Lost World: Jurassic Park (1997-¿2008?)

Todos tenemos juegos grabados a fuego en la memoria. La implantación masiva de las consolas como medio de ocio alternativo a los típicos salones arcade, ha hecho que estos estén ahora por ahora, al menos fuera de Japón, de capa caída. Su situación actual no está precisamente para lanzar cohetes: con un parque de máquinas recreativas obsoleto y tecnológicamente muy por detrás de lo que podemos encontrar para los salones de casa, su precio es además claramente abusivo, amén del penoso estado en que se encuentran muchas de ellas. Aún así, personalmente, no puedo concebir mi vida videojueguil sin ellas.


La versión cómoda de la máquina

He jugado a muchas de esas a las que podríamos considerar clásicos, pero ninguna me ha marcado tanto como el arcade del que hoy os voy a hablar, y del que seguramente también guardareis grandes recuerdos, en mi caso, por ser además fan incondicional de Parque Jurásico.

Corría el año 1997, cuando SEGA, aprovechando el filón de la película de Steven Spielberg, El Mundo Perdido, secuela de Jurassic Park, sacó al mercado la máquina recreativa en dos versiones diferentes: una pequeña para jugar de pie, y una de mayor tamaño, para salones más grandes que se la pudieran permitir, que contaba con un habitáculo para hacer aún más gratificante la inmersión en el juego. Esta versión contaba incluso con una banqueta para que los dos jugadores pudieran sentarse, una pantalla bastante grande para la época y un sonido envolvente, que su versión limitada, por supuesto, no podía ofrecer.

El juego nos ponía en la piel de Ian Malcolm y Sara Harding en su desafortunada visita a la isla Sorna, conocida también como el Site B. Pero aquí se acaban las similitudes con la película del mismo nombre. Para empezar, y como buen shooter arcade, la historia es lo de menos ya que lo importante es precisamente matar a todo bicho viviente prehistorico que se cruce en nuestro camino, mientras viajamos hasta las instalaciones de la isla, desde los clásicos velocirraptores, pasando por los viejos compis, hasta incluso pelear con un carnotauro invisible.

Pero la razón de esta falta de similitud respecto a la película no sólo se debe al casi nulo hilo argumental de este tipo de juegos, sino que parece haber detrás de ello o bien una precipitación excesiva por sacarlo al mercado o una perdida de licencia. El hecho es que, físicamente, los protagonistas se parecen demasiado a los Alan Grant y Ellie Satler de la primera entrega que a Malcom (Goldblum) y Harding (Moore), y las localizaciones del juego, aunque inconexas, tiene más que ver con los de la novela original (incluso aparece el carnotauro invisible que no hace acto de presencia en la película pero si en el libro de Crichton).


 En realidad los modelos se parecen más a estos que a los de la segunda parte.

Dejando aparte la trama, que, la verdad, importa bien poco, Lost World es un juego entretenidísimo como pocos. Un shooter sobre raíles en el que los enemigos no son terroristas, como en los arcades coetáneos, ni zombies, ya que aún no había hecho su aparición la recreativa estrella de este género, el House of the Dead, sino los extintos dinosaurios devueltos a la vida. El sistema de juego es muy sencillo: deberemos ir avanzando por fases que se corresponden a diferentes emplazamientos de la isla, empezando por la instalación inicial que es atacada por velocirraptores. Con posibilidad de optar entre dos tipos de dificultad, utilizaremos la típica arma ligera del Time Crisis, con la comodidad del asiento (siempre que hayas tenido la suerte de poder jugar a la versión “cómoda”) y a ser posible con un compañero que nos asista, ya que el juego puede convertirse en un verdadero suplicio en modo solo. Por suerte, dispondremos de un puntero en forma de cruz que nos indicará donde estamos apuntando en pantalla. Parecerá una tontería, pero muchos de los actuales arcades no lo tienen, como por ejemplo el Silent Hill The Arcade lo que lo hace aún más difícil, y para recargar, sólo habrá que disparar fuera de la pantalla. Los enemigos simples no suelen ser demasiado complicados pero como todo juego de este tipo, también tenemos final bosses a los que deberemos disparar hasta que la barra de vida les baje a cero. A esto se añade pequeños eventos que requerirán que pongamos toda nuestra pericia para evitarlos o nos quedaremos en desventaja, como troncos lanzados o ¿excrementos?

Entre nuestros particulares enemigos, tendremos una gran variedad de dinosaurios, algunos ya vistos en las películas y otros que son completamente novedosos, como el carnotauro antes mencionado. Hay velocirraptores, compis, dilofosaurios, tiranosaurios, ceratópsidos, braquiosaurios (o al menos su caca LMAO), y hasta plesiosaurios. Un plantel que sólo volveremos a ver en una plenitud similar en Dino Crisis y su secuela, que para su época era realmente impresionante porque te metía en plena acción.


El primer enfrentamiento con el T-Rex es simplemente memorable

El éxito de este arcade fue tal, que casi en cada salón recreativo había una, También, enseguida, consiguió una legión de fans, entre los que me cuento, que se mantuvieron fieles a pesar del paso del tiempo. Tanto es así que se ha convertido en una de las más longevas que aún siguen dando guerra, como alguna recreativa del Time Crisis II, o un Virtua Fighter. Precisamente uno de sus puntos fuertes eran sus gráficos, muy superiores a los que podíamos ver en las consolas de la época, y que incluso a día de hoy no desentonan demasiado. Hoy día, como todo, la cosa ha cambiado, y obviamente ya no puede competir con los actuales, y mucho menos con las consolas de sobremesa. A esto se le añade que el paso del tiempo ha hecho mella en ellas, como verdaderas antiguallas que son, con problemas de gráfica, control, etc,… un sinfín de averías, que a pesar de continuar atrayendo jugadores fieles, ha hecho que en muchos locales se las haya jubilado.

Esta entrada nace como homenaje al arcade que mejores ratos me ha hecho pasar nunca con mis amigos y familia, y al que, a pesar de sus once años de carrera, me cuesta decir adiós, porque que levante la mano el que no haya jugado al menos una vez en su vida a Lost World, creo que muy pocos.

Por eso, D.E.P.