Escucha

Escucha

Escucha, el alarido de la sangre

Que vino a volcarme en la corriente

Fiera del río, en el cuarto creciente

Del oro convertido en limosna

Del pobre corredor mirando al teniente

Que hoy en su cabeza aloja

Una bala de diseño estridente,

¿Quién los pensamientos embargará?

Y no será más que solo un número

Entre millones de cuerpos inertes

Desprendidos del alma que alberga

El cúmulo de odio presente

En los principios de una vida pendiente.

 

De este sueño irreconciliable

Quiero despertarme, escuchar

Tu voz suave y serena

En las noches heladas

De invierno, escuchando

Las ramas golpear desesperadamente

Las ventanas

De la habitación,

Los cristales empañados

Por tu rápida respiración.

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Soneto VII

Soneto VII: Lacanción de la señorita

Tres margaritas alumbran los balcones,

Hierbas áureas de tímidos ilusos.

Ojos de robles añejos reclusos,

Estrellas, arrancan de día rencores

De lunas, que incitan ataques ceutones.

Gritos mudos, añoranzas de lutos

Que hablan entre paredes zurcidas de husos.

Niñas buscan lunas de cuerpos pudores

Que acaricien sus rosas vírgenes

En noches candentes de invierno desnudos

Con el canto, relinche, de jóvenes

Caballos. Temblores de soles mudos

Que habitan del Duero las márgenes

De flores tristes que lloran de dos en dos.

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Soneto V

Soneto V: El sonetode la muchacha

Por la montaña desciende ella,

Solita entre roble ajadas.

Soldados cabalgan en fila de a dos

Por sus pupilas brillantes de estrella,

En lo que busca su reflejo la bella

Cierran la puerta a la luz, sedados.

Sus faldas recorren hálitos sagrados

Y en su sonrisa el sol abre mella.

Al mástil le arrancó las blancas velas

En donde el nicho agasajado

Ocultaba sus rosas más belas;

Unos rejones en su percal clavados

Desfloran sus tan bien guardadas telas,

Desangran los urdimbres alados.

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Extremeña

Extremeña

Cancioncillas cantan los niños,

Ráfagas de luz amarillas

Vienen, con llantos de grillos;

Y en la calle bailan chiquillas.

 

En la montaña se levantan

Cuando el sol escala a la cima,

Con cántaros vacíos se van

A la ría, cantando rimas.

 

Y el sol prende las velas

Que les da un poco de ver,

A las calientes aceras

Jovencitas les dan de beber.

 

El viento arranca el aroma

De la señora Romero.

Agüita de rocío llora

Pues ve marchar su marinero;

 

Coplillas Cacereñas

Canta la joven doncella,

Está sola, Extremeña,

La jara es sólo ella.

 

Quejíos de la tierra

Se escuchan en Villanueva,

¿Proviene de la sierra

La dulce voz que ruega?

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Ella

Ella

Tiene ganas de llorar

Y parece que va a llover,

Hoy se siente tan sola

Que solo quiere querer.

Ella mira al firmamento

En busca de su estrella,

Mas la luna las esconde

Y la deja tan sola

Que las nubes encapotan

Su triste mirada,

Negras del humo traidor

Alertando el calabobos.

 

Se pierde la risa

En su pozo abierto,

Perdida en el pueblo

De su corazón sediento

¡Si solo pudiera

Comprender las secuelas

De su rota promesa

Al viento vencido!

Se le rompe la vida

Bajo la fría herradura

De acero fundido

En miedo recogido.

 

No quiere volver a sufrir,

Ser una flor sin vida

En un campo oscuro

De odio podrido,

Aún recuerda a su madre,

De entre sus brazos; el calor,

¡Solo quiere ser como antes!

Una niña inocente.

Su vida no tiene sentido

Ya que vive en el pasado

¡Solo quiere morir pronto!

Y volver junto a su madre.

El sol no le da la vida

Como antes se la daba,

El viento ya no le alegra

En día cada mañana,

Pasa los días en la calle

Tirada en algún callejón

Donde pierde la vida

A cada segundo que pasa;

No tiene consciencia

Del mundo que la rodea,

El dolor se lo impide

Y ella, ¡Se lo permite!

 

¡Escúchale! Y ponte en su lugar

Destila un poco el dolor

De su marchito corazón

Y, por favor, ¡Ayúdale!

Mira en tu interior

Y busca el sentido

Que tiene ahora tu vida

Después de tanto sufrir.

 

La joven de ojos negros

Guarda la tristeza en los pliegues

De su corazón podrido,

¡Y no siente el dolor!

A cada segundo que pasa

De invierno en invierno

Ocultando el estío

En la entretela de su piel.

 

Insólita corriente, ¿Dónde

Te la quieres llevar?

Ella llora pues no encuentra

El amor de su madre

¡Y solo es una niña!

Lo necesita más que al sol

Y más que a su dios

Que él la abandonó,

Cambió las amapolas

Por cardos y ortigas,

Y del campo brotó la sangre

Inundando el odio de sus ojos;

Convergen de su piel

Miles de cardenales

De ansiada libertad,

¡Necesita vivir!

Y procura encontrar

Su proscrita felicidad.

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