Un pequeño tributo a: La máquina de escribir

 

Hacía lustros que no continuaba con esta sección.Prácticamente la daba ya por muerta… Para los rezagados, recordar que en estasección se rinde un pequeño homenaje a ítems, objetos y toda clase deartilugios de los videojuegos que más de una vez nos han salvado nuestrodeprimente pellejo y nos han sido tremendamente útiles y valiosos a lo largo denuestras aventuras.

La reseña de hoy va dedicada a un objeto que siempre hasido sinónimo de seguridad, alivio, cautela, y en muchos casos la salvación.Estoy hablando de la máquina de escribir. Una herramienta de trabajo comúndurante todo el siglo XX y una herramienta imprescindible para guardar partidasa lo largo de la saga Resident Evil.  Gracias a algo tan simple podemos presumir dehabernos pasado sus entregas más difíciles.  Así que no nos enrollemos, dejémonos depresentaciones y pasemos directamente a homenajear a uno de los objetos más importantesque nos podemos encontrar en un  SurvivalHorror:

 

Volvamos a los 90, esa bonita época en la que los SurvivalHorror estaban a la orden del día en nuestra flamante Playstation y esos añosen los que la saga Resident Evil todavía molaba y no se había convertido en unfestival de tiros y explosiones sin sentido. Esos grandes años en que nohabíamos hecho ni la primera comunión y ya estábamos pasándolas putas yaterrorizándonos con los Resident Evil y los Dinos Crisis. Ese gusto morbosoque nos daba el ver esa pantallita de: “Advertencia:Este juego contiene altos contenido de violencia gráfica y escenas explicitas”  a una edad no recomendada,  ¿A que sí? No lo neguéis, no seáis ingenuos…

 

 

En ese festival  deterror, sangre y vísceras pixeladas, tensión y angustia que suponían los ResidentEvil, siempre teníamos algún momento de respiro, un momento para relajarse,respirar tranquilos y guardar nuestros progresos con seguridad y sin ningúnsobresalto. Todas esas sensaciones tan cálidas y reconfortantes reunidas en unsimple objeto: Una máquina de escribir. En cuanto veías ese objeto sabías quehabías llegado a un lugar seguro,  unlugar en donde podías hacer recuento de objetos, armas y municiones (Si había unacaja de objetos cerca, que casi siempre era la norma) de forma calmada y sinpreocupaciones.

Eso es relajación, joder. Nada de ejercicios de Thai Chi,respiración controlada, ni pollas con orejas… Una habitación con una máquina de escribir, punto.  Encontrarte eso cuando llevas más de doshoras de juego explorando, resolviendo puzles y sobreviviendo es lo másparecido a la sensación de alivio que tienes después de cagar pero multiplicadopor 30…  Además, siempre que entrábamosen una habitación de esas, una música relajante te envolvía con una melodía queparecía decirte “Todo va Bien”… Mucho más relajante que cualquier Chill Out:  

 

 

Pero hay varios  inconvenientes en el paraíso…  Para llegar a estas habitaciones de salvaciónsiempre daba la puta casualidad de que antes tendríamos que atravesar un infierno…situaciones del palo: Pasillos atestados de zombis sin un recoveco de espaciolibre que, al no tener ni una puta bala en nuestro cargador, acabaríamosatravesando a pelo y terminaríamos con más chupetones que una rubia en unaDisco… Y todo para encontrarte con una puta mierda de hierba verde cuando loque necesites es que te ingresen en la U.C.I. durante 2 semanas mínimo…

 

 

Y otro inconveniente, y el más doloroso, el cual seacordarán con enorme escozor los seguidores de los Resident Evil originales, esque no se podía guardar todas las veces que uno quisiera. El número de guardados era limitado, extremadamente limitado. Porno decir que ni siquiera bastaba con llegar a la máquina de escribir para poderguardar. Como no tuvieses encima, en el inventario, el objeto del avernoconocido como “Rollo de Tinta”, tejodías y no podrías guardar. Imaginaros estar enfrente de un lugar de guardadocomo un gilipollas y ver que no puedes guardar la partida tras varias horas dejuego. “Coitus Interruptus”, patada en los cojones con bota campera y de púas,Belén Esteban volviendo a la televisión… Todas esas  desastrosas sensaciones juntas no se equipararíanni una pizca al tremendo dolor anal que conllevaría tal situación…      

Y como ya dije antes, el guardado estaba limitado.Precisamente por ese objeto diabólico de nuestro inventario, el rollo de tinta.Como los japos de Capcom quisieron emular todo lo que suponía las emocionantessensaciones de un escritor de los años 20 al que le quedaban dos gotas de tinta,decidieron  que en este rollo de tinta (Quesolamente llevaríamos en el inventario para hacer bulto y evitar coger posiblesbotiquines por falta de espacio…) tendría solo dos o tres usos como mucho… Demanera que guardar la partida podría suponer una decisión crítica.

 

 

Y lo más descojonante de todo era que todo lo que hacíamosen la máquina era escribir la puta fecha, la hora y el nombre de la habitaciónen la que estábamos, nada más. ¿¡Y meestás diciendo que eso consume un puto cartucho de tinta?! ¿¡Me cago en la puta,pero cómo coño escribe Claire Redfield, con letrajas de 30 centímetros de largoy en negrita?!  Aparte de las curiosashabilidades de caligrafía y mecanografía  de los supervivientes de Resident Evil (No mequiero ni imaginar cómo harían los resúmenes y dictados en la escuela…) los rollosde tinta eran escasísimos y muy difíciles de encontrar. Era prácticamente oropuro, lo más parecido a encontrarte un botiquín completo en el juego.

 

 

Pero siempre daba la casualidad de que te los podíasencontrar pulsando el botón de acción en una máquina de escribir antes deguardar y junto a ella. Generalmente siempre habría algún rollo en algunahabitación de guardado, por si te habías quedado sin ninguno o por si lasmoscas. Pero el caso es que eso ero el guardado de los machotes, la forma enque guardan la partida los hombres de verdad. En los primeros Resident Evil(Exceptuando el  Resident Evil 3 quemágicamente el rollo era infinito, tendría más tinta que una fábrica debolígrafos Bic…) Si no tenías rollo, tenías que buscarte la vida para guardarla partida. No como ahora que os lo dan todo masticadito y vais cogiditos de lamano con Checkpoints, puntos de control y demás autoguardados…

Al final lo que os quiero decir es que las máquinas deescribir de los RE y yo hemos tenido una relación de amor-odio, pero una relaciónlarga a fin de cuentas. Una que tuvo que acabar con la llegada del guardadoautomático,  yo tenía que abrirme anuevos horizontes y ella necesitaba espacio. Así que al final fue un acuerdomutuo. No estuvo mal mientras duró, una madurita que me dio guerra hasta elfinal, que no fue nada fácil de encontrar y que con la tinta había queregularmente lubricar. Te echaremos de menos.

 

 

 

Bueno, hasta aquí la reseña de hoy. Espero que os hayagustado. Próximamente más idas de olla en video.