Let´s go to the end of this bad joke

 
"Chíngala chíngala chíngala xa, chíngala chíngala chíngala ben! Chíngala chíngala chíngala xa, chíngala chíngala chíngala ben!"

Comienza la función. Los actores suben al escenario mientras cantan la festiva letra. El público, sorprendido por tan llamativo estribillo, se prepara para ver la obra de la que tanto y tan bien ha oído hablar.
Una vez en el escenario, los actores realizan su mejor interpretación, pues saben que, pese a no haber llenado ni la mitad del aforo total, tienen uno de los públicos más numerosos de los últimos meses.
Cuando la función se acerca a su clímax dramático, una puerta se abre entre la oscuridad del teatro y se escucha a una voz gritar desde allí:
-¡Josefa! ¡Hija de puta! ¡Ahora no tienes escapatoria!
Al final del pasillo central, iluminado tan solo con las azules luces de emergencia, el público distingue la figura de un joven. Tras su entrada, se dirige con andar confiado hacia el escenario, lugar en donde la función se ha detenido por la sorpresa.
El confuso público (pues no sabe si eso forma parte de la obra) logra atisbar los rasgos del joven una vez sube al escenario: alto, moreno, constitución vigorosa y engalanado con un camisero y unos vaqueros gastados. Una vez allí se dirige a la actriz principal de la obra, una mujer ya anciana que mira con pavor al muchacho.
-Llevas días evitándome. Lo intenté por las buenas y no quisiste hacerme ni caso. Traté de hablar contigo en tu casa pero te negaste a abrirme. Te llamé por teléfono, pero rechazaste mis llamadas. Incluso empleé a intermediarios para ponerme en contacto contigo y así zanjar en privado nuestros asuntos. Pero te negaste. Perdiste tu oportunidad. ¿Sabes qué? Ahora jugaremos con mis reglas.
-No se de que me estás hablando, además de que no te conozco…
-¿¡Te crees que no se nada!? Tienes dos opciones: o me das lo que quiero o airearé todos tus secretos aquí y ahora. La verdad será conocida por todo el mundo, con lo que tu vida caerá en una espiral de vergüenza ¿Lista para perder tu más preciado secreto?
-¡Por favor, vete y déjame en paz!
Mientras que soltaba tan llamativo monólogo, los agentes de seguridad se acercaban a él, pero para cuando sacó el arma ninguno de los encargados de la protección de los actores se encontraba capacitado para desarmarlo.
-¡De aquí no se mueve nadie hasta que ella y yo terminemos de hablar! ¡Si alguien intenta salir de aquí, llamar por teléfono o hacerse el héroe lo mato! Los de seguridad, dejar vuestras armas en el suelo y que los otros actores os aten al decorado. De no hacerlo, mataré a alguien del público. Y que os quede claro… los cementerios están llenos de héroes. ¿Verdad Josefa? Sí, tú de eso sabes mucho… 
Como si de un actor más se tratase, el secuestrador fue modulando su tono de voz conforme avanzaba su monólogo, bajando la voz y haciéndola mucho más afilada a la vez que los fornidos policías eran desprovistos de sus armas reglamentarias y atados a una viga del decorado.
-¿Por qué me haces esto? ¡Ya te he dicho que no tengo ningún motivo para hablar contigo!
-¡Cállate! Déjate de mentiras… Sabes que solo busco una cosa, la cual me pertenece por derecho: ¡Dámela! Si no lo haces, ten por seguro que mataré a alguien del público… y te juro que no dudare en apretar el gatillo. Tengo 27 balas. ¿Podrás vivir el resto de tu vida con 27 muertes de inocentes rondando tu conciencia por un capricho egoísta? ¿Por el miedo a perder tu dinero?
-¡Detente! ¡Esto es algo que tienes que solucionar conmigo, no metas a nadie más!
-¡Entonces dame lo que es mío!
-No… no puedo…
-Está bien. Tú lo has querido. ¡Tú, la de la tercera fila! ¡Sube al escenario!
La joven, de aproximadamente trece años de edad, se encogió en su butaca como tratando de hacerse invisible, rezando por que todo formase parte de la obra.
-¿Acaso no me oyes? ¡Sube maldita sea!
-No… por favor…
-Dime una cosa. ¿Ese jovencito que está a tu lado es tu hermano pequeño?
-Sí…
-Muy bien. A partir de ahora serás hija única.
Con fría precisión levanto el cañón y disparó en dirección al infante de tan solo 9 años que acompañaba a la joven. El niño no se percató de lo que sucedía gracias a la certera precisión del tiro.
-¡No! ¡Que has hecho! ¡Asesino!
La joven corrió hacia el escenario con afán combativo, pero a poco menos de un metro el contestó al ataque y le propinó un culatazo en la nuca a la muchacha. Tan potente fue el golpe que para cuando la mujer tocó el suelo ya se encontraba cadáver.
El delincuente se fijó en el cuerpo de la chica.
-Una auténtica lástima. Era una chica todavía normalucha, pero apuntaba a maneras. Quien sabe lo bella que habría sido dentro de unos pocos años, cuando la madurez se apropiase de sus caderas y desarrollase todo su potencial. Pero en fin, parece que esa cara cubierta de lágrimas será el último recuerdo que tendremos de ella. Una lástima…
