Especial periféricos: Mega-CD


 
Hablar del Mega-CD es hablar de nostalgia pura y dura, y de un quiero y no puedo. Recuerdo la escena como si fuera ayer, me veo delante del escaparate de la tienda de electrodomésticos de mi barrio observando pasmado la caja de un recién estrenado Mega-CD II, al lado de un pequeño cartoncito que marca con rotulador la estrepitosa cifra de 40.000 pts. A pesar de que ya tenía la Mega Drive, para mí era totalmente impensable poder conseguir la nueva consola de SEGA dado su elevado precio, y más aun cuando ya me había gastado las 30.000 pts de turno en comprar el alma máter del invento (vamos, la Mega Drive, y es que en el ’93, treinta mil "pelas" era un dineral). Por esta razón, y por culpa de los famosos videos comerciales, siempre consideré al Mega-CD como una consola inaccesible, reservada sólo para aquellos que aspirasen a entran en el olimpo de los videojuegos (lugar que por entonces, os puedo asegurar que no estaba reservado para mí…). Es muy fácil a estas horas ponerse el disfraz de visionario y decir que el Mega-CD fue un evidente error comercial en la historia de SEGA. Sinceramente, una percepción así en aquel momento sólo la hubiera podido tener un aburrido, o en su defecto, un fanboy de Nintendo. Los que estuvimos en la escena del delito sabíamos perfectamente que el nuevo juguetito de SEGA era la envidia de todo el vecindario, y aunque la broma costara un riñón y parte del otro, éramos conscientes de que el que tuviera el Mega-CD en su poder, tenía el pasaporte a los juegos del futuro. Paradójicamente, no fue así (¿o quizás sí?). El Mega-CD fue una máquina que tuvo dos versiones, una pensada para ser acoplada al primer modelo de Mega Drive, y una segunda versión (la que la mayoría hemos visto) destinada a ser compatible con la Mega Drive II (y también con la primera Mega Drive). A nivel de hardware, ambos sistemas eran básicamente iguales, si acaso algún ligero cambio en su arquitectura pero nada de extrema importancia, más allá de sus evidentes diferencias estéticas (personalmente, me gusta más el diseño del Mega-CD original, aunque según tengo entendido, es más delicado). Como iba diciendo, o como quería decir, el Mega-CD es una máquina cuya columna vertebral está constituida, muy a grandes rasgos, por un Motorola 68000 a 12.5 Mhz (paralelo al de Mega Drive), un procesador gráfico capaz de realizar efectos de rotación y scaling, la unidad de CD Rom con una capacidad de almacenamiento de ¡500 Megabytes de potencia! (adoro a los del Canal Pirata SEGA), y añadía además 8 canales de sonido estéreo PCM. Vamos, que lo que se dice "coja" no iba, eso sí, arrastraba la lacra de los 64 colores en pantalla de Mega Drive, que afortunadamente podían verse ampliados a 256 en las secuencias de video. El catálogo de juegos fue bastante criticado en la época, se le acusaba de sacar refritos de juegos de Mega Drive, y de abusar de juegos FMV (Full Motion Video), o lo que es lo mismo, videos interactivos en los que lo único que teníamos que hacer era pulsar un botón determinado en el momento justo (reconozco que no son los juegos más divertidos del mundo pero a su manera, tenían su gracia). Pero amigos, el Mega-CD fue mucho más que refritos y FMVs, y el que quiera descubrirlo sólo tiene que indagar un poco en su catálogo de juegos para comprobarlo. Maravillosos títulos como Snatcher, Final Fight-CD, Sonic-CD, Soul Star, Silpheed, Lunar: The Silver Star, Dune, The Terminator, Road Avenger, Lords Of Thunder, Fatal Fury Special, Battlecorps, Thunderhawk, Batman Returns, Night Trap, Adventures Of Wily Beamish, Sewer Shark, Robo Aleste, Jaguar XJ220, Dragon’s Lair, Jurassic Park, Eternal Champions: Challenge From The Dark Side o The Secret Of  Monkey Island, junto a otros, que si bien no pasaron a la historia de los videojuegos, sí que proporcionaban buenos ratos de diversión, gracias a géneros nunca tocados antes en consola, como es el caso de las aventuras gráficas, tan abundantes ellas en ordenadores pero casi inexistentes, repito, en videoconsolas. Y si no tenías ganas de jugar y lo que te apetecía era escuchar música, o poner a prueba tus dotes como director cinematográfico, podías crear "clips" de tus artistas favoritos. ¿Qué otro sistema de la época podía decir los mismo, eh…?
Pues eso, con este pequeño homenaje saldo mi deuda con este ilusionante y revolucionario add-on, algo que tampoco era necesario, puesto que con el paso del tiempo ha ido ganando terreno y ya por fin se va reconociendo su calidad y su aportación (para bien o para mal…) al mundillo de los videojuegos, algo que no cabe duda, lo merecía. Porque seguro que hay alguno que todavía no se ha enterado, pero ya queda poca basura… la enterró el Mega-CD…