La intuición es nuestra amiga

Cuando cuatro editoreshabían rechazado el original de Douglas Hofstadter, decidióllevarlo a un quinto que decidió correr el riesgo de publicarlo.Poco después, el libro “Gödel, Escher, Bach: an eternal goldenbraid”, recibiría el premio Pulitzer y se convertiría en unéxito internacional.

Un joven director teníaplanes audaces para llevar a la pantalla las ideas que revoloteabanen su mente. Varios estudios cinematográficos lo rechazaron, entreellos Warner Brothers y Universal, diciéndole que llevar al cine suguión, que ellos consideraban sin sentido, solo traería pérdidaspara todos. Además, su primera película había sido un desastrefinanciero y el contrato que él pedía era absolutamente arrogante.Pero fue Alan Ladd, ex presidente de la Twentieth Century Fox, quientuvo fe en su proyecto y ambos comenzaron la aventura que terminaríaconvirtiéndose en la saga más famosa de películas de fantasía yciencia ficción y que ha dado los más grandes frutos económicos enla historia del Cine. El director se llama George Lucas.

Un día de 1865, elquímico alemán August Kekulé von Stradonitz se quedó dormidoenfrente de su chimenea. Soñó con serpientes danzantes y, cuandouna de ellas se mordió la cola, comprendió, al despertarse, que lasmoléculas de ciertos compuestos orgánicos también constituyenanillos. Ello resultó un gran paso en la química moderna.

¿Qué tienen en comúnestas tres historias? Que en cada una de ellas alguien hizo o pensólo más correcto, en el momento preciso, aún teniendo en contratodas las probabilidades, la lógica y la experiencia. A vecescreemos que esas decisiones impulsivas son obra de la casualidad o eldestino, o las atribuimos a un sexto sentido de quienes las toman, yrecordamos que también nosotros hemos tenido felices corazonadas.Sin embargo, se deben simplemente a que dejamos entrar en el juegouna facultad mental que a menudo hacemos a un lado: la intuición.

¿Qué es laintuición?

Es simplemente la vozinterior que, en los momentos decisivos, nos impulsa a optar por unao dos alternativas. Sabemos algo, pero no podemos explicar por quélo sabemos. Como hemos aprendido a depender de la razón, rechazamoslos juicios “emocionales”. Con esto, sin embargo, descuidamos unafacultad cognoscitiva que todos poseemos y que puede ser una útilherramienta para acceder al conocimiento.

En la historia de laciencia abundan los casos comprobados en los que la intuición haconducido a avances importantes. Uno de los ejemplos más conocidoses el del físico y matemático griego Arquímedes, del siglo III a.de J.C. Cuando se metió a una bañera y el agua se derramó,comprendió el principio que lleva su nombre, y lo aplicó a otrosproblemas científicos. Albert Einstein también supo de laimportancia que reviste la voz interior; aseguraba que le servíapara captar conceptos complicados.

Sin embargo, entenderintuitivamente una situación no significa descuidar por completo elpensamiento racional. En efecto, ambas facultades mentales secomplementan en muchos casos. La intuición suministra importantesdatos, que después la razón puede poner a prueba; y, a la inversa,es posible evaluar de modo intuitivo las conclusiones racionales ylógicas.

Hay gente que, traslargos períodos de intensas reflexiones y mucha experimentacióninútil, hace descubrimientos que para el lego parecen salidos de lanada. No obstante, los destellos repentinos de inspiración se apoyanen el trabajo racional, en el conocimiento de todos los datosdisponibles, y en un sentido especial para llegar a las conclusionescorrectas.

Por otra parte, laintuición resulta de gran valor cuando hay que tomar decisiones apartir de datos insuficientes; por ejemplo, en asuntos económicos ypolíticos. Es cierto que existen apoyos en estos terrenos, como lamercadotecnia y la investigación demográfica, o las curvas deprobabilidades, todo lo cual los políticos y hombres de negociostoman siempre en cuenta; pero en muchos casos la intuición es la quepropicia el éxito.

Con frecuencia, lascorazonadas sirven de advertencia. Por eso, muchas veces, después dedar un paso en falso, exclamamos: “Yo sabía que todo estopasaría”. Prestamos oídos sordos a nuestra voz interior. Y,por ser muy difícil rastrear el funcionamiento de estas intuiciones,las atribuimos a la pura casualidad o suerte.

¿Se puede fomentar elpensamiento intuitivo? Un estudio ha demostrado que muchasinspiraciones espontáneas fueron precedidas de un periodo de intensaactividad mental, seguido de un lapso de relajación. El pensamientointuitivo, literalmente, se pone al corriente durante el sueño delinvestigador o artista, o en una caminata a solas, o en un viaje entren.

Varios factores podríanexplicar por qué las fases de reposo fomentan la inspiración. Elcerebro sigue trabajando sin el control del pensamiento consciente.Quizá absorba información casual y la procese. A nivelinconsciente, se hacen asociaciones de ideas que el pensamientoestrictamente racional no establece. Así pues, podría decirse quela gente que nunca se toma un momento de reposo inhibe su propiaintuición.

Es un hecho comprobadoque la inspiración suele darse sólo en determinadas áreas a cadapersona. Por eso, un médico intuitivo puede ser un genio paradiagnosticar, aunque sea bastante insensible en su vida privada. Unjefe de personal acaso tenga un sexto sentido para escoger a losempleados, y pierda todos sus ahorros en la Bolsa de Valores.

Entonces, ¿no puedeexplicarse la inspiración como la experiencia aplicadacorrectamente? El conocimiento en torno a materias específicas ayudaa resolver problemas, por supuesto; pero como la experiencia tiende aoptar por los enfoques tradicionales, realmente puede ser unobstáculo para aplicar la intuición.

Escuchar la voz interiorimplica, con frecuencia, correr riesgos. El temor de que unapropuesta insólita dé malos resultados y los haga quedar enridículo es algo que afecta mucho a los expertos; prefieren aceptarel fracaso después de haber probado todos los acostumbrados enfoquesde un problema. Confiar en la intuición, a riesgo de sufrir undescalabro, exige valor… y fe en el propio potencial intuitivo.

Al parecer, las mujeresmanifiestan este valor y esta fe más que los hombres. Desde la mástierna infancia se les alienta a desarrollar su emotividad, en tantoque a los varones se les estimula a cultivar las facultadesracionales. De esta manera, tendemos a considerar como prerrogativafemenina la forma ”emocional” del conocimiento… como loenfatiza la tan común expresión “intuición femenina”.

Aunque la inspiración esindependiente de nuestra voluntad, es posible mejorar la disposicióna tenerla. Con ese propósito, debemos absorber como esponjas toda lainformación que podamos. Se ha observado que los líderes triunfadores prestan mucha más atención a detalles en aparienciainsignificantes, como el lenguaje corporal, los chismes y lasespeculaciones o conjeturas ociosas, y prefieren los encuentrospersonales a los informes escritos. Además, la personalidad creativaes la que mejor tolera lagunas en el conocimiento.

El miedo a equivocarnosobstaculiza la acción intuitiva tanto como los esfuerzos demasiadointensos o la aversión al cambio. Por otra parte, una actitudjuguetona y humorística ante los problemas le allana el terreno a lainspiración espontánea. Seguro, muchas ideas valiosas han muerto enembrión por este comentario: “No va a funcionar. Nadie lo hahecho jamás”.

Nuestro mundo se havuelto cada vez más complejo y la mayor ilusión en la actualidad esconfiar sólo en la razón. Podremos resolver mucho mejor los grandesy pequeños problemas de la vida si damos a la intuición su lugarcomo silenciosa pareja de nuestro pensamiento cognoscitivo.

Cómo tratar con la gente difícil

 
Túconoces a ese tipo de personas: discuten, se quejan por todo y exigenlo imposible. Al toparnos con esa gente gritona y malencarada,sentimos el irresistible impulso de aferrarnos a nuestro criterio.Esto puede suscitar prolongadas discusiones, enfriamiento deamistades, oportunidades perdidas en nuestra carrera profesional y,en el peor de los casos, fracasos matrimoniales.

