Koolau el leproso

––Nos privan de la libertad porque estamos enfermos. Hemos acatado la ley. No hemos hecho nada malo. Y, sin embargo, nos encierran en una prisión. Molokai es una cárcel. Vosotros lo sabéis. Ahí tenéis a Niuli. Mandaron a su hermana a Molokai hace siete años. Desde entonces no ha vuelto a verla ni volverá a verla jamás. Seguirá allí hasta que muera. No por voluntad propia, ni por voluntad de Niuli, sino por voluntad de los blancos que gobiernan el país. Y ¿quiénes son esos blancos? 

»Sí, lo sabemos. Nos lo han dicho nuestros padres y los padres de nuestros padres. Llegaron como corderos y con buenas palabras. No tenían más remedio que decir buenas palabras porque éramos muchos y fuertes y las islas eran nuestras. Como os digo, vinieron con buenas palabras. Los había de dos clases. Unos pidieron permiso, nuestro gracioso permiso, para predicar la palabra de Dios. Los otros solicitaron permiso, nuestro gracioso permiso, para comerciar. Aquello fue el comienzo. Hoy todas las islas son suyas. Las tierras, los rebaños, todo les pertenece. Los que predicaban la palabra de Dios y los que predicaban la palabra del ron se han unido y se han convertido en jefes. Viven como reyes en casas de muchas habitaciones con multitud de criados que les sirven. Los que no tenían nada, ahora son dueños de todo, y si vosotros, o yo, o cualquier canaca tiene hambre, fruncen el ceño y le dicen: ¿Por qué no trabajas? Ahí tienes las plantaciones.

 
Koolau hizo una pausa. Levantó la mano y con dedos sarmentosos y contrahechos alzó la guirnalda llameante de hibiscos que coronaba sus negros cabellos. La luz de la luna bañaba de plata la escena. Era una noche pacífica, aunque los que estaban sentados a su alrededor parecían supervivientes de una encarnizada batalla. Sus rostros eran leoninos. Aquí se abría un vacío donde antes hubiera una nariz, y allá surgía un muñón en el lugar de una mano. Eran hombres y mujeres, treinta en total, desterrados porque en ellos llevaban la marca de la bestia. 


Estaban sentados, adornados con guirnaldas de flores, en medio de la noche perfumada y luminosa. Sus labios articulaban ásperos sonidos y sus gargantas aprobaban con gruñidos toscos las palabras de Koolau. Eran criaturas que una vez fueran hombres y mujeres, pero que habían dejado de serlo. Eran monstruos, caricaturas grotescas en el rostro y en el cuerpo de todo lo que caracteriza al ser humano. Horriblemente mutilados y deformes, semejaban seres torturados en el infierno a lo largo de milenios. Sus manos, si las tenían, eran como garras de arpías. Sus rostros eran anomalías, errores, formas machacadas y aplastadas por un dios furioso encargado de la maquinaria de la vida. Aquí y allá se adivinaban rasgos que aquel dios colérico casi había borrado. Una mujer lloraba lágrimas abrasadoras que brotaban de dos horribles pozos gemelos abiertos en el lugar que un día ocuparon los ojos. Unos cuantos de entre ellos padecían horribles dolores, y de sus pechos surgían gemidos roncos. Otros tosían con un crujido suave que recordaba el rasgar de un papel de seda. Dos de ellos eran idiotas, enormes simios desfigurados desde su factura de tal modo que un mono a su lado habría parecido un ángel. Hacían muecas y farfullaban a la luz de la luna, bajo coronas de flores doradas que comenzaban a perder su lozanía. Uno de aquellos seres, cuyo lóbulo hinchado ondeaba como un abanico sobre su hombro, arrancó una espléndida flor naranja y escarlata y decoró con ella la enorme oreja que aleteaba con cada movimiento de su cuerpo. 


Sobre estas criaturas reinaba Koolau y aquéllos eran sus dominios, una garganta ahogada por las flores, una garganta sembrada de riscos y peñascos, de la que surgían, para quedar después flotando en el espacio, los balidos de las cabras salvajes. La cerraban por tres lados murallas de roca festoneadas con fantásticos cortinajes de vegetación tropical y horadadas por entradas a cuevas, guaridas de los súbditos de Koolau. En dirección al mar el suelo se despeñaba hacia un tremendo abismo del que sobresalían, allá abajo, crestas de picos y peñascos en torno a cuyas bases espumeaba y rugía el oleaje del Pacífico. 


Con buen tiempo los barcos podían arribar a la playa rocosa que marcaba la entrada al Valle de Kalalau, pero muy bueno había de ser el tiempo para ello. Y un montañero experto podía quizá trepar desde la playa hasta lo más profundo del valle, hasta la cavidad rodeada de riscos donde reinaba Koolau, pero experto en extremo había de ser el montañero y muy bien tenía que conocer aquellos senderos agrestes. Lo asombroso era que los súbditos de Koolau, aquella escoria humana, hubieran sido capaces de arrastrar su inútil miseria por caminos vertiginosos para llegar a aquel lugar inaccesible. 


––Hermanos ––comenzó Koolau. 


Pero una de aquellas aberraciones simiescas y quejumbrosas emitió en aquel momento una risa salvaje de demente, y Koolau se interrumpió hasta que el eco de la desenfrenada carcajada, tras rebotar en las murallas rocosas, fue a perderse en la distancia a través de la noche sin pulso. 


––Hermanos, ¿no os parece raro? Nuestras eran las tierras y he aquí que ya no son nuestras. ¿Qué nos dieron a cambio los que predicaban la palabra de Dios y del ron? ¿Alguno de vosotros ha recibido un dólar, un dólar siquiera, por sus propiedades? Y, sin embargo, ahora todo les pertenece a ellos y a cambio nos dicen que podemos ir a trabajar la tierra, sus tierras, y que lo que produzcamos con nuestro trabajo será suyo. Antes ni siquiera teníamos que trabajar, y ahora, cuando estamos enfermos, nos quitan la libertad. 


––¿Quién trajo nuestro mal, Koolau? ––preguntó Kiloliana, un hombre seco y nervudo de rostro tan semejante al de un fauno reidor que lo natural habría sido ver pezuñas hendidas bajo su cuerpo. Y eran hendidos sus pies, es cierto, pero las hendiduras eran úlceras y putrefacciones vivas. Y, sin embargo, aquél era Kiloliana, el trepador más osado de todos, el hombre que conocía los senderos de cabras y que había guiado a Koolau y a sus maltrechos seguidores hasta los escondrijos más recónditos de Kalalau. 


––Buena pregunta ––respondió Koolau––. No quisimos trabajar los campos de caña de azúcar en que una vez pastaron nuestros caballos y por eso trajeron esclavos chinos de allende los mares. Y con ellos llegó el mal que nosotros padecemos y por el cual nos encierran en Molokai. Nacimos en Kauai. Hemos estado en otras islas, en Oahum, en Mauim, en Hawai, en Honolulú, y, sin embargo, hemos vuelto a Kauai. ¿Por qué? Tiene que haber un motivo. Y es que amamos esta tierra. Hemos nacido aquí y aquí hemos vivido. Y moriremos aquí a menos… a menos que haya débiles de corazón entre nosotros. A ésos no los queremos. Para ellos se ha hecho Molokai. Si es que aquí hay algún cobarde, que no siga entre nosotros. Mañana desembarcarán los soldados. Que bajen a su encuentro los tímidos de corazón. Los enviarán inmediatamente a Molokai. Los demás nos quedaremos y lucharemos. Y sabed que no hemos de morir. Tenemos rifles. Conocéis los angostos senderos por los que han de trepar los hombres, uno a uno. Yo, Koolau, que fui una vez vaquero en Niihau, puedo defender el paso solo contra un millón de hombres. Escuchad a Kapalei, que fue juez y hombre de honor y hoy no es más que una rata acosada como vosotros. Oídle. Es un hombre sabio. 


Kapalei se levantó. Había sido juez, había estudiado en la Universidad de Punahou y se había sentado a la mesa con caballeros, con jefes y con los representantes de potencias extranjeras que protegían los intereses de comerciantes y misioneros. Tal había sido Kapalei. Pero ahora, como acababa de decir Koolau, no era más que una rata acosada, una criatura fuera de la ley, tan hundida en el cenagal del horror que se hallaba por encima, tanto como por debajo, de la legalidad. En su rostro no quedaban más rasgos que unos profundos orificios y dos ojos sin párpados que ardían bajo unas cejas lampiñas.

 
––No busquemos pendencia ––comenzó––. Les hemos pedido que nos dejen vivir en paz. Si no lo hacen, la culpa será suya y suyo será el castigo. No tengo dedos, como veis ––alzó los muñones que habían sustituido a sus manos para que los vieran todos––, pero me queda la falange de un pulgar que puede apretar un gatillo con la misma firmeza con que disparaba su vecino desaparecido. Amamos Kauai. Vivamos o muramos aquí, pero no vayamos nunca a la prisión de Molokai. Esta enfermedad no es nuestra. No hemos pecado. Los hombres que predicaban la palabra de Dios y los que predicaban la palabra del ron trajeron este mal con los esclavos chinos que trabajan las tierras robadas. He sido juez. Conozco esta tierra y conozco la justicia y os digo que es injusto robar a un hombre, que es injusto hacerle contraer el mal chino y confinarle luego en una prisión para el resto de sus días. 


––La vida es corta y las horas están llenas de dolor ––dijo Koolau––. Bebamos, bailemos y seamos lo más felices que podamos. 


