Retroanálisis: Bubsy in: claws encounters of the furred kind

Lo prometido es deuda y, tras la mini-entrada de intenciones de ayer, ahora toca una entrada en serio. Como ya dije, hace poco recuperé mis antiguos juegos de Mega Drive y Master System que guardaba en mi pueblo. Ahora tengo en mi cuarto una caja repleta con incunables de la época de los 8 y los 16 bits y lo cierto es que la tentación de hacer un retroanálisis era demasiado grande. A pesar de la presencia de joyas como las distintas versiones de Sonic (como Sonic & Knuckles, cuya caja de cartón se cae a cachos), me he decidido a hacer una entrada de Bubsy, juego protagonizado por un gato rabón, producto de Accolade lanzado allá por 1993 para Mega Drive y Super Nes.

Antes de seguir, un poco de historia: el primer Bubsy era un juego de plataformas de los de antes aparecido en pleno apogeo de dicho género. Tras obtener unas buenas críticas con su primera entrega, Bubsy repitió con una segunda parte tiempo después. Bubsy llegó a aparecer en la generación de las 32 bits en PSone con un juego llamado Bubsy 3D. Dicho juego resultó ser un fracaso y una tremenda decepción, de manera que del felino de Accolade nunca más se supo.

Hasta aquí la introducción. Empecemos con el juego. La verdad es que Bubsy llamaba la atención desde el principio, pues el cartucho de Mega Drive era de esos que a mi me gustaba llamar "especiales", pues era más alto que ancho, a diferencia de la mayoría del catálogo de la 16 bits de Sega (aunque especial, no era único, pues James Pond 2 también era distinto en este aspecto).

Hablando del juego en sí, nos encontramos ante uno de los tropecientos plataformas de principios de los 90 que abarrotaban las máquinas de la época. La historia, simplona como pocas, era una mera excusa para recorrer los niveles aunque resultaba original: la Tierra ha sido invadida por unos extraterrestres llamados Woolies o Lanosos, cuyas intenciones son robar todos los ovillos de lana del planeta (ein?). Pero nuestro protagonista, Bubsy, una gato rabón y chulesco no va a permitir que dichos bicharracos se adueñen de los ovillos (objetos que los gatos aprecian muchísimo), de manera que se lanza a la aventura para detener a los aliens y salvar el mundo de paso.

El juego era el típico plataformas en 2D con avance de scroll lateral, aunque sorprendía por sus llamativos gráficos, coloristas y resultones para la época. Desde luego, la palma se la llevaba el protagonista, pues Bubsy estaba perfectamente modelado y daba la impresión de ser un dibujo animado. El bobcat contaba con decenas de animaciones, entre las que destacaban las distintas maneras que tenía el personaje de morir (de esto hablaré más adelante). Los lanosos también estaban bien animados y el resto de personajes no desmerecían el conjunto.

Los entornos eran variados y el juego contaba con 16 fases agrupadas en zonas de tres con la misma temática con el inevitable enemigo final en la tercera fase de cada grupo. La decimosexta fase era una excepción, pues se pasaba del tirón. Las distintas fases eran variadas, empezando por el típico poblado idílico del principio y visitando posteriormente lugares como una feria, un tren del salvaje oeste con su correspondiente recorrido por el desierto o un bosque.

Las fases eran grandes, con varios niveles de altura y un poco mareantes, pero gráficamente eran un placer para la vista. Así mismo, las melodías que acompañaban a cada una de las zonas temáticas eran muy buenas y encajaban con la zona en cuestión.

Como todo buen bichejo plataformero, Bubsy podía correr (a una velocidad endiablada, por cierto), saltar y, lo más curioso, planear, lo que le permitía aterrizar suavemente o recorrer grandes distancias al caer de una gran altura. Si Mario recolecta monedas y Sonic anillos, Bubsy no iba a ser menos y, como se adivinará por las imágenes, su objetivo era recolectar tantos ovillos de lana como fuera posible para aumentar su puntuación. Así mismo, Bubsy podía encontrar también camisetas que le otorgaban poderes tales como ser invisible o invencible, amén de las impepinables vidas extra o los continue.

Hasta ahora he hablado de las virtudes. Vamos con algún defecto. Puede que fuera cosa de la versión que yo tenía para Mega Drive, pero lo cierto es que Bubsy, al saltar, tenía una preocupante tendencia a desviarse a la izquierda, lo que me obligaba a corregir la dirección de los saltos continuamente. He vuelto a conectar mi Mega Drive (sigue funcionando después de tantos años, snif) y el defecto sigue estando ahí. Quizá sea cosa de mi versión del juego, pero ahí queda.

Y si había una cosa que me sacaba de quicio era la dificultad del juego. Puede que hace 16 años yo fuera bastante torpón, pero lo cierto es que en su día Bubsy se me antojó un juego difícil de narices. He hablado antes de las animaciones de Bubsy al morir y lo he hecho porque acabé HARTO de verlas una y otra vez. A pesar de chulería y sus aires de superioridad, Bubsy era un Bobcat muy delicado que moría al primer golpe de los muchos elementos hostiles que habitaban los distintos niveles. Empezando por los Lanosos, a los que podía derrotar saltando sobre su cabeza, aunque si los tocaba por un lado Bubsy caía al instante. Si los lanosos se ponían a tirar patatas apaga y vámonos, que al mínimo roce Bubsy perdía una vida de las que disponía (con razón te daban 9 al empezar la partida, pues las perdías a toda velocidad en las primeras partidas).

A los lanosos se unían pianos, jirafas en los trenes, castores, luciérnagas, ranas y demás fauna destinada a derrotar a nuestro delicado personaje. A estas amenazas se unían elementos del entorno, como cactus, maquinas de chicle, cajas de chinchetas, petardos y demás elementos indestructibles que, como todo, acaban con el protagonista al instante. Sólo queda hablar de las zonas con agua o de las grandes alturas, que también fulminaban a Bubsy en un momento.

Con todos estos peligros, no es raro que el personaje contara con decenas de maneras de morir: al ser tocado por un enemigo, Bubsy sonreía mirando a la pantalla, se resquebrajaba y se rompía en trozos. Al caer de una gran altura Bubsy se estampaba contra el suelo y su cuerpo quedaba convertido en un acordeón. Al caer al agua, Bubsy sacaba un sombrero y se hundía como un capitán de barco. Al pisar unas chinchetas Bubsy se desinflaba y salía volando. Al caer al vacío Bubsy se despedía con cara de pena… Un montón de maneras de morir, vamos.

Repito, puede que yo fuera algo torpón, pero Bubsy siempre se me antojó un juego complicado y, de hecho, nunca conseguí pasármelo del todo. Como mucho, conseguí llegar a la fase final, la nave espacial, pero no conseguí superarla nunca. El juego contaba con passwords y algunos puntos de continuación, pero ni con eso fui capaz. Mientras escribo, tengo la caja del juego al lado mío y noto una espinita clavada en mi alma de jugón. Podría tirar de emulador, desde luego, y a base de guardar cada dos minutos el juego sería pan comido, pero eso no me dejaría satisfecho, así que es posible que el día menos pensado coja mi Mega Drive e intente superarlo de una vez por todas.

En resumen, Bubsy fue un gran plataformas en su época. Gráficos coloristas y detallados, un personaje muy bien hecho que daba la impresión de ser un dibujo animado, buenas melodías y, a título personal, un control algo impreciso y una dificultad algo excesiva. De todas maneras si tenéis la oportunidad de probarlo hacedlo, no os decepcionará.