Dead Space, ‘Manos a la obra’ en el espacio

La opinión más extendida entre los medios es que Dead Space, o Espacio Muerto, que viene a ser el que te queda de sobra cuando montas un Münd-bünd-trömoll del IKEA, es un survival horror, género videojueguil surgido de tragarse durante veinte programas consecutivos a Karmele Marchante en la Isla de los Supervivientes, o sea, el más puro terror psicológico que un jugador puede experimentar en su vida. Yo digo que no. Survival Horror es Resident Evil, pero no por los zombies, los lickers, los hunters, o los ‘Mojinos’ con hachas gigantes en RE5, vamos, unos leñadores profesionales en un juego donde los pobres perros llevan pañales porque no hay un miserable árbol al que arrimarse para vaciar la vejiga en kilómetros a la redonda, sino por la forma tan cabrona y enrevesada que tienen los de Capcom de hacernos patear un minipiso de 30 metros cuadrados de una lado a otro, una y otra vez, tantas veces que al final más que STARS parecemos Martin Fiz y el pisito una mansión señorial, sólo para abrir una simple puerta con una cerradura con forma de yelmo, con lo fácil que sería pegarle un tiro. ¡Eso si que es supervivencia extrema y no lo del Oso Grylls ese!

La dura vida del ‘ñapas’ nunca tiene descanso

Pero a lo que iba, Dead Space no es un survival, es un simulador de la vieja escuela, un SIM ISHIMURA 3000, en el que deberemos gestionar los recursos de una nave minera espacial, como en el IMPERIVM pero con la diferencia de que aquí los ciudadanos ya están muertos, por lo que no te tienes que preocupar de que tengan comida suficiente y mucho menos de tener las calles limpias. Por desgracia, como todo en el sector hay que ‘casualizarlo’ para ampliar el mercado, los de EA, que como todos sabemos son las siglas de Estamos Aburridos, decidieron cambiar la idea original del SIM ISHIMURA 3000, inspirados por Ubisoft, por el más popular Imagina ser… Mani el Manitas (se nota que veo mucho el Playhouse Disney por culpa de la duendecilla), título original que tenía Dead Space pero que tuvieron que cambiar cuando Disney les amenazó con llamar a Teddy Bautista. Así pues, como estaban sufriendo un vacío creativo para bautizar el juego y uno de los guionistas se acababa de comprar un Münd-bünd-trömoll en el IKEA, el SIM ISHIMURA 3000 pasó a llamarse Dead Space.

Mudo, gafe, hortera y el pobre también se siente solo…

Ojo, que sea un simulador de mantenimiento espacial no impide que Dead Space tenga una trama argumental elaborada con una gran carga psicológica, lo mismo que el Cooking Mama, ese pequeño gran simulador de DS en el que viviremos en carne propia las vicisitudes y problemas de una joven madre soltera mileurista, perdón, milyenista, para llegar a fin de mes cocinando platos a lo Ferrán Adrià, ¡eso sí que es una historia emotiva, trabajada y llena de giros argumentales, y no Silent Hill 2! 

Nosotros encarnaremos a Isaac Clarke, un ingeniero sordomudo que forma parte del Plan de Integración Social de Discapacitados y Minorías Étnicas de EA, porque durante todo el tiempo que dure nuestra aventura no lo veremos pronunciar ni una sola palabra, ni siquiera un ‘¡¡joputaaaa, deja de destripaaarmeee!!’, y eso que razones para gritar eso y muchas otras cosas más tiene de sobras. Nuestra misión, junto a nuestros compañeros Zach Hammond y Kendra Daniels consiste en volver a poner en funcionamiento la nave de extracción minera USG Ishimura, que sorprendentemente ha quedado a la deriva y sin potencia, presumiblemente por no pagar el último recibo de la luz, que ya sabemos cómo se las gastan estos de Endesa a la hora de cobrar. Isaac además tiene un segundo motivo para entrar en el Ishimura: su ex novia le ha mandado un videomensaje de esos del Tuenti desde el Ishimura de bastante mal rollito, lo que resulta doblemente siniestro porque, recordemos, Isaac es más mudo que la niña del Milagro de Ana Sullivan. Pero hay otra particularidad de Isaac aún peor que iremos descubriendo a medida que avancemos en nuestra aventura: Isaac es gafe, pero no un gafe cualquiera, sino un descendiente directo del tal Murphy porque peor suerte no se puede tener en un videojuego, salvo que te llames Luis Sera, claro. Nada más llegar y tocar el panel de control, ¡bang!, el ADN gafil de Isaac entra en funcionamiento y el grupo es atacado por unos seres deformes de intenciones aviesas, que sorprendentemente no son los de Endesa, que se cepillan a la mitad del equipo.

Vale, hay que reconocerlo, lejos de esa aura que tiene el juego, si lo analizamos fríamente, ¡el traje es más feo que pegarle a un padre!

Solo, gafe y sin poder decir ‘esta boca es mia’, es como empieza nuestra aventura en el SIM ISHIMURA 3000, o el Simulador de Gestión de Mantenimiento de Naves Futuristas más avanzado de la presente generación, bueno, mejor dicho de la historia de los videojuegos. Como ingenieros que somos, deberemos reparar los desperfectos de la nave con herramientas tan propias de la lampistería como la Cortadora de Plasma o el Cañón Lineal, que dejan al clásico Soplete de Argón a la altura de un cutre mechero Vic, y lo peor, la sensación de que en el futuro los mecánicos lo arreglan todo a cañonazos, vamos, más o menos como en la actualidad pero vestidos con una armadura que lo que menos facilita es correr.

