La Bestia de Gévaudan


Cartel de aviso de la época. Poco realista pero efectivo

Todos hemos oido historias sobre seres monstruosos, leyendas acerca de criaturas que acechan en la noche dispuestas a alimentarse de los poco precavidos y que han provocado el miedo instintivo desde tiempos inmemoriales en el subconsciente colectivo. Vampiros, hombres lobo,… todos esos seres míticos siguen provocándonos escalofrios pero ninguno hasta el extremo del animal del que trata hoy esta entrada, y es que a diferencia de ellos, la llamada Bestia de Gévaudan no sólo existió de verdad sino que sembró el terror durante cuatro años en las agrestes montañas de l’Auvergne, asesinando y devorando a 130 personas (contabilizadas 100 de forma oficial), una "hazaña" sólo a la altura de otra pareja de devoradores de hombres, los leones de Tzabo.

Las historias sobre hombres lobo son un mito bastante común en Europa. Una de las primeras menciones a esa especie de ser mitad hombre y mitad lobo nos la encontramos en un clásico de la literatura como es el Satiricón de Petronio (s. I d.C.), cuando los invitados a la cena del rico liberto dan rienda suelta a las típicas historias de miedo que se suelen explicar entorno a una hoguera. A esto hay que añadir el miedo atávico que desde siempre ha existido en el viejo continente hacia los lobos, cabeza de turco casi siempre que desaparecía alguna res de ganado, o en tiempos de hambruna, incluso, algún que otro niño. El perfecto reflejo de esa mentalidad es el tradicional cuento de Caperucita Roja, recopilado por primera vez por Charles Perrault apenas 70 años antes de que la Bestia de Gévaudan diera rienda suelta a sus instintos asesinos sembrando el pánico en la Francia prerrevolucionaria.

Antes del verano de 1764, ya se habían producido algunos ataques y la Bestia se había dejado ver esporádicamente, pero no sería hasta julio de ese año cuando el animal probase por primera vez la carne humana. La pobre desafortunada fue una muchacha de catorce años llamada Jeanne Boulet que tuvo la desgracia de pasar a la Historia por ser la primera víctima confirmada de la bestia, a la que seguirían dos víctimas más ese mismo mes. Los ataques, lejos de detenerse o espaciarse en el tiempo se hicieron más frecuentes a medida que se acercaba el invierno y los alimentos escaseaban. Esto da mayor fuerza a la hipótesis de que la Bestia era en realidad un animal desesperado en busca de comida y que había encontrado en el ser humano una víctima fácil ya que los protagonistas principales de sus ataques solían ser mujeres y niños, ignorando intencionadamente a los hombres, sus unicos testigos mayoritariamente, que se quedaban paralizados ante la sola visión de la Bestia, a la que describían como un lobo enorme del tamaño de un asno, con pelaje rojizo y a rayas en los cuartos traseros, con una banda negra que le cruzaba el lomo desde la cabeza a la cola. Otras de las peculiaridades del animal era una cola fuerte y larga terminada en un penacho (similar a la de los grandes felinos) y garras de seis dedos.

Esa particularidad, la de que únicamente atacara a mujeres y niños, además de la forma en que se encontraron las ropas en algunos cadáveres ha hecho suponer actualmente que, aunque muchos de los ataques fueron sin duda obra de un animal de grandes dimensiones, otros pudieron ser obra de algún psicópata que aprovechase el pánico provocado por la Bestia para disimular sus propios crímenes. Casos en los que la ropa aparecía lejos de los restos de la víctima, como si la Bestia se hubiese tomado la molestia de quitársela antes de devorarla o el caso de una víctima que apareció completamente vestida pero sin cabeza, son cuanto menos sospechosos pero desde luego aquello no era lo habitual: lo normal era que la ropa apareciese hecha jirones si es que aparecía, lo mismo que lo poco que quedaba de los pobres campesinos. Los testimonios de los supervivientes de los ataques sin embargo, certifican que, si bien algunos de los hallazgos de los cadáveres eran bastante sospechosos, la bestia existía de verdad. En una época en la que no existía la criminalística y estos hechos tampoco eran tan infrecuentes, esperar que las autoridades competentes enfocaran la cuestión con una óptica científica era como pedirle peras a un olmo.

