Parte 9: Abandonar lo bueno y lo malo… la mente no siempre ayuda

La luzde la mañana le despertó; un ruido fuerte y extraño se escuchaba, como el de unhelicóptero y el de personas caminando por el techo de la casa. Se incorporópues aun se encontraba medio dormido; al caer en la cuenta de aquellos ruidos,se levantó de un salto y al mirar por la ventana de su cuarto vio que era gentede una construcción aledaña a su casa, donde unos trabajadores caminaban en eltecho de una casa a medio construir y otros hacían un ruido fuerte como con unmartillo hidráulico.  Los hombres armadosno estaban.

Alguienentró en su cuarto, era su Madre.

“¡¿Quésonó como si alguien se hubiera caído de la cama?!”-dijo un poco sobresaltada.

Eljoven se alteró un poco con tal entrada de su Madre.

Suritmo cardiaco estaba acelerado y un sudor frío le empapaba el rostro. Parecíaque todo había sido…. un sueño…  loshombres armados, André muerto y él matando gente con gusto y poseído por laira…

Surespiración era pesada, había pasado un día agradable el día anterior y hoy ledespertaba un sueño de un ‘si mismo’ maligno.

“N, n,no es que tuve una pesadilla y me levanté de golpe…”

“Ahbueno-dijo su madre recobrando la calma- pensé que te había pasado algo”

Lahella saludó abrazándola ligeramente, se sentía un poco alterado aún. Su madrepudo percibir los latidos acelerados, pero sólo lo abrazó también.

“Vamospara que desayunés, acordate que hoy hay que ir al oficio religioso, por queayer no fuimos”

“Ok”-respondióel muchacho.

Larutina del domingo era parecida a la misma que lo otros días: desayunar, bañarsey alistarse para salir. Todo este proceso casi en completo silencio. Sepreguntaba si realmente el podría ser tan malo, si el estar como sucesor deLucio lo llevaría a eso: muerte, venganza, ira y descontrol…

Toda lafamilia fue en auto al oficio en un templo cercano a su casa. El joven bastanteansioso oraba pues no sabía muy bien qué pensar, las dudas que había tenido sehabían agravado con aquel sueño que le fuera tan perturbador.

Sólobuscaba la solución a sus dudas, entonces pensó:

“Sialguna vez hago algo así de malo, no será en venganza, sino para defender aalguien de algún daño, así será”.

Con talpensamiento se sintió más tranquilo y en paz consigo mismo.

 De regreso a su casa, pasó el resto del díarealizando tareas de la universidad, que había olvidado ir haciendo por los acontecimientosde días pasados, peor entre hora y hora, volvía a su ansiedad, le sudaban lasmanos, el cuerpo parecía temblarle: la imagen de sí mismo había sidoescalofriante, en especial el recuerdo de su mirada digna de un asesino.

 

Esemismo día, ya finalizándolo, recibió una llamada telefónica de un amigo quehace unos días no veía.

“Lahel¿todo bien?, es Ryan. Es que te llamaba por que la profesora de idiomas del semestrepasado se va ahorita, el viernes y hablando con ella dijo que mañana en latarde va a estar en la U y tiene un rato libre para poder vernos y así hacerlecomo una mini-despedida. ¿Podés ir?”

“¡¿Yase va?! Si claro, yo llevo un refresco o algo así”-respondió Lahel.

El díaterminó sin más ni más. No hubo sueño alguno.

Otrodía comenzaba y tendría que ir a la Universidad muy temprano en la mañana.

Los sentimientosde bienestar consigo mismo y de ver la vida con otros ojos, aunque parecíanmenguar, el joven no dejaba de tratar de sentirlos. No quería que algo que lohacía sentirse tan completo se fuera tan pronto.

Larutina no contribuía mucho a su querer, pues todos los días era lo mismo:bañarse, desayunar, e irse a la U tomando el bus y prácticamente correr hastala clase; era una rutina que no le agradaba, pero pensaba que algo buenosaldría de ese día.

