Así conocí a…la saga Resident Evil

Más de una semana sin escribir nada. Culpa de las fallas y el Resident Evil 5, que han provocado que la semana pasada mi vida se redujera al trinomio salir-jugar-dormir (no necesariamente en ese orden). A pesar de no haber tenido tiempo para escribir, sí que he podido echarle un vistazo a diversas entradas con análisis de RE5. Confieso que yo también quiero escribir la mía propia, pero antes quiero estrujar el juego hasta el final (mercenarios incluidos). De momento, quiero contaros la historia de como conocí (y me enganché) a la saga Resident Evil (de la misma manera que escribí mi historia de Mundodisco).

La verdad es que la saga Resident Evil y yo no empezamos con buen pie. No recuerdo la fecha exacta, pero sí recuerdo las circunstancias: fui a casa de un amigo donde estaba teniendo lugar la típica partida multitudinaria entre colegas con el viejo método de pasar el mando cada vez que alguien perdía una vida. Casi sobra decir que el juego en cuestión era el Resident Evil original de PSone. La gente no paraba de decir que aquel videojuego daba un miedo acojonante, cosa que yo no acababa de creerme. En aquel momento, el personaje se debatía entre las ramas de una especie de planta gigante. Yo, la verdad, no veía como aquello podía dar miedo y así lo dije. Para cerrarme la boca, el dueño del juego me obligó a empezar una partida desde el principio.

Después de la cutre-intro con actores reales (donde no entendí casi nada, ya que mi nivel de inglés en aquellos días era nulo), mi personaje, un tipo llamado Chris Redfield, se quedaba en el hall de una mansión. Apenas jugué cinco minutos, pero más que miedo experimenté frustración ¿Cómo cuernos se manejaba aquel muñequito? El condenado siempre iba hacia delante sin importar el ángulo de la cámara. Esto, sumado a mi casi nula experiencia en juegos en 3D, provocó que, tras un pequeño vídeo, el primer zombi del juego me zampara de mala manera.

El mítico primer zombi

Lo confieso: no me gustó ni lo más mínimo. Sí, gráficamente era espectacular, pero aquello era casi imposible de manejar.

No fue hasta tiempo después cuando el destino quiso que yo acabara enganchado a esta saga. Leyendo la longeva Hobby Consolas, encontré la preview de un juego llamado Resident Evil 2. Ni me acordaba de aquella breve partida al juego de la mansión de los zombis, pero una imagen de las que adornaba el articulo se me clavó en las retinas: una chica vestida de rosa en lo que parecía una especie de cancha de baloncesto con un grafitti en la pared del fondo. El realismo y la calidad de dicha imagen hicieron que los ojos me echaran chiribitas. Todas las imágenes eran así, con un grado de detalle increíble.

Tras leerme el artículo entero y enterarme de que eran aquellos "fondos prerenderizados" me entró un profundo bajón: el juego era exclusivo para PSone y yo por aquel entonces era poseedor de una Nintendo 64. Sabía que tenía que renunciar a jugar a un videojuego que iba a salir para una consola que no tenía, pero lo cierto es que Resident Evil 2 me obsesionó sobremanera.

Por fin, el destino me permitió echar una partidita, aunque fuera a una demo de un minuto en la play de un amigo. Lógicamente, al jugar, relacioné el horrible sistema de control con el de la primera parte que había jugado tiempo atrás, pero comportándome como un jugador superficial al que únicamente le importan los gráficos, conseguí llegar hasta la comisaría en aquel mísero minuto, mientras esquivaba zombis tras haberme quedado sin balas.

Me encantó. Mi Nintendo 64 me había hecho pasar muy buenos ratos, pero yo tenía que jugar a ese juego de principio a fin (creo que esta sensación ha afectado a cualquier jugador de videojuegos en algún momento de su vida). Incluso me compré una guía aunque no tenía el juego para enterarme de como se desarrollaba el mismo. Y por fin, un día, cometí una locura: me alquilé una playstation con un mando y el Resident Evil 2 sin memory card ni nada dispuesto a pasármelo en un fin de semana de un tirón.

Todavía recuerdo aquellas 48 horas en las que prácticamente no dormí (no sé si debido a las ganas de jugar o al miedo). Lo empecé con ambos personajes pero solo lo acabé con Leon. Pocas veces he disfrutado tanto con un juego. Gráficamente espectacular, unas melodías soberbias y sobre todo aquella sensación de angustia, de miedo constante que provocaba que girar una esquina fuera toda una aventura. Por desgracia, llegó el lunes y me quedé sin play y sin RE2, pero mis ansias había sido satisfechas.

Con la sed de RE2 aplacada, me pude dedicar a disfrutar de otros juegos. Por aquel entonces, mi hermano tuvo la feliz idea de comprarse una playstation de segunda mano. Buena noticia para mi, ya que estábamos en vísperas de la tercera entrega de la saga. Muchos pensaréis que corrí a comprarme el RE2 para PSone, pero por desgracia estaba ahorrando para otro juego (no me acuerdo cual, maldita sea) y me tuve que abstener.

Resident Evil 3: Némesis salió al mercado y yo corrí a alquilármelo. Con la guía de Hobby Consolas en una mano y con el modo fácil activado, conseguí acabarme el juego en un fin de semana. No me dejó tan buen sabor de boca como la segunda entrega, pero aún así me gustó muchísimo. Némesis era un bicharraco de cuidado que acojonaba cosa mala y con el que tuve alguna que otra pesadilla.

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A pesar de tener una playstation en casa, nunca me compré ninguna de las tres entregas de Resident Evil para la misma, he aquí el porqué: el anuncio de la versión de Resident Evil 2 para Nintendo 64. Aquella versión prometía ser mejor incluso que la original gracias a la mayor potencia de la máquina de Nintendo, de manera que me puse a ahorrar.

A principios del año 2000 apareció Resident Evil 2 para Nintendo 64, pero a mí me decepcionó muchísimo: el juego era prácticamente igual al de playstation, estaba totalmente en inglés y, lo peor, costaba la friolera de 15000 pesetas (90 euros más o menos, o sea, un pastón para la época). No fue el primer juego en costar tanto (el primer Turok para N64 costaba lo mismo), pero yo me resistí a gastarme tanto dinero, máxime cuando en aquellos días danzaba por ahí la versión platinum de PSone (que tampoco me compré por estar ahorrando para el pokémon stadium). Me alquilé el RE2 para N64 y de ahí no pasé.

Parecía que la saga iba a desaparecer de mi vida cuando apareció el anuncio de RE Code: Veronica para la fallida Dreamcast de Sega. El hecho de que desaparecieran los fondos prerenderizados pero se mantuviera el horrible control provocó que a mi no me llamara mucho la atención (de hecho, lo sigo contando como el Resident Evil que menos me gusta, a pesar de ser el más largo y uno de los que cuenta con una de las mejores historias).

Pero avancemos hasta verano de 2002. Tras el anuncio de la exclusividad de la saga Resident Evil en Gamecube, no dudé en hacerme con el cubo de nintendo en esas fechas. Recuerdo la primera imagen del remake de Resident Evil que vi: Chris siendo atacado por un zombi. Sencillamente espectacular.

Gracias a que por aquella época ya tenía libre acceso a internet, pude recolocar todas las piezas del puzzle que era la historia de Resident Evil. Me enteré de quién era Wesker, de los distintos virus que existían, etc, etc.

A pesar de que ya había varias entregas de Resident Evil en el mercado, el 29 de septiembre de 2002 fue el día que me compré mi primer juego de Resident Evil, el remake de Cube, sin alquileres, préstamos ni gaitas. Como queriendo cumplir con algún ritual, empecé a jugar a las 12 de la noche. Duré apenas quince minutos. Pocas veces he estado tan acojonado con un videojuego. Veía aquella descomunal mansión en mis sueños, recreada con unos niveles de detalle y de realismo tan enormes que parecía más real que la vida misma. Y como colofón estaba el pequeño bosque que la rodeaba, con aquellas hierbas que se mecían y cimbreaban como si fueran de verdad.

Imagen

Pocas veces lo he pasado tan mal y tan bien con un videojuego. Hasta pasarme el RE remake por primera vez, tuve que jugar siempre de día. Era incapaz de jugar de noche. Lógicamente, me acabé pasando el juego un montón de veces, modo supervivencia e invisible incluidos, con armas infinitas y sin ellas, etc, etc. Al final, tenía un plano de la mansión Spencer grabado a fuego en mi cabeza. Si existiese de verdad, podría recorrerla con los ojos cerrados.

La mansión de mis sueños (y pesadillas)

 

Y a principios de marzo de 2003 llegó a mis manos Resident Evil Zero, con la promesa de aclarar los orígenes de Umbrella, el virus T y demás. Estas promesas fueron cumplidas a medias y la verdad es que RE Zero me dejó un poco frío: más de lo mismo respecto al Remake.

El esperado origen del virus T era contado a medias (y siempre gracias a los documentos desperdigados por ahí) y el sistema de manejar dos personajes a la vez no acababa de cuajar. Los gráficos seguían siendo espectaculares pero a mi modo de ver, la saga necesitaba un cambio y, por suerte o por desgracia, eso era lo que iba a tener.

 

18 de marzo de 2005. Esa fecha estaba grabada en fuego en mi cabeza. La fecha en la que iba a aparecer Resident Evil 4 en exclusiva para Gamecube (con todas las plataformas en las que ha acabado apareciendo parece pitorreo, pero por aquel entonces esto era verdad).