El invierno de 1764 a 1765 fue especialmente duro para los campesinos de l’Auvergne, una región de gran tradición quesera y en la que los rebaños eran una de las principales fuentes de ingresos, por culpa de la Bestia y su predilección por los jovenes pastores, ya fuesen mujeres o niños, llegándose a producir hasta dos ataques por semana. Su modus operandi era muy extraño para un lobo. Estos suelen atacar en manada y evitan siempre que pueden el contacto con las personas, centrando toda su atención en el ganado, una presa mucho más fácil, hasta el punto que hoy dia ya nadie cree en la falsa fama de devoradores de hombres que la tradición le ha otorgado desde siempre. La Bestia no. Ella atacaba principalmente a plena luz del día y mostraba especial predilección por las mujeres desprevenidas que se dirigían a misa a alguna de las iglesias de la zona. En los casos en los que atacaba a los/las pastores/as, ignoraba por completo al ganado que pastaba tranquilamente y acechaba casi siempre desde las alturas a sus víctimas, agarrándolas del cuello con sus descomunales mandibulas, rompiéndoselo en el mejor de los casos tal como haría un gran felino, o arrancándoles la cabeza sin demasiados problemas. Desde un principio quedó claro que no era un lobo común, sino un devorador de hombres y la desesperación llegó hasta un punto (pasaba olímpicamente del ganado, vivo o muerto, y de los cebos envenenados) que se utilizaron impíamente los propios restos de alguna de las víctimas como cebo para tenderle una trampa, ya que la carne humana era lo único que la Bestia parecía apreciar, pero obviamente como buena gourmet le gustaba algo más fresca.


Un grabado algo gore representando el tipo de ataque habitual de la bestia, directo al cuello

La situación llegó a tales extremos que, cuando llegó a oídos del rey, Luis XV envió a un regimiento de dragones (un cuerpo de élite del ejercito francés de la época) para darle caza. Estos entraron pronto en conflicto con los propios cazadores de lobos de la zona, incluido el misterioso y sospechoso Jean Chastel, porque los veían como una amenaza que se interponía entre ellos y la cuantiosa recompensa que el rey ofrecía por la muerte del animal. Sin embargo, ni las innumerables batidas, ni las trampas, ni mucho menos el esfuerzo de los soldados detuvieron a la Bestia, dejando en ridículo a los propios dragones, que se convirtieron en la mofa de los cazadores y la gente del pueblo por ser incapaces de darle caza. En 1765, el rey envió esta vez a un cazador profesional, Jean-Charles Marc-Antoine de Vaumesle d’Enneval, acompañado de su hijo y de su jauría de perros de caza, que obtuvo el mismo resultado que los dragones, o sea, cero, y que afirmó con rotundidad que la Bestia "no era un lobo" (más por su propia incompetencia, que dirían sus detractores).

En junio de ese mismo año, finalmente el rey envió a su propio arcabucero real, el noble François Antoine que a pesar de unos comienzos infructuosos, pareció dar por fin caza a la bestia en septiembre, despues de acertarle al que debía ser su único punto débil (numeros testigos de esas cacerías aseguraban que durante las mismas en las que se había estado a punto de acabar con él al dispararle con los mosquetes, el animal se había vuelto a levantar como si tal cosa y a huir adentrándose en el bosque, como si llevase algún tipo de armadura encima que lo hiciera invulnerable), el ojo. Herido de muerte, el animal finalmente se derrumbó y Antoine y compañía afirmaron alegremente que habían dado caza por fín a la Bestia. Se le apodó entonces le Loup des Chazes, por haber sido derribado cerca de la abadía con el mismo nombre, y resultó ser un lobo enorme fuera de lo común, de grandes dimensiones y unos 60 kilos de peso. El lobo fue disecado y enviado a París, donde fue expuesto en el Museo Nacional hasta que el incendio de 1830 lo destruyó junto al resto del contenido del museo.No tardaría mucho la Bestia en demostrar que estaban equivocados. A pesar de la identificación positiva del animal cazado, por parte de algunos de los supervivientes (forzados en ocasiones) y de la negativa por parte de otros, el festival de caos y muerte no se detuvo ahí. La Bestia volvió a actuar de nuevo matando a dos niños más, en diciembre.