De uno de los cubiles rocosos sacaron calabazas, llenas de la ardiente destilación de la raíz del ti, que circularon entre los reunidos. Y en tanto que el fuego líquido maldecía al atravesar sus cuerpos y trepaba a sus cerebros, aquellas criaturas olvidaron que habían dejado de ser hombres y mujeres porque otra vez se consideraron tales. La que lloraba lágrimas ardientes que brotaban de simas abiertas en el lugar de los ojos se sentía indudablemente una mujer vibrante de vida mientras pulsaba las cuerdas de un ukulle y elevaba su voz en una bárbara llamada de amor semejante a la que debió de surgir de las profundidades del bosque en los albores de la humanidad. El aire se estremecía con su lamento suavemente imperioso y seductor. Sobre una estera, siguiendo el ritmo de la canción, bailaba Kiloliana. No cabía duda. El amor danzaba en todos sus movimientos, y al poco le acompañaba una mujer de amplias caderas y pechos generosos desmentidos por un rostro corrompido por la lepra. Era aquélla la danza de los muertos vivos, porque la vida seguía amando y anhelando en sus cuerpos en desintegración. Siguió la mujer cuyos ojos sin vida lloraban lágrimas ardientes entonando un lamento de amor, siguieron los bailarines danzando su amor en la noche templada y siguieron circulando las calabazas hasta que llegaron reptando a todos los cerebros los gusanos de la memoria y el deseo. A la mujer que bailaba sobre la estera se le unió una doncella de rostro hermoso e incólume, pero cuyos brazos sarmentosos, que subían y bajaban, revelaban la violencia de su mal. Y los dos idiotas, farfullando y articulando sonidos extraños, danzaban aparte grotescos, fantásticos, caricaturizando el amor del mismo modo que la vida les había transformado a ellos en caricatura. 


Pero el lamento de amor de la mujer se quebró a medio camino. Bajaron las calabazas e interrumpieron su danza los bailarines mientras dirigían la vista al abismo marítimo donde un cohete fulguraba, como un fantasma pálido, a través del aire iluminado por la luna. 


––Son los soldados ––dijo Koolau––. Mañana habrá pelea. Conviene que durmamos y estemos preparados. 


Los leprosos obedecieron y se arrastraron hacia sus guaridas hasta que Koolau quedó solo, sentado inmóvil a la luz de la luna con el rifle cruzado sobre las rodillas mirando hacia abajo, a lo lejos, a los barcos que llegaban a la playa. 
El fondo del Valle de Kalalau constituía un refugio inmejorable. Excepto Kiloliana, que conocía hasta el último sendero de las escarpadas laderas, nadie podía llegar hasta el valle si no era atravesando un paso de unas cien yardas de longitud y a lo más doce pulgadas de anchura. A ambos lados se abría el abismo. Un solo resbalón y el que pretendía atravesarlo caía a la derecha o a la izquierda hacia una muerte segura. Pero si lograba salvar esa distancia, llegaba a un paraíso terrenal. Un mar de vegetación bañaba el paisaje cubriendo con verde oleada el valle entero de un extremo a otro, goteando en masas de vides desde las alturas y arrojando a las innumerables concavidades rocosas salpicaduras de líquenes y helechos. Durante los muchos meses del reinado de Koolau, él y sus seguidores habían luchado por contener ese mar vegetal. A fuerza de trabajo habían logrado detener el avance de aquella jungla asfixiante y del aluvión de flores, de forma que no arrasara los bananos, los naranjos y los mangos que se daban espontáneamente. En los claros crecía la mandioca, en las terrazas rocosas rellenas con tierra había sembrados de taro y de melones, y en los espacios abiertos, allá donde llegaba la luz del sol, se elevaban árboles de papaya cargados de fruta dorada. 


Koolau se había visto empujado a ese refugio desde el valle vecino a la playa. Y si le echaban de allí, sabía aún de otras gargantas ocultas entre marañas de picos, sabía de fortalezas recónditas hasta las que podía conducir a sus súbditos y continuar viviendo. Pero ahora estaba echado en el suelo, con el rifle a su lado, vigilando a través de una pantalla de follaje a los soldados de la playa. Reparó en que iban armados con enormes máquinas de guerra en cuya superficie se reflejaba el sol como en un espejo. Frente a él se hallaba el paso, angosto como filo de cuchillo, y desde el lugar en que estaba apostado veía motitas que eran hombres trepar por el sendero que conducía hasta donde él se hallaba. Sabía que no eran soldados, sino policías. Cuando ellos fracasaran, el ejército entraría en acción. 


Pasó cariñosamente una mano contrahecha sobre el cañón de su rifle y se aseguró de que la mira estaba limpia. Había aprendido a tirar cuando cazaba ganado salvaje en Niihau y aún se recordaba en esa isla su certera puntería. Conforme las motitas se acercaban, calculó la distancia, la dirección del viento que soplaba en ángulo recto sobre la linea de fuego, y la posibilidad de tirar demasiado alto al objetivo que se hallaba por debajo de donde él se encontraba. No dio a conocer su presencia hasta que los hombres llegaron al extremo del pasaje. Aun entonces no salió de su escondite, sino que habló desde la espesura. 


––¿Qué queréis? ––preguntó. 


––Buscamos a Koolau, el leproso ––respondió el hombre que dirigía a los policías nativos, un americano de ojos azules. 


––Volved atrás ––dijo Koolau. 


Conocía a aquel hombre, el sheriff de la isla, porque era él quien le había acosado hasta expulsarle de Niihau, quien le había obligado a atravesar Kauai hasta el Valle de Kalalau, quien le había forzado a retroceder hasta la garganta. 


––¿Quién eres? ––preguntó el sheriff. 


––Soy Koolau, el leproso ––fue la respuesta. 


––Sal entonces. Venimos por ti. Ofrecen una recompensa de mil dólares por tu captura, vivo o muerto. No puedes escapar. 


Koolau rió en voz alta en medio de la espesura. 


––¡Sal! ––ordenó el sheriff, pero sólo le respondió el silencio. 


Conferenció con los policías, y Koolau vio que se disponían a atacarle. 


––Koolau ––gritó el sheriff––. Voy a cruzar el paso para capturarte. 


––Pues antes de hacerlo, mira bien a tu alrededor. Mira el sol, el mar y el cielo porque será la última vez que los contemples. 

––No me asustas, Koolau ––dijo el sheriff en tono conciliador––. Sé que tienes una puntería infalible. Pero no dispararás sobre mí. Nunca he sido injusto contigo. 


Koolau gruñó en la espesura. 


––Te digo que nunca he sido injusto contigo, y ¿no es verdad? ––insistió el sheriff.

 
––Eres injusto conmigo cuando tratas de encerrarme en una prisión ––fue la respuesta––. Y eres injusto conmigo cuando intentas ganarte los mil dólares de recompensa que ofrecen por mi cabeza. Si quieres vivir, quédate donde estás. 


––Tengo que cruzar el paso y apresarte. Lo siento, pero es mi deber. 


––Morirás antes de atravesarlo. 


El sheriff no era un cobarde. Y, sin embargo, dudó. Miró al vacío que se abría a sus pies y recorrió con la vista el paso que debía atravesar, estrecho como filo de cuchillo. Luego se decidió. 


––¡Koolau! ––exclamó. 


Pero la espesura permaneció en silencio. ––Koolau, no dispares. Voy para allá. 
El sheriff se volvió. Dio unas cuantas órdenes a los policías y emprendió el peligroso camino. Avanzó lentamente. Era como andar sobre la cuerda floja. No podía apoyarse sino en el aire. El suelo de lava se desmoronaba bajo sus pies y los fragmentos de roca se precipitaban a ambos lados hacia el abismo. El sol ardía sobre su cabeza y su rostro estaba húmedo de sudor. Aun así siguió avanzando hasta que llegó a la mitad del camino. 


––¡Deténte! ––le ordenó Koolau desde la espesura––. ¡Un paso más y disparo! 
El sheriffse tambaleó en busca de equilibrio y al fin quedó en pie, inmóvil, sobre el vacío. Estaba pálido, pero en sus ojos se leía una firme decisión. Se humedeció los labios con la lengua antes de hablar. 


––Koolau, no dispararás. Sé que no lo harás. 


Echó a andar de nuevo. La bala le obligó a dar media vuelta. Mientras giraba sobre sí mismo antes de caer, apareció en su rostro una expresión de quejumbrosa sorpresa. Quiso salvarse tratando de arrojarse de través sobre el estrecho pasaje, pero en aquel mismo instante conoció la muerte. Al segundo siguiente, el paso estaba vacío. Entonces dio comienzo el ataque. Cinco policías echaron a correr en fila india por el estrecho sendero en soberbio equilibrio. En aquel mismo instante, el resto del destacamento abrió fuego sobre la espesura. Reinó la locura. Cinco veces apretó Koolau el gatillo con tal rapidez que los cinco disparos parecieron un solo sonido. Cambiando de posición y agazapándose bajo las balas que mordían y silbaban a través de la maleza, se asomó al exterior. Cuatro policías habían seguido al sheriff. El quinto había caído atravesado sobre el filo rocoso y continuaba vivo. Al otro lado seguían los policías restantes, que habían dejado de disparar. Allá donde se hallaban, sobre la roca desnuda, no cabía esperanza para ellos. Antes de que hubieran logrado bajar a gatas la escarpada ladera, Koolau habría podido eliminar hasta el último hombre. Pero no disparó, y uno de los policías, después de conferenciar con sus compañeros, sacó una camiseta blanca y la hizo ondear en el aire a modo de bandera. Seguido por uno de sus compañeros, avanzó a través del angosto pasaje hasta llegar junto al herido. Koolau no dio señales de vida, pero les vio alejarse lentamente y convertirse poco a poco en puntitos conforme descendían hasta el valle vecino a la playa. 


Dos horas después, y oculto tras otro arbusto, vio cómo un destacamento de policías trataba de efectuar el ascenso por el lado opuesto del valle. Vio huir a las cabras salvajes ante ellos mientras subían y subían hasta que, dudando de su discernimiento, llamó a Kiloliana, que llegó trepando a colocarse a su lado. 


––No podrán. Es imposible ––dijo Kiloliana. 


––¿Y las cabras? ––preguntó Koolau. 


––Vienen desde el valle vecino, pero no pueden pasar a éste. Es imposible. Y esos hombres no pueden saber más que las cabras. Caerán y morirán. Mirémosles. 


––Son valientes ––dijo Koolau––. Mirémosles. 


Siguieron tendidos en el suelo, el uno junto al otro, entre las campanillas y bajo una lluvia de flores amarillas de hau, mirando aquellas motitas que eran hombres trepar trabajosamente ladera arriba hasta que lo que tenía que pasar pasó y tres de ellos cayeron resbalando, rodando, patinando, de un reborde del barranco y se despeñaron desde una altura de mil pies. 