-Estás loco.
-Quizás. Pero tú eres la culpable de mi locura.
El público se encontraba acongojado, pues tras dos muertes ya habían aceptado que eso iba en serio, pero ¿Que podía hacer? ¿Saltar al escenario y sufrir el mismo destino que la joven?
-Bueno, agradézcanle a esta señora el espectáculo. No todos los días tienen la oportunidad de ver como muere alguien. Veamos, que día es hoy… ¿Martes 7, no? Bien. Tú, el segundo de la 7º fila, sube aquí ¿O prefieres que mate a distancia a tu parejita?
-Si lo hago,¿Prometes que no le harás nada?
-Lo prometo. A diferencia de esta mujer, yo cumplo mis promesas. 
El aludido se desembarazó de su novia (“¡No por favor no vayas!”) y subió al escenario con toda la dignidad que poseía. Contaría tan solo con 20 primaveras, pero su mirada denotaba una madurez fuera de toda duda.
-Me caes bien, tienes cojones. No es nada personal, son solo negocios. Quien sabe, quizás seas el último en caer. Aunque eso… solo ella lo puede decidir.
Por segunda vez en aquella tarde, se escuchó el sonido de un disparo y el joven cayó al suelo.
-Bien, Josefa, hasta aquí hemos llegado. Tres muertos. Y todo por tu pavor a perder una herencia carente de valor que mi familia repudió hace ya muchos años. ¿Vas a darme lo que quiero o tendré que…
No terminó la frase a tiempo, pues uno de los de seguridad se había liberado de sus ataduras y cargó contra él, propulsándolo a la zona de butacas y quitándole el arma.
-¡Ahora! – se escuchó gritar a un chaval.
Nadie supo quien gritó, pero ante la oportunidad de atrapar al asesino todo el público se lanzó en dirección al secuestrador con intención de reducirle.
Conforme el hombre recibía golpes, Josefa se fue retirando del escenario en dirección a los camerinos, mas nadie se dio cuenta de cómo el joven que había gritado se separaba de la turba enfurecida, recogía la pistola del suelo y se dirigía detrás de aquella mujer. Una vez estuvo seguro de que solo ella le escucharía, saltó hacia ella y le colocó el arma en la cabeza. Acto seguido, habló.
-Detente. A diferencia de mi hermano, mis tácticas son menos… como decirlo… espectaculares. No era mal tipo, su plan era que te asustaras y nos dieras lo que queríamos por las buenas… pero la cosa ya se alargaba demasiado (tres muertos son dos cadáveres más de los que produciría mi plan). No me gusta aburrir al público con distracciones tan burdas como el asesinato, así que desaté a uno de los guardias y dejé que huyeras para poner en práctica mi idea. Yo vengo a lo que vengo y me lo darás sí o sí.
-Espera, tú eres… ¡Por favor, dejarme en paz! ¡No te puedo dar lo que quieres! ¡Es lo más preciado que tengo, por favor, para ya!
-Respuesta incorrecta.
Con la misma frialdad con la que su hermano matara a tres inocentes, el joven ejecutó a la mujer con una sola bala. Tras ello, dispuso todo para que pareciera un suicidio por los remordimientos ante tantas muertes y registró el cadáver de aquella buscando un pequeño objeto metálico que llevaba al cuello. Sonrió.
Tras escapar por la salida de emergencia de aquella vorágine de policías y ambulancias (“Hipócritas. Ni se lanzaron a salvar a aquella pobre chica ni a su hermano ni mucho menos a aquel tipo por temor a recibir daño y ahora son ellos los que están en la ambulancia. Experiencias traumáticas, eh?”) se dirigió con paso firme al hogar de aquella mujer.
Entrar fue fácil, pues no había nadie cerca y con un golpe seco partió la cerradura. Tal y como había planeado desde un principio, antes de que su hermano propusiera montar aquel escándalo para que se lo diera voluntariamente.
Ascendió por aquella vieja casa de piedra a través de los vacíos pasillos hasta llegar a la alcoba. Registró rápidamente el cuarto hasta encontrar una pequeña caja de madera cerrada con llave. Luego de introducir en la cerradura el objeto que le acaba de sustraer a Josefa, extrajo su contenido y por primera vez en toda la tarde se quitó los guantes de látex (en el teatro ocultos bajo un par de lana) para coger lo que tanto tiempo había buscado. Tras 50 años de mentiras, acababa de lograr su objetivo. Tenía al fin ante él la carta de inocencia de su abuelo que nunca llegó a los juzgados y una foto de él. 
Tras 50 años viviendo entre sombras, al fin la luz de la verdad le dio de lleno. Y entonces, la realidad le cegó.
 
 
***
 
 
P.D. Estaré 3 o 4 días ausente, no responderé mp, comentarios ni nada. Si surge algún problema…. bah, que más da, aquí nunca pasa nada  LMAO Los que más me jode es perderme el resultado del concurso de relatos.

ENLACES DE INTERÉS: