Hace 80 años, un 14 de Abril…

 

 

Hoy, 14 de Abril, toca acordarse de una efemérides que muchos querrán olvidar pero que hay que recordar por lo que supuso para España: hoy hace 80 años nacía la Segunda República. No era la primera vez que se proclamaba una república, el gobierno democrático por antonomasia, puesto que la primera data de la década de los 70 del siglo XIX, pero si es verdad que ambas comparten algo en común: fueron proclamadas sin violencia y motivadas por la debilidad política del soberano/a.

España arrastraba el declive de los partidos tradicionales (liberales y conservadores, que se habían repartido el poder alternativamente y de mutuo acuerdo), mermados por el auge de las ideas socialistas y anarquistas. Las dos primeras décadas del siglo XX se habían caracterizado por el caos provocado por las confrontaciones entre la patronal y los sindicalistas principalmente anarquistas, con asesinatos constantes entre ambos bandos, y en general por un sistema de gobierno obsoleto y poco preparado para aceptar la lucha de clases tal como la describió Marx. A este periodo corresponden las grandes huelgas como la de la Canadenca (la Canadiense) en Barcelona, el asesinato del líder del partido conservador, Canovas del Castillo (1897), y sobretodo la Semana Trágica, en la que la rebelión por culpa de la ley que obligaba al reclutamiento forzoso para la guerra de Marruecos y que permitía a los más adinerados librarse del mismo, y su posterior represión, son buenos ejemplos de la situación en que se encontraba el pais.

Con el beneplácito de Alfonso XIII, de los partidos políticos del antiguo régimen y de la patronal, en 1923, el general Primo de Rivera se sublevó instaurando un gobierno dictatorial que duró siete años, de corte conservador. Se prohibieron los partidos políticos y se persiguió a anarquistas y comunistas, además de anular muchas libertades que se habían conseguido con el tiempo, como el gobierno de la Mancomunidad en Cataluña por ejemplo (una especie de versión previa de la Generalitat repúblicana pero centrada más en los aspectos culturales), a cambio de un periodo de relativa tranquilidad. En 1930, con la salud del general ya bastante mermada y la presión de los partidos republicanos, Primo de Rivera dimitió devolviendo de nuevo el poder al rey que quiso instaurar de nuevo un régimen democrático.

En 1931, las tendencias políticas y los partidos, se habían diversificado tanto que resultaba imposible reinstaurar un regimen como el anterior a la Dictadura, además de que la figura del monarca había quedado muy desprestigiada. El año anterior, los representantes de los diferentes partidos republicanos se habían reunido de forma secreta en San Sebastian para firmar un pacto de actuación para lograr un gobierno republicano, aunque fuese mediante un levantamiento, previsto para el 15 de Diciembre (que sería la Sublevación de Jaca, que se adelantó 3 dias y fue un rotundo fracaso), y las pautas que deberían seguir. El 14 de abril de 1931, cuando ya se empezaban a conocer los resultados de las elecciones, que daban de momento como ganadores a los monáquicos pero con los republicanos arrasando en las grandes ciudades, los republicanos empezaron a proclamar la República en las capitales ante el desconcierto de los monárquicos y del propio rey, que se vió obligado a exiliarse a Paris. Los republicanos además, gozaron del apoyo del ejercito de manos del general Sanjurjo, que irónicamente sería más tarde uno de los artífices de su fín.

Después de esta "pequeña" introducción, viene la gran pregunta: ¿por qué es tan importante la Segunda República? Más allá de las connotaciones posteriores que desgraciadamente se le dieron después de la Guerra Civil, la Segunda República fue una época de grandes avances en el tema de las libertades civiles, con una Constitución y unas leyes que pusieron a España al frente de las sociedades más avanzadas de Europa. Mientras en algunos paises aún se debatía sobre el sufragio universal, aquí se otorgó el derecho a voto a las mujeres al mismo nivel que a los hombres, así como el divorcio, pero sobretodo se creó el estado laico tal como lo conocemos, desvinculando a la Iglesia del Estado. También se creó una polémica reforma agraria que intentó acabar de un plumazo con el caciquismo y la casi feudalidad del campo español. Hubo también libertad de partidos, de forma que por fin socialistas, comunistas y anarquistas tuvieron representación en el parlamento, y se aprobaron los estatutos catalán y vasco en aras de la formación de una república federal y que, como mi profesor de Historia contemporánea de la uni no se cansaba de repetir, estaban a años luz de las actuales autonomías en cuanto a autogobierno.

Todos estos cambios, positivos en una sociedad con mayor bagaje democrático, no gustaron a todo el mundo, a algunos porque les parecían demasiado radicales (especialmente la separación Iglesia-Estado) y a otros por considerarlos poco revolucionarios (anarquistas y comunistas), con lo que los conflictos no tardaron en surgir, con hechos tan trágicos como el levantamiento anarquista de Casas Viejas y su brutal represión. Con los partidos republicanos divididos, las elecciones de 1934 las ganó la CEDA, la coalición de partidos de derechas, que anuló algunas de las leyes aprobadas en la legislatura anterior y que le tocó afrontar los hechos de Octubre (la revolución de Asturias y la proclamación del Estado catalán) con mano dura. Decididos a relevar a la CEDA del poder en las elecciones de 1936, los diferentes partidos de izquierda se unieron para formar una coalición, el Frente Popular, que acabó ganándolas, lo que no acabó de gustar a todo el mundo con lo que las tensiones, ya de por sí muy fuertes, fueron en aumento hasta acabar como ya todos sabemos.

Mi conclusión personal es que España no estaba preparada entonces para lo que supuso la Segunda República y dudo si aún lo está viendo como los políticos actúan en la actualidad. Habíamos pasado de una sociedad arcaica y pseudo-democrática, en la que el poder y el poder de decisión recaían en una sola clase social, a una completamente moderna y avanzada a su tiempo. Tal vez, el proceso fue demasiado rápido y por tanto inaceptable para aquellos que no estaban preparados para el cambio y decidieron frenarlo en seco, pero también parte de la culpa fue de los que decidieron que lo que tocaba era apretar el acelerador. El alzamiento de Julio del 36, metáfora perfecta de esa parte de la sociedad que se negaba a cambiar y se revelaba como se hacía en el siglo anterior, no triunfó en un principio: tuvo que enquistarse y convertirse en guerra con intervención extranjera para conseguir su objetivo y si lo logró fue precisamente porque el bando contrario prefirió convertir una guerra en una revolución a la rusa, perdiendo el apoyo de aquellos a los que precisamente les convenía defender.

Sólo me queda decir, porque son hechos que no debemos olvidar,… ¡Viva la República!