Elpsiquiatra clínico David Burns encontró un principio muy sencillo,pero insólito, que puede evitar que casi cualquier conflicto osituación difícil se convierta en desastre. La clave consiste enponerse en el lugar de la otra persona y buscar la verdad en lo quenos dice. Hay que buscar la conciliación de opiniones. El resultadopude ser sorprendente.

Losenfurruñados

Todosconocemos a gente que cuando surge un problema se enfurruña o secomporta con desplantes de enojo y se niega a hablar de lo que lemolesta. ¿Cuál es la solución? Primero debemos preguntarnos porqué la persona se encierra en sí misma. Tal vez esa persona estépreocupada por algún contratiempo que tuvo en la escuela o en eltrabajo. O quizá esté enojado con alguien, o contigo, pero temeexteriorizar el agravio. Podemos explorar estas posibilidades lasiguiente vez que hablemos con él o ella, diciendo: “He notado queestás molesto, y creo que sería conveniente ventilar el problema.Tal vez sea difícil, porque no siempre te he escuchado. Si es así,me sentiría mal, porque te quiero mucho y me dolería fallarte”.

Sila persona se empecina en su enconchamiento, podemos recurrir a otratáctica: “Me preocupa lo que te ocurre, pero podemos discutirlocuando te sientas más tranquilo”.

Estaestrategia hará que ambos ganen: tú no tienes que transigir por elprincipio de que no es necesario ventilar y resolver definitivamenteel problema, y la otra persona no se sentirá humillada, alpermitírsele que se retire por un tiempo.

Críticosdominantes

Hacepoco asesoraba yo a un hombre de negocios, de nombre Esteban, quetendía a mostrarse prepotente cuando se enojaba. Esteban me dijo queestaba yo demasiado preocupada por el dinero, y que no aceptaríapagarme en cada una de las sesiones. Quería que le enviara la cuentacada mes. Me sentí molesta, porque me pareció que Esteban siemprequería salirse con la suya. Le expliqué que ya había intentadoenviar cuentas mensuales y que no había funcionado, porque algunospacientes no me pagaban. Esteban replicó que su crédito eraimpecable, y que él sabía mucho más que yo acerca de su crédito yde manejar cuentas.

Depronto comprendí que estaba pasando por alto el punto de vista de mipaciente. “Tiene usted razón, Esteban. Estoy actuando a ladefensiva; debemos concentrarnos en los problemas de su vida, y nopreocuparnos tanto por el dinero”.

Almomento, Esteban se ablandó y empezó a hablar de lo que realmentele preocupaba: de sus problemas personales. Siempre pagó a tiempomes tras mes.

Desdeluego, hay ocasiones en que la gente es abusiva fuera de toda razóny quizá nos convenga rehuir un enojoso enfrentamiento; pero, si sedesea resolver un problema, es importante permitir que los demásdejen a salvo su autoestima. Casi siempre existe una pizca de verdaden el punto de vista de la otra persona. Si lo reconoces así, esprobable que esa gente se defienda menos y esté dispuesta aescuchar.

Losquejumbrosos

Quizáte has encontrado a personas que se la pasan quejándose contigoacerca de los males de su vida. Les das consejos y después te dascuenta que nunca los siguieron. Necesitas reconocer que losquejumbrosos habituales no quieren consejos; sólo desean que alguienlos escuche un momento por un momento y los comprendas.

Lasmás de las veces, al quejumbroso se le agota la energía y deja dequejarse. El secreto consiste en no aconsejarlo. Con solo asentir yvalidar el punto de vista de una persona, lograremos que se sientamejor.

Amigosmuy exigentes

Lagente difícil no es siempre aquella que está enojada, o llegaquejándose. A veces, la calificamos de difícil por las exigenciasque nos impone. Supongamos que un amigo te mete en aprietos alpedirte que le hagas un servicio mientras él se ausenta de laciudad. Si tu agenda ya está sobrecargada, quizá aceptes, peroterminarás disgustado y resentido. Por otra parte, si te niegas acomplacerlo en forma tajante, tu amigo se sentirá agraviado. Elproblema radica en que, al abordarte desprevenido, no sabes manejarla situación de modo que no surjan resentimientos.

Unmétodo que me ha resultado útil consiste en decirle a la personaexigente que necesito reflexionar en lo que me pide, y que despuésle comunicaré si puedo o no complacerlo.

Respondercon empatía y paciencia a la gente difícil puede ser arduo, sobretodo cuando se está alterado; pero, en cuanto se renuncia a lanecesidad de llevar la voz cantante o de imponer nuestro propiocriterio, la otra persona empezará a calmarse y a escuchar. Elfilósofo griego Epicteto lo entendió perfectamente, al recomendar,hace ya cerca de 2000 años: “Si alguien te censura, asiente enseguida. Agrega que si te conociera mejor, ¡tendría más motivospara censurarte!”

Laverdadera comunicación deriva del respeto a sí mismo y a los demás.Los beneficios de esta actitud pueden ser asombrosos.

Para hablar en público

Si alguien nos invitara a a tomar la palabra ante un grupo de personas, ¿cómo sería nuestra reacción? Si pertenecemos a la mayoría de personas, seremos presa del pánico. Y es una lástima que así ocurra, ya que hablar en público no significa necesariamente dirigirse a un auditorio muy numeroso. ¿Es posible mejorar nuestra capacidad para hablar en público? La respuesta es sí. Basta con aprender cómo con la guía práctica de la tía Sarmy.

1.- Elije el tema apropiado. Debe tratarse de un asunto que te atraiga poderosamente la atención. La única manera de sentirse bien adelante de un público consiste en conocer de lo que estás hablando y en estar convencido de cuanto pretendes comunicar.

Elije un tema que te interese a ti y a la audiencia. Plantéalo en términos adecuados para ellos. Por ejemplo, si se te ocurre una idea para mejorar la eficiencia en la oficina, y la expones al consejo de administradores de la empresa, haz hincapié en las utilidades que acarreará tal propuesta; en cambio, al presentarla a quienes la pondrán en práctica, insiste en que gracias a ella, el trabajo se facilitará. Todos formularán la misma pregunta: ¿y esto a mí en que me beneficia?

2.- Organízalo en forma lógica. El discurso necesita de un principio. Por lo general, se trata de una breve descripción del problema que se desea resolver. Debe constar asimismo de una sección central, donde enumeres los puntos principales de la solución propuesta, así como de un final, es decir, de un resumen de la exposición.

Conviene también valerse de “ganchos” al abordar cada uno de los principales aspectos del discurso. En el artículo sobre la memoria mencioné unos procedimientos mnemotécnicos que ayudan a mejorar la memoria. Por ejemplo, para recordar el nombre de los ocho planetas mas el planetoide Plutón de nuestro sistema solar, es posible formar una frase que pese a ser descabellada, resulta más fácil de retener en la memoria, como: Neptuno, ve la tiesa pluma y júrame. Así, además de la palabra Neptuno, figuran las claves para recordar los otros siete planetas mas el planeta enano Plutón.

3.- Ensaya a solas. Después de haber planeado la exposición, necesitarás practicar la ejecución. Para ello lo mejor es estar solo, y no ante un amigo o cónyuge. Recuerda que estás ensayando un discurso ante un grupo de personas, y no sosteniendo una discusión entre dos. Trata de imaginar a tu auditorio. “Observa” y “escucha” las reacciones positivas del público.

De ser posible, da el último repaso al discurso en el lugar mismo donde vas a hablar. De este modo, te sentirás a tus anchas al estarlo pronunciando.

4.- Reduce al mínimo las notas. Lo peor que puedes hacer es tratar de leer el discurso. Infundir espontaneidad a una lectura es casi imposible. Si lo consideras necesario, anota brevemente en una tarjeta cada uno de los puntos principales del discurso.

