El día que fuiste mejor que los demás

Caminas por la calle pensando que el mundo es tuyo, que nada puede acabar contigo, que esa panda de hijos de puta con los que te cruzas por la calle te va a lamer el escroto si así lo deseas. Te la suda que llueva; es más, hasta lo agradeces, para ver si así cualquier desgraciado/a sufre una pulmonía. Te pones a escuchar Wildflowers, de Tom Petty, un discazo tremendo (notas la mano de su productor, Rick Rubin, y te regocijas en tu inteligencia), aunque atípico en tus gustos, que te regala una enorme serenidad y paz mientras te diriges a la biblioteca de Alcalá con una sonrisa estúpida que exhala autosuficiencia en diez kilómetros a la redonda.

Abres el portátil, lo enciendes, te conectas al MSN, escribes un rato. Todo va bien y está en vistas a ir mejor. Sólo es cuestión de tiempo que alguien lo joda.

– ¿Perdone? – Una mujer entrada en años, rubia, pelo corto, con un paraguas en la mano. En su expresión se puede notar una cierta costumbre a la posición autoritaria.

Dígame. – Te ha jodido el solo de armónica. Hija de puta.

Verá, no puede poner el portátil aquí. Si alguien quiere usar el ordenador, no podrá. Váyase a cualquier mesa por ahí. – De acuerdo, pero si te das cuenta, son las tres y media de la tarde y no hay un maldito alma por aquí.

– ¿Y dónde me puedo instalar? – Adiós el ying, el yang, el zen y la madre que los parió.

– Mire. Aquí. – Te señala una zona en la que pone "Referencia", donde parece que uno se dedica a coger ciertos libros y leerlos rápidamente. Me parece que molesto ahí a más gente que donde estoy.

– Vale… muchas gracias. – Cada día te salen sonrisas más sarcásticas. Es acojonante.

Piensas que esa mujer probablemente morirá sola. Te sientes mejor. Vuelve el zen.

Y aquí estás, oyendo It’s good to be king. Porque te da igual que vengan a joderte sin ninguna razón, porque tú eres el rey.

Yippie Ki Yay, motherfuckers.