La orgía de sangre y destrucción de la Bestia, de la que apenas quedaba como testimonio los restos devorados y esparcidos de las víctimas o alguna prenda de ropa, también dejó ejemplos de heroísmo de aquellos que se atrevieron a hacerle frente. Uno de los más conocidos fue el del joven Portefoix que logró detener heroicamente a la Bestia el tiempo suficiente para que sus amigos lograran escapar, al que Luis XV le otorgó como recompensa 300 libras a él y a su familia, aunque el muchacho no las pudiera disfrutar por haber quedado herido de muerte. Un caso similar con la misma recompensa/compensación por parte del soberano, fue el de Jeanne Jouve, una madre que se interpuso entre el engendro y sus seis hijos, salvando a cinco de ellos y muriendo en el proceso por culpa de las graves heridas recibidas en cuello y cara. El caso más famoso sin embargo fue el de Marie Jeanne Valet, apodada la Pulga (La Puccelle), que fue atacada junto a su hermana cuando atravesaba uno de los puentes de la parroquia de Paulhac, bajo las órdenes de cuyo cura trabajaba, por la Bestia de la que se defendió con una lanza improvisada salvando así su vida y la de su hermana, y hoy dia considerada una heroina local.


Estatua en Auvers en honor a Marie-Jeanne Valet, la minyona que se enfrentó a la bestia… ¡y sobrevivío!

Tras dos años en los que la Bestia prosiguió con su actividad depredadora, finalmente, el 19 de Junio de 1767, nuestro viejo amigo y poco amante de la soldadesca, Jean Chastel abatió al animal que tenía todas las papeletas de ser el engendro demoniaco que había atemorizado durante años la prefectura del Auvers y l’Auvergne. Como el lobo de Antoine, era un animal enorme, pero además presentaba deformaciones graves que casaban con el aspecto descrito por los testigos, por lo que las autoridades no tardaron en asegurar que por fín se había acabado el reinado de terror de la Bestia de Gévaudan. Para aumentar aún más la fama de Chastel, la leyenda popular aseguraba que el cazador había fabricado balas de plata y las había bendecido, y era con aquellas balas de mosquete con las que había matado al animal, lo que demostraba que era un ser enviado por el Maligno. El propio cazador además alentó aún más esa leyenda al asegurar algunos de sus familiares que participaron en la batida, que Chastel se puso a leer un pasaje de la Biblia, momento en el que apareció la bestia que se quedó parada como si la plegaria crease un extraño efecto en ella, y que al finalizarla, Jean la abatió. La quimérica bestia de Chastel fue enviada a Paris por orden expresa del rey, pero esta vez el cadáver estaba tan descompuesto que ni pudo llegar a la capital ni conservarse nada.


Monolito en honor a Jean Chastel, el hombre que puso fin al reinado de terror de la Bestia de Gévaudan

Muchas teorías circulan y circularon en su momento acerca del verdadero orígen de la Bestia. Las más conspiranoicas aseguran que el animal no era más que una herramienta para extender el miedo entre los feligreses de la zona, demasiado temerosos de Dios y con una enorme influencia de los jesuitas en una región de tradición hugonote. Rapidamente los clérigos de la zona apuntaron a que la Bestia era un castigo divino por los pecados de las mujerzuelas (hay que recordar que las victimas eran preferentemente mujeres y niños jovenes, principalmente pastores) y que muchos de los ataques se produjesen cuando las víctimas iban a misa, no podía ser casualidad. Ese tipo de discursos pueden ser la razón de que el rey se tomara aquello como algo personal y decidiera poner fin cuanto antes a toda aquella masacre enviando a quien hiciera falta. Otra de las teorías conspirativas en la misma línea es la que asegura que eran los nobles los que estaban detrás de todo y que la Bestia era una animal exótico entrenado, más o menos lo que se deja entrever en la película del Pacto de los Lobos, inspirada en los hechos de Gévaudan.

¿Qué era la Bestia?

Existen muchas teorías sobre el orígen de la Bestia. ¿Qué era? Eso es algo que no podremos saber hoy día a ciencia cierta en tanto que no queda ningún resto ni del animal abatido en 1765 ni del de 1767. Las descripciones además son demasiado ambiguas como para catalogarlo como un simple lobo y los franceses de la época no estaban muy familiarizados con los animales exóticos, como demuestra el hecho de que se derribara un babuino fugado en una de esas batidas confundiéndolo con la bestia.

