The Longest Journey

A pesar del paso del tiempo, hay videojuegos que por la forma de haber sido concebidos y creados aun mantienen bien viva la llama de la jugabilidad y de saber contar historias. Toda aventura gráfica que se precie, extensible a cualquier otro género de aventura, debe saber contarle una buena y atractiva historia al jugador a través de unos personajes igualmente cuidados y una mitología o atmosfera de las mismas condiciones. Cuanto todo eso se junta y el jugador es partícipe de ello con elaborados puzles y una sobresaliente jugabilidad, entonces estamos ante una excelente aventura gráfica.
 
 
Es el caso de The Longest Journey, una extraordinaria y mágica aventura gráfica desarrollada por Funcom en 1999 que combinaba 2D y 3D como pocas aventuras de su época sabían hacer. Su mecánica no era para nada original, pues de todos es sabido que en el género de la aventura gráfica clásica como la conocemos hay poca variedad de la dinámica de juego, con el point’n’click a la cabeza. Cada compañía se toma sus licencias y aporta sus modificaciones, pero en la base la jugabilidad es prácticamente la misma. The Longest Journey no iba a ser menos y se concibió como una aventura gráfica de corte point’n’click
 

 
Precisamente es sin duda su magnífica historia y la forma de contarla la que hace grande a The Longest Journey, más con un doblaje tan cuidado como el que tiene. Si miramos al pasado, hacia otras de las grandes aventuras del género nos encontramos que es precisamente el argumento,  sus personajes y su mitología los que hacen que el juego se convierta en un clásico atemporal sea en 16 colores o con millones de pixels por modelo.
 
 
Mi primera experiencia con The Longest Journey empezó hace unos cuantos años, cuando la compré en su edición de kiosco distribuida por FX Interactive (aun creo que en algunas tiendas está a la venta). Ciertamente el juego me atrapó, pero por ciertas circunstancias no llegué a terminarlo  en su día y cada vez la pila de juegos pendientes (principalmente por Meri) se llenaba. Ahora con un poco de más tiempo libre, decidí que había que terminar la historia de The Longest Journey, aunque fuera necesario un pequeño maratón. Este juego no podía estar en la lista de juegos no acabados y menos siendo una aventura gráfica.
 
 
Tras tres o cuatro días intensos (pues el nombre del juego hace bastante alusión a la duración de la aventura) llegué a su precioso final. La verdad es que uno se arrepiente de no haberla disfrutado en su día, pero precisamente por su fantástica historia te llena la juegues hoy o dentro de 10 años. The Longest Journey es magia, ciencia, misticismo, personajes para el recuerdo y también algunos de esos puzles de los que te acuerdas de los padres de los diseñadores. No os voy a contar nada sobre el argumento, ni siquiera el nombre de su protagonista. Es un juego para disfrutar desde su primera línea de diálogo. Jugadlo si no lo habéis hecho o rejugadlo si lo hicisteis hace tiempo, porque es de esas aventuras que en cierto sentido te saben llenar entre la ingente cantidad de títulos comerciales. Yo me embarco en la búsqueda de DreamFall, su secuela, sin apenas conocer nada de ella, esperando tener la misma suerte de poder disfrutar de una hermosa aventura gráfica.