Series de tv: 24

Hace apenas un par de horas que he visto los dos últimos capítulos de la séptima temporada de esta gran serie. Hace ya tiempo que sigo las andanzas de Jack Bauer, primero en Antena 3 doblada a nuestro idioma y, de un tiempo a esta parte, en versión original merced a ese gran invento de nuestro tiempo que es internet. La conclusión de la séptima temporada es una excusa tan buena como cualquier otra para hacer una entrada de esta serie. Bienvenidos a un día cualquiera en la vida de Jack Bauer.

LA SIGUIENTE ENTRADA TIENE LUGAR ENTRE LAS 7:00 PM Y… BUENO, HASTA QUE LA TERMINE

A pesar de contar con siete temporadas a sus espaldas, el concepto original de 24 sigue resultando fresco y sorprendente. Cada una de las temporadas, de 24 capítulos de duración, abarca un día de la vida de los distintos personajes de la serie. Como es de suponer, cada uno de los capítulos pretende abarcar cada una de las horas del día en cuestión.

La serie cuenta con Jack Bauer (Kiefer Sutherland) como protagonista. Bauer es un agente de la UAT (Unidad Anti Terrorista) o, con sus siglas en inglés, CTU. A lo largo de un día, vemos como Bauer se enfrenta a una serie de amenazas que ponen en peligro la seguridad de Estados Unidos o la suya propia. Al margen de las peripecias de Bauer, encontramos historias paralelas, ya sea en la Casablanca, en la propia UAT o en la guarida de los malos de la temporada en cuestión, aunque todas las historias acaban entremezclándose tarde o temprano.

A lo largo de las distintas temporadas, Jack Bauer se las ha tenido que ver con ataques terroristas, amenazas nucleares, alarmas biológicas, ataques a su propia familia… Pero a pesar de ello el tío puede con todo. Bauer no duda en recurrir a la tortura y a la violencia si es necesario para obtener la información de los sospechosos que le servirá para detener la amenaza a la que se enfrenta.

¿DE VERDAD SON 24 HORAS?

No todas las temporadas empiezan y terminan a la misma hora, desde luego, y las siete temporadas no son siete días seguidos, pues entre temporada y temporada pueden transcurrir largos intervalos de tiempo, del orden de años.

Todos los capítulos empiezan con la coletilla "Los siguientes eventos tienen lugar entre tal hora y tal hora". En las primeras temporadas a esto le seguía la coletilla "Las situaciones tienen lugar en tiempo real". Esta segunda coletilla desapareció en las últimas temporadas ya que dejó de ser cierta, pues nos encontrábamos con ciertos cortes (que coinciden con la publicidad) de intervalos de 4 ó 5 minutos en los que los personajes se trasladan o tienen lugar hechos intrascendentes.

El reloj que adorna la pantalla y que aparece en estos cortes es mítico y muy conocido por los seguidores de la serie. A la aparición del reloj se van sumando las imágenes de las distintas situaciones que están viviendo los distintos personajes lo que sirve para ilustrar la simultaneidad de los acontecimientos. Este esquema ha sido parodiado en series como Los Simpson.

La serie cuenta con un alto nivel de realismo. Las situaciones tienen lugar de forma lógica y por regla general los guionistas consiguen formar una historia buena y cohesionada dentro de cada temporada. A pesar de ello, la serie no está exenta de alguna fantasmada, sobretodo en lo que a heridas o disparos se refiere. Ejemplos de ello encontramos en el mismo Bauer, casi inmortal o en otros eventos de las distintas temporadas (por ejemplo, en la tercera temporada a un personaje le pegan un tiro en la garganta y se recupera en cuestión de horas). Así mismo los personajes no comen, no duermen, no van nunca al baño… Estas licencias pueden ser perdonadas para que así la historia pueda contarse en un intervalo tan limitado como son 24 horas.

BAUER CONTRA EL MUNDO

Desde luego, Jack Bauer es el protagonista y motor de la serie en todas las temporadas. Capaz de sacrificar lo que sea y a quien sea, a lo largo de las temporadas Bauer se ha convertido en un icono. Bauer es un tipo duro, lleno de fervor patriótico y dispuesto a llegar al final para salvar a su país y a los suyos.

Como es de suponer, sus violentos métodos, aunque muy efectivos, cuentan con una amplia lista de detractores que no comparten la ideología del agente. Si bien Bauer cuenta con aliados, también tiene a sus espaldas una larga lista de enemigos tanto en el campo de los que amenazan al país como en su propio entorno.

En muchas ocasiones Jack no duda en oponerse a todo y a todos para conseguir sus objetivos, ya sean estos salvar al país o salvar a alguien de su entorno (y es que los enemigos de Jack no son tontos y saben que en cuanto secuestren a algún ser querido de Jack, ya lo tienen a sus pies). A pesar de todos los problemas a los que se enfrenta, al final Jack sale victorioso de cualquier situación aunque en muchas ocasiones tiene que pagar un alto precio.

UN DRAMA DE ACCIÓN

Si estáis buscando una serie para echaros unas risas, 24 no es vuestra serie. A pesar del alto contenido de acción de que goza la serie, de su realismo y de la alta tecnología de que disponen los personajes, 24 es también un dramón de los buenos.

Empezando por Jack Bauer, el protagonista, un personaje torturado que, por hacer siempre lo que es correcto, ha acabado perdiendo muchas cosas (familia, amigos, etc-no quiero caer en los spoilers-). A pesar de haber salvado a su país en numerosas ocasiones, sus compatriotas no han dudado en darle la espalda si la situación así lo requería. Bauer es duro, pero también es humano y no es raro verle derramar alguna lágrima. Así mismo, Jack ha sido traicionado en más de una ocasión, por lo que en las últimas temporadas se ha vuelto más huraño y desconfiado que nunca.