Kiloliana soltó una risa ahogada. 


––No nos molestarán más ––dijo. 


––Tienen máquinas de guerra ––fue la respuesta de Koolau––. Los soldados no han hablado todavía. 


En la tarde somnolienta, la mayoría de los leprosos dormían en sus cubiles rocosos. Koolau, con el rifle, limpio y preparado, sobre las rodillas, dormitaba a la entrada de su propia guarida. La mujer de los brazos contrahechos vigilaba allá abajo, desde la espesura, el estrecho pasaje. De pronto sobresaltó a Koolau el sonido de una explosión. Un instante después el estruendo despedazaba increíblemente la atmósfera. Aquel ruido terrible le asustó. Era como si todos los dioses a una hubieran tomado en sus manos la cobertura del cielo y la rasgaran como rasga una mujer una sábana de algodón. Pero era aquél un desgarrar inmenso, que se acercaba a toda velocidad. Koolau levantó la vista con aprensión, como esperando ver las consecuencias de aquel estruendo. De pronto, en el pico que se elevaba por encima de su cabeza, una granada estalló con un surtidor de humo negro. La roca voló en mil pedazos y los fragmentos cayeron al pie de la cresta. 


Koolau se pasó una mano por la frente sudorosa. Estaba terriblemente alterado. Nunca había presenciado un bombardeo y lo juzgó más horrible de lo que nunca habría imaginado. 


––Una ––dijo Kapalei aplicándose de pronto a la tarea de llevar la cuenta. 
Una segunda y una tercera granadas pasaron rugiendo por encima de la muralla rocosa y estallaron fuera de su vista. Kapalei seguía contando metódicamente. Los leprosos se apiñaron en un claro ante las cuevas. Al principio estaban aterrados, pero al ver que las granadas continuaban volando por encima de sus cabezas se tranquilizaron y comenzaron a admirar el espectáculo. Los dos idiotas se estremecían de placer y hacían cabriolas con cada proyectil que veían pasar atormentando el aire. Koolau empezó a recuperar la confianza. No les hacían ningún daño. Era evidente que las granadas no podían lanzarse a tal distancia con la precisión de una bala. 


Pero de pronto cambió la situación. Las granadas comenzaron a caer cortas. Una de ellas estalló en la espesura, cerca del angosto pasaje de roca. Koolau recordó a la muchacha que estaba allí apostada y bajó corriendo a ver qué había sucedido. Los arbustos seguían humeando mientras él se arrastraba por debajo del follaje. Lo que vio le dejó atónito. Las ramas estaban rotas y astilladas. Donde antes estuviera la muchacha, había un hueco abierto en el suelo. Su cuerpo estaba despedazado. El proyectil había estallado justo encima de ella. 


Tras asomarse entre la espesura para comprobar que ninguno de los soldados trataba de cruzar el paso, Koolau echó a correr hacia las cuevas. Las granadas seguían gimiendo, aullando, chillando, y el valle retumbaba y reverberaba con el ruido de las explosiones. Cuando estuvo lo bastante cerca de las cuevas, vio a los dos idiotas haciendo cabriolas, cogidos de las manos con los dedos amuñonados. Aún corría cuando un surtidor de humo se elevó del suelo muy cerca de los idiotas. La explosión los lanzó en direcciones opuestas. Uno de ellos quedó inmóvil, pero el otro reptó con ayuda de las manos hacia su cueva. Remolcaba tras él sus piernas inútiles mientras la sangre brotaba de su cuerpo. Conforme se arrastraba, gemía como un cachorro. El resto de los leprosos, a excepción de Kapalei, había huido al interior de las cavernas. 


––Diecisiete ––dijo Kapalei––. Dieciocho ––añadió después. La última granada había penetrado en una de las cuevas. Ante aquella explosión se vaciaron automáticamente todas las guaridas, pero de aquella que había alcanzado el proyectil no salió nadie. Koolau se adentró en ella reptando a través del humo acre y picante. Cuatro cuerpos horriblemente mutilados yacían en el interior. Uno de ellos era el de la mujer ciega, cuyas lágrimas no habían cesado hasta entonces. 
En el exterior, Koolau halló a sus súbditos presas de pánico. Habían empezado a trepar por el sendero de cabras que conducía al exterior de la garganta, hacia el revoltijo de crestas y simas. El idiota herido trataba de seguirlos gimiendo débilmente y arrastrándose con la fuerza de sus manos. Pero al llegar a la primera pendiente le dominó su impotencia y resbaló. 


––Será mejor matarle ––dijo Koolau a Kapalei, que seguía sentado en el mismo lugar. 


––Veintidós ––respondió Kapalei––. Sí, será mejor matarle. Veintitrés. Veinticuatro. 
El idiota lanzó un quejido agudo al ver el rifle que le apuntaba. Koolau dudó y bajó el arma. 


––No puedo hacerlo ––dijo. 


––No seas estúpido. Veintiséis. Veintisiete ––dijo Kapalei––. Déjame a mí. 


Se levantó y se acercó a la criatura herida con un pedrusco en la mano. En el momento en que levantaba los brazos para asestar el golpe, una granada estalló de lleno sobre su cuerpo librándole de la necesidad de actuar y poniendo, al mismo tiempo, fin a su cómputo. 

Koolau estaba solo en la garganta. Vio a los últimos de sus súbditos arrastrar sus cuerpos mutilados sobre la cresta de la montaña y desaparecer al otro lado. Se volvió y bajó hasta los arbustos donde había muerto la muchacha. Continuaban lloviendo las granadas, pero él permaneció allá abajo porque desde aquel lugar veía trepar a los soldados. Un proyectil estalló a veinte pies de donde él se hallaba y, aplastado contra el suelo, oyó volar los fragmentos por los aires. Un chaparrón de flores de hau cayó sobre su cuerpo. Levantó la cabeza para mirar hacia el sendero y suspiró. Tenía mucho miedo. Las balas de los rifles no le asustaban, pero el bombardeo de granadas le resultaba abominable. Cada vez que una de ellas pasaba junto a él, Koolau se encogía, se estremecía, se agazapaba, pero una y otra vez volvía a incorporarse para mirar al sendero. 


Al fin cesó el bombardeo. Debía de ser, dedujo, porque los soldados se estaban acercando. Reptaban por el camino en fila india, y trató de calcular su número hasta que perdió la cuenta. Eran, en cualquier caso, unos cien los que se aproximaban, todos ellos en busca de Koolau el leproso. Sintió un fugaz aguijonazo de orgullo. Venían por él, policías y soldados, con rifles y máquinas de guerra, por él, un hombre solo y, por añadidura, un despojo. Ofrecían mil dólares por su captura, vivo o muerto. En toda su vida no había poseído tanto dinero. Fue aquél un pensamiento amargo. Kapalei tenía razón. Él, Koolau, no había hecho nunca nada malo. Los haoles habían traído a coolies chinos porque necesitaban mano de obra para trabajar las tierras robadas, y con ellos había llegado el mal. Y ahora, sólo porque lo había contraído, valía un millar de dólares. Pero no, él no. Lo que valía todo ese dinero era su cuerpo inútil, podrido por la enfermedad o muerto por la explosión de una granada. 


Cuando los soldados llegaron al paso estrecho como filo de cuchillo, estuvo a punto de avisarles. Pero su mirada fue a dar en los restos de la mujer asesinada y guardó silencio. Cuando ya seis hombres se habían aventurado a cruzar el paso, abrió fuego y no cesó de disparar hasta que lo vio desierto. Volvió a cargar el arma y disparó de nuevo. Luego siguió disparando. Todos los agravios recibidos ardían en su cerebro abrasándole en fiebre de venganza. A lo largo del agreste sendero que descendía a la playa, los soldados respondían con sus armas y, aunque estaban tendidos en el suelo y trataban de ocultarse tras ligeras irregularidades de la superficie rocosa, eran dianas perfectamente expuestas a sus disparos. Las balas silbaban y caían con un ruido sordo en torno a él. Alguna que otra rebotaba en la piedra cruzando el aire con un silbido agudo. Una de ellas abrió un surco somero en su cuero cabelludo y otra pasó abrasando, rozándole el omoplato sin rasgarle la piel. 


Fue aquélla una masacre en la que un hombre solo causó todas las muertes. Los soldados empezaron a retirarse remolcando a sus heridos. Mientras Koolau seguía disparando sobre ellos, llegó a su olfato un olor a carne chamuscada. Miró a su alrededor, y al poco descubrió que procedía de sus propias manos. Era el calor del rifle. La lepra había destruido la mayor parte de los nervios de sus extremidades, y, aunque su propia carne se abrasaba y él sentía el olor, no experimentaba la menor sensación. 


Siguió tumbado en el suelo entre la espesura, sonriendo, hasta que recordó las máquinas de guerra. Sin duda volverían a hacer fuego y, esta vez, los proyectiles irían dirigidos al matorral desde el cual había disparado. Apenas se había trasladado a un escondrijo formado por un pequeño reborde de la muralla rocosa, un lugar adonde no alcanzaban las granadas, cuando volvió a comenzar el bombardeo. Contó los proyectiles. Sesenta cayeron en el interior de la garganta antes de que dejaran de retumbar los morteros. La diminuta zona estaba de tal modo acribillada que parecía imposible que criatura alguna pudiera haber sobrevivido. Eso pensaron evidentemente los soldados, pues de nuevo comenzaron a trepar por el sendero de cabras bajo el sol ardiente de la tarde. Y de nuevo les fue disputado y de nuevo retrocedieron hasta la playa. 