Una mirada rápida bastara para recordar lo que sigue. Cuanto menos te remitas a las notas, establecerás mejor comunicación con el auditorio. Hablar en público es, en esencia, comunicarse con los oyentes. Y, para la mayoría de los oradores, la abundancia de notas constituye un más obstáculo que una ayuda.

Ahora bien, aunque hayas esmerado en preparar un buen discurso, falta aún el momento de pronunciarlo. Veamos tres reglas que conviene seguir al respecto.

I) Haz amistad con el auditorio. No es preciso aplicar las antiguas técnicas de oratoria. Muéstrate tal cual eres en realidad y llevarás las de ganar. Las palabras sencillas y las frases más bien cortas son las mejores. El uso de ejemplos y anécdotas también resulta útil para llegar al público. Asimismo, debes siempre mirar a los oyentes y mantener con ellos un contacto visual. Busca los rostros amistosos y pasa por alto los demás. Con práctica podrás detectar aquellas personas que se ven aburridas y separarlas de aquellas que muestran genuino interés en lo que dices.

Para los oradores profesionales resulta indispensable echar mano del humorismo; sin embargo, los demás deben evitarlo a menos que les sirva para subrayar algún punto y que lo empleen correctamente. No conviene iniciar así: “me sucedió algo gracioso en mi camino al auditorio”. Con ello no agregas nada al discurso y sí, en cambio, podrías echar por tierra el efecto de tus palabras.

II) Nunca te disculpes. Si cometes alguna falla, no hagas caso de ella; si tienes resfriado, ni siquiera lo menciones. Para tener confianza en uno mismo, debemos empezar a obrar como si la tuviéramos. Si se te olvida lo que estabas a punto de decir, no lo manifiestes de ninguna manera; recuerda que nadie en la audiencia lo sabrá, salvo que expresamente lo hayas mencionado. Más valdría repetir la última frase para tener así un respiro o cambiar de tema. El público espera del orador una buena actuación. Por eso están ahí, porque les interesa el tema de que vas a hablar. ¿Por qué habrías de decepcionarlo?

En caso de que sufras del llamado “pánico escénico”, no te inquietes por ello. Cierto grado de tensión nerviosa te será de provecho. Un maestro contaba a sus alumnos que es imposible eliminar por completo las mariposas que uno siente revolotear en el estómago, aunque sí podemos enseñarles a volar en formación.

III) Avanza al clímax. Este debe ser el objetivo final del discurso. Persíguelo a lo largo de la disertación y termina luego proponiendo medidas concretas y realizables. No retrases demasiado el final. Asegúrate de dejar de hablar antes de que los asistentes dejen de escuchar.

Aquí también se aplica el viejo dicho: “La práctica hace al maestro”. Aprovechemos cuantas oportunidades se nos presentan para hablar en público; el hacerlo así puede valernos enormes recompensas. Con la práctica, podrás hacer uso de la palabra como de un trampolín para alcanzar el éxito, así como una vida más satisfactoria y más completa.

 
Gracias a Lord_Areg por ayudarme a estructurar los artículos.
 
 

Nueve claves del Liderazgo

En nuestra sociedad, ser considerado un líder es el mayor halago. El liderazgo se ha convertido en un tónico, y la gente lo apetece muchísimo. Esto no es extraño. El liderazgo confiere cierto grado de poder, nos hace merecedores del respeto de los demás, y lo que es más importante, posibilita los logros. Desafortunadamente, las dotes de dirigente no pueden beberse como un tónico; deben cultivarse con esmero.

Al contrario de la creencia popular, la mayoría de los buenos líderes se forman; no nacen con el don de mando. Afinan sus habilidades en el diario vivir. Pero, ¿qué es lo que cultivan? ¿Cómo logran la adhesión de los demás? He aquí las siete claves maestras.

1.- Siempre reconoce el mérito
Muchos líderes señalan que la manera más eficaz de lograr que los demás se desempeñen bien es tratarlos como héroes. Felicitar en público a una persona que lo merece constituye la mejor técnica de liderazgo del mundo, y es, asimismo, un acto de generosidad que nunca se olvida.

El reconocimiento resulta más eficaz que la crítica más constructiva, la cual puede herir en vez de ayudar. Siempre es bueno sorprender a alguien que está haciendo algo bien. Y lo mejor es cuando se lo comunicas a todo el mundo. Con ello suscitarás lo más valioso con que cuenta un líder: la lealtad de los demás.

2.- Acepta riesgos calculados
Los mejores dirigentes saben que afrontar un riesgo no significa lanzarte al toro sin protección. Ningún paracaidista salta del aeroplano sin haber revisado previamente su paracaídas. Debido a que todo riesgo implica la posibilidad de fracaso, mucha gente suele esperar a que otros tomen la iniciativa. Pero si tú deseas ser un líder, debes aprender a fracasar, sin que ello signifique entregarse al remordimiento. Hay que levantarse y comenzar de nuevo: esto es signo de madurez.

3.- Muestra siempre el camino
¿Alguna vez te has percatado de que, si sonríes, la gente te devuelve la sonrisa? Bueno, pues si uno da, la gente trata de corresponder; si uno confía en sí mismo, la gente tiende a seguirlo. Quienquiera que tenga la seguridad de alcanzar una meta hallará respuesta en la gente, que le allanará el camino. Siempre debes ser como quieres que sean los demás. Esta es una regla básica para que se reflejen las propias acciones.

4.- Conserva la fe
Los líderes afortunados a menudo señalan que, confían en que los demás van a cumplir adecuadamente con su cometido, así ocurrirá. Por el contrario, si temen el fracaso de su gente, tales expectativas suelen cumplirse. W. Clement Stone sugiere que expreses tu fe en una carta. Según él, el ejecutivo que comunica la fe que tienen en sus vendedores y en su propio compromiso ante ellos puede motivarlos a romper récords.

De igual manera, el maestro que escribe notas de aliento a cada uno de sus alumnos a veces los impulsa a alturas insospechadas. La fe depositada en una persona le inspira confianza en sí misma, además de que le agrada. Esto puede parecer trillado, pero los expertos están de acuerdo en que la mayoría de las veces da resultados positvos.

5.- Fíjate un rumbo
La gente no sigue a nadie que no se dirija a un objetivo bien definido. Estée Lauder, la fundadora de la compañía de cosméticos que lleva su nombre, a conducido a miles de empleados a un gran éxito. Ella sostenía que todos los líderes que conoció en el mundo de los negocios establecen en su mente una imagen clara de lo que quieren conseguir, y nunca la pierden de vista.

6.- Representa tu papel
Los buenos dirigentes han aprendido a proyectar una imagen de triunfadores. Si acaso tienen sus momentos de duda, nunca lo demuestran; siempre actúan como si supieran hacia dónde van. Además, no descuidan la apariencia ni los modales. Su compañía suele ser grata, su conversación amena, y su comportamiento, en general, sereno y confiado.

7.- Sé competente
Dicen que el conocimiento es poder, y los verdaderos líderes saben que su experiencia y pericia son parte de su carisma. La maestría en el desempeño de alguna actividad atrae a la gente, y hace que busque consejo y dirección en quien la despliega.

8.- Fomenta el entusiasmo
Cuando la gente comprende la importancia de un trabajo, le dedica su capacidad mental. Pero cuando llega a entusiasmarse, vuelca su energía en la actividad. ¿La mejor manera de suscitar esta reacción? Ser entusiasta. Puedes no creerlo pero resulta contagioso.

9.- Delega
Todo líder, ya sea un jefe o alguien a quien se le ha encomendado una misión, sabe que no pude hacerlo todo solo. Siempre hay que delegar pequeñas piezas de trabajo a los subalternos. Esto les da importancia. Les hace saber que son parte de algo más grande y lo harán con gusto. También hay que reconocer a estas personas por el trabajo bien hecho ya que, al ser partes de un gran rompecabezas, compartirán todos y cada uno el éxito por la empresa terminada.