Al margen de Jack, los demás personajes también se enfrentan a duras situaciones. Muchos pierden a seres queridos a lo largo de las temporadas, lo que afecta a su temperamento. Vemos a distintos presidentes de Estados Unidos afrontando difíciles situaciones, a familias deshechas por culpa de las amenazas, agentes muertos… Personajes a los que podemos estar acostumbrados en el terreno cómico sacan su faceta más seria (véase Sean Astin -Sam en El Señor de los Anillos- o Peter McNicol -Bizcochito en Ally McBeal-). 24 es, sin lugar a dudas, un drama de acción.

 

SEGUIR LA SERIE

Las primeras temporadas fueron estrenadas a bombo y platillo en Antena 3. Seguir las dos primeras temporadas en la cadena privada fue sencillo, pero a partir de la tercera la cosa se complicó. Como muchas series norteamericanas, 24 empezó a ser maltratada y trasladada de horario sin previo aviso. La tercera temporada empezó a emitirse los lunes a las 12 de la noche (hora a la que un servidor tenía que estar en la cama para poder madrugar el día siguiente). La cuarta temporada tenía un horario más normalito, pero en ocasiones se emitían dos o tres capítulos seguidos a destiempo que hacían difícil seguirla. A partir de la quinta temporada empecé a tirar de internet para poder seguir la serie en condiciones.

El doblaje al castellano es bueno, la verdad, aunque nada iguala a las voces de la versión original.

LAS TEMPORADAS (ATENCIÓN, PELIGRO DE SPOILERS)

A continuación ofrezco un pequeño resumen de cada una de las temporadas. Lo siento, hay spoilers.

Temporada 1:

La primera temporada empieza a las 12:00 am y termina a las 12:00 am del día siguiente. El primer afroamericano con opciones a la Casablanca, David Palmer, está en peligro de sufrir un atentado. Jack Bauer se ve envuelto en la situación ya que las personas que quieren acabar con Palmer también quieren acabar con él y con su familia, lo que pone las habilidades del agente de la CTU al límite.

Temporada 2:

Empieza a las 8:00 am. Año y medio después de lo sucedido en la primera temporada, Bauer es un hombre destrozado por la muerte de su mujer e incapaz de recuperar el contacto con su hija. David Palmer es presidente y se enfrenta a una amenaza mayor: una bomba atómica que un grupo terrorista piensa detonar en Los Ángeles. Bauer vuelve a la acción para salvar el día.

Temporada 3:

Empieza a la 1:00 pm y tiene lugar tres años después de la temporada 2. Jack Bauer acaba de completar con éxito una misión de infiltración en una banda de mejicanos traficantes de droga donde ha conseguido capturar a su máximo representante,  Ramón Salazar (nada que ver con el taponcete de Resident Evil 4). Con su nuevo compañero, Chase, Bauer se enfrenta a una nueva amenaza en forma de arma biológica orquestada por el hermano de Salazar.

Temporada 4:

Empieza a las 7:00 am y tiene lugar año y medio después de la temporada 3. Un hastiado Jack Bauer se ha retirado de la CTU para trabajar en el departamento de defensa, pero el secuestro del Secretario de defensa y su hija, con la que Bauer mantiene una relación, obligan al antiguo agente a sacar a la luz sus habilidades para salvarlos y detener un ataque nuclear orquestado por Habib Marwan, terrorista interpretado por Arnold Vosloo (el malo de la momia).

Temporada 5:

Empieza a las 7:00 am y tiene lugar año y medio después de la temporada 4. Esta temporada empieza muy fuerte, pues en el primer capítulo asesinan a tres personajes con un alto grado de protagonismo en las anteriores temporadas. Jack Bauer, que al final de la temporada 4 se ve obligado a fingir su muerte, resurge de entre las sombras para enfrentarse a una nueva amenaza orquestada por el personaje más insospechado.

Temporada 6:

Empieza a las 6:00 am y tiene lugar 20 meses después de la temporada 5. Bauer es liberado únicamente para servir como moneda de cambio con un terrorista islámico que le tiene ganas. Las cosas no son tan sencillas como las pintan y Bauer acaba escapando para enfrentarse a una nueva amenaza provocada esta vez por los miembros de su propia familia (entre otros).

24: Redención

Historia de dos horas que explica eventos previos pero conectados con la séptima temporada que fue retrasada un año como consecuencia de la huelga de guionistas. Jack Bauer vive en un país africano llamado Shangala donde intenta llevar una vida lo más normal posible. Como de costumbre, Bauer no puede huir de su pasado y se ve obligado a defender a un grupo de niños del régimen del tirano que controla el país, el general Juma. Simultáneamente, en Estados Unidos exigen la presencia de Bauer para juzgarlo por crímenes de tortura mientras la nueva presidenta de los Estados Unidos jura su cargo y su hijo descubre una conspiración. La "película" cuenta con actores de renombre como Robert Carlyle o Jon Voight (villano de la séptima temporada).

Temporada 7:

Se ha hecho esperar, pero en enero de este año se estrenó esta temporada. Tiene lugar cuatro años después de la temporada 6 y empieza a las 8:00 am. Con la CTU desmantelada y Jack Bauer dispuesto a enfrentarse a sus supuestos crímenes de tortura, aparece una nueva amenaza dirigida por un antiguo compañero de Jack al que todos creíamos muerto. El FBI pide ayuda a Bauer que una vez más acabará metido en el fregado.

CONCLUSIONES

24 combina drama y acción de una manera soberbia que engancha y te impele a seguir la serie. Las diversas historias que se entremezclan y se desarrollan en cada temporada están muy bien conseguidas y están llenas de traiciones dentro de traiciones, planes diversos, alta tecnología y demás que hacen a la serie muy adictiva. Quitando Bauer, no hay ningún personaje imprescindible y cualquiera puede morir cuando menos te lo esperes. Todo esto con el telón de fondo del reloj que corre sin parar y cuenta las horas para que termine el día. Una serie muy recomendable de la que ya estoy esperando su octava temporada para que Jack Bauer salve el día una vez más.

 

Pokémon: prostitución de una saga

La verdad es que esta entrada bien podría haber llevado como título "Así conocí a…la saga Pokémon" porque mi intención es escribir mi historia con estos entrañables bichejos, pero el reciente anuncio del remake de las ediciones Oro y Plata para Nintendo DS ha sido la gota que ha colmado el vaso de los despropósitos y de las ganas de Nintendo de sacarnos el dinero a costa de vendernos los mismos juegos una y otra vez. Es una opinión personal, desde luego, pero creo que se acerca peligrosamente a la realidad. Esta es mi historia con la saga de videojuegos de Pokémon. No tiene un final feliz, avisados estáis. Vamos allá.

Conocí a los pokémon un poco más tarde que el resto de los mortales, la verdad. Corría el año 2000 y en el mes de febrero las tardes de telecinco empezaron a ser amenizadas por episodios de la serie de anime de pokémon, franquicia que parecía estar pegando fuerte en el mundo de los videojuegos. Yo no tenía internet por aquel entonces y el asunto de los pokémon apenas me era conocido, a pesar de que innundaban las páginas de las revistas de videojuegos. Tras tomarme un poco de interés, lo cierto es que el juego empezó a parecerme interesante: la idea de recorrer un gran mapeado en mi game boy clásica (la tocha) buscando pokémon empezó a resultarme muy interesante. No era el único, de manera que después de descubrir que un amigo mío estaba igual de colgado que yo por comprarse uno de aquellos juegos, nos fuimos a la caza y captura de las ediciones roja y azul.

La verdad es que los principios nunca han sido fáciles y lo cierto es que iniciarme en la saga de pokémon resultó ser una tarea harto complicada. En aquellos días los juegos de pokémon eran un boom, la moda, el no va más, de manera que ambas ediciones estaban agotadísimas. Mi amigo y yo nos recorrimos media Valencia buscando los dichosos juegos, fracasando una y otra vez. Por fin, en la tienda de videojuegos Canadian, encontramos una copia de la edición azul. Reproduzco el diálogo que tuvimos con el dependiente el cual, después de nueve años, aún hace que me hierva la sangre:

-¿Le queda algún juego de pokémon?

-Sí, me queda una edición azul

-Joder, por fin. Nos lo llevamos.

-Vale, aquí tenéis. Son 9000 pesetas (unos 54 euros más o menos).

Me quedé blanco.

-¿Cómo que 9000 pesetas? Esto es un juego de game boy. En todas partes vale unas 5000 o 6000 (30 o 36 euros) como mucho.

-Ya lo sé chaval, pero así funciona la oferta y la demanda. El juego está agotado en toda la ciudad, de manera que yo te lo vendo por 9000 pesetas. Lo tomas o lo dejas.

Mi amigo quería comprarlo, pero yo, que ya empezaba a ser perro viejo en esto de los videojuegos, le dije que aquello era un timo como la copa de un pino. Muy amablemente le dije al dependiente que se metiera su oferta por el culo y nos largamos.

Volvimos a casa cabizbajos y decidimos irnos a ver una película a casa de mi amigo. Y de la misma manera en la que cuando buscas las llaves en los bolsillos y acaban apareciendo en el último, en el videoclub de debajo de la casa de mi amigo encontramos la edición azul por 5990 pesetas (unos 36 euros).

Unos días después yo me agencié la edición roja y empezó el vicio.

Recorrer el mundo de Kanto, capturar a aquellas 150 criaturas (y al esquivo Mew), conseguir todas las medallas, superar el alto mando, hacer subir a tus pokémon de nivel, intercambiar pokémon y enfrentarte a tus amigos… Sencillamente insuperable. Un juego de rol de combates por turnos fantástico.

Era increíble el nivel de éxito de los pokémon. Con los años, he descubierto que mucha gente que decía aborrecerlos por considerarlos "juegos para niños" han acabado confesando que "bueno,si, yo me pasé algún juego de pokémon". Pokémon era un fenómeno, una fiebre y nadie estaba a salvo de la conquista a nivel mundial de los bichos ideados por Satoshi Tajiri.

Nintendo era muy consciente de lo que tenía entre manos. Perdida la supremacía en el terreno de las consolas de sobremesa, con Nintendo 64 siendo apaleada por PSone, pokémon suponía una oportunidad de obtener unos beneficios insospechados.

El día 14 de abril de 2000, aparecieron dos productos relacionados con la saga pokémon que estaban predestinados a que Nintendo se forrara de mala manera: el primero, la primera película de Pokémon, con Mewtwo de protagonista. El brutal pokémon número 150, considerado por muchos el mejor pokémon de todos los existentes, aparecía en las salas de cine por todo lo alto. Yo estaba bastante enganchado a la serie de anime por aquel entonces (lo que no quita que fuera y siga siendo malísimo) así que, a pesar de contar con 16 años, me colé en un cine lleno de críos para disfrutar de las aventuras de Ash, Pikachu y compañía.

La película merecía la pena aunque solo fuera por ver a tres nuevas especies: Marill, Snubbull y Donphan, al margen del codiciadísimo Mew. Pero la película era un aperitivo frente al plato fuerte que apareció el mismo día: Pokémon Stadium, para Nintendo 64.

Merced al transfer pak incluido con el juego (a un precio superior al habitual, desde luego) el jugador podía tranferir los pokémon de las ediciones azul y roja a la sobremesa de 64 bits de nintendo y ver a sus queridas criaturas lucha en unas espectaculares 3D. Era todo lo que un fan de pokémon podía desear y Pokémon Stadium era un regalo para los ojos. Los pequeños y pixelados bichejos que habías criado con tanto esmero en tu Game Boy aparecían con todo su esplendor en la pantalla de tu televisión. Los ataques de los pokémon no se quedaban atrás y tenías la oportunidad de ver llamas, olas de agua, rayos y truenos… Un largo etcétera que hacía del juego un imprescindible si te gustaban los juegos de pokémon.

