El Cazador – Endimión Tau – Capítulo V: Pesadilla al borde de la realidad. Por Lester_Knight.

Una legión deaullidos y gemidos orquestaba un coro demencial en su conciencia al borde de lalocura. Voces familiares, desconocidas, penitentes, piadosas, desafiantes yaterradas, habían encontrado su comunión en el sufrimiento de la expiación.

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Estaba en elInfierno. Una oscuridad sin fronteras, gelida y vacía, que le robaba el calor ylos deseos de vivir. Pronto sería una más de esas voces residentes, anclada enla última agonia de su existencia.

Escapaba de lamuerte guiado por la esperanza, un punto lejano de luz que parpadeaba a puntode extinguirse. Las voces le debilitaban. Apretaba con fuerza sus manos en losoídos y gritaba hasta desgarrarse las cuerdas vocales, luchando por expulsarlasen vano. Las voces provenían de su interior. 

De pronto, se hizoel silencio.

Y, escuchó la peorde las voces, la suya.

 

La soledad delsilencio le hizo ser consciente del frío que le embargaba. La oscuridad leinvitaba a descansar eternamente en su abrazo. Su voluntad se diluía con laintensidad menguante de los parpadeos del punto de luz. Extendió sus manosabiertas en un intento desesperado por alcanzarlo.

Entonces, el puntode luz se precipito al vacío.

Antes de que sulogica comprendiera, la visión del punto de luz cayendo por debajo del sueloque él mismo pisaba, cayó con él.

Quisó gritar, perola garganta, al igual que su cuerpo, se desvanecía.

Caía a granvelocidad directo al punto de luz, que ahora ocupaba el horizonte.

Cuando estuvo máscerca comprendió su error. Era él quien se encogía. El punto de luz absorbía sumateria. Se hubiera resistido de tener cuerpo.

El punto de luz ledeslumbró al introducirse en él.

 

Volvía a estar enla jungla. El silbido de los motores magnéticos, le advirtió de que un pequeñocomando se dirigía hacia él con monopatines voladores. Sus impulsos de gritarauxilió y correr hacia ellos, no llegaron a ningún cuerpo.

Antes de que laimpotencia le arrebatara la cordura, ocurrió. 

El primero de lossoldados de no tuvo tiempo de gritar. El pecho se le separó de las piernas al cruzarun hilo invisible del Predador. El segundo se elevó por instinto encontrando unhilo que le cercenó la cabeza. El tercero giró noventa grados a la derechaseparándose de los pies con el monopatín volador, y, el cuarto ascendióverticalmente descubriendo una red de hilos invisibles.

Llovieron pedazosde carne y sangre humana.

El tercero searrastraba por el suelo con los codos, sin pies con los que levantarse,llamando al cuartel general, advirtiendo de la trampa de hilos invisibles.Cuando le preguntaron por la operación de rescate, él dijo que era demasiadotarde.

El Predadoravanzaba hacia él.

 

Limpió, sinheridas, triunfador. Sus ojos azul celeste saboreaban la cacería. El soldadohizo un amago de coger el fúsil láser. Entonces, el Predador le mostró su dagaplateada, trazando el signo de lado a lado de negación.

Muerte o largaagonía, quería decir. El soldado escogió muerte.

Cuando estuvofrente a él, apoyó su pie derecho sobre su cabeza. Le miró a él, detectado supresencia incorporea, y le dedicó una sonrisa terrible seguida de un crujidoespeluznante.

Disparos. Losreconoce. Los gemelos Steinmer. Disparando codo con codo al Predador. Sonbuenos, realmente buenos. El Predador se desliza entre las copas de losárboles, furioso. Su escudo de energía emite fogonazos azules. Los gemelos leestan alcanzando. El escudo se agota. La rabia le ciega. Cae al suelo. Correhacia ellos. Pierde la daga. El escudo arde. Va a caer. Los gemelos rugendesafiantes celebrando su muerte. El Predador sigue avanzando. No llegará.Desaparece.

Traición. Losreflejos de los gemelos Steinmer se han cobrado sus vidas. El Predadorreapareció entre ellos. El instinto guió sus armas hacia él. La razón no tuvotiempo de advertirles. El Predador volvió a desaparecer. Y ambos se quitaron lavida mutuamente.

El Predador volvióa dedicarle una sonrisa sarcástica.

Privación.

Un soldado huye delas carcajadas del Predador. Se lleva las manos a las cuencas de los ojos. Esincapaz de detener la hemorragia. La daga le ha vaciado los ojos. La sangre desus oídos revela la huella psiquica del Predador en su mente. Sólo escucha suscarcajadas. No puede escuchar el estruendo de la cascada a la que se dirige.Sus pasos le precipatan al vacío. Cae.