Dos días más defendió Koolau el paso, a pesar de que los soldados se complacían en arrojar granadas a su escondite, hasta que al fin Pahau, un niño leproso, subió al pico rocoso que se alzaba al fondo de la garganta y le gritó que Kiloliana había muerto de una caída, que las mujeres estaban asustadas y no sabían qué hacer. Koolau le ordenó que bajara y le prestó un fusil con que defender el paso. Halló a sus súbditos descorazonados. La mayoría eran incapaces de procurarse alimento bajo tan adversas circunstancias y se morían de simple inanición. Eligió a dos mujeres y a un hombre, no excesivamente minados por el mal, y les envió a la garganta para que subieran comida y esteras. Animó y consoló al resto hasta que todos, incluso los más débiles, colaboraron en la construcción de toscos refugios. 
Pero los que habían ido en busca de comida no regresaban, y Koolau emprendió el camino a la garganta. Al llegar a la cresta de la montaña, rugieron media docena de rifles. Una bala atravesó la parte carnosa de su hombro y una lasca de roca le cortó la mejilla cuando un segundo proyectil fue a estrellarse contra la ladera. Al retroceder de un salto en el momento en que esto ocurrió, vio que el desfiladero estaba lleno de soldados. Sus propios súbditos le habían traicionado. Incapaces de soportar por más tiempo el bombardeo, habían preferido la prisión de Molokai. 
Koolau retrocedió y se deshizo de una de sus pesadas cartucheras. Tendido entre las rocas, esperó a que la cabeza y los hombros del primer soldado aparecieran ante su vista y entonces apretó el gatillo. Dos veces disparó, y al fin, tras una pausa, en lugar de una cabeza y unos hombros apareció sobre el reborde de piedra una bandera blanca. 

––¿Qué buscas? ––preguntó. 


––A ti, si es que eres Koolau el leproso ––respondió una voz. Koolau se olvidó de dónde estaba, se olvidó de todo y, tendido sobre la roca, se maravilló ante la extraña insistencia de aquellos haoles dispuestos a imponer su voluntad aunque se hundiera el mundo. Sí. Impondrían su voluntad a todos los hombres y a todas las cosas aunque les fuera la vida en ello. Y no pudo sino admirar ese tesón, esa voluntad que era más fuerte que la vida y que plegaba todas las cosas a su mandato. Estaba convencido de la inutilidad de su lucha. Era imposible resistirse a la terrible voluntad de los haoles. Aunque matara a mil de ellos, se levantarían tantos como las arenas del mar y se lanzarían sobre él cada vez en mayor número. No sabían entender la derrota. Ése era su defecto y ésa era su virtud. Y ahí era donde fracasaban los de su propia raza. Ahora comprendía al fin cómo un puñado de predicadores de la palabra de Dios y de la palabra del ron se habían apoderado de todas sus tierras. Era porque… 


––Bueno, ¿qué dices? ¿Te rindes? 


Un hombre invisible hablaba bajo la bandera blanca. Allí estaba, como todos los haoles, empeñado en un propósito concreto. 

 

––Hablemos ––dijo Koolau. 


La cabeza y los hombros del hombre blanco se elevaron por encima de la roca. Luego siguió el cuerpo entero. Era un joven de rostro lampiño y ojos azules, esbelto y pulcro dentro de su uniforme de capitán. Avanzó hasta que Koolau le dio el alto y se sentó a una docena de pasos de él. 


––Eres un hombre valiente ––dijo el leproso meditabundo––. Podría aplastarte como a una mosca. 


––No. No podrías ––fue la respuesta. 
––¿Por qué no? 


––Porque, aunque malo, eres un hombre, Koolau. Conozco tu historia. Tú matas con justicia. 


Koolau gruñó, secretamente halagado. 


––¿Qué habéis hecho con mi gente? ––preguntó––. Con el niño, las dos mujeres y el hombre. 


––Se han entregado, como vengo a pedirte que hagas tú también. 


Koolau rió incrédulo. 


––Soy un hombre libre ––anunció––. No he hecho nada malo. He vivido libre y moriré libre. No me entregaré jamás. 


––Entonces tus seguidores son más prudentes que tú ––respondió el joven capitán––. Mira, ahí vienen. 


Koolau se volvió y vio acercarse al resto de su partida. Venían arrastrando su miseria, gimiendo y suspirando, en horrible procesión. Y aun tuvo que saborear Koolau una amargura más honda, pues al pasar junto a él le lanzaron insultos e imprecaciones. La tarasca jadeante que cerraba la marcha se detuvo a su lado, extendió las esqueléticas garras de arpía y, agitando su cabeza poseída por la muerte, le lanzó una maldición. Uno por uno descendieron la montaña y se entregaron a los soldados ocultos. 


––Ahora puedes irte ––dijo Koolau al capitán––. Yo nunca me rendiré. Es mi última palabra. Adiós. 


El capitán se deslizó sobre la roca, ladera abajo, para unirse a sus soldados. Un momento después, y sin bandera de tregua, izó su gorra ensartada en la vaina de la espada y Koolau la atravesó con una bala. Aquella misma tarde le obligaron a retroceder bombardeándole con granadas desde la playa y le empujaron hasta los refugios más lejanos. 


Durante seis semanas le siguieron de escondrijo en escondrijo sobre picos volcánicos y senderos de cabras. Cuando se ocultó en la jungla, formaron líneas de batidores y le acosaron, como a un conejo, entre los guayabos y los arbustos de lantana. Pero una y otra vez, él volvía atrás, esquivaba, escapaba. No había modo de acorralarle. Cuando el enemigo se acercaba, su rifle certero volvía a alejarlos, y los soldados transportaban sus heridos, sendero abajo, hasta la playa. Otras veces eran ellos los que disparaban cuando su cuerpo bronceado aparecía por un camino entre la maleza. En un momento determinado, cinco de ellos le sorprendieron al descubierto en un sendero de cabras. Vaciaron entonces sus rifles sobre Koolau mientras él se alejaba cojeando, trepando por el vertiginoso camino. Hallaron después allí manchas de sangre y supieron que estaba herido. Al cabo de seis semanas, se dieron por vencidos. Los soldados y los policías volvieron a Honolulú y todo el Valle de Kalalau quedó para uso exclusivo de Koolau, aunque de vez en cuando algún cazador de cabezas, para su desgracia, se aventuraba a seguirle. 
Dos años después Koolau se arrastró, por último, al interior de la espesura y se tendió en el suelo entre las hojas de ti y las flores de jengibre. Libre había vivido y libre iba a morir. Comenzaba a caer una ligera llovizna, y se echó una manta andrajosa sobre la ruina informe de sus miembros. Llevaba puesto un abrigo de tela impermeable. Sobre su pecho depositó el máuser deteniéndose antes un momento a limpiar afectuosamente la humedad del cañón. En la mano con que lo secó no quedaba un solo dedo con que apretar el gatillo. 


Cerró los ojos, porque de la debilidad de su cuerpo y la vertiginosa confusión de su cerebro había deducido que su fin estaba cerca. Como un animal salvaje, se ocultaba para morir. Semiconsciente, vagamente a la deriva, revivió su juventud transcurrida en Niihau. Conforme la vida se desvanecía y el gotear de la lluvia llegaba cada vez más débilmente a sus oídos, se vio una vez más en el mejor momento de la doma de caballos, sintió los potros rebeldes encabritándose y corcoveando bajo su cuerpo, atados los estribos sobre el vientre, y se encontró cabalgando salvajemente por el cercado haciendo saltar la empalizada a los vaqueros. Un instante después, y con aparente naturalidad, se halló persiguiendo toros bravos en las praderas altas, cazándolos a lazo ybajándolos a los valles. Y el sudor y el polvo de la dehesa donde marcaban a los animales volvieron a picarle en los ojos y penetraron de nuevo en su nariz. 


Y aquella juventud espléndida, total, volvió a ser suya hasta que las agudas punzadas de una disolución inevitable le atrajeron ala realidad. Levantó las manos monstruosas y las miró asombrado. ¿Cómo? ¿Qué razón había? ¿Por qué motivo se había transformado en esto toda la fuera de su indomable juventud? Y entonces recordó, una vez y sólo por un momento, que era Koolau el leproso. Sus párpados aletearon cansados y el gotear de la lluvia cesó para sus oídos. Un prolongado temblor se apoderó de su cuerpo. También el temblor cesó. Levantó apenas la cabeza y volvió a dejarla caer. Luego sus ojos se abrieron para no cerrarse más. El último pensamiento lo dedicó a su máuser que se apretó contra el pecho con sus manos enlazadas y sin dedos. 

P.D. GAMEFILIA NO ME DEJA MODIFICAR EL TAMAÑO NI TIPO DE LETRA, LO QUE PRODUCE UNA LECTURA PESADA Y CANSINA PARA LA VISTA DEL RELATO. SI ALGUIEN SABE COMO SOLUCIONARLO, QUE ME LO PONGA EN UN COMENTARIO POR FAVOR 😉


 Tradución de la obra original de Jack London. Por si a alguien le interesa, recientemente el dibujante Carlos Gimenez ha publicado un comic de la obra.

One piece manga 575 español

Como todas las semanas, aquí os dejo el capítulo de One piece de turno, el cual no me esperaba para nada su  contenido

Y ahora, un aviso MUY IMPORTANTE Y DESAFORTUNADO PARA TODOS LOS FANS:

LA SEMANA QUE VIENE NO HABRÁ MANGA POR DESCANSO DEL AUTOR. Por esto, nos quedaremos sin saber que sucede con Barbablanca, Barbanegra, la isla dividida y el colapsado de Luffy hasta la semana del 1 de Marzo, una autentica putada para todos.

Que que creo que sucederá esta vez? Pues ni idea, la verdad, no me esperaba lo que sucedió es este episodio. Supongo que Barbablanca morirá en breves (a causa de Barabanegra, supongo) y él ocupará el puesto de algún almirante, o el del mismo Garp, que no creo que dure mucho tiempo en la marina tras la muerte de su nieto :S

Saludos y gracias por leer. 

LIBRO DE VISITAS this blog ends with you

Bueno, ya se que este blog tiene casi 9 meses, pero como no lo empecé a usar hasta hace unos 2 meses (en los otros 7 meses solo escribí dos entradas 😛 ) no me hiciera falta crear esta entrada.

Pero ahora, a las 20 entradas (los más antiguos se reiran de mi al ver mi emoción con eso T_T ) y las 8000 visitas (los de +300000 visitas estarán partiendose el culo a costa de mi alegria T_T T_T T_T T_T ) creo que ya va siendo hora de tomarme en serio esto. Así que, no me queda más remedio que hacer un libro de visitas, para que me podais decir CUALQUIER COSA acerca de mi blog, ya sea una crítica o una alabanza (sobre todo quiero de estas, ya os enviaré los cheques por valor de 500€ a cada lameculos con alma caritativa despues Twisted Evil).

