Impulsos violentos

Condemned 2

Hay un grupo de gente, cada vez mayor, que habla de lo irracional que es la violencia en la vida diaria. Dicen que ver una película violenta te provoca que la imites, que leer libros con protagonistas psicópatas te incita a ser uno más, y dicen, sobre todo, que ser consumidor asiduo de videojuegos de este tipo hace que te identifiques "demasiado" con el protagonista.
 
En mi caso, en cambio, una medida justa de violencia marca la diferencia entre un mal día y un buen día.
No llego a los extremos de Thomas Hobbes, ese filósofo que dice aquello de "el hombre es un lobo para el hombre", pero estoy bastante seguro de que todos tenemos algo violento dentro nuestra. El cómo lo exterioricemos depende de nosotros: en algunos casos, personas se hacen daño a sí mismas o a los que más aprecian; en otros, directamente, se dedican a aporrear al primero que les mire mal.
 
He disfrutado de una especialmente monótona Semana Santa, cosa que me hacía falta después del trajín que llevo dándome estos meses con las noventa cosas que ocupan mi cabeza (MeriStation incluida, claro). Tampoco se piensen que soy un nerd recluido, nada más lejos. Pero le he dado mucho tiempo a mi mala hostia para que crezca, así que cuando me ponga en el papel de Ethan Tomas una vez más, no serán sus demonios contra los que luche, sino los míos propios.
 
Así que si alguien mi entorno se libra de una buena gracias a Condemned 2, que luego se atreva a decir que la violencia lúdica perjudica.