Los días pasaban lentamente y la información llegaba con cuentagotas. Leon era el potagonista, lo que me gustó, porque tenía grandes recuerdos del RE2. Desaparecían los gráficos prerenderizados, cosa que me apenó, porque en RE remake y RE Zero las cotas de realismo eran altísimas. Se iba a cambiar el sistema de juego. Umbrella desaparecía y los enemigos no iban a ser zombis ¿qué era lo que me esperaba ese 18 de marzo de 2005?

El primer video ingame me dejó patitieso: el nivel gráfico era espectacular, sin duda, pero ¿qué demonios eran esos lugareños que hablaban mejicano?

Llegó por fin el esperado 18 de marzo de 2005. Vivo en Valencia, y esas fechas solo significan una cosa en la ciudad: fallas. O sea, calles cortadas, un montón de gente por todas partes, el centro inaccesible, los transportes públicos saturados… y un servidor que quería ir al centro de la ciudad a comprar su copia de Resident Evil 4. Esquivando monumentos falleros, el desfile de la ofrenda y la muchedumbre que asola las calles, conseguí comprar la esperada cuarta entrega de la serie.

El cambio era radical, desde luego, pero me encantó. No voy a ponerme a debatir si RE4 supuso la ruptura con sus raíces de survival horror y tal y cual, solo voy a decir que RE4 me gustó muchísimo y prueba de ello son las tropecientas veces que me lo pasé para conseguir todas las armas, objetos, personajes de los mercenarios y demás.

 

Como esperaba, nuestro país era muy mal representado, pero qué se la va a hacer. Los infectados con las Plagas era una novedad interesante y su coordinación e inteligencia no daba tanto miedo como los zombis, pero las oleadas en las que aparecían te aceleraban el pulso de mala manera.

Llegaba una época de paz y tranquilidad para el fan de Resident Evil que era, pero quedaban un par de cabos sueltos por atar.

El primero era Code: Veronica, juego del que sabía la historia gracias a internet a pesar de no haber jugado nunca. Esto lo arreglé comprándome la versión platinum de PS2. El tiempo había pasado factura al que debía haber sido un gran juego, pero supongo que por culpa de los graficazos del remake y el zero, no lo disfruté tanto como hubiese debido. Code: Veronica es el Resident Evil que menos me gusta, aunque creo que es más culpa mía que del propio juego, al que yo no he sabido apreciar.

Tras acabarme Code: Veronica, quedaba lo más importante: jugar al Resident Evil original y pasármelo. Y una vez más el destino fue benévolo conmigo al aparecer la versión para DS. Vale, sé que no es lo mismo que jugar al original, pero era eso o nada. Tuve que jugar pensando que estaba ante un juego que había marcado el inicio de una gran saga y lo cierto es que me gustó mucho, aunque superponer la mansión Spencer del original con la del Remake de Cube me dio bastantes dolores de cabeza.

La quinta entrega esperaba en el horizonte, pero antes quedaba uns cosa por saber: la caída de Umbrella, explicada deprisa y corriendo al principio de RE4, pero yo, como muchos otros, quería detalles. Y de eso se iba a encargar Resident Evil: The Umbrella Chronicles. No era un Resident Evil al uso, desde luego, pues me encontraba ante un shooter sobre raíles, pero la perspectiva de disparar a mansalva en escenarios de los anteriores Resident Evil me atrajo lo suficiente como para comprarme el juego.

Por fin me enteré del final de Umbrella, todo orquestado por Wesker, un malo malísimo pero con un carisma innegable. Cargarse zombis a carretadas a lo House of the Dead no era exactamente un Resident Evil pero no dejaba de ser divertido.

Y, de la misma manera que las olimpiadas o los mundiales de fútbol, casi cuatro años después de RE4 (18 de marzo de 2005) aparece RE5 el 13 de marzo de 2009.

Una vez más, información con cuentagotas, personajes misteriosos (la mujer pájaro) y una buena dosis de polémica como consecuencia del anquilosado sistema de control. Pero una vez más, Capcom ha conseguido encandilarme a pesar de haber repetido el esquema de RE4. En breve escribiré un análisis del juego para poder explayarme a gusto. Y ya puedo decir que la confusión que me abrumaba los días previos al lanzamiento de RE5 ha desaparecido. Puedo decirlo: RE5 me encanta.

Y esta es mi historia. No es todo lo extensa y detallada que hubiera querido pero ya me ha quedado bastante larga y debéis estar hartos de leer. Supongo que muchos podréis contar alguna parecida con cualquier saga de videojuegos que os haya marcado o con el mismo Resident Evil.

¿Qué deparará el futuro a Resident Evil?¿La aparición de RE6 volverá a ser marcada en mi calendario? ¿El cambio de enfoque ha matado a la saga o la ha salvado de la monotonía?Puede que la saga haya cambiado de rumbo pero siempre pensaré que Resident Evil es una de las mejores sagas que ha existido y me costará olvidar los buenos ratos que me han hecho pasar sus distintas entregas.