El corazón de las tinieblas

Józef Teodor Konrad Korzeniowski de Na??cz, Joseph Conrad para los amigos, nació en la Polonia Rusa de 1857. En esa época, el mundo era muy distinto. La industria había cambiado Europa en muy poco tiempo de una forma radical. Había transformaciones por todas partes, movimientos sociales, intelectuales… Pero a un niño eso no le llama especialmente la atención. El pequeño Joseph repasaba con fascinación el mapa del mundo, especialmente las partes en blanco. Disparada la imaginación por vete tú a saber qué libros, se preguntaba qué había allí. Como eran esas zonas, qué extraños animales y árboles habría. Quizá extrañas personas. La mayor parte del mundo desconocido era, como no podía ser de otra forma, África.

Decidió que él, algún día estaría allí, para descubrirlo con sus propios ojos. A cualquiera se le van pasando estas cosas con los años, pero Conrad nunca perdió ese espíritu. Creciendo en una familia noble, liberal y culta, sufrió una juventud convulsa, al ver que su padre era enviado a hacer trabajos forzados por su oposición al gobierno Ruso. Su madre murió de tuberculosis en el exilio, y su padre lo hizo cuatro años después.

Enviado con su tío, un hombre muy autoritario, decide abandonar los estudios y embarcarse, con 17 años. Pasa unos años locos, metido en todo tipo de actividades más o menos peligrosas, como tráfico de armas. Con el tiempo, aprende inglés, y consigue ser capitán de la marina británica, y finalmente obtiene la nacionalidad. Viaja por todo el mundo esta vez en viajes comerciales, pero en 1884 tiene la oportunidad de conseguir su sueño.

 

Debía dar el relevo a un capitán, remontando el río Congo, en una estación de marfil. El mundo ya no era lo que había sido, el mapa estaba mucho más lleno, pero el Congo, con sus salvajes corrientes y cataratas, con la densa selva que lo rodeaba, era aún un misterio.

Pero Conrad se encuentra con un misterio más profundo al llegar allí. El terror. El miedo a lo desconocido. El miedo a lo primario. El miedo a no entender. Los nativos tienen miedo de los blancos, los colonos tienen miedo de los negros. La travesía, río arriba, es lenta. Ve cómo la gente se transforma, como él se transforma. Cualquier ruido, cualquier rama que se mueve en la orilla, despierta un pánico primitivo. Lo que le lleva a una nueva dimensión del miedo, el miedo a no volver a ser como antes, a cambiar, o peor aún, descubrir que no eras como creías.

 

Lo sorprendente es que en plena colonización, un libro escrito en 1899 muestre una visión tan real, tan crítica y sin atisbo alguno de racismo. Es más, si hay algún tipo de racismo, va siempre más en dirección del blanco que no del negro, respetando su forma de ser y sus costumbres, por más extrañas y aterradoras que le parecieran.

La travesía se convierte de esta forma en uno de los viajes más increíbles que he tenido la oportunidad de leer. Supongo que con una profunda impresión al volver del Congo, escribió El Corazón de las Tinieblas, dónde nos narra su travesía a partir del personaje de Marlow. Un viaje crudo a través del horror hacia las entrañas del hombre.