Niña, niña.

La niña llora entre las frías

manos de su madre.

Llora, llora.

El viento va y viene, la luna

se oculta tras la negras nubes.

Negras nubes.

Y la niña gime, llora y tiembla.

Su madre ha quedado inmovil bajo

el hachazo impasible. Un soplo

de viento mueve su cabello.

Muerta, está muerta.

Y la niña lo ha visto; La sangre

volar en todas direcciones.

Su rostro esta manchado de sangre.

En su cara sudorosa hay

pelos pegados, grasientos.

Hace semanas que no se lava.

El hacha sigue allí, coronando

el cráneo partido de su madre,

y las manos que lo agarran.

Las manos que sobresalen

de las mangas de la sotana.

¿Hay un hombre? Debe haberlo,

su madre está muerta.

Ella lo mira, no ve su rostro,

se alza y le golpea en el

torso una vez. Otra.

La sotana arranca el hacha

de la cabeza como quien

lo arranca de un tronco.

Apoya el pie sobr el pálido

rostro para ayudarse.

Los sesos se salen.

Algunos gotean sangre colgados

del hacha.

La niña se aleja, vomita, llora.

Su madre es ahora un resto

orgánico, carne para buitres.

El hacha surca el aire.

Ha impactado contra el hombro

de la niña.

Se escucha al hueso crujir y

romperse, el gorgoteo de los tendones

separados a la mitad inunda

la cabeza de la niña.

Su brazo.

Le ha cortado el brazo izquierdo.

Está en el suelo, una rama

de seto recién cortada, un charco

de sangre se está creando.

Se marea.

Su rostro se apaga rápidamente.

El hombre tira el hacha.

Habla.

¡Y los justos reinaran la tierra!

SteelRnc9.