de Ryusei y los demás y no me podía permitir llegar tarde. Salí a toda prisa sin nisiquiera tomar el desayuno. Pero cuando llegue a la escuela me encontré con una escena inesperada. El profesor de historia daba su clase de forma normal. Y los asientos de Ryusei y Kiriko en lugar de tener flores, como era la costumbre, estaban ocupados por otros estudiantes. Les reconocí como siendo de otra clase.

-Buenos días, Yamada- Se dirigió el profesor a mi- llegas tarde

-Profesor ¿que ocurre aquí?.

-No te entiendo

-¿Cómo que no entiende?, ¿Por qué los asientos de Ryusei y Kiriko están ocupados y nadie parece preocupado en asistir a sus funerales?.

Todos me clavaron una mirada de asombro y espanto. Saki se levanto de su asiento, me cogió por el brazo y me arrastro al patio trasero del instituto. Ahí empezó a hablar de inmediato.

-Es increíble que todavía recuerdes a Ryusei-su voz tenía una ira que no entendía- se nota que lo apreciabas ¿debo esperar tener  la misma suerte si me muero?.

-Saki, no entiendo nada… 

-¡Claro que no lo entiendes! Y nunca lo entenderás porque eres un cobarde. Te odio y a los que son como tú, Ryusei decía que teníamos que tenerte pena. Yo la verdad no sé si empecé a acostarme contigo por amor o pena, pero creo que ahora lo hago porque te tengo asco, para castigarme por las cosas que hice. ¡PORQUE YO AL MENOS INTENTO HACERME RESPONSABLE MIENTRAS TU HUYES DE TU RESPONSABILIDAD, DEL REMORDIMIENTO Y EL DOLOR!.

Me quede mudo. Nada de esto tenía sentido. Todo lo ocurrido estos días parecía una larga y bizarra pesadilla, que para mi horror iba a continuar. Uno de los asesinos surgió de los arbusto, seguramente el que se había escapado, portando una de esas dagas cónicas.

-Los he encontrado. La operación habrá fracasado por la sed de venganza de Mamoru, pero para preservar el honor de mi oficial al menos voy a liberarlos a los dos.

Se lanzo hacia Saki y yo corrí para detenerlo. Lo siguiente paso demasiado  rápido. Cuando me di cuenta el hombre tenía el cuello desgarrado y yo tenía la boca llena de sangre. Note que mis dientes se habían convertido en colmillos, que me salían garras de los dedos y mis músculos crecían de forma anormal. Y vi con horror que a Saki le ocurría lo mismo.

Y entonces lo recordé todo.

Todo este lio empezó hace dos años cuando una empresa de ingeniería genética buscaba una manera de alargar la esperanza de vida de forma artificial. Desarrollaron una bacteria con la capacidad de fusionarse con las células humanas, dotándolas de una gran capacidad de regeneración. Esto detenía el envejecimiento del sujeto  y curaba prácticamente todas su heridas. Pero pronto se descubrió que estaban lejos de tener un éxito. Primero, la bacteria solo afectaba a individuos con determinados marcadores genéticos, los cuales solo existían en 30% de la población mundial. Pero lo peor no era eso: la regeneración consumía demasiados nutrientes, por lo que para compensar las bacterias provocaban una mutación temporal que convertía al huésped en un depredador que devoraba cualquier animal que viera, incluido otros seres humanos. Para hacer más horrible la situación, la mutación afectaba de tal manera la psique que los afectados se volvían, también de forma temporal, psicópatas que disfrutaban haciendo sufrir a sus víctimas.

La empresa intento destruir todas las muestras de la bacteria. Pero en su afán de reducir perdidas usaron métodos inapropiados que permitieron que esta escapara y se extendiera como una plaga, contagiando a todos los que eran susceptibles incluyéndome a mí. Pronto manadas de mutados empezaron a traer el caos y la destrucción a todas las poblaciones que caían presas de sus ataques. Pronto ganamos el nombre de “los devastadores”. Debido a la regeneración, las armas convencionales no funcionaban demasiado bien contra los devastadores, pero se desarrollo un antibiótico que destruía la bacteria. Pero como esta estaba fusionada a las células del huésped, este también terminaba por morir. Se habían entrenado a fuerzas especiales , conocidas como los cazadores, para acabar con nosotros: eran los hombres de traje negro que me habían atacado. Sus flechas metálicas y las dagas cónicas eran los métodos que usaban para inocularnos el antibiótico.

Los devastadores se refugiaban en poblaciones que habían conquistado y en donde permanecían cuando estaban en su forma humana. Para ellos esa vida era una tortura, ya que el remordimiento de sus acciones durante las mutaciones los corroía por dentro. Pero en una maldición final, la bacteria también aumentaba de tal manera el instinto de sobrevivencia que el huésped desarrollaba una fobia extrema a la muerte, hasta el punto de nisiquiera poder pensar en el suicidio. Estábamos condenados a ser monstruos. Algunos terminaban por desarrollar manías nerviosa, otros intentaban aliviar el remordimiento imponiéndose castigos, pero para otros la situación era tan espantosa que caían en un estado de negación y  amnesia selectiva,  ese era mi caso.

Recordé a mi amigo Takeda. El, Ryusei y yo formábamos un trió inseparable. Recordé a Yuki, mi  hermana menor, siempre tan unida a mí. Ambos habían muerto cuando Kaze recibió una  represalia de los cazadores por causa de un inmenso  ataque de devastadores a la ciudad de Kioto.  Recuerdo haber participado en aquel ataque: perseguí a un grupo que se refugió en un bunker, pero conseguí atrapar a una chica que se rezago. Le hice…le hice cosas atroces a la pobre, mientras oía a su novio gritar desde el interior del bunker. Reconocí entonces su voz,¡ era la del cazador que estaba empeñado en matarme!. No me extrañaba. Muchos se unían a los cazadores porque pensaban que éramos victimas que tenían que ser “liberadas”, pero otros se unían para vengar a sus seres queridos.

Pero me di cuenta que Saki realmente tenía razones para odiarme. Sin duda olvidaría a Ryusei cuando volviera en mi, y si alguien la mataba la olvidaría a ella, por lo que mi amor era al final una cosa efímera. Mientras mi mente se descontrolaba y se llenaba de sed de sangre odie en lo que me había convertido, odie mi cobardía y odie saber que volvía a tener las respuestas pero pronto las olvidaría, porque en la mañana tras acabar la mutación para mi seria solo otro despertar.