Desde luego, el juego se limitaba al espectro de los combates pokémon. A pesar de contar con algunos extras, como unos cuantos minijuegos, un emulador para jugar a la versión de Game Boy a una velocidad tres veces superior a la normal o un laboratorio donde intercambiar y organizar tus pokémon entre Game Boy y N64, el grueso del juego lo constituían las diferentes copas y modos de juego.

Todo lo que habías aprendido en las versiones de Game Boy, es decir, las tipologías de pokémon, las ventajas que tenían, las desventajas de que adolecían, los ataques, sus efectos, su utilidad, sus efectos directos, sus efectos secundarios, la precisión y potencia de cada ataque, los estados alterados, las características de cada pokémon (ataque, defensa, velocidad, especial)… Todos estos conocimientos eran necesarios para afrontar con garantías los retos que proponía Stadium. Podías recurrir al casi invencible Mewtwo, desde luego, pero muchas copas restringían el uso de algunos pokémon, ya fuera en lo que se refiere al nivel, al peso, la longitud o incluso la evolución. De hecho, al final las copas más difíciles eran las de menor nivel, sobre todo en el caso de la Ronda 2, modo que aparecía una vez superabas todos los desafíos del modo original y que te proponía superar otra vez todas las copas con un nivel de dificultad superior.

Confieso que tanto las ediciones roja y azul como Stadium son unos juegos con los que he disfrutado muchísimo. Fueron un inicio prometedor de una gran saga, pero las cosas no tardaron en empezar a torcerse.

En junio de 2000 apareció Pokémon Amarillo: Edición Especial Pikachu. Mi hermano se lo compró y yo lo jugué, pero lo cierto es que no le encontré ningún atractivo. El mismo juego que las ediciones, con el insoportable Pikachu siguiéndote a todos lados (aprovechaba el tirón de la serie de televisión) y unos sprites mejorados para todos los pokémon que se parecían más a los de la serie de dibujos (por delante, que por detrás tus pokémon se veían igual de feos que de costumbre). Ya por aquel entonces la edición amarilla me pareció un timo, pues no incluía ninguna novedad relevante, ni siquiera se podía capturar al ansiado Mew. Había un minijuego de surf en el que solo podía participar un Pikachu que supiera surf, pero dicho ataque solo podía ser aprendido por el roedor eléctrico en Stadium, ein?

Nunca he contado a Pikachu entre mis pokémon preferidos, ni siquiera entre uno de los más fuertes (hay pokémon eléctricos muchos mejores) de manera que quizá por eso esta edición, auténtico homenaja al rató amarillo, nunca fue de mi agrado.

Por suerte, Stadium seguía dándome muy buenos ratos lo que hacía más soportable la espera de la segunda generación.

El 6 de abril de 2001 fue la fecha en que las ediciones Oro y Plata aterrizaron en nuestro país. La espera fue insoportable, desde luego y la información de allende los mares llegaba con cuentagotas. Por fin, las nuevas ediciones cayeron en mis manos (concretamente la edición Oro).

Yo esperaba "más de lo mismo pero mejor" respecto a la edición anterior y eso es lo que me encontré. Un nuevo personaje, un mapeado nuevo, más desafíos y, lo más importante, nuevas especies. Los 100 nuevos pokémon que aparecían en estas nuevas ediciones eran un auténtico reclamo para los fans. Muchos consideran estas ediciones como las mejores de pokémon y lo cierto es que razones no le faltan. Además de las nuevas criaturas, la aparición de nuevas tipologías eran todo un acierto: acero y siniestro (esta última creada, creo yo, para pararles los pies a los supremos pokémon de tipo psíquico de la primera generación, que eran casi invencibles). A unos gráficos mejorados y unos pokémon más "bonitos" que la entrega anterior (incluida su vista trasera), se sumaban nuevos ataques, el paso del tiempo entre el día y la noche, la posibilidad de re-visitar Kanto, el mapeado de la entrega anterior, el misterio de los Unown, los nuevos líderes, el alto mando, los pokémon brillantes, los nuevos métodos de evolución, la guardería para criar pokémon, las nuevas pokeball… Un buen número de novedades que convertían a las ediciones oro y plata en un juego espectacular, desde luego, que también me hizo pasar muy buenos ratos.

La posibilidad de importar pokémon de las anteriores ediciones era todo un aliciente, ya que permitía que los pokémon entrenados con mucho esfuerzo y horas en rojo, azul o amarillo llegaran a la nueva generación. Esto resultaba muy útil de cara a la nueva entrega de N64, Pokémon Stadium 2. Dicha entrega, aparecida en octubre de 2001, era más de lo mismo respecto al primer Stadium, con la novedad obvia de poder combatir con las nuevas especies. Los 151 pokémon originales seguían teniendo el mismo modelado y aunque algunas de las nuevas especies eran agradables a la vista, como el acabado metálico de Steelix, otras como Typhlosion, con un efecto de fuego en 2D realmente cutre, no cumplían las expectativas.

La sensación de estar jugando a una expansión de Stadium era demasiado patente. Si bien el nuevo mapeado y las nuevas especies le daban vidilla a oro y plata, los combates de Stadium 2 no me dejaron tan buen sabor de boca como la primera entrega. Se repetían fallos de la primera entrega que nadie se había molestado en corregir, algunos ataques habían mejorado en espectacularidad mientras que otros habían pedido vistosidad aunque en ningún caso los cambios eran excesivos, el nuevo comentarista nunca me gustó, los pokémon jamás llegaban a tocarse en ningún combate, los entrenadores nunca salían en pantalla… Fallos menores en su mayoría que yo perdoné en el primer Stadium pero que en esta segunda entrega empezaron a molestarme, lo que no impidió que el juego me gustara a pesar de ser más de lo mismo respecto a la primera entrega.