Alllegar a la clase todo era como siempre: la gente de siempre y la materiateórica que no le interesaba.

Saludócon cierta efusividad a la mayoría de sus compañeros y compañeras. Y tomandoasiento en un espacio ni muy cerca ni muy lejos de la puerta, escuchaba calladolas cosas que decía el profesor.

Mirabapor la ventana, los árboles se movían con la brisa y la luz del sol parecía sermás agradable que las paredes en las que estaba encerrado por tener que atenderasuntos mundanos como la educación, prefería estar en su casa o con sus amigosen alguna otra parte. Pensó por un instante en qué podría estar haciendo Lucioen ese momento, pero con los hechos del día anterior, quería darse un tiempopara asimilar su situación y no aparecerse a donde Lucio indispuesto por sutemor y dudas, ya de por si se había comprometido a seguir adelante.

Una desus amigas, de piel blanca, ojos negros y cabello rizado y azul oscuro ledevolvió a la realidad:

“Noestás poniendo atención ¿verdad?”

“¿Ah?-dijo el muchacho totalmente distraído- hoy no estoy en ningún lado, la verdadya debés saber que detesto las clases.”

“Si yosé, pero al menos podrías fingir que estás cómodo. ¿A dónde se fue esa energíaque traías la semana pasada?”

“No sé,me siento un poco distraído de repente, como añorando estar en otra parte. Y esque tengo muchas cosas en que pensar también”

Luegode unas horas, al fin había terminado la tediosa clase.

Saliendodel aula, buscó a Mille, una joven de tez morena, alta de cabello negro y lacioy ojos celestes.

“Mille¿qué van a hacer ustedes?-se refería además a sus otros compañeros, pero ellaera una con las que más hablaba- es que me tengo que quedar hasta luego delalmuerzo.”

“Ahoravamos a almorzar juntos, por si quiere ir con nosotros”

“Ok,entonces me voy con ustedes”-dijo sonriendo.

Fuerona un lugar cercano al edificio donde usualmente recibían sus clases.

No fuenada fuera de lo normal, cada quien compró su almuerzo y hablando el tiempo sefue rápidamente hasta la hora acordada para la despedida de la profesora deidiomas.

Alllegar el momento de poder visitar a la maestra que pronto partiría de vuelta asu país natal, se despidió de con quienes almorzó  y fue a buscar una tienda para comprar algo debeber y recordó que cerca de donde se hallaba había una.  Fue rápidamente, compró una gaseosa y corrióal edificio donde se encontraría con sus otros amigos para ir juntos a laoficina de la profesora.

Subiólas escaleras de aquel viejo edificio colorido y pudo ver a Ryan, caracterizadopor su alegre sonrisa; una joven de cabello castaño rizado y piel blanca, Cloe,Ivy otra joven de cabello negro; y finalmente a otro joven de aspecto moreno, Gerald.

A loscuatro les saludó con bastante alegría, un poco diferente a su humor de toda lamañana.

Fuerona la oficina a buscar a su profesora, y le saludaron con toda la efusividad delmundo cada uno de ellos. Salieron un momento a uno de los pasillos a comer delo que habían traído, todos a la vez que comían, hablaban con la docente de loque haría al volver a su país. Esta experiencia era nueva para Lahel, que nuncale había tocado despedirse así de alguien con quien había compartido tiempo yque se iría para seguramente no volver. Estaba realmente conmovido por aquelmomento, alguien que había marcado su vida aún con solo unos años de haberlaconocido.

Finalmentey luego de un ameno rato, tomándose fotos y compartiendo risas, la hora de quela profesora se fuera había llegado:

“Mientrasyo estuve aquí, ustedes hicieron que me sintiera muy feliz y a gusto…”-dijo la profesoracon nostalgia.

Ivytenía ya los ojos llorosos, y al escuchar tales palabras no pudo sino abrazar ala profesora.

Lahel,aún con  su personalidad un poco fría, sesentía bastante conmovido.