Sus costumbres arriba citadas, tampoco corresponderían con las de un lobo común, ya que estos cazan en manada y los pocos testigos supervivientes aseguraban que el animal atacaba en solitario. Una de las teorías más plausibles, en el caso de que aceptasemos que eran en realidad lobos de gran tamaño, es que la bestia abatida en 1765 y la de 1767 eran pareja y por tanto cazaban alternándose de forma que cuando una murió la otra continuó con su labor dando esa sensación de que la bestia estaba en todas partes. Los que creen que la bestia era en realidad un lobo, asocian a la misma a una subespecie alpina algo más grande que la europea, ya extinta fuera de su habitat pero algo más común en pleno siglo XVIII.

Otra de las interpretaciones es que fuese un fósil vivo de alguna especie ya extinta, una subespecie de lobo prehistorico similar al lobo marsupial australiano, aunque esto es poco probable. Sin embargo, a favor de esto, de que se trate de una especie sin catalogar, hay que añadir que si bien las muertes atribuidas a la Bestia de Gévaudan se circunscriben al periodo entre 1764 y 1767, en la última década del siglo anterior ya se habían registrado ataques similares con cerca de 100 víctimas, y con posterioridad, en el siglo XIX, también, aunque de forma menos espectacular, finalizando las muertes a mediados del siglo XX, cuando dejaron de producirse por completo.

Una de las teorías más aceptadas en la actualidad es que, por su comportamiento y tamaño, lo más probable es que la Bestia en realidad fuese un híbrido, una mezcla entre una raza grande de perro, como un mastín, y un lobo, lo que explicaría porqué prefería atacar antes a las personas que al ganado y porqué no les tenía ningún miedo. Se han barajado otro tipo de mezclas genéticas o que simplemente fuese un animal exótico fugado, como un tigre o un león (lo que casaría más con el tamaño descomunal descrito y su fuerza), o incluso una hiena, puesto que uno de los nobles de la zona tenía una buena colección de ellos. Se ha llegado incluso a insinuar que quienes estaban detrás de la Bestia eran los propios Chastel y que se trataba de un animal (una hiena) criado y amaestrado por ellos al que cubrían con cuero endurecido para evitar las balas.


La teoría de que la bestia en realidad un animal amaestrado es el hilo conductor de la película El pacto de los lobos

La más curiosa de esas teorías sobre el orígen de la Bestia es la que la asocia (aunque es obvio que esa asociación de ideas es bastante moderna) con la clásica leyenda de los hombres lobo. Según esa linea de pensamiento, había un conde en la zona, un tal Getulio Vargo, que desapareció misteriosamente en esa época y no volvió a aparecer jamás. Aparece mencionado por encima en algunas fuentes y sin duda, si hay que adscribirlo en algun grupo como desaparecido sería más bien como víctima de la Bestia que no como ella misma. Pero como la imaginación del ser humano no tiene límites, pronto se asoció al desaparecido Vargo con una rocambolesca historia de pasiones libidinosas, intentos de violación de una muchacha gitana y la consecuente maldición que le obligaron a ocultarse en el bosque después de convertirse en el clásico hombre lobo de toda la vida que aterrorizó Gévaudan hasta que, casualidades, una bala de plata del buen Chastel se cruzó en su camino…

La leyenda está servida.


A los que les interese el tema:

http://labete.7hunters.net/labetereturns.htm (está en inglés y requiere un nivel medio del mismo. Es un estudio bastante crítico del libro del abat Jean-Pierre Pourcher, que escribió el primer libro recopilatorio de todos los testimonios acerca de la bestia de Gévaudan en 1898).

http://www.qsl.net/w5www/gevaudan.html (para un enfoque más "paranormal")

En la actualidad, en la moderna Auvers, existe un Museo de la Bestia, donde se conservan documentos de la época y objetos relativos a la historia de la misma, como la lanza que utilizó Marie-Jeanne Valet para defenderse. También se pueden realizar itinerarios de trekking concertados por la "ruta de la bestia" y visitar los lugares relacionados con su historia.

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