Así que, aquí os dejo todo lo que necesitais para estar como en casita:

COMIDA:

No olvidemos las palomitas Very Surprised

BEBIDA:

O si prefieres un afrodisíaco…

PISCINA

Y COMO NO, ALGUNAS CHICAS….Very Surprised

 

PERO Y SI ERES UNA MUJER O ERES GAY??? AQUI ESTA TU SOLUCION…

Para que luego me llamen sexista LMAO

Y para terminar, algo de música, para mantener la mente despierta y poder comentar aquí:

ROCK:

REGAETON: (lo considero horrible, pero habrá a quien le guste)

POP:

CLÁSICOS:

No creo que nadie reproduzca este, pero bueno LMAO

A petición popular, añado el famosísimo troloró  LMAO

Si os quedasteis con ganas, miraz en esta entrada otras canciones jaja

Y ya sabeis, si además de cualquier crítica quieres colgar aquí tu música, comentala y la añadiré 😀

Saludos para todos y adiooooooooos


Si veis alguna entrada con los videos mal avisarme, youtube siempre me va fatal y tengo que comprovar constantemente si se mantienen o no los videos :S

 










Y ahora…. listos para la sorpresa que os prometí?

 

GRANDES MOMENTOS DE ESTE LIBRO

Mr trol

Aquí comenzó todo… el origen del caso Gulzod… una historia de trolleos, amenazas por mp e injusticias… no apta para cardíacos  Very Surprised

Radgeon attack!

Un blogger que creó una entrada, me trolleo y tras recibir desapareció… justo a dos días de cerrar el caso anterior… casualidad?  Very Surprised

New record

Aquí bato un record. Sí, es una gilipollez, pero me hacía ilusión decirlo, vale?  Crying or Very sad

Surrealismo, surrealismo everywhere…

A ver si alguien entiende  Very SurprisedLMAO

Autoplay 

La canción "Fiesta fiesta pluma pluma" sale de este coment, pinchaz y pararla si os molesta CoolLMAO




Por el medio hay muuuuchos coments de: Strelok, Max, Thouy y Gamer 5, además de muchos pero en menor medida de Indira, Falcons, Miqui y bojan.

Y ahora… el nuevo libro de visitas está….

AQUÍ!  Very Surprised

PROLOGO: Paquiño´s clan

El pueblo rebosaba felicidad, fiesta, diversión… y alcohol, mucho pero que mucho alcohol. Así son los carnavales en el pueblo de Paco, el protagonista de esta y muchas otras historias y líder de la banda de traficantes Paquiño´s clan.

 

Para controlar la banda más poderosa de toda la ciudad tuvo que matar a mucha gente, pasar muchas substancias perjudiciales y enfrentarse a varios matones rivales,  pero aún con todo, era feliz. Acababa de conseguir todo lo que quería: dinero, respeto y a la vez anonimato, dado que  nadie, más que sus 4 hombres de confianza (sus mejores amigos) y algunos altos mandos de la mafia conocían sus actividades delinquidas, por lo que podía llevar la vida normal de un adolescente al que le falta un mes para cumplir los 17 o la de un capo criminal dominante de todo el negocio de la zona a placer.

 

Pero hoy no. Hoy todo su grupo preparó una tregua con las mafias rivales. Durante el carnaval, quedaba terminantemente prohibido el uso de armas, ataques a otras familias o el transporte de estupefacientes. Hoy era su día libre. Y lo piensa disfrutar,cosa facil teniendo 16, midiendo 1,70 y siendo un chaval sano de ojos marrones y pelo negro.

 

Todos están contentos, ya sea por la música, el alcohol o algún ligue de última hora. Sus hombres de confianza (Iago, Edgar, Adriano y Sergio) estaban repartidos entre estos gozos,así que de entre sus compañeros de farra, ninguno le molestaría.

 

-Aer xicos!!! Qe no parrela fhiessssstaaaa!!!! –decía Iago, uno de sus cuatro, el cuál estaba muy cerca de una intoxicación etílica a la par que cubría a todos del vino de su botella.

-¡Si no sabes beber quédate en casa!-contestaba Adriano, el cuál se encontraba con un ligue de última hora,el cual Iago parecía a punto de espantar.

– Yo seee beberrrrperrrrfecccctamenteeee!!!!- Edgar también estaba en la misma situación que Iago.

-Quereis parar quietos los dos?!?!? Al final el mejor de todos va a ser Sergio, que está celebrando el aniversario de su novia- les cortó Paco, el cuál ya estaba harto de tanto griterio en su día libre.

-Haber Paco, es carnaval,no seas tan serio- le replicó Miranda, su mejor amiga- Llevas semanas deseando que llegara este momento, no te pongas ahora tan quejita. 

 

La celebración avanzaba, y Paco encontraba a sus compañeros del negocio repartidos por todos lugares. Como mandaba el código, no daban el menor signo de reconocerse, pero el hecho de ver a la competencia divirtiéndose con los propios trabajadores le daba a Paco una placentera sensación.

 

Sus colegas del día a día estudiantil tambien se lo pasaban bien: Miranda con el alcohol, Ichu con su novio, Cris, Antonia y Mauri liándo unos porros, los cuales Paco rezaba no fueran suyos, dado que odiaba meter a sus amigos en esos vicios, y Selena, Luciana y Josefa compitiendo por ver cual de las tres conseguía enrrollarse con un Jack Sparrow de 20 años que pasaba por la zona.

 

En un momento dado, a causa del cansancio, decidieron parar a descansar Paco, Mauri, Miranda e Ichu, dejando que los demás siguiesen a su rollo. Tenían los disfraces hechos trizas, pero no les importaba que el dálmata de Paco fuese más lila que blanco a causadel tinto, que el mosquetero de Mauri estuviera hecho jirones ni que los vestidos principescos de las chicas no pasasen sus mejores momentos. Nada podía estropear su felicidad. O casi.

 

-¡¡¡¡Marica de mierda!!!!¡¡¡¡Muérete invertido!!!!!

 

Los gritos iban dirigidos a Mauri, quien era gay y se veia obligado a recibir constantemente insultos de la panda de los Pitufos. Paco les conocía: eran lo peor de lo peor. No se dedicaban a nada, solamente a molestar al resto del mundo. El Paquiño´s Clan pensara en varias ocasiones en eliminarlos, pero Paco siempre se negaba, puesto que aunque no le causaba el menor problema matar en casos aislados, finiquitar a la cincuentena que componían a los Pitufos era demasiado para su conciencia, la cual  siempre se lo terminaba por impedir. Por ende, los Pitufos seguían dando problemas a todo el mundo, aún siendo ese el día libre de toda la mafia de la zona.

 

-¡¡¡¡¡Gay de los cojones!!!!! ¡¡¡¡¡Lárgate del país, no queremos anormales como tú por aquí!!!!-berreaban la banda entera de los Pitufos desde una zona elevada, a unos 15 metros de ellos.

 

Mauri se comenzaba a sentir mal por ello, así que decidió alejarse, pero los Pitufos no estaban por la labor de dejar marchar a su presa tan pronto, así que le intentaron apedrear, para reírse un rato extra a su costa.

 

Paco estaba muy harto de ellos. Él sabía perfectamente que esos homófobos solo lo hacían porque eran muchos y nadie les diría nada, puesto que era una zona relativamente alejada del resto del carnaval y ninguna persona se osaría a enfrentárseles con una diferencia numérica tan sumamente grande. Y también sabía que, desobedeciendo la tregua mafiosa, él llevaba su preciada desert eagle sin marcar en el bolsillo, para matar en caso de peligro, y de la que no le costaría deshacerse con tal de desmontarla y tirarla al río de la zona. Pero eso le costaría demasiado caro, dado que romper la tregua significaría destrozar su estatus ante los demás capos, dado que parecería incapaz de cumplir cualquier promesa.

 

Mientras Paco pensaba todo esto, los Pitufos persistían en su afán de fastidiar a Mauri, por mucho que Ichu o Miranda intentaran hacerles entrar en razón.

 

-¡¿¡¿¡¿¡Quieres pollas?!?!?!!? ¡¡¡¡¡¡Pues vuelve a chupárnosla, maldita escoria!!!!!

 

Mauri estaba a punto de llorar, no soportaba ese trato, y mientras Paco solo tenía un pensamiento en la cabeza: “No debo romper la tregua bajo ninguna circunstancia, todo mi poder depende de ella”. Súbitamente, un petardo que calló a los pies de Mauri, combinado con sus gritos de dolor, rabia y amargura, junto con las súplicas de impotencia de las muchachas, lo sacaron de su aturdimiento.

 

-¡¡¡¡Basura, ven a por….!!!!

– ¡¡¡¡¡¡YA ES SUFICIENTE!!!!¡¡¡¡¡¡¡NO ME IMPORTA TENER NINGÚN PODER SI CON ÉL NO PUEDO PROTEGER A QUIENES ME IMPORTAN!!!!!!!!!!

 

A la par de este grito,se escuchó un tiro, y el cabecilla de los Pitufos calló tras recibir un impacto de bala en la pierna derecha. Tras un momento de incertidumbre, toda la banda huyó, seguidos muy de cerca por los tiros de Paco, quien los perseguía intentando herirlos a todos, aunque fallase casi todos los tiros por los efectos del alcohol. De repente, cayó en la cuenta de que un dálmata con una desert eagle persiguiendo a varios cojos sangrantes sería demasiado sospechoso para cualquiera, así que toda su rabia se convirtió en terror, dado que no sabía que podía hacer para escapar de esa faena.

 

Lo primero que hizo fue desmontar el arma y tirarla al rio por piezas. Afortunadamente, su disfraz tenía guantes, por lo que no dejara ninguna huella en su arma. Acto seguido, sacó la pintura negra que usara para pintarse las manchas del perro y se cubrió con ella las extremidades y la cara, para hacer un rápido cambio de disfraz,acompañando todo esto con rasgar sus perrunas vestiduras para intentar así crear un perfecto traje de Michael Jackson en Thriler (aunque podría parecer fácilmente una momia negra, dado que cualquiera se preguntaría al verle que tenía eso de Michael además del color, aunque eso a Paco poco le importase, el solo deseaba escapar rápido).

