Análisis: Dragon Quest VIII: El periplo del rey maldito

Con Dragon Quest IX a la vuelta de la esquina, me ha parecido un buen momento para recordar la anterior entrega numérica de esta saga.  A pesar del 8 en números romanos que adorna el título de esta entrada, lo cierto es que El periplo del rey maldito fue el primer Dragon Quest que llegó a tierras europeas allá por abril de 2006.  Y lo cierto es que lo hizo por la puerta grande. Veamos qué es lo que nos ofrecía.

Algo extraño me golpeó la primera vez que jugué a este Dragon Quest y lo cierto es que es difícil explicar. Nos encontramos ante el típico RPG, con un gran mundo por explorar, combates por turnos con los comandos a los que cualquier RPG nos tiene acostumbrado, una historia bastante típica… ¿Qué es lo que hace a este Dragon Quest tan bueno y especial? Vamos por partes.

Gráficamente el juego era y sigue siendo una pasada. Disponemos de un mundo descomunal con bosques, montañas, aldeas, ciudades, desiertos, ríos, mares… Todo perfectamente recreado con un exquisito cell shalding que da una sensación de dibujo animado muy conseguida. A diferencia de Wind Waker, no llega al nivel de estilo cartoon, sino que más bien nos da la sensación de estar viendo los escenarios de un anime japonés. 

El diseño de personajes, realizado por el incombustible Akira Toriyama (creador de esa obra magna del manganime que es Dragon Ball) es también una garantía de éxito. Los protagonistas tienen un estilo muy característico y están muy bien definidos. Por suerte, los secundarios y las decenas de personajes que pueblan el inmenso mundo de este DQ están a la altura, aunque por desgracia tarde o temprano seremos testigos de la repetición de modelos a nivel facial. Por suerte, esta sensación es llevadera y tampoco agobia en exceso ver a personajes clónicos de una ciudad a otra.

Sin duda alguna, la guinda del pastel la forman las carretadas de enemigos que nos encontraremos durante el juego. Desde los famosos limos básicos que nos encontramos al principio del juego hasta los descomunales enemigos finales, veremos pasar ante nuestros ojos a una impresionante galería de criaturas que destilan originalidad, carisma y sentido del humor por los cuatro costados. Vale que la cantidad de enemigos es limitada, pero el buen hacer de Toriyama y la variedad de modelos es realmente de agradecer.

Quizá el nivel gráfico (muy bueno para la época y que a día de hoy sigue impresionando) tenga buena parte de la culpa del éxito del juego, pero lo cierto es que la banda sonora no se queda atrás. DQ8 tardó casi dos años en llegar a nuestro país desde tierras. Por suerte, se introdujeron ciertas mejoras en la versión europeo. Una de las más destacadas es la total orquestación de la banda sonora, lo que se traduce en una gozada a nivel sonoro. Partituras diversas, originales, que se adaptan a la situación perfectamente y que dotan al juego de muchos puntos en este aspecto. 

Los efectos sonoros también mantienen el buen nivel sonoro, pero lo que gustará a la mayoría serán las voces. Vale que el juego está totalmente en inglés (con subtítulos en castellano, desde luego), pero las voces de todos los personajes (sobre todo las de los protagonistas), se ajustan perfectamente (Yangus y el rey Trode son buena muestra de ello).

Todas estas bondades podrían verse arruinadas por un deficiente apartado jugable, pero lo cierto es que, a pesar de contar con un sistema de juego simplón que la mayoría conocerá, DQ8 consigue salir airoso y ofrecer al jugador una excelente experiencia. Atravesaremos un descomunal mundo que tendremos que explorar de cabo a rabo si queremos encontrar todo lo que nos ofrece. Cuando exploramos, lo cierto es que no hay mucho que comentar. Nuestro personaje puede colarse en casas ajenas sin problemas para saquear armarios, cofres, barriles o lo que se tercie para engrosar nuestro inventario.

Cuando estamos en el exterior podemos entablar un combate aleatorio cuando menos te lo esperes, quitando los monstruos conocidos (a los que veremos venir y podremos incorporar a nuestro equipo). Una vez iniciado el combate, dispondremos de los comandos típicos de cualquier RPG: atacar, magia, defender, habilidad, objetos o mentalizar. Todas son bastante obvias, quitando lo de mentalizar, que consiste en acumular tensión durante varios turnos para, una vez llegado al nivel deseado, poder ejecutar potentes golpes. Disponemos también de las opciones de huir e intimidar, esta última bastante inútil ya que solo hará huir a monstruos más débiles que nosotros.

Quizá esta simplicidad sea una buena baza para justificar el éxito del juego: apto para todos los públicos y fácil de dominar.

Para rematar, la historia es simplona, típica y llena de clichés por todas partes. Un malvado bufón ha robado un cetro que posee un tremendo poder. No contento con eso, ha convertido al rey del castillo donde estaba el cetro en una especie de troll y a su hija la princesa en una yegua. Todos los habitantes del castillo son hechizados, exceptuando a un guardia del palacio, el héroe, el protagonista, personaje mudo que controlaremos desde el principio. La aventura está servida. 

Con la princesa y el rey encantados a remolque, el protagonista se embarca en un viaje para capturar al malvado Dhoulmagus, el bufón que ha robado el cetro. No tardan en encontrarse con Yangus, ladrón de poca monta que intenta robarles y no sólo fracasa, sino que además está a punto de caer por un  un puente.  El héroe lo rescata y desde ese momento, Yangus le acompaña y le apoya siempre, aparte de llamarle siempre "jefe", aunque este respeto no se traslada al rey Trode, con el que tiene bastantes (y divertidos) enfrentamientos. El grupo lo acaban completando Jessica, dama aristocrática de armas tomar decidida a vengar la muerte de su hermano a manos de Dhoulmagus y el monje Angelo, un mujeriego de cuidado pero que se preocupa por sus semejantes.

En el grupo encontramos todas las cosas típicas de los héroes de un RPG, incluso a nivel jugable: el protagonista es un todo terreno que puede atacar o usar magia de manera indiscriminada, Yangus es lento y se le da mal la magia pero lo compensa con una gran potencia de ataque, Jessica es débil físicamente, pero la magia de ataque, curación de alteración de estados es su mejor arma; por último, Angelo, comparte muchas de las características del protagonista.

Los personajes están bien diferenciados, tanto en habilidades como en armas. No todos pueden llevar las mismas armas y accesorios y no todos aprenden las mismas habilidades, lo que dota al juego de cierto componente estratégico según vaya avanzando la partida, ya que tendremos que volcarnos en unas u otras habilidades de cada personaje, ya que los puntos de experiencia y destreza que vamos obteniendo son del todo insuficientes para abarcar todas las habilidades de cada uno.

Como es de suponer, dispondremos de un descomunal plantel de armas, objetos y equipamiento que iremos obteniendo según avance el juego. Algo curioso es el pote de alquimia, en el que podremos meter ciertos objetos para obtener objetos nuevos. La cantidad de combinaciones del pote de alquimia es enorme y muchos objetos (los más poderosos, desde luego) solo podrán obtenerse a base de ciertas combinaciones del pote de alquimia.

Sabiendo todo esto, podemos embarcarnos en el largo viaje que nos espera para devolver al rey y a la princesa a su forma original. Tendremos que hacer buen uso de nuestras habilidades, ya que este Periplo del rey maldito es un juego bastante exigente en lo que a dificultad se refiere. Tendremos que librar docenas de combates antes de afrontar enfrentamientos serios con jefes finales ( de los cuales saldremos mal parados en muchas ocasiones). Pero ojo, que cualquier combate aleatorio con un monstruo menor puede convertirse en una tortura si nos descuidamos. En los compases finales del juego es sencillo desesperarse, de manera que siempre será útil perder horas y horas peleando contra todo bicho viviente, lo que se traducirá en victorias a largo plazo.

En muchas ocasiones la experiencia te supera, te domina y crees que vas a ser incapaz de seguir adelante. DQ8 es tan grande y, a veces, tan exigente que puede desquiciar a más de uno, pero lo cierto es que la experiencia de juego, si le echas ganas, es muy satisfactoria. La historia, aunque sencilla, avanza de manera satisfactoria y consigue mantenerte entretenido. El carisma de los bicharracos que te vas encontrando siempre te arrancará una sonrisa y avanzar, descubrir nuevos parajes, nuevas ciudades, nuevos entornos, nuevas armas, etc, es siempre una gozada para los que les guste la exploración.

En fin, que nos encontramos ante un juegazo de PS2 que nadie a quien le gusten los RPGs al uso debería perderse. Vale que el sistema de juego es sencillo y la historia simplona, pero todo viene adornado con unos gráficos excelentes, una banda sonora de infarto y una jugabilidad clásica de la que beben muchos RPGs.

Este viernes le podremos poner las zarpas a la novena entrega de la saga, esta vez únicamente en Nintendo DS, pero mis expectativas son altas. Esperemos que todo el buen hacer de El periplo del rey maldito esté volcado en Centinelas del firmamento. Un saludo.