Extinción

 

A veces las apariencias engañan amigo…

Observemos que sucede al otro lado…

 

Extinción

Corríaa gran velocidad bajo aquellos antiguos árboles. Su cuerpo estabaacostumbrado al violento clima de esos helados parajes, pero hacíademasiado tiempo que no se alimentaba. Si la situación no cambiaba,seguramente moriría solo, lejos de sus amigos, su cuerpo sería alimentopara los cuervos. Y lo que era aun peor, no podría entregar el mensaje.
Lo único que animaba su espíritu en aquella situación deangustiosa urgencia era la luna. Se detuvo durante unos instantes paracontemplarla. Le había fascinado desde pequeño y en cada ocasión que lamiraba una sensación de paz, de origen, de calma, lo invadía . Sentíauna atracción instintiva hacia la Dama Plateada, hacia Selene, comosolía llamarla su madre. Una punzada de rabia y tristeza estranguló sucorazón cuando los recuerdos resurgieron con furiosa nitidez. Su madre,sus hermanos, su padre…estaban todos muertos, asesinados con metódicabrutalidad. Levantó su cabeza, cerró los ojos, y cantó. Era una canciónsobre la añoranza de los tiempos pasados, sobre grandes guerreros,sobre la nobleza, sobre la memoria de los caídos, sobre las fríastierras del norte que eran su hogar, sobre la luna. " Tengo que seguir", se dijo "por el bien de la tribu" .
Eldolor de los recuerdos fue sustituido por el hambre. Tres días de viajey solo se había alimentado de un escuálido roedor que era todo piel yhuesos. " ¿Y si están todos muertos? ¿Podré soportarlo?" pensaba, angustiado por las funestas posibilidades. " Ese es tu problema, piensas demasiado, recuerda el entrenamiento",la voz de su padre le habló autoritariamente desde los recuerdos.Entonces, tal como le habían enseñado, legó el control de su mente alinstinto, a la intuición. Cerro sus ojos del color del hielo y sosegósus pensamientos, viajó a esa parte de su ser donde se encontraba sunaturaleza mas salvaje. En un parpadeo el mundo cambió por completo.Ahora percibía todo con mas claridad. Los colores se intensificaron yparecían brillar en la noche, podía escuchar movimientos entre lahierba y en los cúmulos de nieve, la sinfonía de aromas lo abrumó alprincipio, pero en unos instantes se habituó y podía discriminar granparte de las fragancias que percibía. Aquel bosque en aparienciadesierto rebosaba vida. "Hora de cazar".
Despuésde vagar sin esperanzas durante horas vio algo que renovó sus energías;no podía creerlo, un apetitoso conejo blanco. El pequeño animal semovía cautelosamente entre la nieve, de vez en cuando alzaba su cabezay escudriñaba los alrededores con sus redondos y rosados ojos. Seencontraba a unos escasos veinte metros de él, pero antes no lo habíavisto. "No puedes fallar, por el bien de nuestra raza, ¡cázalo!",se ordenó. Sus músculos se tensaron bajo su piel. Su mente estaba enblanco, solo actuaba el instinto. El pequeño animal no sospechaba queestaba siendo observado por un hambriento predador. Se encontraba muyocupado acicalando su pelaje de algodón y de vez en cuando sealimentaba de las frescas hierbas del bosque."¡¡Ahora!!"
Notó un agudo dolor en el pecho justo en el momento que iba a saltar sobre su indefensa presa. "¿Que fue eso?",se preguntó sorprendido. El dolor desapareció tan fugazmente como vino.Cuando quiso reaccionar era demasiado tarde, el conejo ya no estabaallí.
Una intensa y placentera sensación de cansanciose apoderó de todo su cuerpo de forma abrupta, su mente sin embargochillaba de desesperación. "¡¡No te duermas, por lo que mas quieras, no puedes dormirte!!". Intento caminar, luego del tercer paso cayó al suelo. Su vista comenzaba a nublarse."¿Que está sucediendo?", se preguntó, aunque ya conocía la respuesta.
Lostres que se acercaban eran los que habían asesinado a toda su familia.Lo habían envenenado con una de esas pequeñas flechas. El terror seapodero de él, porque sabía lo que sucedería a continuación. Lodespellejarían vivo.
Uno de ellos sacó un cuchillo, mientras el otro cargó su extraña arma con una de sus diminutas flechas plateadas.
-Terminemos con este pronto, debe haber alguno más merodeando por aquí-dijo el más alto de los tres, mientras sujetaba el arma firmemente.
-Nos vamos a forrar- comentó el del cuchillo. Su piel es exquisita. Seráperfecta para el abrigo de mi mujer. Aunque es un cachorrito. Bueno,para mi hijo igual sirve. Una sonrisa de dientes sucios se dibujó en surostro.
– Eso lo tendremos que discutir- terció el que parecía el líder.
Elpequeño lobo los miraba impotente desde el suelo aturdido por eltranquilizante que recorría sus venas.El dardo colgaba de su pecho comouna extraña medalla. Su pulmones se movían con pesada lentitud, nopodría aguantar mucho más. Miró hacía el cielo y la luna se reflejó ensus pupilas."Lo siento" dijo "espero que escapéis".
El cuchillo se acercaba a su abdomen. Cerró los ojos, levantó su húmedo hocico,y aulló por última vez.

 

Largos dias y placenteras noches…

FIN

 

La última copa

 

Entremos aquí, la música me gusta…

Silencio algo va a suceder…

 

 

 

La última copa

-Otra…más…por favor…

William lo miró sorprendido de que pudiese hablar.

-No crees que ya es suficiente- dijo mientras vertía el Four Roses sobre los hielos.