 

Al cabo de dos horas, Mauri estaba alejado del resto del grupo. Mientras todos se reunían y las chicas contaban el anormal cambio de actitud de Paco y su numerito con una pistola, cosa que rapidamente negaron Adriano e Iago, alegando que era una mera arma de fogueo de su propiedad y que solo lo hizo por asustar a los agresores de Mauri, el  mosquetero estaba apartado pensando que no era justo lo que le hacían. Entonces entró Paco en escena, disfrazado de negro con la ropa rota, y se dirigió directamente a Mauri, diciéndole:

 

-No te preocupes, esosjamás te volverán a molestar.

-Paco tío, lo de esta tarde, a sido tan….

-Mauri, hazte un favor a ti mismo y olvídate de lo que ha sucedido esta tarde. Eso será lo mejor para todos. Quizás algún día te pueda explicar todo esto con más calma, pero de momento esto es lo que hay.

-Pero…

-Ni peros ni leches. Aun quedan varias horas de carnaval, y las vas a disfrutar. Venga, te voy a presentar a mi primo, que seguro te cae bien- Paco tenía esa habilidad. Por muy mal que estuviese la gente, siempre sabía que hacer para alegrarlas, como ahora.

 

Así terminó Paco el día,seguro de que había hecho lo que debía sin ninguna consecuencia, dado que estaba convencido de que nadie le pillara al romper la tregua, puesto que ninguno de los Pitufos conocía su verdadera identidad.

 

 

Mientras tanto, el líder de los Fascios Negros, Fabio, recibía de parte de sus aliados los Pitufos la información de que fueran atacados por alguien con una constitución física idéntica a la su mayor competidor (Paco) , rompiendo así la tregua. No le importaba que fuese en defensa propia, ni para defender a un gay como Fabio, solo le importaba una cosa: el trono de Paco, y no escatimaría en recursos ni tretas para obtenerlo……

 

 


A causa de los carnavales, no me dió tiempo a hacer una recomendación de serie como todas las semanas. Para compensar, publico este relato, el cual es el prólogo de la historia que estoy escribiendo. Espero que os guste.

 

Como todavía no estoy del todo contento con mi estilo narrativo, no dudeis el decirme lo que os gusta o disgusta del relato.

Un saludo y buenas fiestas para todo el mundo 🙂 

 

Para la SGAE

Bueno, antes de nada decir que estos videos los saqué de este tema de meri, del forero YuOminaeSSJ26 (no te quejes que te estoy haciendo publicidad 😛  pero si no quieres enviame un privado y te saco de aquí 😉 ).

En ellos aparece una entrevista en el programa de Buenafuente al avogado David Bravo, el defensor anti-SGAE. 

El primer video:

Y el segundo video:

Espero os gustaran  😀 

Cara muñeca

La sociedad impone un único modelo estético que condiciona nuestra mirada sobre la belleza.
Ahora los chicos y las chicas ,a diferenza de la generación anterior, no se perturban ante las cámaras, están influenciados por los programas de telerealidad y muchas veces sale de ellos documentar su vida, lo hacen mediante tuentis, myspaces, videologs o protagonizando programas de televisión o realities.

Gozamos realmente de nuestra vida o perdemos el tiempo en documentarla? Que es lo que es más imoportante, documentar nuestra vida o solo nos conformamos con subir unha serie de fotos como si fuesemos modelos?.

Este vídeo de Andy Huang explora el mundo de los deseos e identidades contrapuestas en el que máquina con cara de muñeca imita las imagenes que ve en una televisión buscando un rostro satisfactorio.

Ahora me gustaría haceros dos preguntas respecto a lo visto en el video:

 Por qué la televisión deja de emitir imagenes cuando la máquina cae? Que significado tiene la última televisión que se ve?

 Yo creo que la muñeca representa al ser humano, y que nos muestra ese afán de copia que tenemos, dado que nunca nos conformamos con lo que tenemos, dado que, estando bien como estamos, siempre nos esforzamos para seguir abanzando, para una vez llegamos volver a desear algo lejano, y seguir así hasta nuestro fin. Por ello, cuando nosotros (la muñeca) no podemos seguir, el aparato causante de nuestro sufrimiento ya no puede hacernos sentir mal, por ello su función se acaba y cae (la tele)

Y en relación a lo otro, lo de la última televisión, representa que nosotros para ver lo de la muñeca somos como la muñeca, puesto que para aprender nos vemos obligados a sufrir, y nos pronostica un final como el de la muñeca.

¿Vosotros que pensais? 

RECOMENDACIÓN SERIE: Aquí no hay quién viva (añadidas tomas falsas)

Seguro que, si vives en España, la has visto alguna vez, o en algún zaping, o, en su defecto, oíste hablar de ella. De no ser así, por favor, haz como este tío y ponte al día, que va a ser que tu cueva en las montañas no recibe desde hace años señal de televisión LMAO Para todos los que la conocen y que nunca la vieron, y también para todos los que no viven en España y para que la intenten mirar en internet, aquí está, le mejor serie española de comedia hasta la fecha:

(Pero menuda mierda de carátula que tiene, la virgen…LMAO)

Esta serie va de las desventuras de un grupo de vecinos, quienes viven en la calle Desengaño 21 que no se llevan entre ellos… precisamente bien. A ver, no es que se lleven mal, pero que yo sepa unos vecinos normales no se roban un anillo de diamantes, le estafan 6 kilos al seguro, ni le inundan la casa al vecino de abajo porque al follar hace demasiado ruido LMAO

Como no se como hablar de esta serie, puesto que son capítulos independientes, hablaré en general de las temporadas y de las nuevas incorporaciones en cada temporada en cuanto a personajes se refiere.

Como no, esto estará plagado de Spoilers, así que recomiendo leer solo las descripciones de personajes de la primera temporada a los que tengan pensado verla Wink

TEMPORADA UNO:

La primera temporada comienza con la mudanza de Lucía y Roberto al edificio, detonante de los primeros problemas y discusiones en la comunidad.A lo largo de la temporada aparecerán más situaciones entre los vecinos: Belén y Emilio vivirán un tórrido romance,Mariano se hace pasar por inspector de seguros se separa de su mujer y va a vivir con su hijo en la portería, aparece Carlos, un ex novio de Lucía, con intención de recuperar a su amor perdido, Clara, la hermana de Lucía estará empeñada en arruinar la boda del su hermana con Roberto…

La primera temporada acaba con el capítulo especial de fin de año, pero para mí, los mejores capitulos de la temporada son Erase una funeraria y Erase una de miedo.

PERSONAJES PRIMERA TEMPORADA:

La primera temporada nos da a varios de los mejores personajes de la serie, los cuales se mantendrían en casi su totalidad hasta el final de la serie:

Emilio Delgado Martín (Fernando Tejero): El portero. Vive en la portería con su padre, Mariano. No es un hombre ambicioso, sólo quiere vivir sin preocupaciones y tener una novia fija. Es un chismoso y siempre tiene una respuesta para todo.Siempre que haya un problema, ahí estará él, pero para arreglarlo, dado que al no tener contrato le obligan a hacer todo tipo de trabajos sucios a cambio de poder vivir en su mísera porteria. Su coletilla, la que tienen casi todos los personajes, y sobre todo durante la primera temporada, es "Un poquito de porfavór!!"

Mariano Delgado (Eduardo Gómez) – El padre de Emilio, aunque no es exactamente un padre modelo. Está separado de la madre de Emilio y, como no tenía donde vivir, ocupó la casa de su hijo. Trabajaba como vendedor de libros. Es un caradura y un mujeriego sin mucha suerte, y siempre anda detrás de algún trapicheo u otro. Emilio le ha echado varias veces de casa, pero siempre le vuelve a acoger. Cree que es metrosexual. Su amor platónico es la cantante Beyoncé, que suele mencionar en muchos capítulos.

En los primeros episodios estaba pensado que fuera un secundario más, pero a la audiencia gustó mucho su personaje y decidieron ponerlo como fijo. Y menos mal, dado que es una de las estrellas de la serie, con frases tan míticas como "Ignorante de la vida".

Vicenta Benito (Gemma Cuervo) – Propietaria del piso 1ºA. Es una solterona jubilada de setenta y cinco añosque jamás se ha casado y que aún es virgen. Es muy educada, optimista, vital, dulce, muy cotilla, excelente relaciones públicas, y nada la deprime. Es la ingenua del grupo y lo demuestra constantemente, sobre todo en las juntas de vecinos y en sus conversaciones con su hermana Marisa, su auténtico contrapunto. Es aficionada a las plantas y muy meticulosa y detallista con respecto a la decoración de su hogar. Lo más importante para ella es su perrito llamado Valentín (llamado así para poder celebrar con alguien el día de San Valentín). Junto a su hermana Marisa y su amiga Concha, son la fuente de la mayor parte de los chismes del edificio (se llaman a sí mismas "Radio Patio" ya que se enteran de la mayor parte de cosas a través del patio de luces). No tienen ningún latiguillo.

Maria Luisa "Marisa" Benito (Mariví Bilbao) – La hermana mayor de Vicenta. Cuando su marido Manolo la dejó, Vicenta la acogió en su casa. Es el polo opuesto de su hermana, una cínica fumadora empedernida que siempre dice lo que piensa, no se habla con su hija y le gustaría retirarse a Benidorm con un guapo millonario alemán. Junto a su hermana y a Concha forman Radio Patio. Es adicta al chinchón y al tabaco, y reconoce que está amargada y de ahí le viene su humor tan irónico. Estuvo a punto de casarse con un cubano como matrimonio de conveniencia, el mismo que su hermana Vicenta dejó a última hora. Es la más moderna de las 3 señoras y viste como si fuera una adolescente. Mantuvo relaciones con Don Bartolomé Méndez Zuluaga, primer Presidente de la Comunidad, o como diría Juan Cuesta, "maestro y mentor de esta nuestra Comunidad". Su frase célebre es "¡qué mona va esta chica siempre!", refiriéndose a Lucía "La Pija" Álvarez.

Concepción "Concha" de la Fuente García (Emma Penella) -Vive en el piso 2ºB con su hijo Armando Su odio hacia el señor Cuesta es superlativo, a quien le dedica frases célebres, como: "¡váyase, señor Cuesta, váyase!" o "¡chorizo!". Además de ambas, destacan su "¡que no son horas!" y "estos gays". Es pendenciera, tacaña, gritona y buena para poner motes a sus vecinos, tales como "las golfas" (Alicia y Belén) o "la chunga" (Nieves Cuesta, la hermana de Juan).Además. una de las leyendas del edificio fue si ella realmente mató a su marido.¿ En las últimas temporadas se desvelará el secreto… o será como el final del internado, que por mucho que abanzas no termina por llegar?

Nunca me gustó este personaje, dado que me caía bastante mal. La que lo interpretaba, Emma Penella falleció el 27 de agosto del año 2007, durante el rodaje de la secuela espiritual de esta serie: La que se avecina.

 

Armando Cortés (Joseba Apaolaza) – El hijo divorciado de Concha, a veces le tocaba la custodia de su hija. Armando es un typical macho, ligón y adicto al fútbol. Es el primero que conoce la sexualidad de los vecinos del 1ºB. Afortunadamente, se va tras la primera temporada. (extrañamente, este personaje casi no tiene imágenes, en google, y las pocas son muy malas).

Mauricio "Mauri" Hidalgo (Luis Merlo) – El director del Laguna Negra en el Internado hace una de las mejores interpretacones de la serie con el papel de Mauri. Periodista homosexual, vive con su pareja Fernando, es paranoico, desenfrenado, celoso, mal pensado con su novio y siempre "homoseaxualiza" a todos, aunque también es apasionado, sensible, creativo y muy inteligente.

Fernando "Fer" Navarro (Adrià Collado) – Es el atractivo abogado homosexual novio de Mauri y que juntos llegan a tener su propio bufete de abogados "Navarro e Hidalgo Asociados". Debido a su facha de galán y su aspecto deportivo, es cotizado por varias mujeres del edificio, como Alicia ("está muy bueno"), Natalia (que ejerció de secretaria durante el período del bufete) y Carmen (que nada más verle fue a por él, e incluso intentó acostarse con él emborrachándolo LMAO ). Nunca tuvo la completa confianza de Mauri debido a su atractivo y a su (según Mauri) bisexualidad oculta.

Juan "Chorizo" Cuesta (José Luis Gil) – Profesor de primaria en un Centro privado, de mediana edad y presidente de ‘esta nuestra comunidad’ durante más de 12 años. Es un hombre pacífico que intenta resolver loslios de la comunidad con tostones de discurso con escaso éxito. Vive bajo el dominio de su mujer Paloma, muy orgullosa del papel desempeñado por su esposo. Como presidente de la comunidad, se toma demasiado en serio su papel como presidente y lo peor que le puede pasar es perder su presidencia llegando incluso a hacer "oposición". se ve metido en medio de complicados berenjenales.Como su vida profesional, su carrera política conoce altibajos: recupera la presidencia y la vuelve a perder bastante veces. Su frase mítica es "que follón".

Como detalle gracioso está el hecho de ver como su pelo de la primera temporada se combierte en una calva con el paso de los años LMAO

Paloma Cuesta (Loles León) – Fue la esposa de Juan Cuesta durante 18 años. Ama de casa y presidenta en las sombras, una mujer muy controladora con una lengua afilada. Con tendencia a controlar a su marido, aunque ella siempre dijera que lo idolatra, Paloma es una mujer de sueños y ambiciones de clase media: anhela montar su propia boutique con una colección de ropa diseñada por ella misma – a la que llamó Paloma Urban Fashion ("PUF"). Su odio de cara a Lucia suele ser el motor de las broncas en el edificio. Loles Leon abandono la serie al final de la 2a temporada por problemas económicos, llevándose consigo a uno de los mejores personajes de la serie.

Natalia Cuesta Hurtado,(Sofía Nieto) – La hija adolescente de Juan y Paloma. Ha tenido varios novios, entre ellos Pablo, con el que vivió por un tiempo en casa de su tía Nieves, y durante la primera temporada, se sintió atraída por Roberto, llegándole a besar en el especial de Navidad. Es una de las protagonistas más… como decirlo… buenorras de la serie, pero desafortunadamente, en la secuela de Aquí no hay quien viva, su aspecto ha ido muy a peor.

José Miguel "Josemi" Cuesta Hurtado (Eduardo García) – El hijo adolescente de Juan y Paloma. Tiene un cociente intelectual superior al de la media, pero es vago y prefiere la vida fácil. Siempre está al tanto de aprovecharse de las oportunidades que se le presenten. Protagoniza muchos grandes momentos.

Belén "La Golfa" López Vázquez (Malena Alterio) – Cínica y quisquillosa, está amargada por su falta de éxito con los hombres. No tiene un trabajo fijo y ha trabajo de muchas cosas, entre ellas camarera en un "Burger", dependienta y controladora de parquímetros, en una funeraria, de veterinaria, en una tintorería, en una línea de moda, vendiendo seguros, enseñando perfumes… Y todo para acabar con quien acaba….. Very Surprised

Alicia Sanz (Laura Pamplona) – La excompañera de piso de Belén. Alicia es una aspirante a actriz presumida y egoísta, sin tacto alguno y que no duda en restregar su éxito con los hombres en las narices de Belén. Cambia de novio como de bragas(aunque no lleve), sin comprometerse nunca con nadie. Tiene como objetivo el conseguir a Fernando para sí. ¿Lo conseguirá…? Very Surprised

Laura Pamplona abandono la serie en pleno éxito a mitad de la 3a temporada. Aunque no me caía bien, debo admitir que era un auténtico personaje.

Roberto Alonso Castillo (Daniel Guzmán) – El novio de Lucía. Es arquitecto, pero se gana la vida dibujando cómics eróticos. Es brillante, pero no tiene ambición y es vago. Muchas veces intenta evitar las broncas vecinales, pero casi nunca lo consigue.

Lucía "La Pija" Álvarez Muñoz (María Adánez) – La hija de un rico constructor, Lucía llega al edificio para vivir con su novio Roberto. Trabaja en la compañía de su padre y está acostumbrada a la ropa de marca y las cosas caras.Se muda al edificio en el primer episodio. Se lleva a muerte con Paloma, la mujer del presidente, y no dudará en pelearse con cualquier vecino por vivir su vida. (Ella y Roberto son los personajes principales al empezar la serie).

Carlos de Haro Cabanillas (Diego Martín) – Es un treintañero infantil, celoso, obsesivo y sensible, además de un amigo de la infancia de Lucía y, como ella, un niño rico; Carlos vive del dinero de su familia. Ha estado enamorado de Lucía desde siempre, pero ella nunca ha querido nada con él. Diego Martin abandona la serie en su penúltima temporada.

Paco (Guillermo Ortega) – El dependiente del videoclub. Un autoproclamado director de cine y cinéfilo, Paco está lleno de rarezas, manías y frikismos varios, apareciendo muchas veces vestido de personajes de comic o películas. Es virgen a pesar de su edad a causa de sus múltiples "hábitos". De los más cómicos de la serie.

 

SEGUNDA TEMPORADA:

(Si, es la misma canción con diferentes personajes, pero será así toda la serie LMAO)

Tras la marcha de su hijo y su nieto, Doña Concha vende su piso del 2º B. Los nuevos propietarios son el matrimonio Guerra, formado por Andrés e Isabel, y sus hijos Álex y Pablo. Fernando se va a trabajar a Inglaterra y Mauri se siente solo. A pesar de las esporádicas visitas que le realiza su novio, decide compartir piso con Bea, una chica lesbiana a la que le gustaría ser madre y que termina siendo inseminada artificialmente por el propio Mauri. Belén vive un pequeño romance con Carlos. Emilio se enamora de Rocío, la cartera con la comienza a planear su boda. Además, en el último capítulo de esta temporada pasa algo increible, que marca el curso de la serie de ahí en adelante.

PERSONAJES SEGUNDA TEMPORADA:

Andrés Guerra (Santiago Ramos) – El marido de Isabel. Un hombre de negocios de mediana edad y dudosa reputación, se viene a vivir al edificio con su familia después de tener que vender el chalet donde vivían por problemas con hacienda. Tiene una tienda de deportes (Deportes Guerra) y siempre está metido en chanchullos poco claros. Acaba en la cárcel, pero Vicenta paga su fianza. El problema es que Vicenta está enamorada de él y Andrés tiene que seguirle la corriente para que no retire el dinero de la fianza. Siempre se ocupa de "mejorar" la situación económica de us vecinos, siendo de los mejores personajes que hay.

Isabel "La Hierbas" Ruiz García, (Isabel Ordaz) – Isabel y su familia se vienen a vivir al edificio después de tener que vender su casa debido a los problemas de Andrés con hacienda. Isabel es neurótica e hipocondríaca y está metida en todo tipo de terapias naturales, remedios herbales y yoga. Su remedio para todo: la pipa, que se parece más a una cachimba que a cualquier otra cosa LMAO

Pablo Guerra Ruiz (Elio González) – El hijo menor de Isabel y Andrés. Pasa de ser el "hijo buenazo" a ser el "hijo chuloputas".

Álex Guerra (Juan Díaz) – El hijo mayor de Isabel y Andrés. Le pasa al reves que a Pablo, pasa de chuloputas a mojigato (o era al reves? esque siempre me confundo entre los dos hermanos LMAO

Rocío (Vicenta N’Dongo) – La cartera del edificio, consiguió seducir a Emilio, incluso le convence de casarse.