La máquina de hacer dinero llamada pokémon seguía funcionando a toda potencia y Nintendo empezó a dejar claro que iba a exprimir la franquicia hasta sus últimas consecuencias. De la misma manera que pasó con la edición amarilla, apareció la edición cristal. Con el mismo mapeado que oro y plata, el juego incluía mejoras mínimas, como la posibilidad de elegir a una entrenadora de género femenino o ¡pásmense! los pokémon se movían brevemente al aparecer en pantalla. La facilidad para capturar a Suicune o el mayor protagonismo de los Unown eran meras excusas para vendernos el mismo juego con apenas unas pocas mejoras.

Quedaban claras las intenciones de Nintendo de exprimir a su gallina de los huevos de oro lo que quedó reflejado en la cantidad de juegos de pokémon que empezaron a aparecer por aquel entonces. No entraban en el género del rpg, algunos no eran lo que se dice buenos juegos, pero daba igual. Eran de pokémon y se vendían como churros. Empezaron a aparecer en el mercado cosas como Pokémon Snap, juego en el que te tocaba fotografiar pokémon (¿lo qué? pues sí, hacer fotos), aparecido en el año 2000 aprovechando el tirón de las ediciones originales, Pokémon Pinball, en el que disponías de dos máquinas de pinball para capturar pokémon, Pokémon Puzzle Challenge (GBC), Pokémon Puzzle League (N64), (juegos de puzzles de Pokémon) o el juego basado en las cartas intercambiables, Pokémon TRading Card. Uno detrás de otro. No los probé todos, aunque algunos como el Snap o el Pinball eran bastante buenos y entretenidos, lo que no quita que fueran juegos destinados a explotar la franquicia pokémon.

Pokemon Snap

Algunos triunfaron, otros no. Recuerdo con especial desagrado una maquinita llamada Pokémon Mini en la que se insertaban mini juegos de pokémon y que ya me pareció el colmo de la cara dura por parte de Nintendo, que parecía dispuesta a meternos pokémon hasta en la sopa.

Nunca me interesé demasiado por estos spin-off ya que yo esperaba ansioso la llegada de la tercera generación. Iba a tocar esperar hasta después del verano de 2005, pero gracias al concurso de embajadores pokémon realizado por la revista Nintendo Acción (entre otras), pude hacerme con una copia en inglés que exprimí en en el mes de junio (y que provocó que cateara un par de exámenes).

 

Muchos consideran a las ediciones rubí y zafiro (aparecidas para Game Boy Advance) como la caída en picado de la saga, pero lo cierto es que a mi me gustaron muchísimo. Las dos versiones contenían suficientes novedades como para resultar atractivas: un mapeado nuevo, los concursos pokémon, las habilidades de los pokémon, los nuevos ataques, 135 nuevas especies, las naturalezas, los combates dobles, los pokecubos, nuevos legendarios… Una serie de alicientes que hicieron que invirtiera horas en estas dos versiones. Desaparecía la posibilidad de importar pokémon de ediciones anteriores, algo que era una putada, desde luego. Pero algo que me gustó mucho era que las nuevas 135 especies eran realmente nuevas. Algo que me quemó un poco de las ediciones oro y plata es que muchos pokémon eran bien preevolciones o bien evoluciones de pokémon ya existentes. La inclusión de nuevas especies es uno de los grandes alicientes de cada nueva entrega de pokémon y Rubí y Zafiro cumplían con creces y quitando Wynaut y Azurill, preevoluciones de pokémon anteriores, el resto de pokémon eran totalmente nuevos. Más de lo mismo, sí, pero exprimido al límite y con suficientes novedades para que fuera interesante.

Y hasta aquí lo bueno, porque Rubí y Zafiro fueron los últimos juegos con los que de verdad disfruté. A partir de aquí vienen una serie de despropósitos y ganas de nintendo de obtener dinero fácil a costa de estrujar la franquicia hasta lo indecible.

El cachondeo empezó de manera espectacular con Pokémon Chanel, para Game Cube, juego en el que veías canales de la televisión pokémon. El juego no daba más de sí en incluso salió al mercado al irrisorio precio de 30 euros. Los propios creadores debían ser conscientes de la gilipollez que estaban vendiendo, pero sabían que vendería pues era la única posibilidad de hacerse con el pokémon número 385, Jirachi. No me lo compré, desde luego.

La aparición de Pokémon Colosseum me llenó de esperanza: un juego de pokémon como los de Game Boy pero en Game Cube. Prometía ser espectacular pero a todos nos salió el tiro por la culata. El juego de Game Cube nos metía en la piel de un entrenador vestido con gabardina de exhibicionista que se dedicaba a capturar pokémon oscuros de una siniestra organización. Una historia mala, de limitadas posibilidades (apenas se podían capturar pokémon) regado con unos gráficos indignos de GC completaban un cuadro desalentador, con ataques bastante cutres y los mismos modelos de la etapa de N64. El juego era para fans de pokémon y yo, que por aquel entonces ya estaba bastante quemado de la franquicia, lo jugué con desgana. Para rematar la faena, un modo Colosseum en el que solo había combates que, por desgracia, no le llegaba a Stadium ni a la suela de los zapatos por lo limitado de sus opciones.

Pero el cachondeo no había hecho más que empezar. La aparición de los remakes de Rojo y Azul hicieron que me rechinaran los dientes: los mismos juegos originales rebautizados como Rojo Fuego y Verde Hoja pero con el motor de rubí y zafiro. Novedades mínimas, pues los escenarios eran iguales, los pokémon que aparecían también… Joder, hasta los entrenadores decían las mismas paridas. La única novedad eran una serie de islas y no es que fueran muy grandes. Pero ¡ah! en este juego se podía conseguir a Deoxys siempre y cuando acudieras a un evento pokémon. Sencillamente vergonzoso. Pokémon estaba cayendo muy bajo.

 

No podía faltar el rechufo de rubí y zafiro en forma de Pokémon Esmeralda, que nos repetía el timo de Amarillo y Cristal con alguna cosilla nueva como el frente de batalla. Los pokémon ¡oh! se movían antes de empezar el combate aunque la mayoría se limitaba a dar un salto y poco más. Por suerte, en esta época ya existían los emuladores y no tuve que comprarme estos juegos para darme cuenta de lo repetitiva que se estaba volviendo la saga.

Me negué a jugar a Pokémon XD: Tempestad oscura. Bastante desencantado quedé ya con el primer Colosseum como para repetir la experiencia a pesar de las novedades que prometía. A mi modo de ver, lo de XD quería decir que los de Nintendo se estaban riendo en nuestra cara. Puede que sea un buen juego, quién sabe, pero me negué a comprobarlo en su día.

Con la llegada de Nintendo DS llegó pokémon Dash, un juego de carreras destinado a destrozar la pantalla de la portátil táctil a base de frotar. Es considerado uno de los peores juegos de DS, lo que para mí ya es suficiente para decir que pokémon se estaba yendo al cuerno.

 

Llegaron experimentos más afortunados, como Mystery Dungeon, Equipo de rescate rojo y equipo de rescate azul o Pokémon Ranger. Apenas he jugado a ambos títulos. Serán mejores o peores, pero ilustran mi idea: la saga pokémon está vendida. Aparecen más y más juegos donde importa más el hecho de que sean de pokémon que el juego en cuestión.

Carátula dePokemon Ranger Nintendo DS

Quedaban por aparecer los juegos de la cuarta generación y Diamante y Perla y, siento decirlo, para mí han sido una completa decepción. Apenas 107 criaturas nuevas, la inmensa mayoría evoluciones o alternativas a pokémon existentes. Carencia de novedades relevantes, gráficos que no llegan a la altura de lo que DS puede hacer y, lo peor, la sensación repetitividad. Estoy harto de entrenar pokémon una y otra vez, de superar el Alto Mando tropecientas veces y vuelta a empezar. Quizá sea culpa mía. Quizá los juegos sean buenos y para alguien que no conozca la franquicia resulten muy apetecibles. Pero en mi opinión pokémon es una saga que tendría que ser enterrada para conservar la poca decencia que le queda.

Desde luego la saga no solo no muere, sino que parece estar más viva que nunca. La segunda parte de Pokémon Ranger así como las nuevas versiones de Exploradores de la oscuridad/tiempo son buena prueba de ello. Y queda por aparecer en nuestro país Pokémon Platino, donde nos colarán cuatro paridas que Diamante y Perla podrían haber tenido pero no las pusieron porque no les salió de los cojones.

El motivo para exprimir así está claro: dinero, gamba, guita, parné… Llámese como quiera, pero por eso seguimos teniendo juegos de pokémon, porque está claro que hay gente que los compra. Si vemos mierdas como la enésima edición de Gran Hermano u Operación Triunfo es porque cuestan poco de producir y se rentabilizan sobremanera. Creo que con Pokémon pasa un poco lo mismo: nos venden el mismo juego una y otra vez con novedades mínimas y hala, a forrarse. Culpa del consumidor, desde luego y como seguidor de la saga yo también he contribuido como un idota para que nintendo se lucre.

Quizá por ello no me acabe de extrañar la última idea de Nintendo: el remake de las ediciones Oro y Plata rebautizadas como Gold Heart y Silver Soul. Algunos pueden apoyar este remake y para los que no jugaron a los originales es una gran oportunidad de jugar a un gran videojuego, pero yo esto lo veo ya como el súmmum de la desvergüenza y de las ganas de ganar dinero con el mínimo. Y es que a pesar de las ilusiones que puedieran tener algunos de ver estos remakes al estilo de Dragon Quest, nos vamos a quedar con las ganas porque estos "nuevos" oro y plata contarán con el motor de Diamante y Perla.

Y hasta aquí la entrada, que creo ya me desahogado bastante. Puede que la entrada carezca de falta de objetividad, desde luego, pero la caída en desgracia de la franquicia pokémon me cabrea y entristece a partes iguales. Cierto es que este fenómeno puede hacerse extensivo a otras sagas de videojuegos, pero lo de pokémon me parece excesivo. Una franquicia muy interesante en sus orígenes pero que, como consecuencia de las ganas de dinero de hacer dinero, se ha ido al carajo.

No he hablado de todos los juegos de pokémon porque creo que eso requeriría una entrada aún mayor que esta, que ya me ha quedado un rato larga. De todas maneras, creo que ya he dicho casi todo lo que tenía que decir. Si alguna vez tengo ganas de seguir despotricando, escribiré otra entrada. Brindemos por pokémon, franquicia que, si bien sigue viva, para mí ya debería estar muerta. Un saludo.

 

 

 

Retroanálisis: Bubsy in: claws encounters of the furred kind

Lo prometido es deuda y, tras la mini-entrada de intenciones de ayer, ahora toca una entrada en serio. Como ya dije, hace poco recuperé mis antiguos juegos de Mega Drive y Master System que guardaba en mi pueblo. Ahora tengo en mi cuarto una caja repleta con incunables de la época de los 8 y los 16 bits y lo cierto es que la tentación de hacer un retroanálisis era demasiado grande. A pesar de la presencia de joyas como las distintas versiones de Sonic (como Sonic & Knuckles, cuya caja de cartón se cae a cachos), me he decidido a hacer una entrada de Bubsy, juego protagonizado por un gato rabón, producto de Accolade lanzado allá por 1993 para Mega Drive y Super Nes.

Antes de seguir, un poco de historia: el primer Bubsy era un juego de plataformas de los de antes aparecido en pleno apogeo de dicho género. Tras obtener unas buenas críticas con su primera entrega, Bubsy repitió con una segunda parte tiempo después. Bubsy llegó a aparecer en la generación de las 32 bits en PSone con un juego llamado Bubsy 3D. Dicho juego resultó ser un fracaso y una tremenda decepción, de manera que del felino de Accolade nunca más se supo.

Hasta aquí la introducción. Empecemos con el juego. La verdad es que Bubsy llamaba la atención desde el principio, pues el cartucho de Mega Drive era de esos que a mi me gustaba llamar "especiales", pues era más alto que ancho, a diferencia de la mayoría del catálogo de la 16 bits de Sega (aunque especial, no era único, pues James Pond 2 también era distinto en este aspecto).