 

No grita. Se haliberado del horror.

 

El Predador emergede la jungla. Observa desde el borde del acantilado el cuerpo sin vida delsoldado arrastrado por el río. Vuelve a percibirlo. Le saluda con la palmaabierta. Entre los dedos. Los ojos sin vida del soldado le clavan la mirada.Los arroja al vacío.

El Predador se ríea carcajadas. Chasquea los dedos.

Contempla a tressoldados desnudos cruficados en árboles. Un hormigero gigantesco bulle deactividad a sus pies. Un manto de hormigas escala la corteza de los árboles.Los soldados suplican por su muerte. El Predador les observa desde la copa deun árbol cercano. Come hormigas. Las hormigas devoran a los soldados. Seretuercen de dolor abriendo más las heridas de las estacas. Las hormigas seintroducen en su interior. Tardarán horas en morir.

El Predador lesabandona. Ha escuchado la voz de Titán.

Titán le ataca acámara lenta. Aguarda el hedor del miedo. Introduce su mano por debajo de lamandibula. Alcanza y retuerce el cerebro. El contacto de la sangre calientesobre su rostro le excita.

Las carcajadas leconducen a Rickkon.

Yace en el suelocon las manos en el corazón. Un infarto. Su visión se ha nublado. Se va. ElPredador le clava una inyección de adrenalina. Se situa detrás de él. Le cogepor el pelo. Cuando la adrenalina devuelve la consciencia a Rickkon. Le cortale cabeza con la daga muy lentamente.

Rickkon grita comoun cerdo.

Mayor: ¡Teniente!

Diluvia en lajungla. Su cuerpo caido boca arriba no responde. Apenas respira. El brazoderecho le cuelga en un angulo horrible. La mano ha perdido los dedos. Un hilode sangre mana de sus labios. Sufre heridas internas. Ojos, nariz y oídossangran por la presión psiquica del Predador.

Mayor: ¡Teniente!

Éste avanza haciaél. Herido en el estomago. Traje parcialmente carbonizado. Quemaduras en lapiel. Costras de sangre en el rostro y el cabello.

La pesadilla hadado paso a la realidad.

El Predador empuñala daga. Adivina en su mirada la intención de reanimarlo. Otra amputación. ElFestín de carne debe continuar.

Mayor: ¡Teniente!

Conrad: ¿Señor?

Mayor: ¡Teniente, informe!

El martillazo de untrueno retumba en la jungla. Logra despertarlo. El Predador vuelve a sonreirle.Rueda sobre sí mismo ignorando el dolor. Se aleja del Predador. El impulso dela inercia le ayuda a ponerse en pie.

Abraza el dolor sinresistirse. Vuelve a sentirse vivo.

Presiona su brazoizquierdo contra las costillas rotas, limitando los pinchazos en el pulmón alcaminar. Escupe un borboton de sangre. No mira atrás. Sabe que el juego no hahecho más que comenzar.

Puede quedarsequieto, sufrir, revivir la muerte de sus camaradas y ser desmembrado pedazo apedazo, o, puede sufrir, escapar y llevar al Predador a la muerte.

Unas carcajadassiniestras irrumpen en su mente. Torrentes de rayos deslumbran la jungla. AlPredador le encanta la idea de seguir el juego con amigos. Desconoce lasorpresa que le aguarda.

Mayor: ¡Teniente!

Conrad: Espero que la fiesta que hanorganizado merezca la pena. Les traigo un invitado muy especial. El mayor hijode puta de la historia.

 

Continuará…

 

The_unforgiven_too: Hoy es un buen día. Hoy es el día en el que una persona ha confiado en mí para conservar y publicar su tesoro más preciado, nada menos que un capítulo de su relato "El Cazador". Ese amigo es Lester_Knight, más conocido como el alma escritora de Gamefila. Con su blog Mundo Destierro, ha conseguido algo impensable: que leamos, que devoremos insaciables sus historias, tejidas con cariño, basadas en ese Universo particular que ha creado. Todos los días, esperamos deseosos nuestra ración de buena literatura, esas perlas que nuestro compañero tiene a bien regalarnos. Hoy tengo el honor de publicar una de ellas en éste blog, (tarde como de costumbre en mí, perdóname), y de ahí mi felicidad. 

Ésto no pasa todos los días.

Puede que mis capacidades como pitoniso no estén desarrolladas, pero sí que os puedo decir una cosa: Llegará el día en que entremos en una librería, y veamos su nombre escrito en la portada de un libro. Ese día se habrá cumplido su sueño, pero hasta entonces da forma a los nuestros. 

Y que éstos ojos lo vean, amigo mío.