El Tiempo debe ser tu amigo

“Si el día tuviera unas horas más”. ¿Te resulta familiar esta frase? ¿Está tan atiborrada tu agenda, que te parece imposible sacarle un minuto más al día? Yo soy de las personas que tuvo una madre que nunca soñó con poseer tantos artilugios tecnológicos y, aún así, siempre dispuso de tiempo libre.

¿Qué está sucediendo? ¿Acaso no se suponía que la tecnología moderna iba a reducir nuestras horas de trabajo y darnos más tiempo libre? Todo parece indicar lo contrario.

Desde la invención del telégrafo hasta el fax, una y mil innovaciones tecnológicas han venido a satisfacer nuestra demanda de un ritmo de vida más acelerado, contribuyendo, a su vez, a intensificarlo. Los artefactos que se diseñaron para facilitar el trabajo ciertamente lograron su propósito, pero también elevaron el costo de la vida. Por esta razón, ahora son cada vez más las familias que deben subsistir con el salario de dos personas, trabajando horas extra o teniendo dos empleos.

Vivimos en guerra con el reloj. Buscando equilibrar nuestro turbulento horario de trabajo, ponemos en las paredes de la cocina largas listas de asuntos pendientes, y en cada teléfono un servicio de recados grabados. Adquirimos artefactos que prometen ahorrarnos tiempo; renunciamos a actividades tan placenteras como la lectura, por considerarlas un lujo de épocas pasadas; nos afanamos por hacer todo un poco más rápido que de ordinario, y nos sorprende ver que ninguna de esas medidas aligera la terrible presión del tiempo.

Existen dos formulas fundamentales para hacer las paces con el tiempo. La más común busca, ante todo, exprimir hasta el último segundo mediante una mejor planificación. la otra, menos tradicional, recomienda justamente lo contrario; es decir, reducir el volumen de las actividades y preocuparse menos por el tiempo, a fin de concentrarse en las cosas que realmente importan. El primer planteamiento puede exacerbar la sensación de estar viviendo en una constante carrera contra el reloj. Si no deseas caer en la trampa del tiempo, considera los siguientes consejos:

Pon al tiempo de tu parte. Cuanto más nos afanemos por controlar el tiempo, más nos controlará él a nosotros. En cuanto cesamos de lidiar con el tiempo, su carga se aligera. Así pues, dejémonos de querer “vencer” al tiempo; mejor trabajemos con él.

Lo primero que debes marcar en tu agenda es el tiempo libre que quieres para ti. Esos horarios deben ser intocables. Hay que reservarse un tiempo sagrado, el cual no debe alterarse por ningún motivo. Esta técnica resulta útil a quienes intentan sacarle un poco más de jugo a las horas del día.

Aprende a relajarte. En tiempos pasados la presión del tiempo no era tan intensa. Los inviernos de la infancia de las personas eran tranquilos. El trabajo se hacia cuando la tarea misma lo exigía; no según un programa establecido. Hasta fechas recientes, la pauta normal de actividad humana consistía en alternar periodos de gran tension con otros de reposo. Incluso hoy en día, quienes son dueños de su tiempo alternan periodos de arduo trabajo con otros de descanso.

“Los campeones de la eficiencia” prefieren trabajar intensamente durante un tiempo y luego darse un periodo de descanso, recuperación y reflexion creadora antes de emprender el siguiente ciclo.

Duerme la siesta. Imita a Sir Winston Churchill. En los días más difíciles de la Segunda Guerra Mundial, el gran estadista dormía sus siestas. El mismo comentó que gracias a ellas pudo trabajar cada noche hasta las dos de la mañana, o incluso más tarde. Otros que dormían siestas fueron Napoleón y Thomas Alva Edison.

Casi todos los investigadores del sueño opinan que tomar siestas con regularidad incrementa la agilidad mental y la vitalidad, y mejora el estado de ánimo.  Puedes dormir una siesta en tu hora de almuerzo del trabajo, por ejemplo.

Pierde el tiempo productivamente. A veces la mejor manera de efectuar una tarea es interrumpirla. Es aconsejable que la gente muy ocupada deje todo por la paz y salga a caminar media hora cuando no encuentre la solución a un problema. Si estás en casa, puedes tomar un libro o hacer una tarea domestica, en espera de que las soluciones afloren desde el subconsciente.

Más de una persona se horrorizaría hoy en día al ver que “se pierde el tiempo” en esa forma. No obstante, a primera vista, algunas de nuestras horas más productivas pueden parecer estériles. Los científicos, artistas y otros individuos creativos suelen pasarse largos lapsos sin hacer gran cosa, en espera de que germinen las ideas brillantes.

Aprovecha el “tiempo encontrado”. En general, no está en nuestra mano controlar las demoras que nos impone la vida diaria; lo que sí depende de nosotros es la forma de reaccionar ante ellas. Basta ver las cosas de un modo distinto, para que esos ratos que pasamos en un embotellamiento, formados en una fila o esperando un vuelo demorado, se conviertan en “tiempo encontrado”.

Frena la invasión tecnológica. La gente se deja impresionar a tal grado por la tecnología avanzada y sus promesas de bienestar, que no siempre la compara objetivamente con sus alternativas, aunque estas sean menos refinadas. No se justifica el tiempo que tardamos en limpiar el artefacto después de rebanar dos zanahorias. Resulta más práctico usar un cuchillo común.

Aquí no se trata de proscribir la tecnología, sino de que esta no tome las riendas de nuestra vida. La sensación de tener prisa parece incrementarse en forma directamente proporcional al número de artefactos “ahorradores de tiempo” de que se dispone.

Depura tu agenda familiar. Una familia intentó romper el circulo vicioso de la falta de tiempo haciendo una lista de cosas que le agradaba o desagradaba hacer, luego las compararon. Los resultados fueron asombrosos. Al padre le fastidiaba trabajar tantas horas extra; a la madre no la hacían muy feliz todas sus actividades de servicio social. A todos les encantaban las actividades compartidas en familia. Las familias que manejan mejor el estrés revisan periódicamente sus programas de actividades a fin de dedicar tiempo a la convivencia familiar. Si consideran que su agenda está sobrecargada, buscan la manera de eliminar algunas actividades.

En suma, programan su tiempo antes de que este ejerza una presión tal, que resulten afectadas las relaciones familiares.

Aprende a disfrutar plenamente de tus vacaciones. Es muy común querer aprovechar las vacaciones atiborrándolas de actividades. Pero unas vacaciones son buenas cuando te permiten olvidarte del tiempo. Para lograrlo, nada mejor que hacer a un lado todas las obligaciones o dedicarse a una actividad placentera que absorba del todo la atención.

Simplemente dí “no”.
La palabra más importante en el arte de equilibrar el tiempo es “no”, como cuando dices: “No; no tengo tiempo para esto”. “No” puede ser una palabra difícil de pronunciar. Despierta en nosotros el temor de no ser aceptados, de no ser respetados y, en particular, de no ser productivos. En realidad, el rehusar emprender más actividades nos puede hacer más productivos, ya que nos obliga a concentrar nuestra energía en unas cuantas tareas.

No resulta fácil depurar la agenda. Implica reconocer  que no podemos hacerlo todo; que tenemos que perdernos de alguna película; que nunca podremos tener la casa tan limpia como la tenía mamá; que nuestra trayectoria profesional tal vez no conduzca directamente a la cima como nos habíamos imaginado.

Y, ¿qué ganamos a cambio de todo ello? La más valiosa de las posesiones: tiempo.

Dedica tiempo a lo importante y triunfa

Una vez comencé a cavilar en la manera de cumplir cada día más tareas que el anterior y le pregunté a varias personas que yo consideraba triunfadoras cuál era el secreto que yo pudiera aprender para tener su mismo tipo de éxito. Uno me comentó que lo único que hacía era una lista de asuntos pendientes. En realidad no puse mucha atención a sus palabras y la razón era que no sospechaba la trascendencia de las mismas.

Días después invité a comer a un hombre de negocios importante de la ciudad y le hice la misma pregunta. Me contestó: “¡Muy sencillo! Hago mi lista de asuntos pendientes”.

Según me confió esta persona, lo primero que emprendía cada mañana era la elaboración de una lista de los asuntos que quería despachar ese día, y disponía sus tareas según el orden de importancia. En el curso del día iba tachando los renglones conforme cumplía las actividades que se había propuesto terminar, y añadía otras que se le ocurrían sobre la marcha. Por la noche examinaba la lista para ver cuántas órdenes de trabajo anotadas aquella mañana quedaban pendientes, y se ponía una calificación. Su meta era tachar cada día todos los renglones de su lista.

En los años transcurridos, desde entonces, siempre que hablé con gente triunfadora salió a relucir la dichosa lista de una u otra forma. Además he comprobado una diferencia entre la gente que está en la cumbre y la que no ha podido pasar del llano, y es que los primeros hacen su lista de asuntos pendientes todos los días, para aprovechar su tiempo al máximo; los que han quedado abajo, en cambio no hacen lo mismo.

La Lista
Como esa lista es fundamental para planificar nuestras labores, la estudiaremos atentamente.

Muchas personas tratan de llevar en la cabeza la lista de tareas pendientes, lo cual rara vez suerte efecto, y lo sé por experiencia propia. ¿Qué efecto tiene atiborrar la mente? Es más aconsejable dejarla despejada para que se ocupe de pensamientos creadores.

¿Que hay que anotar?
Aconsejo a quien esto está leyendo, que hagan caso omiso de las tareas rutinarias; escriban en la lista las cuestiones más importantes que no lograrán completar ese día si no se concentran en ellas. No olvidemos anotar las actividades relacionadas con ciertos objetivos a largo plazo. Aunque quizá parezca extraño ver que en la misma lista figuran anotaciones como “empezar a aprender swahili” o “actualizar el perfil en Facebook” y “llevar una lata de sardinas a casa”, todo esto representa logros fijados para un solo día. Y como el propósito de hacer la lista es emplearla a manera de guía para decidir qué haremos a continuación, también deberían estar incluidos en ella los proyectos de realización aún lejana.

El Orden de Prioridades
Algunas personas cumplen con la mayor cantidad posible de asuntos y logran un alto porcentaje de tareas terminadas. Pero su eficiencia deja mucho que desear, porque la mayoría de las tareas cumplidas son del tipo C (de mínima importancia). Otras siguen al pie de la letra el orden en que anotaron sus proyectos, sin tomar en cuenta la mayor importancia de lo que proponen. El mejor método consiste en clasificar nuestras tareas del día con las letras A, B y C, según su importancia, y en ejecutarlas en ese orden.

Si se te hace difícil fijar y seguir ese orden, he observado que resulta conveniente anotar en una hoja las tareas tipo A y B, y en otra las de tipo C, que son más numerosas. Colocamos la primera hoja encima de la segunda, y cada vez que la levantamos para emprender algo marcado con la letra C, advertiremos que no estamos aprovechando el tiempo como es debido. Recordemos que lo principal no estriba en cumplir todo lo anotado en la lista, sino en utilizar el tiempo del modo más eficiente.

Una de las razones que impulsa a muchísimas personas a emplear demasiado tiempo en fruslerías es el afán de sentirse eficientes, aunque muchas de sus obras carezcan de importancia. Ordenar la mesa de trabajo, por ejemplo, no es labor que podamos incluir en el grupo A, pero los resultados saltan a la vista en seguida. El ama de casa que consigue otra receta de cocina al parecer delicioso, aunque tiene ya recortes de 500 que jamás ha cocinado, puede engañarse pensando que hacer acopio de fórmulas la convierte en una gran Chef, cuando en realidad, más que nada, es una excelente coleccionista de recetas.

Por otra parte, muchas actividades de importancia no se pueden hacer bien al primer intento, por su misma índole, pues los problemas que plantean son nuevos e inciertos. Dedicarse a esas tareas implica riesgos, previstos e imprevistos, que a veces nos llevan al fracaso. ¿Qué de extraño hay en que tratemos de hacer lo que sin duda nos saldrá bien? Caemos a menudo en la tentación de cumplir lo más fácil de lo anotado en la lista, entre lo marcado con la letra C, y luego nos justificamos diciéndonos que estamos despejando el camino para concentrarnos posteriormente en la categoría A.

Existe una reglita para ayudar a estas personas: la regla del 80/20, que nos dice: “Si todo se ordenara según su valor, el 80% del valor total correspondería a un escaso 20% de las tareas anotadas, mientras que el 80% de éstas sólo sumarían el 20% del valor”. Por si no entendieron nada, déjenme explicarles que esta norma significa que, en una lista de 10 labores por cumplir, hacer dos de ellas rendirá el máximo (el 80%). Busquemos esas dos actividades, anotémosla como letra A y procedamos con ella.

Muchos asuntos e tipo C podrían convertirse en lo que yo suelo calificar de “CZ”. Los renglones CZ son los que podemos postergar indefinidamente sin ningún riesgo. En esta categoría figuran: regar el jardín cuando parece que va a llover; hacer el inventario de la alacena (si no ha habido cambios de importancia en 15 días); limpiar el piso del garage, etc. Todos podemos pensar en infinidad de cosas demasiado triviales para que nos preocupen, o que se arreglarán a su debido tiempo. De cualquier modo, llegará el momento en que esas actividades entren a la categoría A (en algún momento el jardín puede llegar a estar tan tupido que puedas divisar un alce comiendo de tu basura).

Si podemos dejar para otro día ciertos quehaceres, como sacudir, limpiar el piso, archivar o revisar, desentendámonos de ellos. Habremos pasado menos parte de nuestra vida haciendo esas cosas. Si resistimos a la tentación de consagrarnos a  tareas de tipo C, será cada vez mayor el número de las que clasificaremos como CZ. Conviene preguntarnos: “¿Serían terribles las consecuencias de postergar esta tarea C?” Si la respuesta es: “No tanto”, pasemos a otra cosa. En cambio, concentrémonos en las actividades de tipo A; saquémosle jugo al tiempo.

 
Ahora, si me permiten, debo tachar el renglón en la hoja para indicar que el artículo ya ha sido subido al blog.
 

Sarmy echa un ojo a las dietas

 

 

Sin duda, la única manera prudente y efectiva de adelgazar consiste en someterse a un regular, planificado y concienzudo programa de compra de los más recientes libros de dietas. He aquí algunos que recomiendo:

La dieta medica y científica del guapo doctor Pepillo, La dieta total para la mujer solitaria. La dieta de la luna del Perro Guarumo, Cómo perder kilos aprovechando el estrés diario.

Los dos mejores libros de dietas son sin duda Los postres hacen engordar, y Cómo me dio un infarto por estar tan gordo. Ambos best sellers. Sobre el primer libro, el autor tiene la teoría de que la gente engorda porque come demasiados postres; por tanto, el propósito de su dieta es alentarnos a eliminar los postres tradicionales.

¿Es adecuado tu peso?
Para contestar esta pregunta, consulta el cuadro que aparece abajo. Tal vez descubras que estás sobrado de peso. ¿La causa? Que comes demasiados alimentos.

A. Definitivamente, puede obtener beneficios al adelgazar.
B. No hay duda, tienes problemas con tu peso.
C. Según indica tu peso, debes empezar una dieta ya.
D. Es claro que no te perjudicaría adelgazar un poco.
E. Soportas un peso excesivo para tu complexión.
F. Debes esforzarte más por controlar tu peso.

Engordas porque ingieres demasiados alimentos con alto contenido en “calorías”. La caloría es un término científico y se define como aquella pequeña unidad con que se mide cuán sabrosos son ciertos alimentos. Las pastas de chocolate, por ejemplo, contiene muchísimas calorías, mientras que el apio ?que en realidad no es un alimento, sino sólo un miembro de la familia de la madera terciada? no contiene ninguna.

