relato: el gran día

Se acicaló como mediana y buenamente pudo: no había vuelta atrás, era el gran día y aunque apunto estuvo de titubear y retroceder, aquello hubiera sido lo más fácil y cobarde:

Poco tenía ya que perder y mucho que ganar; y si no, al menos si tenía que caer en el frente aquella noche al menos la haría de forma presentable (dentro de sus propias posibilidades)

Había salido con casi media hora de antelación y hacía un frío de narices, porque hay varios tipos de frío mundialmente conocidos: fresquillo (que es cuando hace calor pero notas una brisa de aire tan agradable que te paras a disfrutar a expensas de pasarte el día siguiente tosiendo), frío (que es el típico y clásico, que te hace ponerte chaqueta y te amarga las mañanas cuando te tienes que levantar pronto a trabajar) y, por último, el “frío de narices“, que es el más peligroso de todos.

Se te cuela por los huesos y estrangula tus entrañas exprimiéndote como si fueras un limón, y no me preguntes como lo hace: la cara te cambie de color a un paliducho que recuerda a los monstruos de un video musical de cuyo nombre todo el mundo se acuerda; y eso no es lo peor…

Lo bueno es que los efectos son instantáneos: mientras caminaba por las no desérticas (pero casi) calles de su “ciudad dormitorio” y apenas llevaba un par de calles que hacían bajada, la moquilla y los estornudos empezaban a crecer y multiplicarse, como dicen en otro libro de cuyo nombre todo el mundo se acuerda pero pocos se han leído (o creído en su defecto)^^

Resfriarse aparte de enriquecer las farmacias a costa del bolsillo propio tiene otros efectos: multiplica el esfuerzo a realizar en casi todo: era el gran día y se sentía viejo sin haber llegado aún a los veinte. Tiene tela la cosa…

Hace amago de esquivar la plaza que llevaba al lugar en apenas cuatro o cinco minutos en línea recta con tal de no toparse a esas horas con aquellos gamberretes ya algo grandecillos que olisqueaban unos polvos de talco que no son como los que te venden en la droguería (vaya, ahora ya se porqué las llaman así…o_O), pero miró el reloj y comprendió que, siendo el gran día, debía asumir el riesgo; con más corazón que cerebro.

Da dos pasos mal contados, echarle narices a las cosas nunca ha sido lo suyo, para que nos vamos a engañar; pero era una causa demasiado grande cómo para retroceder: da otros dos pasos, cada vez más cerca de su supervivencia aquello era como empezar a montar en bici…Y pasa al lado de aquel grupo tan sanote y jovial, que llevaba tal ciego que ni había advertido su temblorosa y patética silueta.

El corazón le latía a tal ritmo que lo lógico a aquellas alturas es que le hubiera salido por la boca y se hubiera marcado una chirigota y un pasodoble, pero eso hubiera sido lo lógico. Era el gran día y solo pensaba en llegar, llegar a aquel lugar.

Suspira, había sorteado el gran obstáculo; en ese instante uno de los jóvenes (con cara de ayudar a las ancianitas a cruzar la calle, obviamente) se lo queda observando con su ojo bueno y mientras despliega y juguetea con su “mariposa semiautomática” (en realidad un cuchillo cualquiera de cortar la mantequilla) y grita: “¡¡Eh, tu, tú, oye tu ven aquí!!”

Su ritmo cardiaco vuelve a dispararse: sale corriendo, esta vez por el camino largo, pero lo hace sin pensar. El gigantón aquel sale a su vez exhalado detrás suyo, y para el colocón del quince que debía llevar, desplazarse con aquel desparpajo no era sino una cualidad más que loable.

Sortea la vaya de un parque infantil sin mirar hacia atrás, en parte para no perder el equilibrio, en parte porque cualquier intento de razonar con la adrenalina disparada se va al garete: medio milímetro más al sortearla y se deja el carné de padre allí mismo.

