Final Fantasy XII, ¿sobrevalorado o infravalorado?

Después de una serie de entradas poco serías, ya tocaba tratar en este blog un tema más propio del entorno de Gamefilia. El tema escogido no es otro que la relación de amor-odio que provoca este juego entre los fans, para muchos una obra maestra y para otros una auténtica bazofia: el Final Fantasy XII.

Nos encontramos frente al primer juego de Square-Enix con una historía completamente original y sin la supervisión de Sakaguchi, y eso se nota. La historía, que comienza bastante bien, acaba por diluirse poco a poco, y es uno de los puntos débiles del juego, junto a algunos personajes, siendo su principal baza su modo de juego, que supone una innovación única en un Final Fantasy, una experiencia completamente nueva, que sin embargo acaba jugando en su contra. Vayamos por partes.

Lo peor: su trama

La historia comienza muy bien, con un mundo, Ivalice, que se desintegra por las luchas internas promovidas por el Imperio Arcadiano que no duda en invadir los pequeños reinos fronterizos de Nabradia y Dalmasca, precisamente en el día de la boda de los herederos de ambos reinos. Con una escena introductoria intensa y bien dirigida, que en momentos llega a recordar al Señor de los Anillos, pasamos al verdadero inicio del juego, que se sitúa 2 años más tarde de lo que al principio se relata. También se nos presenta a Vaan, el protagonista del juego, y que tiene el dudoso mérito de ser el único protagonista de la saga que no debería serlo. Poco a poco, se nos van introduciendo el resto de personajes (Penelo, Balthier, Fran, Basch y Ashe) que formarán nuestra troupe, y una historia inicialmente concebida como una lucha de liberación nacional liderada por la ex-princesa de Dalmasca, Ashelia B’Nargin, abreviando Lady Ashe.


Lady Ashe, princesa de Dalmasca y líder insurgente, auténtica protagonista de este Final Fantasy XII

La historia hubiese quedado bién, bastante adulta por cierto, si no fuera porque a partir de aquí, las cosas comienzan a complicarse un poco para añadir elementos recurrentes de la saga, como la Niebla (mist), o los Espers (o invocaciones), mezclando las magicitas, intervenciones divinas y otras cosas.

A ese pequeño guirigay o cacao mental, que llega a costar digerir por momentos, se le une el hecho de que pocos personajes tienen carisma, a excepción de Ashe y Larsa (esto es una opinión personal), siendo el más innecesario de todos precisamente su protagonista, que acaba convirtiéndose en un auténtico secundario, hecho que, a mi entender, es la primera vez que ocurre en un Final Fantasy. A su favor, se puede decir que tal vez esto sea intencionado para dar más poder al grupo que a la individualidad, aunque eso es muy subjetivo.


Balthier y Fran, dos curiosos personajes, que al menos tienen más carisma que Vaan

Lo mejor: sus gráficos

Y no es para menos, ya que estamos ante el Final Fantasy que mejor supo aprovechar la capacidad de la negra de Sony, justo cuando ésta ya estaba dando sus últimos coletazos. El motor del juego es simplemente impresionante, tanto para las cinemáticas como para las secuencias pre-renderizadas de los diálogos, que llegan a superar en calidad de imágen incluso a las CGIs, y hasta para in-game, ya que en ciertos momentos llegaran a aparecer en pantalla decenas de enemigos, aparte de los personajes, sin que haya una bajada apreciable de rendimiento.

 

Por supuesto, gráficamente está muy por encima de lo mostrado en las entregas anteriores, especialmente del Final Fantasy X.

Demasiado innovador

Final Fantasy XII plantea un dilema que ninguna otra entrega anterior crea, y es que, a pesar de que desde su creación casi todos los capítulos de la saga han introducido alguna innovación, este título rompe por completo con el sistema tradicional de turnos, introduciendonos por primera vez en batallas en tiempo real, mucho más propias del rol "americano" que del japonés. El sistema es muy parecido al utilizado por Bioware para su Caballeros de la Antigua Republica, si bien con algunos matices. Por supuesto, mantendremos a un líder y a dos miembros más del grupo (eso no cambia respecto al sistema tradicional), salvo porque ahora los combates no serán aleatorios (los enemigos no aparecen de la nada) y nuestro objetivo se verá marcado por una linea en trayectoria, de color azul. La de nuestros enemigos se verá en color rojo.


Las lineas de color azul indican nuestro objetivo, las rojas "de quién" somos objetivo

A pesar de que los turnos desaparecen, existe una barra de tiempo, que se reducirá o aumentará según la rápidez del personaje o algún estado alterado, que se mantiene como en el resto de la saga, pero el resto es completamente diferente. Para atacar se puede optar casi siempre por el ataque directo (lo que a la larga acaba limitando a un aporreo constante en lugar de utilizar la magia), para ahorrar puntos de magia y dejar que nuestros compañeros actuén a su libre albedrío, lo que vendrá marcado por el sistema de gambits, aunque siempre se pueden utilizar todos los personajes para definir mejor los ataques, pero al ser en tiempo real, al final se acaba por requerir los gambits tarde o temprano.


Esa cosa llamada gambits…

Los gambits, una vez bien configurados, nos ahorraran tiempo y preocupaciones, puesto que los personajes que los tengan activados actuarán acorde a como los hayamos "programado", lo que puede hacer el juego muy repetitivo, especialmente si hemos dejado activados los gambits en nuestro lider. Esto a la larga puede aburrir ya que en la mayoría de los casos dejaremos hacer a la IA de la consola, limitándonos a controlar que nuestros subordinados no se descontrolen atacando cuando no deben o realizando ataques de magia negra contra los no muertos, por ejemplo (si, otro de los puntos negativos para los puristas es que salen zombies…). Sin embargo, a veces esos gambits son más que necesarios, sobretodo en algunas zonas.


Los espers, a la larga, acaban convirtiéndose en un lastre

Otro punto en contra son las invocaciones o espers, espiritus que nos apoyarán en batalla y que pueden asignarse a cada miembro del equipo. Lo malo que tienen es que, a diferencia de otros Finals, el esper no es un ataque GF (FF-VIII) ni un eón, sino que se maneja como un personaje más, con la diferencia de que una vez invocado sólo quedan en escena el personaje que lo ha invocado y el esper, que además tiene poca vida. En ese momento, tanto el esper como el personaje pueden ser atacados, por lo que muerto el personaje, desaparece el esper de escena. El problema radica en que sólo son realmente útiles al principio del juego, cuando su fuerza es superior al ataque de los personajes, pero a medida que adquirimos nivel, el del esper se queda estancado, con lo que al final acabamos por no utilizarlos.

Tema aparte es el de las sublimaciones, sobre las que no puedo opinar, porque he sido incapaz de realizar alguna en condiciones (si alguién sabe cómo hacerlas, que me lo explique en los comentarios).

A pesar de que el modo historia puede resultar corto (aunque no tanto como otras entregas), eso se subsana con una interesante lista de sidequests o búsquedas alternativas, así como minijuegos y escenarios ocultos especiales, que pueden alargar el juego a más de 150 horas, como por ejemplo, la caza de escorias.

Conclusión

Estamos ante un juego capaz de dividir el corazón de los fans. Técnicamente es sublime, y a pesar de la marcha de Sakaguchi y Uematsu, el juego mantiene un nivel muy bueno. La nota de Meritation en su día fue de 9, nota que comparto, aunque la de la famosa revista Famitsu fue 40/40. Reconozcámoslo, el juego no es de 10, ya que poseé demasiadas lacras como un guión tirando a flojo, personajes sin carisma alguno, un sistema de espers metido a calzador e innecesario,… pero es un juego más que destacable por su innovación en su modo de juego y por supuesto no merece el calificativo de peor Final Fantasy. Tal vez, el problema radica en que no debía haberse llamado Final Fantasy, por la tradición y la legión de fans que ello conlleva. Si se hubiese llamado The Fight for Dalmasca u otro título similar, a lo mejor muchos fans no se hubiesen sentidos traicionados por un juego que sin llegar a ser de 10, merece un puesto entre los incunables de la Playstation 2.

Ahora es vuestro turno para opinar.

Saludos!