Razón por la que debes fijarte en lo que comes
En la época de nuestros antepasados, nadie tenía que preocuparse por una nutrición adecuada, porque la gente vivía en granjas y comía alimentos saludables, naturales. Cuando hacía falta carne, simplemente salían a rebanarle una sección a la vaca de la familia. Si necesitaban pan, no tenían más que cortar un poco de trigo, que luego trillaban, para después ponerse a moler el grano y, por último, decían: “¡Al diablo con esto, cenaremos otra sección de vaca!”

Desafortunadamente, hoy la mayoría de las vacas se crían en gigantescas corporaciones multinacionales, que las alimentan día y noche con extrañas sustancias preservativas, con la intención expresa de matar a los inocentes consumidores. Muchas vacas tienen tantas sustancias químicas en sus torrentes circulatorios que estallan en los pastizales y dejan atrás nubes de gases verdosos que provocan la lluvia ácida.

Y tenemos el mismo problema con el pan blanco y el azucar refinado, pues ambos, al ingerirlos, causan la muerte en pocas horas. Por ello es muy importante, en el mundo actual, fijarse en lo que uno come; por lo menos hasta que se lo mete a la boca. Después el espectáculo es muy desagradable.

NOTA:  Nunca debes olvidar que una dieta balanceada debe considerar los tres grupos básicos nutruicionales: el grupo batidoso, el grupo dulzoso y el grupo chocolatoso.
Cómo funciona el aparato digestivo
La tarea del aparato digestivo es transformar el alimento en partes útiles para el cuerpo. Por una cuestión evolutiva de millones de años, para ahorrarse muchos problemas, el aparato digestivo ha establecido un procedimiento por el cual convierte cada alimento en la parte del organismo más semejante a él. Así pues, los huevos duros se convierten en globos oculares; y la coliflor, en sesos, etcétera. Si comes algo que no se parece a ninguna parte conocida del cuerpo, como los caramelos rellenos de licor, el organismo los convierte en grasa.

Lo que se puede averiguar en las etiquetas
Prácticamente nada. Las etiquetas de todos los envases están redactadas en una jerga especializada como: “Este producto contiene no menos del 0.5% de hipoglutonio requetehidroxilado o sulfato de pipiripío del extracto de soya vírgen, lo que ocurra primero”. Cuanto más numerosos sean los términos técnicos que encuentres, tanto más probabe será que el redactor de la etiqueta tenga algo que ocultar.

Las vitaminas
Las vitaminas son unas pildoritas que a alguien se le ocurrió bautizar como A, B, C, D, E y K, que los nutriólogos nos recomiendan en ciertas cantidades. Han de ser muy pocas las vitaminas existentes en virtud de no haber encontrado en ningún libro una vitamina R ó Y.
En general, los médicos menosprecian la importancia de las vitaminas, pero según ciertos estudios (realmente creo que deben haber estudios) esto se debe a que uno puede introducirlas en el cuerpo sin la ayuda del galeno. Si la única manera de introducirlas en el cuerpo consistiera en que un equipo de cirujanos implantara en la cabeza del paciente una puertecita especial con valor de 100 mil dólares, los médicos considerarían a las vitaminas como lo máximo, después de los automóviles de lujo alemanes.

La verdad es que las vitaminas son muy buenas para todos, y cada mañana debemos tomar una pildorita de vitamina A, seguida de vitamina D, y luego, de la E, etcétera. Quizá obtengamos así las vitaminas suficientes, pero debemos mantenernos constantemente alerta por si aparecen los Tres Principales Signos de Advertencia de las Deficiencias Vitamínicas: 1) hemorragias nasales, 2) capas extraordinariamente gruesas en los gusanos peludos y 3) la muerte.

 

Cuando iniciar una nueva dieta
Hoy no, por supuesto. ¡Tú ya has hecho bastante por ahora! Y también descartaría yo el día de mañana, al ver que llega demasiado pronto, después de hoy. Diría que el mejor momento para comenzar sería inmediatamente después de la Semana Santa, aunque no sea la próxima.

 

 

El trabajo no siempre es prioridad

Una vez vi a un amigo pasear con sus hijos en el parque. Jugaban y se divertían como si todo el mundo fuera para ellos. Mi amigo se veía tan despreocupado y feliz que difícilmente alguien creería que se encarga del pabellón de urgencias pediátricas en un conocido hospital.

De pronto me pregunté cómo hay personas como mi amigo, que se dedican toda la semana a atender víctimas de violaciones, investigar crímenes espantosos o buscar restos de aviones en altamar, y el domingo por la tarde todavía tener ánimos para asistir a un partido de futbol escolar de sus hijos.

A la mayoría que trabajamos, la profesión nos exige tanto tiempo y atención como un cónyuge o un hijo. Aún así, los que creemos estar sobrecargados de trabajo podemos aprender mucho de quienes realmente lo están.

Si hay quienes no podemos impedir que las presiones del trabajo contaminen las demás áreas de nuestra vida, ¿cómo lo consiguen ellos? Más importante aún, ¿por qué ellos pueden y nosotros no? Si les preguntamos su secreto, responden que todo es cuestión de no perder de vista las prioridades.

“Trabajar en el pabellón de pacientes quemados y ver lo que puede hacer el fuego me da la impresión de estar en el infierno”, dice la reverenda Carolyn Yard. La religiosa recuerda que en una ocasión acunó a un niño de cuatro años que tenía llagas supurantes porque su madre le había echado lejía. “Cuando una ha estado en el infierno, dejan de preocuparle los pequeños problemas terrenales”, concluye.

Otros hablan de construir un muro a su alrededor y guardar una prudente distancia emocional. Saben poner límites, como si dijeran: “Estoy dispuesto a dar esto de mí mismo, pero ni un ápice más”. Levantar un muro es el secreto para afrontar el dolor. Es la única manera de darse espacio para vivir, la única forma de cumplir con nuestros deberes.

Esta es una lección para quienes tenemos un trabajo que, aún sin ser cuestión de vida o muerte, nos absorbe. La única manera de cumplir con él es darse un respiro cada cierto tiempo. Llegar a casa, olvidar el trabajo y ponernos a hacer lo que más placer nos da. Sonreírles a nuestros hijos, aunque por dentro estemos llorando la pérdida de un paciente. Apagar nuestro cerebro aunque tengamos un trabajo urgente que entregar, para ir al lado de nuestro ser amado, pareja o esposo, y así tener ánimo para volver a trabajar el día siguiente y empezarlo todo de nuevo.

Cómo superar crisis y adversidades

Mucha gente temía que las cicatrices imborrables de su experiencia atormentaran para siempre a los 52 estadounidenses mantenidos como rehenes, durante 444 días, en Irán. Pero lo sorprendente fue que desde que fueron liberados el 20 de enero de 1981, la mayoría de ellos recuperaron el vigor, reanudando el camino truncado de su vida y proseguido su carrera. Muchos afirman haber salido fortalecidos de su penosa aventura.

Esto al psicólogo Julius Segal, interesado en los efectos del cautiverio, no le sorprendió. Los resultados fueron los mismos cuando revisó a los estadounidenses que regresaron después de haber estado como prisioneros de guerra en Vietnam. Durante años, estos individuos estuvieron aislados, se les torturó y explotó. A pesar de todo, resultaron ser más fuertes de lo que muchos especialistas en salud mental hubieran podido imaginar.

¿Qué es lo que permite a estas víctimas sobrevivir a la adversidad con entereza y fuerza? Cierto es que cada persona posee un modo singular de enfrentarse a los problemas, pero en el triunfo de los que vencen el cautiverio hay enseñanzas fundamentales para todos.

Aún cuando pocos de nosotros habremos de ser prisioneros de guerra o rehenes políticos, en cualquier momento seremos cautivos de una tensión abrumadora. Para algunos, esta puede provenir de una enfermedad; para otros, de un aplastante fracaso; para algunos más, del dolor causado por la desavenencias o penas familiares.