Elhumo llenaba todo el bar arremolinándose en los rincones, como siestuviese aconteciendo una reunión de espectros. Un triste Blues era lamúsica de fondo. La lluvia marcaba el compás de la noche.

Una manoperezosa y tambaleante surcó el aire insegura en busca de uncigarrillo. Los ojos del joven se asemejaban a dos tizones ardientesrodeados de bolsas negras, que contrastaban con la palidez de su piel.

-De esta…noche no…paso…-las palabras surgían de la boca de aquel muchacho de forma lenta y gangosa.

-Ya lo creo, con el ritmo que llevas, no pasas de las doce.

Jake llegóal bar antes de que el sol se ocultase. Solo se dedicó a beber. Unacopa tras otra. Las engullía como si de agua se tratase. William nohabía presenciado nada parecido en los veinte años que llevaba tras labarra. Era algo inhumano, pero el dinero mueve al mundo, y él no era elcura de la parroquia local.

Había algoen aquel joven que le incomodaba. Quizás esas miradas furtivas alreloj, o que se girase cada dos minutos a observar la puerta, pero lopeor eran sus ojos, no transmitían nada solo un frío vacío. Lo únicoque tenía claro era que el misterioso joven estaba metido en problemasy de los gordos.

Jake se quitó el abrigo poco a poco, dejando a la vista la pistola que colgaba de su axila.

El camarero se movió instintivamente hacía la Beretta que reposaba detrás de la barra.

-Tranquilo William…no te voy a…matar- dijo Jake mientras se llevaba la copa a los labios- no se me da …bien.

-¿Quién te dijo mi nombre?- preguntó el camarero sujetando el arma con más fuerza.

-Ya sabes…se escuchan cosas…aquí y allá…¿sabes?

El pulso de William se había acelerado. ¿Y si aquel chico trabajaba para la mafia?, o peor aún, ¿y si le debía algo a la mafia?

-Oye…

-…Jake.

-Como cojones te llames, si tienes algo que ver con la gente Pulsink, te debo pedir que te marches inmediatamente de mi bar.

Una risa de sapo emergió de la garganta de Jake quebrando el constante sonar de la lluvia.

-Creeme…quePulsink y todos los mamones…que trabajan para él…es el menor de misproblemas…- miró hacia la puerta y luego comprobó el reloj, eran las23:56.

– Para quellevas un arma, ¿eh?, no creo que seas poli, y si lo eres ,estásarruinado. Y, te tendría que pedir que te largases de mi bar porqueaquí, no se admiten polis- William trataba de parecer intimidante perosu voz sonaba insegura, como un adolecente enfadado con sus padres.

-Llevo unarma… para defenderme de… los… peligros… de la noche, comotú…, tú llevas un arma y no eres ni poli…, ni mafioso, ¿no?…Además no está cargada, mira- Jake abrió el revólver y con un grácilmovimiento de dedos, hizo girar el tambor, en efecto estaba vacío- puraapariencia…la gente se asusta…cuando ve un juguete…de estos…

– Entonces ¿qué pasa contigo?

– Es verdadque…le debo…algo…a..alguien, ojala fuese la mafia…- Jake quisosonreír , pero sus labios formaron una mueca de asco.

– Oye me da igual a quien le debas pasta, no quiero problemas en el bar, así que me pagas lo que has bebido y te largas de aquí.

Jake se levanto de la butaca, extendió un brazo y lo movió con gesto teatral abarcando todo el lugar.

-Lo siento damas y caballeros…aquí mi querido amigo…William…piensa que los estoy…incomodando…-dijo Jake en voz alta.

El bar estaba vacío.

-Vamos hombre…no me jodas…y déjame disfrutar de la última copa…

-Págame y te largas.

Jake metióuna de sus manos rápidamente en el bolsillo del pantalón. William saltohacia la escopeta y apunto a la cabeza del joven.

Jake le extendió un billete entre los dedos.

– Quédate con el cambio…- dijo con gesto de desprecio- y..ahora…¿puedo beberme la última copa?

– Largo.

– ¡Joder!,¿me vas…a…negar la última voluntad…?-una de sus manos aferró lapistola- mira…-otra vez con rápidos movimientos desarmó el arma y lemostró el tambor vacío- ¿quieres…más..pruebas…de quesoy…indefenso…?

Jake llevó el revólver a su sien y apretó el gatillo.

Los sesosdel joven salieron despedidos de su cabeza y chocaron contra la paredcon un ruido húmedo. Cayó al suelo desplomado, el revólver todavíahumeaba.

William se quedó atónito mirando el cadáver esperando que se levantase y le dijese que todo fue una broma macabra.

– Estaba vacío…- dijo William incrédulo.

– Ya sabe loque dicen amigo, las armas las carga el Diablo- un hombre se acercaba ala puerta desde las mesas que estaban al fondo del bar. Un olor aazufre lo acompañaba.

– ¡¡Oh Dios mío!!- exclamó William santiguandose.

– ¡Vamos hombre!, no me insulte- dijo el extraño y salió a la lluviosa noche.

Eran las doce en punto.

 

Largos días y placenteras noches…

FIN

 

 

 

Bienvenido

Bienvenido a la TorreOscura.

Adéntrate, sube la escalera circular…

Hay muchas puertas, no tengas miedo, cada una nos llevaráa otro mundo a otra realidad.

La rueda del destino (el Ka) sigue girando, así que, intrépidoviajero, no te detengas ahora que has llegado hasta aquí.

Está anocheciendo. ¿Escuchas el murmullo de las rosas?

No te quedes fuera, es peligroso, entra a mi morada tengoalgo que contarte…