Hablando del juego en sí, nos encontramos ante uno de los tropecientos plataformas de principios de los 90 que abarrotaban las máquinas de la época. La historia, simplona como pocas, era una mera excusa para recorrer los niveles aunque resultaba original: la Tierra ha sido invadida por unos extraterrestres llamados Woolies o Lanosos, cuyas intenciones son robar todos los ovillos de lana del planeta (ein?). Pero nuestro protagonista, Bubsy, una gato rabón y chulesco no va a permitir que dichos bicharracos se adueñen de los ovillos (objetos que los gatos aprecian muchísimo), de manera que se lanza a la aventura para detener a los aliens y salvar el mundo de paso.

El juego era el típico plataformas en 2D con avance de scroll lateral, aunque sorprendía por sus llamativos gráficos, coloristas y resultones para la época. Desde luego, la palma se la llevaba el protagonista, pues Bubsy estaba perfectamente modelado y daba la impresión de ser un dibujo animado. El bobcat contaba con decenas de animaciones, entre las que destacaban las distintas maneras que tenía el personaje de morir (de esto hablaré más adelante). Los lanosos también estaban bien animados y el resto de personajes no desmerecían el conjunto.

Los entornos eran variados y el juego contaba con 16 fases agrupadas en zonas de tres con la misma temática con el inevitable enemigo final en la tercera fase de cada grupo. La decimosexta fase era una excepción, pues se pasaba del tirón. Las distintas fases eran variadas, empezando por el típico poblado idílico del principio y visitando posteriormente lugares como una feria, un tren del salvaje oeste con su correspondiente recorrido por el desierto o un bosque.

Las fases eran grandes, con varios niveles de altura y un poco mareantes, pero gráficamente eran un placer para la vista. Así mismo, las melodías que acompañaban a cada una de las zonas temáticas eran muy buenas y encajaban con la zona en cuestión.

Como todo buen bichejo plataformero, Bubsy podía correr (a una velocidad endiablada, por cierto), saltar y, lo más curioso, planear, lo que le permitía aterrizar suavemente o recorrer grandes distancias al caer de una gran altura. Si Mario recolecta monedas y Sonic anillos, Bubsy no iba a ser menos y, como se adivinará por las imágenes, su objetivo era recolectar tantos ovillos de lana como fuera posible para aumentar su puntuación. Así mismo, Bubsy podía encontrar también camisetas que le otorgaban poderes tales como ser invisible o invencible, amén de las impepinables vidas extra o los continue.

Hasta ahora he hablado de las virtudes. Vamos con algún defecto. Puede que fuera cosa de la versión que yo tenía para Mega Drive, pero lo cierto es que Bubsy, al saltar, tenía una preocupante tendencia a desviarse a la izquierda, lo que me obligaba a corregir la dirección de los saltos continuamente. He vuelto a conectar mi Mega Drive (sigue funcionando después de tantos años, snif) y el defecto sigue estando ahí. Quizá sea cosa de mi versión del juego, pero ahí queda.

Y si había una cosa que me sacaba de quicio era la dificultad del juego. Puede que hace 16 años yo fuera bastante torpón, pero lo cierto es que en su día Bubsy se me antojó un juego difícil de narices. He hablado antes de las animaciones de Bubsy al morir y lo he hecho porque acabé HARTO de verlas una y otra vez. A pesar de chulería y sus aires de superioridad, Bubsy era un Bobcat muy delicado que moría al primer golpe de los muchos elementos hostiles que habitaban los distintos niveles. Empezando por los Lanosos, a los que podía derrotar saltando sobre su cabeza, aunque si los tocaba por un lado Bubsy caía al instante. Si los lanosos se ponían a tirar patatas apaga y vámonos, que al mínimo roce Bubsy perdía una vida de las que disponía (con razón te daban 9 al empezar la partida, pues las perdías a toda velocidad en las primeras partidas).

A los lanosos se unían pianos, jirafas en los trenes, castores, luciérnagas, ranas y demás fauna destinada a derrotar a nuestro delicado personaje. A estas amenazas se unían elementos del entorno, como cactus, maquinas de chicle, cajas de chinchetas, petardos y demás elementos indestructibles que, como todo, acaban con el protagonista al instante. Sólo queda hablar de las zonas con agua o de las grandes alturas, que también fulminaban a Bubsy en un momento.

Con todos estos peligros, no es raro que el personaje contara con decenas de maneras de morir: al ser tocado por un enemigo, Bubsy sonreía mirando a la pantalla, se resquebrajaba y se rompía en trozos. Al caer de una gran altura Bubsy se estampaba contra el suelo y su cuerpo quedaba convertido en un acordeón. Al caer al agua, Bubsy sacaba un sombrero y se hundía como un capitán de barco. Al pisar unas chinchetas Bubsy se desinflaba y salía volando. Al caer al vacío Bubsy se despedía con cara de pena… Un montón de maneras de morir, vamos.

Repito, puede que yo fuera algo torpón, pero Bubsy siempre se me antojó un juego complicado y, de hecho, nunca conseguí pasármelo del todo. Como mucho, conseguí llegar a la fase final, la nave espacial, pero no conseguí superarla nunca. El juego contaba con passwords y algunos puntos de continuación, pero ni con eso fui capaz. Mientras escribo, tengo la caja del juego al lado mío y noto una espinita clavada en mi alma de jugón. Podría tirar de emulador, desde luego, y a base de guardar cada dos minutos el juego sería pan comido, pero eso no me dejaría satisfecho, así que es posible que el día menos pensado coja mi Mega Drive e intente superarlo de una vez por todas.

En resumen, Bubsy fue un gran plataformas en su época. Gráficos coloristas y detallados, un personaje muy bien hecho que daba la impresión de ser un dibujo animado, buenas melodías y, a título personal, un control algo impreciso y una dificultad algo excesiva. De todas maneras si tenéis la oportunidad de probarlo hacedlo, no os decepcionará.

