¿Por qué no abrimos las ventanas del manga y nos aireamos un poco?

El dibujo japonés tiene muchas virtudes. La principal (y casi básica) es que ha sabido trascender la frontera de los 12 años, llegando a todo tipo de público. Se ha diversificado tanto que tenemos series de fantasía, costumbristas, románticas, gore, acción, porno, ciencia-ficción… Se puede decir que, tengas los gustos que tengas, hay algo hecho en Japón que te va a encantar. Seguro.

 

Pero de unos años para acá, me parece que esto se desmadra. Hay series en papel que aventajan en ventas a las hasta no hace mucho clásicas americanas. Esto a mí me importa un pimiento, pero sí hay cosas que me intrigan. ¿Por qué se leen tantas historias niponas? Por muy friki que uno sea, se te escapan cosas. Primero, que la mayoría de traducciones que nos llegan son de la versión americana, casi nunca directamente de la japonesa. Una traducción de una traducción…

Y el tema cultural no es tontería. Cosas que nunca acabaremos de entender, sin duda, y eso hablando de historias normales. Si nos ponemos en temáticas más históricas suyas, o folklore, o su cultura como su música, su literatura, su cine, su televisión, sus mitos… Ahí lo más probable es que no sepamos qué está pasando realmente. Se puede disfrutar de todas formas, pero no debidamente. El esfuerzo por comprenderlo nos podría llevar mucho tiempo. Tanto como la vida de un japonés.

Con todo esto, ni echo pestes sobre el dibujo japonés ni sobre sus aficionados. Sólo digo que hay también grandes obras americanas más allá de Shrecks o Los Increíbles de turno. En novela gráfica, auténticas maravillas. Europa pasa a un tercer plano, eso está claro, sin saber qué hacer: o seguimos con la tradición clásica, o tiramos por imitaciones cutres de Pixar con Donkey Xotes de tercera regional.

Pero encontramos algo más cercano, más nuestro. Obras maravillosas que se esconden entre tanto Nakamura, Shiminawa y Yamamoto.

No soy un fanático del dibujo, y admito que lo veo más en cine que leerlo en papel. Os recomiendo un par de películas de animación europeas, que seguramente conoceréis pero quizá no todos hayáis visto. Son para todos los públicos, pero seguramente un crío no entenderá nada, ni disfrutará con ellas.

Kirikú y la bruja (Michel Ocelet, 1998)

Nos cuenta la historia de Kirikú, un niño diminuto pero de gran valor, que se enfrentará a la bruja Karabá. Tiene una animación algo torpe, que combina lo digital con lo tradicional, pero el diseño es fantástico. La música acompaña perfectamente, y el ritmo se funde con la historia, el paisaje y la forma de hablar, de una forma sorprendente y curiosa.

Belleville rendez-vous (Sylvain Chomet, 2002)

También se la conoce como Las Trillizas de Belleville. Es una película prácticamente muda, y lo que se habla no está ni traducido ni doblado, así que no temáis si la queréis ver por internet, o comprar o alquilar. La edición es la misma. Pero no le hacen falta palabras. El festival de imágenes fabulosas, surrealistas y de ensueño es tal que no es necesario explicar nada.

Nos contará el periplo de una abuelita portuguesa, Madame Souza y Bruno, un viejo perro que sueña con trenes, en busca de Champion, el nieto fanático del ciclismo que ha desaparecido. Encontrarán por el camino a tres viejas cantantes, las Trillizas de Belleville, que no dudarán en prestarle ayuda de una forma bizarra.

Maravillosa. Deberías fustigaros si aún no la habéis visto.