La letra denigrante

Es bastante conocido que, en los tiempos de la colonización anglosajona, los puritanos tenían una forma muy particular de marcar a aquellas personas que habían cometido un pecado, para ellos, imperdonable. Para ello, se les bordaba en la ropa la inicial de tal horrendo pecado, identificándoles ante los demás para su propio escarnio y mofa. A los adúlteros se les bordaba una A enorme, también conocida como la letra escarlata por ser de ese color para destacar sobre la oscura ropa puritana, como la literatura supo plasmar magnamente.

Vosotros direis, "¿a qué viene todo ese rollo de la letra escarlata en un blog de survival?". Es sencillo. Aunque la costumbre de marcar a la gente para excluirla socialmente ha desaparecido técnicamente en los paises industrializados (seguro que en alguna comunidad Amish aún lo seguirán haciendo), de hecho, aún existe esa práctica, aunque en un primer momento se hiciera con buenas intenciones. Estoy hablando de que, hoy dia, existe una letra que pone en evidencia a su poseedor ante los demás, que en la mayoría de los casos reaccionan como si éste fuera un apestado del que hay que apartarse cuanto antes. Esa letra, que pesa más como un castigo que como un beneficio, no es otra que la L.

Cuando nos sacamos el carnet de conducir, durante el primer año de nuestra carrera como conductores noveles, debemos llevar un L blanca sobre fondo verde (esto varía segun el país) para identificar nuestra condición de novatos. Se supone que esto es para advertir a los demás conductores de nuestra poca experiencia al volante y para que estos, a su vez, sientan cierta empatía por nosotros, perdonándonos cualquier pequeño deslíz que nuestra falta de pericia al volante pueda provocar. Sí, claro, y el mundo es de color de rosa… El efecto suele ser el contrario: el novato se convierte en un paria al que se le puede hacer casi de todo y al que hay que evitar como si estuviera infectado de gripe porcina, nueva, A o como demonios le den por llamarla ahora.

Por su condición de conductor novel, de partida, tiene menos puntos de carnet, 8 en total, 4 menos que los conductores experimentados. Obviamente no puede beber porque su indice de alcoholemia es tan infimo que con oler el tapón de la botella, ya da positivo, y no puede superar nunca los 80 km/h en ninguna vía. A esto hay que añadir, por supuesto, que aún está demasiado "verde" y que por tanto esa conexión vehículo-conductor aún no está forjada del todo.

Tanto lo de los 8 puntos como lo del alcohol son medidas comprensibles: el primer año aún tenemos muy fresco el examen teórico y dificilmente cometeremos ninguna de las infracciones con sanciones graves (superar el límite de velocidad en 30 km, saltarse stops y semáforos,…), ni nos arriesgaremos a ir beodos al volante (bueno, algún cafre siempre hay).

Lo que no veo correcto es lo del límite de velocidad ya que precisamente, en lugar de salvaguardar al propio conductor novel y al resto de los conductores con quienes comparte la calzada, lo que hace es provocar accidentes en lugar de evitarlos. Seamos sinceros, los 80 km/h son un límite correcto… si se respetaran los límites. El problema viene cuando un conductor, en este caso novel, sigue las normas: el resto de conductores, a pesar de que es una buena velocidad, lo catalogaran de tortuga y peligro público al que hay que adelantar a toda costa. En autopistas y autovías de más de un carril para el mismo sentido, esto no supone ningún problema, simplemente te quedas en el carril de la derecha, y como dice mi madre, si quieren correr, que corran. Pero ¿que pasa con las vías de un sólo carril por sentido? Aquí la hemos cagado. El límite de 80 kilometros es imposible de mantener, cuando tienes detrás de ti una fila de coches increpándote y acordándose de toda tu parentela. En estos casos, lo recomendable es adaptarse a la circulación de la via, una recomendación que los instructores suelen darte por lo bajini, ya que técnicamente ellos sólo pueden decirte que no pases de 80.


Au revoir, ma cher!

Y es que la clave de todo no radica en el propio conductor novel, sino en el resto de conductores que lo ven como una amenaza, por mucho que éste en realidad vaya a la misma velocidad que el resto. El novato es un peligro y hay que quitárselo de encima como sea. No importa que el novel vaya a la misma velocidad que el resto ni que conduzca perfectamente, lleva una L y hay que adelantarlo como sea. Si ese como sea implica adelantar por la derecha, por el carril bus, saltarse un stop, meterse un tramo en contradirección, pegar acelerones,… no importa, sólo importa arrebasar al novato como sea, aunque ello en realidad te obligue a cometer una imprudencia que te pueda costar la vida a tí, al novato o a cualquiera que se cruce en tu camino. Por supuesto, tampoco importa que esa L ya vaya a la velocidad máxima de la via y que tu coche tenga 25 años y sea una carraca, hay que adelantarlo y punto.

Estas cosas son las que han hecho que acabe viendo mi querida L, la que me otorgaba el derecho de poder circular por donde yo quisiera, más como una pena de cárcel que como un honor. Por eso, hoy, día 13 de Mayo, puedo decir que por fin, en este mundo de locos al volante, he obtenido el tercer grado. Ya puedo quitarme la L que me convertía en una paria y confundirme con el resto de conductores. Sólo le pido a dios o a esa entidad suprema orígen de todo, ya sea el dios cristiano o una supercuerda vagando por el universo, que me permita tener más paciencia con los conductores noveles que la que han tenido conmigo, y que, de una vez por todas, la gente acabe cogiendo conciencia de que las imprudencias al volante se pagan.