El Árbol

El Árbol

 

Gris,retorcido y nudoso, se alzaba el árbol en aquella región yerma y marchita. Susbrazos quebrados en ángulos imposibles eran una perfecta analogía del dolor yla tristeza. Sus anchas raíces se incrustaban en la tierra que parecía gemir. Lavena hinchada que era su tronco transportaba savia ocre y sucia hacÌa las ramasmás altas, aún así, ninguna flor crecía, sino que el árbol se hinchaba más ymás. En su conjunto aquel ser conjuraba un desasosiego en el espíritu del quelo contemplase parecido al de la muerte de las personas queridas.

 

 

A sualrededor, se expandía varios metros una circunferencia de desolación. Latierra estaba pelada, seca . Solo deambulaban por su superficiesobrealimentados escarabajos que se enterraban para devorar gusanos albinos y ciegosque parecían nunca mermar.

No era extraño encontrase alguna alimaña o pájaroempalado en una de sus ramas regando su corteza con sangre.

El leñadorobservaba aquel engendro con curiosidad. Comenzó a reír a la vez que sufría unataque de hipo, se tambaleó, y cayó sentado sobre el suelo levantando una nubede polvo. Las lágrimas se escapaban de sus ojos dejando surcos en la tierra quetenía adherida a las mejillas.

Lo habíancontratado para talar ese único ejemplar, le pagarían lo que el ganaba en unaño, ¡solo por un árbol!.

Trató de calmarse. Poco a poco fue recuperando elaliento. Probó a levantarse del suelo pero el mundo giraba muy deprisa, perdióel equilibrio y volvió a caer. Había bebido demasiado, pero no era para menos,¡tenía que celebrarlo!, además lo invitaron los mismos que lo contrataron unaasociación de vecinos o algo asÌ.

– Asociación de paletos- rumió el leñador por lobajo, mientras volvía a reÌr.

Se acercó hasta el hacha andando a cuatro patas.

"Todavíano te han dado el dinero, así que levanta tu culo del suelo y derriba elpuñetero árbol antes de que te ahogues en tu propio vómito borrachoholgazán"

Kattie, su esposa, hablaba desde algún rincón desu aletargado cerebro.

Utilizando el hacha como un bastón logróincorporarse, trato de dar un paso adelante y vaciló.

Cogió un puñado de tierra y empolvó sus manos.Sujetó el hacha con fuerzas y se dirigió al árbol.

Algo se movió en los arbustos que lo rodeaban, segiró nervioso, observó a su alrededor, trato de enfocar su mirada pero le eraimposible, el mundo era un carrusel de objetos duplicados, todo giraba.

– ¿Quien anda ahí?- gritó.

Silencio.

– Putas ardillas…

Algo tiró de su pie y calló al sueloaparatosamente golpeándose la cabeza con una roca. Un estallido blanco de dolorlo cegó, la inconsciencia se apoderó de él.

Al abrir sus ojos y lo primero que vio fue suhacha, se encontraba cubierta de esos asquerosos escarabajos que poblaban lazona. Al instante se dio cuenta de que se hallaba en una posición elevada.

Estoymuerto- pensó-, he muerto sin cobrar, Kattie se enfadará.

Al dolor de cabeza se le sumó una molestia en sushombros, los tenía tensados hacía atrás. No sentía las manos y por más que lointentó sus brazos se negaban a moverse.

El cieloes un lugar bonito pero nunca pensé que el viaje fuese tan incómodo.

– Si te quedas quieto te dolerá menos.

El viejo caminaba lentamente hacia el leñador.Vestía una túnica escarlata que le ocultaba los pies y hacía que pareciese quese deslizaba suavemente por el suelo. Un medallón pendía de su cuello yoscilaba de un lado a otro con cada paso.

El leñador tardó unos instantes en reconocer alportavoz de la Asociaciónde Vecinos. Trató de moverse pero fue inútil, sus piernas estaban fuertementeatadas a algo, un poste o quizás…

Giró un poco su cabeza y por el rabillo del ojopudo ver la putrefacta corteza del árbol.

– Desátame por favor, creo que me golpearon y meataron aquí, sería para robarme, estoy un poco borracho, no se lo que pasó…

– La primavera está a punto de llegar, ¿no notasla fragancia de las flores?- le preguntó el anciano mientras recogía el hachadel suelo- ¿acaso no sientes las raícescrecer?, ¿no escuchas como fluye la savia?

Algo malo estaba sucediendo no sabía que, pero elmiedo se instalo en su cerebro susurrándole horribles palabras

– Disculpa pero creo que tu también estasborracho, lo único que siento es un dolor de cabeza insoportable y creo queestoy atado a este puto árbol…

Sus palabras dejaron paso a un grito provocado porun intenso dolor en las piernas algo lo apretaba con fuerzas, le estabatriturando los huesos. Intento observar que pasaba pero su inmensa barriga leocultaba la razón de semejante dolor.

Quizássea mejor.

No hables de esa forma insensato- espetó elanciano.- Ya esta todo listo gritó el viejo, y tapó su rostro con la capucha dela túnica.

Oh Diosmío sea lo que sea que acabe rápido- pensó el leñador. Su respiración se había acelerado, el dolor había borradolos vestigios de alcohol en su sangre y ahora veía todo con una claridadinsoportable.

De los arbustos que rodeaban el claro comenzaron asalir todos los integrantes de laAsociación de Vecinos, sus vestiduras se parecían a las delviejo a excepción del color, todas eran verdes en diferentes tonalidades. Formaronun semicírculo a su alrededor y entonaron palabras que desconocía, palabras quele dañaban sus oídos.

El árbol se movía, latía como un corazón enfermo clavado a la tierra. El dolor que recorríalos nervios del leñador le impedía siquiera gritar. Pudo observar como la pielde aquel ser con apariencia de árbol lo absorbía hacía sus entrañas, rompiendohuesos y carne en el proceso.

En los últimos instantes antes de perderse en elolvido, el leñador observó como el Anciano Jefe de la Asociación de Vecinosse acerco hacía él y le dijo:

Hasaplacado el hambre del Dios-Árbol. No nos culpes Hijo de Adán. Los sacrificiosson necesarios. Nosotros también hemos probado la fruta prohibida sellandonuestro destino para toda la eternidad. Ya no pertenecemos a tu especie, ya nosomos humanos, Él llegó desde las estrellas y lo cambió todo. Ahora descansa y entrégateal silencio eterno.

Lo último que vio antes que la corteza-piel delDios-Árbol le devorase los ojos fueron los pétalos rojos que asomaban en elrostro del viejo.

FIN

Largos días y placenteras noches…