Rusthford (parte 2)

La noticia corrió por la ciudad como la pólvora.

El miedo, el temor y la desconfianza se hacen dueños de la ciudad.

¿Qué pudo haber sucedido? ¿Qué fenómeno extraño mata a cuatro personas?

¿Porqué a esa familia?

 

La policía y el médico forense visitaron el lugar, en busca de alguna pista que les pudiera llevar al culpable de aquellas muertes.

Los cadáveres fueron trasladados a la casa del médico dónde los estudió uno por uno.

Al día siguiente comunicó sus hallazgos.

 

– Señores, ya tengo la información que buscaban. No ha sido obra de una persona, no es necesario que busquen a ningún asesino- explicó el médico.

 

-¿Cómo lo ha averiguado? – preguntó el que estaba al mando.

 

-La causa de las cuatro muertes es la misma,  parada cardíaca.

Murieron a la misma hora, en sus respectivos dormitorios y mientras dormían.

Creo que es imposible que una persona haya cometido los asesinatos, pues no hay signos de violencia, ni sufrimiento. Crear una parada cardíaca sin el uso de la violencia es difícil, y en cuatro personas más.-  Seguidamente el médico tomó un respiro e hizo un largo silencio para dar énfasis a sus palabras; miró al jefe de los investigadores y continuó.

 

– Hay algo más. Mientras examinaba el cuerpo de la  hija menor, me percaté de que en la palma de su mano derecha tenía una cicatriz curada, probablemente desde hacía años, lo que me indicó que se tuvo que hacer intencionadamente; pero pensé que se trataría de una locura de niños.

Era un símbolo en forma de esfera con unas iniciales en su interior.

Obviamente hice caso omiso de aquella marca, que nada nos decía sobre la investigación que ahora nos atañe.

Cuando estaba realizando la autopsia a la madre, inconscientemente mi vista se dirigió a la palma de la mano derecha. Tenía la misma marca, idéntica e incluso me atrevería a decir que probablemente habrían sido realizadas el mismo día, pues tenían el mismo grado de cicatrización.

Seguro que se estarán preguntando, si el padre y el hijo menor también la poseían, – hizo una pausa- pues sí, también poseían esa marca en las palmas de sus manos derechas. Puede que no os diga nada, ni os aclare nada en vuestra investigación, pero creo que es un detalle que ustedes no deberían pasar por alto.  

 

-¿Qué nos sugiere?- preguntó el jefe.

 

– Creo que deberían investigar de donde procede esa marca, o al menos que significa. Me he atrevido a copiarlo en una hoja- comenzó a pasar las hojas del montón de papeles que se encontraban encima de la mesa, hasta que encontró uno y se lo entregó al policía- espero que les sirva- concluyó.

  

Seguidamente, el jefe de policía lo vislumbró y lo pasó a sus compañeros.

 

Nada les decía aquel símbolo. Excepto a uno de ellos, que permaneció en silencio, y siguió escuchando las palabras del médico.

 

-Pueden que me tachen de chiflado o perturbado, pero creo que las muertes tienen un hilo de unión con la luz que apareció de la nada. – explicó el médico.

  

Una carcajada de asombro se escuchó en la habitación. Todos se giraron y miraron a aquel que había reconocido la imagen, llamado Michael, quién comenzó a hablar.

  

– ¡Oh, vamos¡- dijo con sarcasmo-voy a empezar a creer que todos los aquí presentes estáis creyendo lo que nos está diciendo. ¡Es una simple marca!

  

– Una simple marca que no debe ser ignorada- gritó el jefe. Miró a su interlocutor y con cierta ironía le dijo- Parece mentira que tú, el más experimentado, comiences a tirar por la borda datos que nos pueden ser de gran ayuda. – Seguidamente se  giró para dirigirse al médico y le dijo:- Gracias por vuestro trabajo, no dudaremos en llamarle si necesitamos saber más datos.

 

El médico salió de la habitación.

 

En ese momento, Michael quedó pensativo;  preveía que esta investigación le iba a traer más problemas de los que él imaginaba.

  

Continuará.