Segal cree que existen cuatro principios básicos que permiten a los cautivos de la tensión, sobrevivir y, a menudo, fortalecerse. Dichos principios sobresalen con mayor intensidad en la experiencia de los que han debido soportar el cautiverio físico, pero también se han identificado en la vida de personas comunes y corrientes que se enfrentan a un infortunio agobiante.

Si aplicas estos principios, también saldrás fortalecido de las épocas de crisis.

Conserva el contacto con tus semejantes. Por sobre todas las cosas, aún el ser humano más fuerte necesita el apoyo de sus semejantes en tiempos difíciles. La comunicación y el apoyo de los demás resultan vitales en tiempos de adversidad. A veces necesitamos el consejo de un amigo prudente, y en otras, simplemente una palabra de aliento. No obstante, muchas personas vuelven la mirada en la dirección opuesta cuando se enfrentan a una situación difícil.

Un amigo íntimo o un pariente puede proporcionarte la fuente de esperanza que necesitas cuando te encuentras sumido en el estrés. También puedes encontrar ayuda en un médico, un sacerdote, un rabino o un siquiatra. Lo que importa es encontrar a alguien que pueda darte apoyo moral.

Ayuda a otros que también tengan problemas. Hasta hoy, la autocompasión nunca ha aumentado la resistencia síquica de nadie. En cambio, la compasión por los demás —rechazar el papel de mártir y dirigir la atención hacia el exterior—  ejerce un notable efecto curativo. Esta actitud tiene beneficios recíprocos. Al cuidar a otros, los prisioneros de guerra, por ejemplo, se sentían mejor consigo mismos. Los fortalecía muchísimo en su interminable drama.

Cuando nos enfrentamos a nuestras propias crisis vitales, suele ser muy fácil olvidarnos de las necesidades de quienes nos rodean. Las experiencias de los cautivos demuestran que, en estas circunstancias, los actos de compasión pueden ayudarnos a enfrentar nuestras propias tragedias.

Conserva dominio sobre tu vida cotidiana. Para muchas personas que han estado en cautiverio, el peor aspecto de la dura prueba fue darse cuenta de que estaban en poder de sus enemigos. La mayoría de los que triunfaron frente a la adversidad encontraron formas de conservar cierto gobierno de su destino.

Cada vez que un guardia iraní entraba al cuarto de uno de los prisioneros, un rehén lo saludaba con el saludo tradicional islámico: Salaam aleykum, si el individuo no respondía, el rehén repetía el saludo una y otra vez, pues sabía que la ley islámica obligaba al guardia a corresponder a este cortés saludo. En esta forma tan trivial, el prisionero lograba indicarle a su captor —y lo más importante, a sí mismo— que podía mantener cierto dominio aún en el reducido espacio de una celda.

Actos triunfales como estos trasmiten un poderoso mensaje: es posible superar las crisis de la vida si evitamos convertirnos en víctimas pasivas del destino, paralizadas por un abrumador sentimiento de debilidad y vulnerabilidad. Como los reclusos, cada uno de nosotros necesita idear subterfugios para no olvidar nuestra indestructible capacidad de decidir nuestra propia suerte.

Ten confianza en tu fortaleza interior. Como rara vez nos vemos obligados a poner a prueba nuestra resistencia mental, carecemos de un patrón para saber cuán fuertes somos en realidad. Los sobrevivientes del cautiverio son testimonios vivientes de nuestro increíble potencial de resistencia.

El estadounidense que estuvo más tiempo preso en Vietnam, Everett Alvarez, pasó casi diez años en prisiones de guerra. Llegó a enfermar y más de deprimió al saber que su esposa había decidido disolver el matrimonio. Ocho años después de ser liberado, la gente aún le preguntaba cómo pudo ser posible que haya logrado sobrevivir. El contestaba: “Usted también lo habría hecho. Pero las personas no confían lo suficiente en sí mismas”.

Tiene razón, desde luego. Con demasiada frecuencia nos enfrentamos a las tensiones convencidos de que resultaremos debilitados —incluso destruidos—  por ellas. Rara vez suponemos la enorme dimension de nuestras capacidades.

¿Resoluciones de año nuevo? Cúmplelas

 

Ya lo sé; seguramente has tratado más de una vez deempezar lo que se llama “una vida nueva”. Con frecuencia, eso implica cambiartodo de sopetón: los hábitos de consumo, de alimentación, la ingesta desustancias estimulantes o depresoras, la actividad física, las horas frente altelevisor, la vida familiar y, por si fuera poco, las pautas de estudio. Sinembargo, muchos proyectos de “vida nueva” fracasan en las primeras semanas.seguramente su propia experiencia y la de sus amigos y familiares confirmanesto una y otra vez.

 

Al ayudar a las personas a hacer cambios, ya se tratede emplear el tiempo más racionalmente o de mejorar el propio talento comosupervisor o negociador, la clave es siempre la misma: la oportunidad decambiar para bien se basa en una actitud realista. Reconoce qué hechos hacennecesario el cambio en tu caso, y qué factores te han llevado a tu situaciónactual.

 

¿Por que fallamos tan a menudo en nuestradeterminación de transformarnos? Esto sucede porque las personas somos productode nuestros hábitos Si llevas años fumando, dejar el cigarrillo puede ser comotratar de amputarse un brazo. Refugiarse en los mundos ilusorios de latelevisión o los videojuegos para huir de las dificultades de una relacióníntima es una forma de satisfacer necesidades inmediatas. En cambio, crearseuna vida de más calidad exige un esfuerzo, es decir, un aplazamiento de lagratificación.

 

Otra barrera al cambio es nuestra tendencia a mantenerel equilibrio de las cosas. En biología, a este fenómeno se le conoce comohomeostasia, y es lo que mantiene constantes la temperatura y el pesocorporales, así como el estado de ánimo. El equilibrio del cuerpo y la mente esuno de los objetivos más importantes de la persona. Un cambio, aunque sea buenoy necesario, siempre implica romper “el equilibrio”.

 

Eso explica por qué la sensación de hambre que nosprovoca seguir un régimen puede volverse irresistible. Es entonces querenunciamos a adelgazar pretextando cualquier cosa, como haber contraído unagripe. Librarse de una adicción a los medios de comunicación, uno de cuyossíntomas es seguir los noticiarios con avidez, provoca inseguridad en algunaspersonas por no saber que ocurre en el mundo.

 

Quizá la causa principal de que no llevemos a lapráctica nuestras resoluciones es la imagen que tenemos nosotros mismos. Lamanera en que nos vemos es la fuerza más poderosa de nuestra existencia.Actuamos de acuerdo con la manera en que nos percibimos.

 

Para poder zafarse de las garras de la televisión odel refrigerador, primero tiene uno que soltar su imagen de sí mismo, lo queentraña crearse nuevos valores, modificar el concepto de quién es uno y cambiarlas asociaciones que hace con modos alternativos de vivir. El dolor muscular enlas nalgas y los hombros que produce una caminata vigorosa debe llegar a sermás placentero que estar sentado en un sofá jugando Metal Gear Solid 3 por 4horas sin descanso. Suena difícil, no tienes que decírmelo, lo es. Pero milesde personas consiguen disfrutar más el ejercicio que el placer fácil.

Los buenos propósitos suelen fracasar por causas defuerza mayor: dolores misteriosos, gripes, presiones de trabajo, fiestasque no te puedes perder y los excelentes episodios de LOST. A veces el estréses tan grande que hay que aliviarlo recurriendo a los medios que uno se hapropuesto renunciar. Sentimos que nos hemos ganado esa cerveza o aquellagalletita, quizá un cigarrillo o hasta una tarde entera de no hacer nada. Esterazonamiento es producto del subconsciente, que trata de regresar al estadoanterior y suspender cualquier esfuerzo de cambio que esté rompiendo elequilibrio.

 

Hay siete leyes que determinan si se va a poder operarel cambio, así como la probabilidad de de que éste sea permanente. El secretoradica en abandonar el idealismo.