Popurri: Motivos por los que he estado tres semanas sin escribir+Un vistazo al futuro

Casi tres semanas sin escribir. Cuando pienso que cuando empecé el blog tenía la intención de escribir una entrada cada tres o cuatro días… Qué mal me siento. La culpa la tienen los vicios que rodean mi vida (amén de ciertas obligaciones personales, desde luego). La verdad es que esta entrada quiere ilustrar algunos de los hobbies que me han tenido ocupado estas últimas semanas, además de constituir un desahogo para mi persona. También quiero hablar un poco del futuro del blog y de las entradas que me gustaría escribir en los siguientes meses. Como siempre, espero no aburriros.

Lo primero de lo que me apetece hablar es de que, como si de Chris Redfield se tratara, me ha surgido la oportunidad de ir a trabajar a África. E igual que el ex-agente de STARS, ahora integrante de la BSAA, me pregunto si merece la pena. Desde luego, mi trabajo no consistirá en derrotar hordas de majini, perseguir a Irving e intentar encontrar a Jill (o eso espero). Lo que me planteo es si abandonar mi país, alejarme de mis familiares, amigos, rutina, etc, valdrá la pena. Desde luego, mi decisión afectará al futuro del blog. Ya veremos lo que pasa.

Kijuju Wallpaper

Al margen de esto, el mes de junio se acerca, y con él, esas bestias con tentáculos llamadas exámenes que tienen como objetivo amargar la existencia de todo estudiante. Estos engendros surgidos de las entrañas de la universidad empiezan a encargarse de absorber todo mi tiempo libre y atraerme a esas montañas de apuntes con la intención de sorberme los sesos. Me resisto, pero la fatídica hora de examinarme se acerca.

Para seguir hablando de cosas dolorosas, debo confesar que el otro día cometí un terrible error y se me ocurrió ver esa abominación llamada Dragon Ball: Evolution. La vi descargada, desde luego, lo que no evitó que intentara sacarme los ojos y practicarme el hara-kiri. Es mala. Mala a más no poder. Un despropósito de proporciones bíblicas. Le dedicaría una entrada para ponerla a parir, pero ni eso se merece. Lo único que quiero es olvidarme de esa aberración lo antes posible.

Pasando hablar de películas menos terribles, el fin de semana pasado tuve la oportunidad de ver X-Men Orígenes: Lobezno. La película peca quizá de algo lenta, pero lo cierto es que me encantó. Muy probablemente le dedique una entrada en breve.

También he pillado un buen empacho de series americanas. Aparte de engancharme a serie como The mentalist o Lie to me (de las que casi seguro escribiré alguna entrada en breve), también estoy disfrutando de las aventuras de Jack Bauer en la séptima temporada de 24. Entre mis otras habituales hay sitio para la comedia con The Big Bang theory, How I met your mother o My name is Earl. El colofón lo constituyen los siete capítulos de Heroes que me tragué de una sentada hace poco para llegar al final de la temporada. De esta serie quería escribir una entrada, aunque solo sea para hablar de su declive; y es que después de una soberbia primera temporada, Heroes va cuesta abajo (aunque quizá solo sea una opinión personal).

Lie to me, cuyo reparto encabeza el conocido Tim Roth, es una serie muy recomendable. En breve haré una entrada sobre ella.

También he tenido de ver cosillas de manga y anime. A mis habituales One Piece, Naruto, Hajime no Ippo o Bleach, se han unido nuevos integrantes, como D. Gray-Man, Soul Eater o la nueva temporada de FullMetal Alchemist. A esta última le tengo un especial cariño, de manera que creo que dentro de poco le dedicaré una entrada.

Que nadie se alarme, porque también he tenido tiempo para la literatura, aunque mis elecciones no hayan sido del todo afortunadas. A la relectura de La verdad, la última novela en castellano de Mundodisco (con el permiso de Los pequeños hombres libres), se unió la lectura de El fuego de Katherine Neville. Este libro es la segunda parte de El Ocho, libro que es posible que muchos conozcáis. Debo decir que la primera parte se me hizo bastante aburrida y esta segunda parte no se queda atrás y tampoco me ha dejado buen sabor de boca: una protagonista que está en Babia durante casi toda la novela y a la que nadie le explica nada (y cuando le explican algo, es para dejarla con más dudas). No quiero explayarme en exceso con el argumento del libro (la búsqueda de un juego de ajedrez que contiene un terrible secreto), pero quizá le dedique una entrada, aunque sea para despotricar un poco. También he podido leer Los hombres que no amaban a las mujeres, primera parte de la trilogía Millenium escrita por el fallecido Stieg Larsson. Como todos los best sellers que copan las estanterías de los centros comerciales, al libro se le ha dado mucha publicidad. El libro es interesante, entretiene, pero no es una obra maestra. La verdad es que me ha dado un poco por la literatura comercialLMAO.

Y me guardo lo mejor para el final (al margen de las fiestas y los amigos), esto es, los videojuegos. Estos días he tenido tiempo de pasarme El profesor Layton y la villa misteriosa, juegazo de puzzles donde los haya, aunque es cierto que los últimos puzzles han sido capaces de sacarme de quicio. Además de seguir rejugando Resident Evil 5, he podido probar el extraño Mirror’s Edge, sobre el que aún no tengo una opinión formada. También me ha dado por volver a jugar a Bioshock. Sigue siendo tan bueno como siempre y con la segunda parte a la vuelta de la esquina, creo que un análisis del juego será interesante de hacer. Hace poco recuperé todos mis juegos de Mega Drive y Master System que tenía en el pueblo, así que algún reanálisis caerá dentro de poco.

Y hasta aquí llego. La verdad es que tengo bastantes entradas en mente, como podéis ver, aunque no sé si seré capaz de abarcarlas todas. Tras este pequeño popurrí, solo me queda deciros que la próxima entrada será una entrada con todas las de la ley. Un saludo.