Para darle más emoción a este simulador, los chicos de EA Redwood Shores, ahora Visceral Games, pensaron ‘Ya que tenemos que contratar por ley a un pobre discapacitado mudo gafe, ¿por qué no le hacemos la vida aún más dificil?’, así que no contentos con ponerle el traje-armadura más inutil y feo, con el que hasta un miserable bebé te hace daño,  de la Historia, los chicos de EA se inventaron los necromorfos. Para quién no lo sepa, los ‘negros amorfos’ (ivanete’s copyright), aparte de los mojinos del RE5 y de Cole Train, son en realidad los propios miembros de la tripulación del USG Ishimura que debieron comer algo en mal estado como el piloto de ‘Aterriza como puedas’, salvo que en vez de estrellarse y hacer el gag de la monja y la llave inglesa, se contagiaron de un virus alienígena que transformó sus cuerpos cual Julian McMahon microscópico en Nip/Tuck, pero sin prótesis de silicona ni glamour. Eso no significa que haya supervivientes, que los hay, pero por lo visto, debieron ver el coste de la factura de Endesa porque todos se volvieron locos de remate, automutilándose, como haría cualquier mileurista con hipóteca cuando le llegase el recibo del banco.

Aunque parece extremo, al final se le pilla el tranquillo a eso de pisotear cosas.

Como siempre, a falta de la presencia de un mago que explique estos hechos inexplicables según la teoría de los Simpson, la súbita transformación en necromorfos de la tripulación se debe al descubrimiento por parte de los mineros, de la Efigie que es la que los ha hecho enloquecer, un artefacto alienígena que en realidad parece una obra de Frank Gehry pero sin titanio, otra prueba más de que ese hombre no puede ser de este planeta, como Luichi Toledo. La variedad de necromorfos del juego es increible, desde tipos con cuchillas óseas en las manos, tipos con cuchillas óseas en las manos negros, tipos con cuchillas con cuchillas oseas hiperactivos,… ah, y por supuesto, tios con cuchillas óseas en las manos indestructibles, y eso sin mencionar el peor enemigo de todos, los bebés calamar, que no son duros porque sean unos cabrones, que lo son los muy joputas, sino porque a ver quién es el guapo que le cambia el pañal a uno de ellos. Sólo nuestro mudo, gafe y hortera Isaac, claro.

El diseño de los enemigos finales es realmente muy variado y original,… si no hubiesemos jugado al Lost Planet, porque desde que a Jun Takeuchi se le ocurrió poner de naranja los puntos débiles de todos sus enemigos, la moda se ha impuesto, hasta el punto de que si eres del butanero, es mejor que no se te ocurra viajar con tu uniforme. Eso es bueno y malo, porque permite saber con antelación los puntos débiles de algunos enemigos, con los que a veces nos resultará difícil concentrarnos. Esa es otra, aparte de la influencia de Takeuchi, también se nota la influencia de BioWare, ya que también pertenecen a Estamos Aburridos, no por la presencia de elfos bisexuales con ganas de hacer hablar al pobre Isaac a la vieja usanza, (eso sería muy cruel hasta para EA), ni por la presencia de extraterrestres azules con ganas de uniones espirituales, los de Visceral Games directamente, ¡han puesto de enemigo un ‘cono’ sin n! o como diría Bibiana Aido, ¡un vagino!, que para eso es un él.

¡La pesadilla de todos los hombres: ser engullidos por una vagina gigante!

Pero los necromorfos son sólo una distracción de lo que es la mecánica del propio juego que, recordemos, es gestionar una nave espacial minera. Para guiarnos, tendremos a nuestros compañeros, Morfeo, perdón, Zach Hammond, y la negrera, esa típica persona japutilla que te ve tomando un cafelito en la oficina y tiene que venir a tocarte las narices mandándote a hacer un informe, Kendra Daniels. Ellos serán los que nos mandarán completar una serie de mejoras en la nave, que en una situación normal, le devolverían su funcionalidad, pero como estamos hablando de Isaac, el pobre mudo gafe y hortera, por mucho que nos afanemos, el resultado será el mismo: acabar con la nave estrellada.

Concluyendo, Espacio Muerto, patrocinado por IKEA, es un juego que nos hará pasar miedo, mucho miedo, por ponernos en la piel de lo que debe sentir un pobre mudo con muy mala suerte. Además, Dead Space nos recordará situaciones cotidianas de todo aquel que en algún momento de su vida ha tenido los bemoles de querer imitar al de Bricomania, con herramientas incluidas, intentando colgar un cuadro y ha acabado por llamar al fontanero por una fuga de fuerza mayor, hasta el punto de que sólo falta la aparición de una suegra para ser el juego de terror definitivo.

Explotadora… ¬¬

Sin embargo, Dead Space, teniendo en cuenta que se trata de un simulador de gestión de naves futuristas, es malo, muy malo, porque por mucho que nos esforcemos, la nave siempre acabará destruida, con el hecho añadido de que ademas de mudo, gafe y hortera, Isaac ni siquiera sabe saltar, no puedo más que darle un triste 2, y eso porque se ve una vagina que sino le daba un -1.

 

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P.D.: Este análisis está escrito a partir de la experiencia de Logankeller, que yo no pude pasar de la primer pantalla… Es que la tal Kendra da mucho miedo sin maquillar.

 

Firmado: El nuevo Electroduende.