 

Ley número 1. Haz cambios inmediatos en tushábitos

Cuando uno está tratando de adelgazar, pesarse omirarse continuamente en el espejo puede resultar deprimente. La pérdida depeso es tan lenta que uno no soporta la diferencia entre el objetivo y larealidad presente.

 

Juegas aventuras de survival horror en alguna de lasconsolas del mercado sólo para ganar. Quienes se han vuelto prisioneros de susmetas empiezan a apretar los controles, se muestran descontentos con las insignificanciade su progreso y acaban por sucumbir a la frustración.

 

El método más eficaces fijarse como único objetivo uncambio inmediato en el comportamiento. ¿Qué importa que te apriete el cinturónsi hoy consigues comer poco? ¿Qué importa que te maten al personaje losenemigos antes de la pelea principal con el jefe más vicioso del juego?¿Realmente importa? Pónte objetivos de cuyo cumplimiento puedas ufanarte.

 

No pienses en cosas que no puedas lograr en estemomento. La tiranía del objetivo te lleva a compararte injustamente con unresultado lejano.

 

Ley número 2. Busca apoyo en tus compañerosde destino.

Por increíble que parezca habrá personas que noquerrán que consigas tu objetivo. El que se esfuerza por salir adelante haceque los demás se sientan empantanados, a muchos los han llamado “locos” cuando,llenos de entusiasmo, han cometido el error de hablar a otros del cambio queestán haciendo. Al que quiere dejar de beber le ofrecen tragos, y al que quierebajar de peso, una rebanada de pastel.

 

En la comunidad humana se nos trata exactamente comohemos enseñado a los demás a tratarnos. Si llevas años mostrándole a todo elmundo que eres fumador, que huyes del ejercicio como de la peste, que te pasasel día viendo televisión, y de pronto cambias de comportamiento a ojos vistas yempiezas a nadar y a comer verduras, ¿qué puedes esperar? Burlas, regaños yexpresiones de preocupación.

 

Sorprendentemente, las personas que más se oponen a tucambio son precisamente las que más te lo han exigido. Los que siempre hanestado ahí bebiendo o fumando contigo.
Si quieres tener un apoyo desinteresado y abierto, lo mejor es que busquespersonas que compartan tus objetivos. El éxito de grupos como AlcohólicosAnónimos y de Weight Watchers radica en que personas que tienen los mismosproblemas se apoyan entre sí. Así pues, busca la ayuda de las personasindicadas: otros “locos” como tú. Juntos son más fuertes y pueden lograrlo.

 

Ley número 3. Realiza los cambios porpartes.

Es incómodo vivir en una casa que está en remodelación.Si decides enderezar muchas cosas de tu vida al mismo tiempo, es probable queque no consigas nada. Habrá obstáculos físicos, mentales y sociales que harándesagradable el cambio. Los viejos hábitos, que representan un terreno familiary acogedor, pueden reaparecer casi imperceptiblemente y ser bien recibidos.

 

Si quieres cambiar todo un conjunto de cosas como, porejemplo, tu sedentarismo, tu adicción al cigarrillo y al alcohol, tu excesivogusto por la comida y tu afición a la televisión, empieza con uno solo de estos“vicios”. Deja que los otros te sirvan de refugio temporal cuando la aversiónal cambio se haga más intensa.

 

Una costumbre que domina nuestra vida es como unaobsesión. Brinda seguridad a una mente aprensiva. Cuando se renuncia a unhabito como fumar, el comer en exceso es una manera natural de compensar laseguridad perdida (por eso muchas personas que han abandonado el habito defumar, terminan gordos).

 

Las observaciones de ciertos especialistas hanmostrado que los cambios importantes (por ejemplo, empezar a hacer ejercicio,dejar de beber, de fumar o de comer en exceso frituras) se llevan entre dos atres años. Después de todo, no se puede aprender de la noche a la mañana atrabajar intensamente o a ejercitarse como un atleta profesional. Lograr uncambio significativo requiere años de someterse a esfuerzos y sacrificio.

 

Se puede empezar por jugar a algún juego de pelota opatinar en vez de quedarte acostado en el sofá. Sólo piensa en lo divertido quepuede ser ejercitarse y convivir un rato con tu hijo, hermano o novia. Despuésde eso podrías sustituir los bocadillos llenos de calorías por crujientes ysabrosas galletas de centeno, y el cigarrillo por alguna adicción menos dañina.Hay personas que, al mismo tiempo, han pasado de beber mucho a hacerlo conmoderación. Cuando se avanza poco a poco, la autoestima crece y aumenta lacapacidad para hacer frente al siguiente reto.

 

Ley Número 4. No renuncies a nada.

No queremos renunciar a nada de lo que consideramosimportante. Antes bien, siempre queremos más.

 

¿Por qué a la larga se alcanzan mejores resultados conel método de los Weight Watchers —que consiste en dieta y ejercicio combinadoscon el espíritu de grupo— que con las dietas milagrosas, cuyos efectos, sinembargo, pueden ser inmediatos? Bueno, porque las personas que acuden a estecentro no tienen que renunciar a nada; al contrario, además de bajar de pesoempiezan a comer mejor y hacen muchos amigos nuevos. Es importante ver elcambio a la luz de las cosas que uno gana.
Ley número 5. Disfruta el progreso.

Mientras más rápidamente quieras obtener resultadospermanentes, será menos probable que tengas éxito y tus logros serán tan sólotemporales. Los resultados que se obtienen poco a poco suelen ser duraderos.

 

Cuando se trata de adelgazar tan sólo ingiriendo menoscalorías, el metabolismo se vuelve más lento, el organismo almacena grasa amayor velocidad, y entonces se vuelve probable que uno renuncie al intento.Cuando se baja de peso poco a poco, el organismo y la mente acceden mejor alcambio.

 

Ley número 6. Resalta tus cualidades.

La gente no quiere cambiar, y quizá no sea capaz dehacerlo. Lo que somos hoy es, en esencia lo que fuimos en nuestra juventud. Yno es probable que se produzcan muchos cambios en las siguientes décadas.

 

Pero sí que podemos desarrollarnos y crecer a travésde nuestros talentos, cualidades y habilidades. El cambio se producirá sólo siadquieres una imagen nueva de ti mismo, y esa imagen tiene sus raíces en tuvida anterior. Así, definirás tu identidad en función de tus nuevos hábitos

 

Los esclavos del tabaco o del alcohol no sólo fuman obeben constantemente. Si tú fumas o bebes de vez en cuando y siempre enocasiones especiales, eres libre de escoger tu relación con esas adicciones.Hay una gran diferencia entre beber socialmente y ser un ebrio borracho ycochino.

 

Nadie alcanza jamás la perfección, por muy competenteque seas en algunas cosas de la vida. Reconoce y controla tus debilidades, peroprocura que tus puntos fuertes cuenten más.

 

Ley número 7. Ya no te sientas culpable.

No se puede dejar de fumar mágicamente. Tampoco sepuede dejar de comer en exceso por el mero hecho de sentirse culpable. Deseosloables como “Me gustaría estar más delgada” u “Ojalá dejara de fumar”nos hacen sentir culpables y torpes. A su vez, refuerzan la conducta que dioorigen al sentimiento de culpa y de la cual queremos liberarnos.

 

El grito de batalla de los mentirosos y perdedores es“Lo estoy intentando”. Decir “Debería…” es una manera deculparse antes de que lo hagan los demás. Decir “Tengo que…” le quitael placer a cualquier cosa que vayas a hacer. “Espero poder hacerlo” Sí,claro; eso es la carta a Santa Claus de una persona irresponsable que no hamadurado.

 

La obsesión sana puede llenar el vacío que quedacuando una adicción nociva logra desterrarse. Dicho de otro modo, necesitamosactividades sustitutivas: es más fácil dejar de fumar si adquirimos una pequeñaobsesión que reemplace el cigarrillo, como hacer ejercicio. Podemos dejar deconsumir comida chatarra si nos acostumbramos a comer regularmente comidasaludable. Sobre todo, no busques la perfección, porque ésta es el peor enemigodel que trata de lograr algo.