Paraterminar de hacer más emotivo aquel instante, la profesora les pidió un últimoabrazo entre todos, por supuesto, ninguno de los jóvenes se rehusó.

Elencuentro terminó con las palabras de la profesora, aún con una que otralágrima que se le escapaban de los ojos: “Ojalá que en su vida tengan muchasuerte y sean felices, y tal vez algún día nos volvamos a ver, ne?…”-su típicoacento extranjero precedía a sus palabras.

Cloe comentó:“¡Algún día vamos a ir a visitarla y sabiendo hablar de lo mas bien!”

La profesoraasentía con la cabeza con una sonrisa sincera; mientras caminaba con ciertodesgano lejos del grupo de muchachos, les regaló una sonrisa muy alegre ycomplacida y se fue.

Elmuchacho, luego de la partida de la profesora, se quedó un rato más.

Ya eranalrededor de las 5 de la tarde y mientras Lahel aún estaba con ellos, recibióuna llamada.

Al versu celular  notó que era Lucio quien loestaba llamando. Su corazón pareció detenerse, pues no sabía si contestar o no.

“Y, yavengo”- dijo a sus amigos, con voz un poco nerviosa y se retiro un poco dellugar donde estaban.

Con supulso tembloroso, puso el celular en su oreja:

“¿S,si?”

“Hola, tetengo noticias nuevas”

“D, donLucio, si es algo de ir a su casa, hoy no puedo, de verdad…”

“Bueno-respondióel hombre- no es eso, es que te conseguí una forma para que vayás a clases deesgrima cerca de tu casa, por que se te va a hacer necesario”

“Ok,entonces a partir de mañana”-en realidad no puso mucha atención pues queríapensar un poco mas antes de seguir adelante con esto de la Mafia.

“Bueno,entonces Suzu te da los detalles”

“Estábien, hasta luego Don Lucio”-otra vez no prestó atención y terminó la llamada.

Geraldse acercó un instante:

“Lahelya nos vamos, porque ya va siendo hora. ¿Te vas con nosotros o tenés quequedarte?”

Eljoven recuperó su compostura, y con una sonrisa respondió que se iría conellos.

Cadauno se quedaba en lugares diferentes, pero él tenía que recorrer el camino más largo.Se despidió con alegría, sentimiento que de verdad le quitaba su sensación devacuidad creciente.

Al finalhabía quedado solo en la parada del bus con un montón de personas desconocidas,esperando su bus también, y el vacío, su ilusoria maldad, volvía a él.

Era unmuy agradable atardecer, la luz del sol y el viento eran óptimos. El transporte al finvino y  montándose, tomó un campo cercade la ventana, quería pensar en todas las cosas que habían pasado en ese día.

El busya estaba en movimiento. Pensaba con una sonrisa que el mundo no era tan malo,y no tenía que dejar que una pesadilla le quitara lo que había ganado. Eracurioso como él mismo se hablaba una y otra vez incidiendo en el mismo pensamientonegativo y encontrando la misma premisa positiva para anular tal pensamiento.

Luegode todo el viaje, al bajarse ya de noche, le tocaba caminar el mismo recorridode siempre para llegar a su casa.

Lavisión de su hogar le llenaba de tranquilidad, al saber que al fin podríadescansar y de alguna forma, alejarse de sí mismo.

Alabrir la puerta, algo estaba mal, su madre estaba sentada conversando conalguien en unos sillones de la sala a la que daba la entrada; ello significabaque había visitas.

Sumadre se levantó y le dijo que le presentaba a una nueva vecina que habíaconocido en sus clases de la universidad.

Almuchacho estuvo a punto de caérsele el maletín de la mano, por la impresión. Lainvitada era Suzu y por supuesto el no lo podía creer.

(Decidado a… ella sabe jajaja)(CONTINUARÁ)

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PD: Vamos bajando el ritmo en esta entrada por que se acerca el "Final de temporada 1" jajaja, así que paciencia.

PPD: Me gané una entrevista en un exc concurso de  Shuio, si la quieren ver, denle click a la imagen:

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