Ironías, curiosidades y casualidades

Alcalá de Henares.

Probablemente, la ciudad más irónica de mi vida.

Si tuviéramos que establecer un paralelismo, si hubiese que hacer una comparación de esas que provocan una sonrisa, sería con cualquier película de Woody Allen: al principio todo parece normal, cotidiano, luego las cosas se van de madre hasta puntos absurdos, y, por último, te das cuenta de que realmente ocurre todo de una forma tan lógica como increíblemente estúpida.

Alcalá de Henares es uno de los focos de turismo en nuestro país, no en vano existen edificios emblemáticos como su Universidad, la casa del señor Cervantes y alguna catedral o algo de eso. Por ello, debería de estar especialmente bien comunicada con Madrid, pero no es así: sólo cuatro malditos trenes directos hacia allí al día, y ni siquiera pasan por Atocha.

También me llama la atención lo jodidamente bien estructurada que está. Primero tenemos la Plaza Cervantes, la calle Mayor y demás lugares interesantes, apiñados todos, y luego está el resto: la ciudad, edificios antiguos, delincuencia, calles sucias… ¿verdad que digo cosas tan obvias en el fondo que parece estúpido que las esté escribiendo?

En mi caso, siempre tuve especial estima por esa pequeña zona. La visité tropecientas veces con el colegio (como la gran mayoría de madrileños), y la veía como un santuario cultural, alejado del mal ambiente. Luego crecí, y por circunstancias de la vida me he visto atrapado a ella como si fuese fan de una franquicia videojueguil famosa que hace tiempo se fue al carajo.

Realmente, si Dios existe, su sentido del humor tiene cojones.

Californication (ShowTime ha cogido la buena costumbre de hacer productos escandalosos) es una serie como Alcalá de Henares. Obvia al principio, inesperada después, y finalmente tan lógica que parecería estúpido no hacer otra cosa con ello. David Duchovny, nuestro Mulder de toda la vida, nos acerca al lado más tórrido y a la vez íntimo del ser humano, hacia el fracaso, hacia la satisfacción personal (el último objetivo de toda persona, aunque a veces parezca que al resto se le olvida). No sé si será parecida a Anatomía de Grey porque no estoy preparado para ver a médicos retozar durante una temporada, por mucho que en la segunda se vuelvan más profundos.

Ironías de la vida, mientras veía un capítulo en la biblioteca desde donde escribo, apareció una becaria y miró a la pantalla. Justamente, tocó que viese una escena donde se ve a Hank, el divertido, sincero y complejo protagonista, fornicando salvajemente con uno de sus muchos ligues, así que ahora pensará dos cosas: 1. que cuando vuelva al mostrador para pedirle algo, piense que soy un guarro de campeonato; y 2. que Californication va de coños y tetas. Lo mejor es que no se equivoca en lo segundo.

Y es que así es todo, tan lógico como estúpido.