Beatriz "Bea" Villarejo (Eva Isanta) – La excompañera de piso de Mauri y su mejor amiga. Se conocieron después que ella rompiera con su novia Inés, cuando Mauri buscaba un compañero de piso después de la marcha de Fernando. Es una veterinaria de carácter abierto, optimista y segura de sí misma. Quería tener un hijo y Mauri se ofreció a ser donante deesperma. Se suponía que no tenía que involucrarse en la educación del niño, pero lo ha acabado haciendo. Siempre me pareció la más guapa de la serie Razz

TERCERA TEMPORADA:

Esta es la temporada más larga y una de las mejores. Tras esta, el nivel comienza a decaer, pero sin llegar al nivel de los últimos e infumables capítulos de los serrano -.- Comparte opening con la temporada 4

Emilio se traslada a vivir con Belén tras dejar plantada en el altar a Rocio y Concha se muda con Vicenta y Marisa. Con la ausencia de Paloma a causa del accidente con Isabel y su posterior caída en un coma , en el hogar de los Cuesta aterriza Nieves, la hermana de Juan. Lucía y Roberto se separan y él se va a vivir a la buhardilla, donde coincide con Andrés. Emilio empieza a estudiar en la Universidad, e inicia un romance con Carmen, su profesora. Juan Cuesta e Isabel se convierten en pareja a espaldas de sus respectivas familias. Isabel acaba vendiendo el piso y se muda a casa de los Cuesta. El piso es adquirido por Nieves que flirtea con Andrés. Mauri comienza una relación sentimental con Diego, el hermano de Lucía, antes de saber que está casado. Paco encuentra una novia, Lurdes (fea de huevos jaja). Finalmente Fernando regresará a casa. Nace Ezequiel, el hijo de Bea y Mauri. Alicia se marcha a vivir a Estados Unidos con su nuevo novio. (¡Al fín se va!)

PERSONAJES TERCERA TEMPORADA:

Nieves Cuesta (Carmen Balagué) – La Chunga. La hermana soltera de Juan. Se vino a vivir con él (sin preguntárselo antes) cuando Paloma se quedó en coma para ayudarle. Al contrario que su hermano, Nieves es una mujer de carácter que quiere que las cosas se hagan a su manera y puede ser muy manipuladora. Tiene dinero, pero es muy tacaña. Se pelea con su hermano por su relación con Isabel y, después de algunos problemas, acaba comprando el piso de Isabel y yéndose a vivir con Andrés, intentando por todos los medios vengarse de su hermano.

 

Rosa Izquierdo (María Almudéver) – Exnovia de Bea. Rosa es una mujer con carácter, recia, que sabe perfectamente qué es lo que quiere, pero que a la vez sabe ser dulce y cariñosa tanto con Bea como con su hijo, Ezequiel. Bea y Rosa se conocieron después de que ella, que es abogada, se presentase en su casa para demandar a Mauri a causa de un número montado por éste tras el despido injustificado de Bea de la clínica veterinaria donde trabajaba. Al momento se enamoró de ella, dejó el caso y se convirtió en su abogada. Estuvo a su lado durante las últimas semanas de su embarazo y asistió al parto de su hijo Siempre tiene peleas con Mauri, llegando a extremos como drogarle o pincharle las ruedas.

Ana "Inga" (Vanessa Romero) – Una guapísima azafata de vuelo que veraneaba en su juventud con Roberto. Sus vecinos la conocen como "Inga" o "la Schiffer".

Maria Jesús "La Torrijas" Vázquez Fuentes (Beatriz Carvajal) – La madre de Belén, que se viene a vivir con ella cuando se separa de su marido. Se lleva fatal con su hija. Es dominante y manipuladora como ella sola. Insiste en "encajarle" Mauri a Belén, como si no importara su condición sexual.

Diego Álvarez Muñoz (Mariano Alameda) – El hermano mayor de Lucía. Recién casado con Alba, conoce a Mauri en la inauguración del restaurante de su hermana y empiezan una aventura. Diego se divorcia de Alba y se va a vivir con Mauri.

CUARTA TEMPORADA:

En el último capítulo de la temporada anterior, todos los vecinos se van de vacaciones, Paloma se despierta del coma y el edificio es incendiado por órdenes de Rafael, el padre de Lucía, con la intención de construir allí unas oficinas.Paloma es atropellada accidentalmente por Isabel , de manera que vuelve al coma. Lucía conoce a Yago, un ecologísta cubano, del que se enamora, pero la relación no cuenta con el beneplácito de su padre, Rafael. Carlos y Roberto alquilan el 2º B y se mudan a vivir allí. Belén, agobiada por el alquiler, debe compartir el piso con Carmen, Bea y Ana, la última novia de ésta y finalmente con su madre María Jesús que se acaba de separar, al final Belén decide comprar el 3º B a Concha. También Belén conoce a Pedro, un millonario. Además, Carlos y Roberto van a vivir juntos aol 2ºB, para olvidar juntos a Lucia (tranquilos, no se vuelven muy gays LMAO). Esta es la temporada con mayor número de sorpresas, puesto que nadie se espera como acaban la temporada Natalia, Belén, Emilio ni mucho menos Lucía.

PERSONAJES CUARTA TEMPORADA:

Yago "El sabrosón" (Roberto San Martín). Es el novio cubano de Lucía, se conocen cuando ella se va de vacaciones y cuando estaba comprometida en matrimonio con Carlos. Él es un ecologista obsesionado y Lucía para congeniar con él adopta sus principios.

Esta es la temporada con menos incorporaciones.

TEMPORADA CINCO Y FINAL:

Al final de la anterior temporada, Emilio y Belén deciden irse juntos a vivir a las Bahamas cobrando el dinero del seguro por la muerte falsa de Emilio, Paco se casa con Lourde. Natalia se convierte en madre de alquiler Esta, al ser la temporada final, no tiene problema en cuanto a lanzar la lógica por la ventana con algunos argumentos LMAO

María Jesús se acaba enterando de la estafa al seguro de Emilio, y se "chiva" molesta, provocando la extradición y el ingreso en prisión de Belén y Emilio. Salen de la cárcel, y allí Emilio conoce a José María, un yonqui, y se lo lleva a la comunidad. Lucía decide irse a África para ayudar a los más necesitados, aunque Yago, su actual novio decide quedarse ya que no quiere volver a la pobreza, y en ese momento dejan su relación. Paco corta con Lourdes y se va a vivir al ático con Pablo. En el 2ºB vienen los nuevos vecinos: Mamen, Higinio, Candela, RaquelRaúl y Moncho.

Rafael se muda a casa de su hija en el 3ºA, porque le están ampliando el chalet, Ana quiere tener un bebé con Fernando e ir a por la parejita, Belén se lía con el psicólogo que la trata a ella y a Emilio, y cuando lo dejan, Emilio se lía con Raquel. Paco empieza a sentir algo por Belén, lo que pone en peligro la amistad de éste con Emilio. Además de que Juan se mete en reformas, lo que los obliga a tener que vivir con Vicenta y Rafael, y que Radiopatio crea su propia cadena pirata.

PERSONAJES ÚLTIMA TEMPORADA:

Higinio Heredia (Ricardo Arroyo) – Es el chapuzas del edificio por excelencia, quien ya apareciera en temporadas anteriores pero como secundario. Se viene a vivir al edificio con su familia tras comprarle el 2ºB a Carlos. Se casó con Mamen a los 21 años. Ahora su hijo Moncho se ha ido a vivir con ellos teniendo 33 años, y él no lo soporta. Su mujer no para de comprar muebles, su cuñad@ de hormonarse y para colmo lo de su hijo Moncho.Para colmo de males, los vecinos hacen un sorteo trampa y lo eligen Presidente de la Comunidad. Es ofensivo y brusco por definición. De los mejores de la serie.

Mámen Heredia (Emma Ozores) – Es la mujer excéntrica de Higinio, una ama de casa de una familia un tanto atípica, que es capaz de reconciliarse con su marido si éste le da a cambio unos muebles de diseño. ¿Que no nos entra la cama nueva? No pasa nada, le jodemos 4 metros de pared al vecino y listo LMAO Es la vicepresidenta y ella se ocupa de los asuntos amorosos del edificio. Le encanta Radio-Patio.. y es la cliente número uno de IKEA, con tal de conseguir unos muebles hace lo que sea.

Candela "Candy Candy" Heredia (Denise Maestre) – La hija de 14 años de Higinio y Mámen. Llamada "Candy-Candy" por los vecinos. Está enamorada de Pablo, llegando a fugarse incluso de su casa por él, pero él la ve como una cría. José Miguel está enamorado de ella, pero no es correspondido.

Raúl "Raquel" Heredia (Elena Lombao) – La hermana de Mámen, una transexual que se llama Raquel pero a la que su cuñado sigue llamando Raúl. Salió brevemente con Emilio, pero éste no fue capaz de aceptar el hecho que aún tiene pene. ¿Triunfará el amor?

Alfonso "Moncho" Heredia (Pablo Chiapella) – El hijo mayor de Higinio y Mámen, que acaba de volver a casa después que su negocio fracasara. Es un vividor que se dedica a salir por las noches a pesar de que dice a su familia que va a buscar trabajo.

Rafael "Batman" Álvarez (Nicolás Dueñas). Es el padre de Lucía, Diego y Clara. En un posible error de continuidad o que no estaban del todo claro los personajes mencionados, Lucía dice tener una hermana llamada Elisabeth. Empresario de la construcción, millonario y acostumbrado a hacer siempre su voluntad, está divorciado. No ha aceptado a ninguno de los novios de su hija mayor excepto a Carlos. Es el estereotipo de millonario: borde, aprovechado y siempre buscando el dinero.

José María, (Nacho Guerreros). El yonqui que se hace amigo de Emilio en la cárcel y queacaba formando parte del Consejo de sabios. Gracioso como pocos.


El capitulo final de la serie es…. mejor mirarlo, es bastante triste, y la culpa de todo es de telecirco, que compró los derechos porque esta serie le fastidiaba su propia comedia, Los Serrano. Ahora, lo único que nos queda de esta genial serie es La que se avecina, la cual no le llega ni a la suela de los zapatos en cuanto a calidad, aunque en las últimas temporadas está mejorando.

Y para los que como yo la vieron en su momento, les dejo unas divertidas tomas falsas de la serie, que seguro os hace recordar buenos momentos 

La discusión del 0:40 de Fernando y Mauri para partirse LMAO 

Bueno, me despido de vosotros, hipotéticos lectores, a la par que anuncio mi intención de abrir una entrada de este tipo a la semana, en la cual desgrane una serie y os la recomiende. La semana pasada fue Bobobo, hace dos Elfen Lied. Comentad de cual quereis que hable la próxima semana y, si la ví, lo haré.

Adios y hasta siempre, Desengaño 21….