Sigue corriendo, y de ser un torpecillo patán pasa a ser la envidia del mismísimo Carl Lewis: solo cuando se trata de causas vitales las personas dan lo mejor de si mismas, bueno; y también cuando entra en juego la parte primitiva, brutal y humana y solo se trata de sobrevivir…Y aquella noche pasaban las dos cosas.

Pero su corte de alas (que no de manga) vino en forma de pedrusco al final del parquecito: pedrusco que hizo que su dentadura diese con el frío suelo (lo que en cristiano quiere decir que se dio de morros en la acera)^^

Se gira, le duele la espalda: se ha hecho daño, bastante, y es lógico…Mientras, el tipo, agonizante y mareado, logra dar con él.

Baja el ritmo, camina tambaleándose y lo mira con los ojos fuera de órbita: no había salida.

-¡¡¡¡!!!!

-¡¡¡¡no me hagas daño, no!!!! – dice mientras aún en el suelo se tapa la cara con los brazos y tiembla exageradamente. En cuanto a los latidos, en aquel momento, acababa de batir su propia marca personal.

Saca algo del bolsillo, pero no es su mariposa cercena margarina: era su cartera. Desde entonces la expresión “wtf” está aceptada por la RAE y si la buscas la acompaña una foto de nuestro protagonista en aquel momento, ostia previa en el suelo incluida.

-¡¡que se te había caído la cartera “surnormal”!!

Y se la tira para que la coja pero más bien atina en su cocorota.

gr…g…gracias..much…

Será gilipollas el pavo, que sale corriéndo…

Y se marchó. La calle estaba desierta y entonces si, ya era del todo oscuro. Se recupera, se hace con su cartera, se limpia toda la polvareda y tierra que se le había pegado al caer en el parquecito de marras y permanece un par de segundos en silencio…No puede evitar sonreír y cachondeárse mentalmente de la anécdota cervecera en potencia que le acababa de ocurrir.

Si que soy gilipollas, sí…

Mira el reloj y faltaban cinco minutos solo para TODO…¡¡¡pero gilipollas de remate!!!

Acaba de incorporarse (más mental que físicamente porque de pie ya llevaba un rato) y, a pesar de la brutal carrera que se acababa de pegar salió disparado cual cohete o cual expresidente tras becaria: Era verdad que hay momentos en los que se superan las limitaciones propias y se pasa a ser un héroe. Aquel fue su momento aunque no lo viera nadie, y, probablemente ni siquiera fuera consciente hasta horas después.

Mientras corría pasó por una calle algo más poblada, en su mayoría mezcla de casas y pequeños pisos de dos plantas, tres a lo sumo; bastante deteriorados: aquello era parte del casco antiguo.

Entre tanta sombra difusa en que se había convertido todo lo que veía (posiblemente por la falta de riego después de tal carrera) retomó el aliento al estar a un par de calles y ver que tenía dos minutos; entonces vió en aquello en la casa que tenía enfrente: era el destino, que duda cabía.

Con las tijeras de podar hubiera sido mucho más fácil pero a falta de pan, te fastidias: se hizo con una sin pensar en su propia integridad después de colarse en el jardín de la casa y pasó lo que pasó; que el dueño estaba y su pequeña estatura y avanzada edad engañaban considerablemente, o eso, o era el maestro yoda disfrazado…

Con un ojo que cantaba la traviata y el “yuros livin a selebreishon” de lo colorao que estaba después del intercambio verbal con el paciente yoda y la rosa en la mano que acabó tirando porque había quedado completamente deshecha entró al bar donde habían quedado y la miró a los ojos: durante esos diez segundos entendió que todo eso y más, infinitamente más, habría merecido la pena.

Dedicado a mi amiga Alba Smile

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PD: joeeeeeeeeeer que mal con el xulogreñas este, que se bebe dos cervezas y mira las paranoias que escribe xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD